Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 8801 al 8820 
AsuntoAutor
218/07 - Bienvenid Noticias
220/07 - WAIS DE B Noticias
219/07 - Recuerdo Noticias
221/07 - Suplement Noticias
Maestría en activi Jeronimo
222/07 - Mujeres, Noticias
223/07 - Llamado a Noticias
224/07 - Oliveira Noticias
227/07 - SOCIEDAD Noticias
226/07 - Abanico d Noticias
225/07 - ACME - Re Noticias
228/07 - Argentina Noticias
229/07 - La cumbre Noticias
230/07 - Geopolíti Noticias
231/07 - En Buenos Noticias
232/07 - DIPLOMACI Noticias
América Latina: fu Noticias
234/07 - CARVALHO, Noticias
235/07 - "Dueños" Noticias
236/07 - Victoria Noticias
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 9041     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 226/07 - Abanico de plagas
Fecha:Martes, 13 de Marzo, 2007  10:12:05 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticiasdelcehu @..................ar>

NCeHu 226/07
 

Abanico de plagas

Por Ileana Delgado Castro, Nuevo Dia, 11 marzo, 2007

·           Ya no son datos de un futuro lejano o preocupaciones de los científicos. El calentamiento global está entre nosotros y sus efectos sobre la salud son más tangibles que nunca

·         Pura babosada...

Richy Martinpatous

Olas de calor más frecuentes al estilo de la que azotó a Europa en el año 2003 -que contribuyó a la muerte de 20,000 personas. Sequías y disminución de abastos de agua, huracanes más intensos, lluvias e inundaciones que, al igual que el huracán Katrina en el 2005, dejarán devastación y muerte. El impacto negativo del cambio climático “superará las previsiones más alarmistas”, según el informe elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Las consecuencias sobre la salud tampoco son positivas. Una de las más inmediatas se relaciona con el aumento en la incidencia de enfermedades infecciosas transmitidas por vectores -como la malaria y el dengue- o por contaminación de alimentos y agua -diarrea, cólera y ciguatera. Pero el abanico de enfermedades relacionadas con el calentamiento global es mucho más amplio.

Según estimó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su informe de 2003 sobre la salud en el mundo, el cambio climático fue el responsable en el año 2000 de aproximadamente el 2.4% de los casos de diarrea en todo el mundo y del 6% de los casos de paludismo en algunos países de ingresos medios. Actualmente, señala la OMS, es el responsable de por lo menos 150,000 muertes extras al año -cifra que según cálculos conservadores, se duplicará para el año 2030.

La semana pasada, el Gobierno de Bolivia decretó “situación de desastre nacional”, con un 65% del territorio afectado por inundaciones y 1,950 casos confirmados de dengue hasta ahora. En Colombia y Ecuador, la sequía hace estragos, tanto en la salud como en la economía. Mientras que en los Estados Unidos el invierno ha dado de qué hablar -en algunos lugares se demoró en llegar, en otros hubo temperaturas extremadamente bajas, potentes tornados en otros y temperaturas más cálidas en sitios que tradicionalmente son más fríos.

Son sólo algunos de los ejemplos de cómo el cambio climático ya nos está afectando. Puerto Rico no está exento y, por su posición geográfica, está en un punto clave del clima mundial, que lo hace más vulnerable. Sin embargo, aunque nos afecta de forma tan directa, el tema todavía no se toma muy en serio en la Isla.

Es una de las razones por lo que la mayoría de las personas no ven sus problemas de salud como una consecuencia del cambio climático, señala el Dr. José Seguinot Barbosa, catedrático del Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Tampoco parece ser un asunto que le interese a los legisladores del País, ni hay leyes o iniciativas dirigidas a educar y crear conciencia de que es un fenómeno que ya nos afecta de diversas formas.

“El calentamiento global nos afecta directamente, tanto en el aumento de las tasas de mortalidad y morbilidad como en la vulnerabilidad”, sostiene Seguinot, mientras destaca que los grupos de edad de alto riesgo, como los viejos y niños, no están preparados para resistir temperaturas más altas, ni para enfrentarse a un gradiente térmico mayor.

“Si se suman el calentamiento global y las islas urbanas de calor, las temperaturas podrían ascender hasta 15 grados Fahrenheit por encima de lo normal”, agrega el Dr. Seguinot, quien opina que en Puerto Rico se están registrando temperaturas altas extremas con mayor frecuencia que nunca antes. Un ejemplo es San Juan, que presenta un aumento térmico promedio de cerca de cuatro grados, comparado con las temperaturas de los años 40. Igualmente, Ponce y Mayagüez suelen registrar temperaturas más altas que en el pasado. “Ese aumento en la frecuencia e intensidad de las olas de calor también provocará una subida en el número de muertes relacionadas con esta causa”.

No obstante, cabe destacar que no todos los efectos del calentamiento son adversos -aunque sí la inmensa mayoría-. En el norte de Europa, en Nueva Zelanda o el sur de Australia pueden darse cambios temporalmente positivos, como menos heladas o más lluvias, con posible impacto en la agricultura o en el consumo energético.

“En Inglaterra también se ha documentado que, al aumentar la temperatura, hay una reducción en la incidencia de problemas respiratorios en los niños”, sostiene el Dr. Braulio Jiménez, director del Centro de Estudios Ambientales y Toxicológicos del Recinto de Ciencias Médicas de la UPR. Además de que el aumento de las temperaturas en algunas regiones con climas muy fríos podría reducir las muertes relacionadas a las bajas temperaturas.

 

La salud en juego

“Ya no hay ninguna duda de que los efectos del cambio climático se pueden asociar a una mayor frecuencia de enfermedades”, afirma el Dr. Seguinot, mientras pone el ejemplo de cómo la cantidad de ozono presente en nuestra troposfera, combinado con una mayor cantidad de particulado, polvo del Sahara y cenizas del volcán Le Soufriere de Monserrat, entre otros contaminantes, ya ha incrementado la cantidad de casos por afecciones respiratorias, alergias y cáncer de piel.

De hecho, los problemas de alergias en la población puertorriqueña -que ya son muchos- se agravarán con los cambios del clima y el calentamiento. Tanto por las olas de calor, como por la lluvia y humedad, afirma el alergista Fernando J. López Malpica, catedrático de medicina interna de la Escuela de Medicina de la UPR.

“En Puerto Rico, el ácaro del polvo casero que depende de la humedad y la temperatura y los hongos se multiplicarán con los cambios climáticos”, sostiene el Dr. López, lo que aumentará la incidencia de alergias y empeorará las que ya sufren las personas.

“A todo esto se añade que el diseño de las estructuras donde vivimos, trabajamos y nos divertimos, no es apropiado para el trópico”, añade el Dr. Malpica. Sobre todo, porque son espacios que promueven la humedad y el calor, donde no hay vientos cruzados y en los que no se aprovechan los beneficios del trópico.

Otra de las consecuencias, advierte el Dr. Jiménez, es que ese polvo también viene cargado con endotoxinas y bacterias, lo que puede provocar una mayor incidencia de casos de ciguatera -enfermedad derivada del consumo de peces o moluscos que han acumulado altos niveles de toxinas.

“Al asentarse el polvo en la superficie, es utilizado por un tipo de algas que sirve de alimento a organismos como los dinoflagelados -que producen las toxinas marinas y, a su vez, aumentan lo que se conoce como marea roja en la costa de la Florida. Son los que producen la toxina de la ciguatera. Y esto puede aumentar los casos de esta enfermedad en el Caribe”, agrega el Dr. Jiménez.

La radiación ultravioleta es otro de los factores al que vamos a estar más expuestos. Sobre todo del tipo más nocivo para la salud (los rayos B), debido a la disminución de la capa de ozono. De hecho, se sabe que cualquier aumento de la radiación UVB que llegue hasta la superficie de la Tierra tiene el potencial para provocar daños al medio ambiente y a la vida terrestre.

“La piel es el órgano más grande del cuerpo y el que más expuesto está. Así que cualquier evento que afecte al ambiente, también va a afectar la piel”, señala el dermatólogo Luis Ortiz Espinosa. Desde sarpullido, dermatitis, enfermedades del colágeno e infecciones por hongos, hasta lesiones o quemaduras relacionadas a la exposición solar y un aumento en el cáncer de piel.

Además, agrega el Dr. Ortiz, la piel tiene una función muy importante relacionada con la inmunidad y cualquier daño a esta va a provocar cambios -ya sea disminuir el sistema inmune o activar reacciones que generan otros problemas de salud. Por ejemplo, las enfermedades autoinmunes -como el lupus eritematoso- estarán más en riesgo de activarse, si la exposición a los rayos ultravioletas es más intensa.

También puede haber un efecto en otros órganos -entre ellos, los riñones. “Si sudas mucho y no te hidratas bien, vas a sobrecargarlos”, agrega el Dr. Ortiz, además de destacar el rol de los rayos ultravioletas en el desarrollo de cataratas -empañamiento del cristalino del ojo que dificulta la visión y que, a largo plazo, es una de las principales causas de ceguera.

Según información publicada por la OMS, se estima que una reducción del 1% de la capa de ozono puede provocar entre 100,000 y 150,000 casos adicionales de ceguera causada por cataratas. Para el año 2000, se calculó que la pérdida de la capa de ozono durante el verano era de hasta del 10% para las latitudes medias.

Precisamente, el Dr. Seguinot dice que en Puerto Rico se puede asociar la alta prevalencia de cataratas en algunos pueblos montañosos con el calentamiento global. Y aunque es una premisa que no se ha corroborado científicamente, se cree que, por su ubicación, reciben la radiación ultravioleta de forma más intensa que los que viven en la costa.

Sin embargo, hay muchas otras razones para explicar el posible aumento en la incidencia de cataratas, sostiene el Dr. Jaime Jackson Díaz, del Departamento de Oftalmología del Recinto de Ciencias Médicas de la UPR.

“No es que haya habido un aumento. Es que la catarata, en términos generales, es una enfermedad de la vejez”, afirma el Dr. Jackson, aunque aclara que en menor grado puede pasar a cualquier edad, por traumas, radiación, medicamentos, etc. Una razón para su prevalencia, agrega, es que con los avances médicos las personas viven más y tienen mayores oportunidades de buscar ayuda médica. “Antes, muchas de esas personas morían sin atenderse la catarata. También, ahora hay más acceso a los oftalmólogos y puede que por eso se vean más pacientes con esta condición”.

No obstante, el Dr. Jackson está de acuerdo en que el desarrollo de cataratas también se asocia con una mayor exposición a los rayos de la luz ultravioleta. “Por lo tanto, en los países tropicales, posiblemente vas a tener una incidencia de cataratas que maduren más rápido”, agrega el oftalmólogo, mientras menciona la posibilidad de que la alta incidencia de esta condición en los pueblos de la montaña también podría estar asociada con la diabetes -una condición muy común entre la población puertorriqueña.

Algunos investigadores también mencionan efectos en el sistema nervioso central debido al cambio climático. Sin embargo, para el neurólogo Heriberto Acosta, todavía no hay información médica o científica que relacione el calentamiento global con afecciones al sistema nervioso. Pero está de acuerdo en que las altas temperaturas pueden aumentar las muertes en las personas de edad avanzada. “Si una de esas olas de calor nos afecta por dos o tres semanas corridas, vamos a tener un aumento en las muertes”.

 

Contaminación por doquier

Unas 800,00 personas mueren prematuramente cada año por culpa de la contaminación en la mayoría de las ciudades del planeta. Y según la OMS, cada año se podrían evitar 120,000 fallecimientos por infecciones respiratorias, cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares asociadas a la contaminación, si se reducen drásticamente los niveles de polución en las ciudades.Tanto la Asociación Americana del Corazón como diversas investigaciones científicas han demostrado la relación entre las partículas ultrafinas de la contaminación del aire con ataques cardiacos y un riesgo mayor de accidentes cerebrovasculares.

Según publica MedlinePlus -un servicio de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos- en su página en internet (http://medlineplus.gov/spanish/), las partículas diminutas de polvo y hollín de menos de 2.5 micrones, cerca de 1/30 del grosor de un cabello humano, provocan inflamaciones sistémicas que podrían cambiar los parámetros de coagulación o podrían conducir a la ruptura de placas ateroescleróticas, así como aumentos en la viscosidad del plasma (sanguíneo), lo que incrementa el riesgo de accidentes cerebrovasculares.

Uno de los contaminantes más tóxicos que contiene el aire es el monóxido de carbono (CO), que los glóbulos rojos absorben antes que el oxígeno, ya que posee una afinidad por la hemoglobina 260 veces mayor que el oxígeno. De esta forma, señala la información de MedlinePlus, la sangre lo transporta a los distintos tejidos del organismo, con consecuencias muy perjudiciales, en especial para órganos sensibles como el cerebro y el corazón.

Es importante destacar que existen grupos de riesgo más expuestos a padecer los efectos del aire contaminado. Estos están integrados por las mujeres embarazadas que transmiten el CO al feto, las personas mayores cuya función cardiovascular es reducida, los que padecen enfermedades cardiorrespiratorias y los niños.

Según la OMS, el aire que respiramos no debería contener más de 0.01 ppm (partes por millón) de CO. Es la cifra que se considera como ideal para el normal desarrollo de la vida humana. Pero nuestro organismo puede tolerar hasta 9 ppm. No obstante, en la mayoría de las ciudades los valores promedios son de 13 y 14 ppm, cantidad que puede llegar a sobrepasar los 19 ppm.

 

Peligro latente

La calidad de los alimentos que consumimos ya es bastante pobre, opina el Dr. Seguinot. Y no es sólo por el cambio en la dieta. También, porque cada vez los alimentos vienen de más lejos, pasando por ciclos de congelamiento y enfriamiento, mientras que el uso de preservativos y de químicos en la producción de alimentos también ha disminuido su calidad. “Todo esto se vincula a una economía global más inestable como consecuencia del cambio climático”.

El aumento de la radiación UVB también provoca cambios en la composición química de varias especies de plantas, que resulta en una disminución de las cosechas. De la misma forma, afecta la vida submarina y provoca daños hasta 20 metros de profundidad, en aguas claras. Sobre todo, señalan los científicos, es muy perjudicial para las pequeñas criaturas del plancton, las larvas de peces, los cangrejos y los camarones, al igual que para las plantas acuáticas.

Al ser parte de la cadena alimentaria marina, una disminución puede provocar una reducción de los peces. A lo que se suma el impacto del aumento en la temperatura del agua en los peces. Por ejemplo, señala el Dr. Jiménez, en el área de Prince William Sound, en Alaska, se ha identificado el crecimiento de microorganismos y bacterias en las ostras.

“Como consecuencia, la población es más susceptible a enfermedades y problemas de salud como diarreas, vómitos y dolores de estómago”, agrega el Dr. Jiménez, quien cree que también va a haber migración de esas bacterias a otros lugares “con la posible contaminación alimentaria y su efecto en la salud de los humanos”.

 


Gentileza: Dr. José Seguinot Barbosa