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Asunto:NoticiasdelCeHu Seminario "Historiografía y ciencias sociales"
Fecha:Lunes, 12 de Febrero, 2007  21:17:47 (-0300)
Autor:Vicente Di Cione <geobaire @............ar>

Seminario de Doctorado: “Historiografía y Ciencias Sociales ante el cambio de época desde 1980”.

  

Dr. Eduardo Vior

 

 

Carga horaria: 36 horas.

Inicio: Martes 17 de abril.

Día y horario: Martes 18 a 22 horas.

Con cupo. Cierre de inscripción: 16 de abril.

 

 

Fundamentación

En esta propuesta de seminario se parte de la constatación de que, bajo las condiciones que impone la inconclusa construcción de una hegemonía mundial única desde 1990, las aproximaciones predominantes en la Historiografía y en las Ciencias Sociales se han demostrado insuficientes para explicar los procesos en curso y dar orientaciones que permitan prever su desarrollo futuro. Déficits que ya se manifestaban antes se han hecho especialmente costosos en la nueva etapa de desarrollo del sistema mundial. En una primera aproximación puede verificarse que a pesar de algunas influencias posmodernas recibidas en los últimos veinte años, las Ciencias Sociales en el mundo en general siguen siendo en gran medida dependientes de una visión positivista y modernista. Se aprecia la acumulación de saber por el saber mismo, predomina el culto del “dato”, las discusiones teóricas se han reducido a la exégesis de un canon de autores “clásicos” de la tradición grecorromana, medieval, moderna y contemporánea europea y norteamericana y sigue prevaleciendo la ilusión de poder “fotografiar” la realidad y de reproducir una “verdad” que estaría fuera del proceso mismo de conocimiento. Excepto algunas experiencias aisladas en los países del Sur (India, Sudáfrica y algunos países del Caribe anglófono) y contados representantes de los “estudios de género”, “poscoloniales”, “subalternos” o “culturales”, las Ciencias Sociales de cuño occidental se han desentendido en los últimos veinte años de las discusiones sustantivas sobre el orden político y social. Precisamente ha sido el cambio de ubicación en el sistema mundial sufrido por el Estado nacional (matriz de todos los estudios sistémicos, de ideas de modernidad y racionalización y de conceptos de desarrollo monológicos y unilineales) el que ha generado dificultades insalvables a las aproximaciones predominantes. Las Ciencias Sociales no han reaccionado a esa crisis y modificación reflexionando sobre sus supuestos evolucionistas.

La Historiografía, por su parte, remplazó los “grandes relatos” y las distintas corrientes estructuralistas, marxistas o no, por las historias segmentadas, regionales, de género o microhistorias. La historia social y económica derivó hacia un predominio excesivo de los métodos estadísticos. Los innegables avances registrados en el campo de las historias de la periferia no han resultado en una modificación de las historias de los países centrales del sistema mundial. Al abandonarse los “grandes relatos” de la Guerra Fría, se volvió anacrónico seguir proclamando teleologías modernistas para la periodización de los procesos estudiados. Las mismas no fueron remplazadas por perspectivas ex-céntricas capaces de dar cuenta de la multiplicidad de tradiciones que conforman un mundo en movimiento (especialmente en el movimiento físico que se expresa en la trashumancia de decenas de millones de seres humanos) y de las largas duraciones activadas por la aparición de nuevos sujetos de soberanía. Es por ejemplo imposible explicar los procesos políticos sudamericanos de los últimos cinco años con una periodización de la historia que sigue haciendo cortes en la conquista europea y en la independencia de los Estados blancos a partir de 1810 o que reduce la historia de las inmigraciones al momento de la llegada de los sureuropeos desde 1860.

Concomitantemente con esta situación se registran dos fenómenos, uno teórico y el otro en el ámbito de la sociología de la ciencia: Por un lado la Historia ha desaparecido del interior de las otras Ciencias Sociales que no encuentran en ella alicientes para su desarrollo ulterior, reduciéndola a su vez a mera proveedora de “datos” para rellenar propuestas de investigación cuya respuesta ya está presupuesta en la hipótesis planteada. Por el otro se ha reducido la función del científico social a la de un funcionario administrador de series estadísticas o registrador de fútiles enunciados de grupos y actores socioculturales. Estos anacronismos de las escuelas predominantes producen faltas de orientación que afectan la capacidad de la Historia y de las Ciencias Sociales para brindar orientaciones plausibles en una realidad que se percibe como volátil (aunque el análisis científico pueda demostrar que son más las continuidades que las rupturas). Si las orientaciones científicas faltan y las religiosas y míticas son incapaces de producir metarrelatos, la anomia social y política aumenta.

En Argentina se añaden especialmente las influencias de tres factores específicos:

La siempre presente dicotomía entre “civilización y barbarie” que organiza los modos de pensar la cultura y preprograma la selección de actitudes, teorías, métodos y datos de los académicos e investigadores. Si bien esta dicotomía es de origen europeo y por lo tanto está presente en las matrices ideológicas de las Ciencias Sociales y la Historiografía en muchos países, en Argentina adquiere además un matiz programático por la influencia del pensamiento sarmientino.

Articulada con la anterior se encuentra el predominio de la visión y concepción implantadas desde los 1950 por Gino Germani y sus discípulos. Aun entre quienes se distanciaron de esta visión oficial sigue primando un paradigma “modernista” que ve la Historia Argentina como una sucesión de etapas que se suceden como bloques cerrados, encaminándose hacia la “modernidad” y/o “racionalidad” (con mayores o menores acentuaciones en una u otra según los autores), y está impulsada desde “afuera” o por aquellas fuerzas sociales e intelectuales que se identifican con un “afuera” ubicuo, pero generalmente instalado imaginariamente en Europa Occidental o los Estados Unidos. En este modelo otros desarrollos no previstos son considerados como anomalías o reciben calificaciones (como “populismo”) que pueden ser aplicadas a cualquier proceso, en cualquier lugar y momento, expulsándolos así del curso de la “modernidad”.

El proceso histórico-político y cultural argentino ha acentuado el déficit intelectual. Las variadas tendencias críticas y alternativas que venían desarrollándose desde 1910 hasta los años 1970 fueron reprimidas, silenciadas, exterminadas o expulsadas. La normalización de las universidades y de las estructuras de investigación posterior a 1983 fue concebida y presentada como una restauración de los desarrollos de las Ciencias Sociales anteriores a 1966, pero fue más fuerte su compromiso con las distintas perspectivas conservadoras y reaccionarias enquistadas en los aparatos de ciencia y tecnología que con las corrientes alternativas surgidas entre 1966 y 1976. En la década de los 1990 la investigación en Ciencias Sociales se subordinó a las finalidades y objetivos propuestos por los organismos internacionales de crédito. Por estas razones el panorama que presentan las Ciencias Sociales argentinas es la de una transformación lenta de las estructuras autoritarias, pero sin rupturas y con un predominio de los compromisos con el autoritarismo.         
El cambio de clima social y cultural en la región sudamericana a partir de 2003 nos obliga a revalorizar ciertas nociones de importancia para las Ciencias Sociales y
la Historiografía: la idea de soberanía como representación colectiva central para la organización del orden político, concomitantemente la recuperación de la noción de “pueblo”, el resurgimiento de identificaciones sudamericanas y la revalorización de identidades subalternas. La renovada centralidad que está adquiriendo la idea de Estado está creando nuevas condiciones para pensar la sociedad civil y por lo tanto la democracia. Esta reconstrucción reclama nuevas búsquedas de identidad. Los distintos actores de la sociedad argentina están hoy rediseñando su memoria y luchando por la hegemonía en la rearticulación de la identidad colectiva.

La constatación de las falencias mencionadas y de las cuestiones a resolver fundamenta la necesidad de explorar en casos concretos las limitaciones de los modelos explicativos utilizados y reflexionar sobre las alternativas que podrían seguirse en la convicción de que la superación de los escollos sólo puede resultar de una renovación profunda de ambos campos disciplinarios en una estrecha interrelación.

 

Destinatarios

Este seminario se dirige a doctorandos en Historia, Antropología, Filosofía y Ciencias Sociales y a todos aquéllos que quieran reflexionar nuevamente sobre las relaciones entre las Ciencias Sociales y la Historiografía, historizando las primeras y devolviéndole un marco estructural a la segunda.

 

 

Informes e inscripción:

Oficina de Posgrado, Facultad de Filosofía y Letras
Puan 430, oficina 6, de
12 a 15 hs.

Tel. 4433-5925 / 4432-0606, interno 105
posgrado@filo.uba.ar