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Asunto:Re: NoticiasdelCeHu Cosas que el dinero puede comprar, o no
Fecha:Lunes, 12 de Febrero, 2007  17:48:50 (-0300)
Autor:Vicente Di Cione <geobaire @............ar>

Estimado Amigo: a la "luz" de la investigación, creo que coincidimos si 
afirmamos que las teorías (en su mayoría o todas), construidas según el 
mandato de las ciencias positivas, no alumbran lo suficiente los intrincados 
vericuetos y horizontes del permanente desplazamiento, "descontrucción" y 
metamorfosis de los deseos. En algunos pagos se conoce el fenómeno como "la 
teoría del abrojo en el trasero". En otros pagos se la conoce con otros 
nombres: "lógica de la distinción", "reproducción ampliada de las 
necesidades", "flexibilización reproductiva", "consumismo", etc.
Dos cuestiones adicionales. Primera: la investigación tiene algunas aristas 
ideológicas filosas al momento de considerar la cuestión de las necesidades 
básicas y no básicas y la transposición en materia de derechos humanos.
Segunda: los resultados tocan la construcción social e individual de las 
necesidades, las que involucran a su vez la construcción de los deseos. La 
cuestión de la relación deseos/geografías/territorialidades no tiene 
demasiado desarrollo en las ciencias geográficas y las otras. Si definimos a 
la cultura como un sistema complejo de necesidades, deseos y dispositivos de 
satisfacción, la cuestión es clave para avanzar en los estudios de geografía 
cultural. Para algunos autores el momento cultural por excelencia no es 
tanto el sistema de necesidades "cristalizado", sino más bien la forma misma 
de ampliar y modificar el sistema de necesidades. A tal efecto definen al 
sistema cultural como la capacidad que tienen las sociedades de avanzar 
siempre más allá de si mismas. ¿estarán en la mira de los redescubridores de 
la actual geografía cultural tales temas?
Cordiales saludos. Vicente Di Cione
----- Original Message ----- 
From: "FRANCESC XAVIER C. PAUNERO AMIGO" <xavier.paunero@...>
To: <humboldt@...>
Sent: Saturday, February 10, 2007 2:12 PM
Subject: NoticiasdelCeHu Cosas que el dinero puede comprar, o no


>
> El País. AMANDA MARS - Barcelona - 10/02/2007
> REPORTAJE Cosas que el dinero puede comprar, o no
> Un estudio de IESE y la Universidad de California analiza por qué el
> dinero no logra en ocasiones hacernos felices
> "Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una
> pequeña mansión, una pequeña fortuna...". Groucho Marx no andaba tan
> desencaminado. El dinero no da la felicidad, pero la puede comprar, la
> única duda es cuánta cantidad. Y no es tanta como uno espera porque no
> sabemos administrar el dinero, nos acostumbramos demasiado rápido al nuevo
> tren de vida y nos comparamos con personas más afortunadas, según un
> estudio elaborado por Manuel Baucells, profesor de la escuela de negocios
> IESE, y Rakesh K. Sarín, de la UCLA Anderson School of Management de la
> Universidad de California.
> Un informe cifra en unos 11.500 euros los ingresos mínimos para ser feliz
> La rápida adaptación a los nuevos lujos y la comparación social frena en
> seco la dicha
> La investigación cifra en 15.000 dólares (unos 11.500 euros) los ingresos
> mínimos para ser feliz. A partir de ahí, poder adquisitivo y felicidad no
> crecen al mismo ritmo y el largo inventario de pobres niños ricos que ha
> dado la historia es buena prueba de ello.
> Una mujer que conduce un viejo utilitario en su época de estudiante puede
> hallar una dicha temporal cuando empieza a trabajar y logra comprarse un
> bonito deportivo, pero pronto se acostumbrará a conducirlo, lo integrará
> como una parte habitual de su vida y dejará de alegrarla. Es lo mismo que
> le ocurre a los ganadores de lotería: un estudio de Brickman, Coates y
> Janojj-Bullman señala que aquellos a los que les toca un gran premio
> económico sólo experimentan un incremento de felicidad el primer año,
> mientras que los consecutivos se mantienen igual porque ya se han
> acostumbrado al nuevo tren de vida y no les resulta extraordinario.
> "Lo que da la felicidad es el cambio, el paso de un escalón al otro, por
> ello mantenerse siempre en uno, aunque sea muy elevado, deja de hacernos
> felices", explica Manuel Baucells. Para solucionarlo, el profesor del IESE
> tiene una receta: "Si te toca un millón de euros, debes hacer tus cálculos
> para que la mejora de tu situación sea paulatina y gastar sólo un 1% de lo
> ganado el primer año, un 2,5% al siguiente, y así progresivamente hasta
> alcanzar incrementos del 20% y el 30%".
> La sociedad sobrevalora los beneficios que el dinero le reportará. "Los
> nuevos ricos pasan de repente de un grupo social de menos ingresos a otro
> mayor y su bienestar sí crecerá, al menos de forma temporal", señala el
> estudio. Pero llega el día en que esos nuevos ricos pierden a sus antiguos
> vecinos del barrio como referencia y comienzan a fijarse en el nuevo grupo
> social al que pertenecen. Es entonces cuando el éxtasis desaparece.
> Y es que conducir un deportivo deja de ser tan agradable cuando uno se
> encuentra en el garaje con el nuevo Lexus del vecino. Tras la unificación
> de Alemania, los niveles de felicidad de los vecinos del Este cayeron en
> picado, ya que pasaron de compararse con ciudadanos del bloque soviético a
> mirarse en el estilo de vida de sus vecinos de la Alemania Occidental.
> A los deportistas de élite les ocurre igual. Unas encuestas revelaron en
> 1995 que los medallistas olímpicos de bronce estaban más contentos que los
> que habían ganado la plata, ya que se comparaban con aquellos que no
> habían subido al podio, mientras los clasificados en segundo lugar tenían
> pesadillas porque creían que se les había escapado el oro.
> Dos investigadores dieron a elegir en 1998 a los alumnos de la Escuela
> Pública de Salud de Harvard entre dos escenarios: en uno, ellos ganarían
> 50.000 dólares cuando el resto del mundo lograría 25.000, es decir, la
> mitad, mientras que en el segundo escenario ellos ganarían 100.000 dólares
> cuando el resto ganaría 250.000, más del doble. Todos prefirieron el
> primer escenario.
> "Por eso la felicidad social no ha avanzado pese a que mejore la calidad
> de vida en un país, porque nos peleamos siempre por tener lo que tiene el
> vecino", según Baucells. "Si eres capaz de llegar al trabajo y decir qué
> alegría, hoy no me han atracado viniendo, has conseguido bajar tu nivel de
> referencia y tienes más posibilidades de ser feliz", añade.
> En aquellas naciones en las que la economía ha crecido de forma
> extraordinaria, sus ciudadanos no han experimentando ese mismo salto
> cualitativo. El estudio pone como ejemplo Japón, donde los ingresos per
> cápita se quintuplicaron entre 1958 y 1991, de 3.000 a 15.000 dólares
> anuales, pero los niveles de felicidad se mantuvieron entre el 2,5 y el 3
> (sobre cuatro) a lo largo de esas tres décadas.
> El informe habla de dos tipos de bienes: los básicos, como comer,
> descansar o disfrutar con los amigos, que son básicos y su placer dura
> siempre, y los de consumo -bienes de consumo como un coche o un viaje al
> extranjero-, a los que uno se acostumbra mucho más rápido de lo esperado
> y, por tanto, el éxtasis dura poco. "Son adaptativos", aclara. El dinero
> puede comprar la mayoría, pero la dicha de los bienes materiales dura
> menos.
> Por ello es más feliz aquel que centra el bienestar en esos bienes básicos
> y no los de consumo. Además, el estudio recalca que influyen otras
> variables como la salud y el hecho de vivir o no en un régimen
> democrático, con libertad y derechos individuales garantizados. Así que,
> según el estudio, el viejo latiguillo de que lo importante de la vida es
> la salud, el dinero y el amor sólo admite discusión respecto al orden de
> los elementos.
> En general, los índices de contento en los países ricos son superiores a
> los que declara la población de los países pobres. Británicos,
> estadounidenses y también españoles se sienten mucho más felices que los
> rusos, los ucranios o los búlgaros (ver cuadro). En cualquier caso, a la
> luz de este nuevo informe, hacerse rico, incluso si es por la vía rápida,
> no es un proyecto nada descabellado.
>
>
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