Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 8541 al 8560 
AsuntoAutor
41/07 - América La Noticias
42/07 - Entrevista Noticias
43/07 - PRIMER CON Noticias
44/07 - Uzbekistão Noticias
46/07 - Argentina Noticias
47/07 - Monopolios Noticias
45/07 - Al que dep Noticias
48/07 - En el mund Noticias
México agitado FRANCESC
49/07 - “Los subur Noticias
50/07 - LOS JUEGOS Noticias
51/07 - BUSTAMANTE Noticias
52/07 - Informacio Noticias
56/07 - El destino Noticias
57/07 - ANA ASLAN Noticias
54/07 - A Era da P Noticias
53/07 - Petróleo y Noticias
58/07 - Castillo, Noticias
55/07 - Argentina Noticias
59/07 - Argentina Noticias
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 8785     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 57/07 - ANA ASLAN Y… DRÁCULA!
Fecha:Martes, 9 de Enero, 2007  09:12:06 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticiasdelcehu @..................ar>

 
NCeHu 57/07
 

ANA ASLAN Y… DRÁCULA!

 

La clínica de la doctora Ana Aslan, en Bucarest, Rumania fue –es– muy famosa en el mundo. Ha perdido parte de su imagen publicitaria pero allá por la década de los 70 era un símbolo del rejuvenecimiento y la prolongación de la juventud.

 

Estuve en la clínica… pero de visita. Estaba en Rumania para cubrir la Conferencia Mundial de Población para el Noticioso y en un hueco del laburo asistí a una charla de la Dra. Aslan con periodistas. A la doctora la conocía porque meses antes había estado en Buenos Aires y la había entrevistado. Por eso me fue fácil pedirle que, un día después de esa reunión pública, me permitiera conocer las instalaciones del sanatorio.

 

-                                 Venga mañana –me dijo– y podrá ver todo lo que le interese.

 

Fui “mañana” y me atendió la doctora Gabriela Stoia, que hablaba un italiano puro, exquisito. Con mi cocoliche hereditario nos entendimos muy bien y me llevó a todos los rincones del instituto.

-o-

Me contó que gran parte de los internos eran sudamericanos y, entre ellos, la mayoría argentinos. Me contó también que habían pasado por la clínica Perón, Mao Tse Tung y otros popes mundiales, pero no para tratamiento sino, simplemente, para conocerlo. Es un edificio muy agradable ubicado en un parque de varias hectáreas, arbolado, en medio de jardines floridos. Un paisaje que ayuda a la curación. Y el interno puede salir a la ciudad cuando lo requiera y debe regresar –dijo– a la hora señalada. La paz, la tranquilidad que allí se respira es otro factor que concurre al restablecimiento de los pacientes, independientemente del tratamiento médico personal.

 

Todo me explicó la doctora Stoia. Todo… menos el costo de una estada en las salas de consulta. Secreto bien guardado. Y como mi interés no era individual no insistí.

 

La doctora Ana Aslan falleció hace varios años. Pero ya antes de su muerte los ecos publicitarios de su fantástica actividad en busca del rejuvenecimiento de ancianos y prolongación de la vida se habían atenuado.

 

Es que, supongo, la repercusión de los mágicos resultados del tratamiento debían tener relación directa con la publicidad que entonces desparramaba por el mundo el sistema implantado a sangre y fuego por el dictador rumano que gobernaba el país. Los sucesos posteriores al derrocamiento de Nicolae Cheausecu le dieron a Rumania una imagen de bajo perfil que se fue de un extremo a otro. No puedo asegurar que la difusión de la portentosa propagación de los milagros de la clínica hayan sido sustentados en la gran promoción de un gobierno. Pero resulta, cuando menos extraño, que la nueva generación no tenga la menor idea de quien fue y que hazañas realizó, una ilustre médica rumana llamada Ana Aslan.

-o-

Otra de las atracciones para quienes, por una razón u otra visitan Rumania es la figura, legendaria, controvertida y esotérica del conde Drácula. En Bucarest era casi imposible averiguar qué pensaba la gente de la calle del controvertido personaje.

 

-                                 ¡Ah, ¿el Conde Dracul…? No vaya a creer todo lo que vio en el cine sobre sus aventuras… - dicen los rumanos escamoteando el tema.

 

-                                 No, claro, pero me gustaría visitar, por lo menos, su refugio.

 

-                                 Mañana lo llevo. Iremos en una lancha hasta el monasterio, allí almorzaremos y después podremos visitar hasta su tumba…

 

Eso me dijo la guía, Mihaila, que hablaba muy buen español y me llevó nomás. Estuvimos con el prior del convento y me contaron cosas –algunas conocidas otras no– de Vlad Tepes, conde Dracul. Por ejemplo, aseguran que todo lo que hizo el cine con imágenes inventadas nada tienen que ver con la verdad. Pero eso sí, el Conde Dracul era un tipo que no andaba con chiquitas. Tenía un carácter vehemente y una vez lo visitaron unos embajadores turcos. Como los diplomáticos no se sacaron el fez en presencia del Conde, se los hizo clavar en la cabeza! ¡Para enseñarles educación, dijo.

 

Sus luchas contra los turcos –aparte del episodio del fez- le valieron la trágica leyenda que un cine comercial llevó a todo el mundo.

Al cabo de una prolongada y sangrienta guerra, allá por los años 1450 sus enemigos, los turcos y los terratenientes lo envenenaron y lo decapitaron. Arrojaron su cuerpo al lago pero la cabeza la enviaron a Turquía. En Constantinopla se perdió para siempre.

 

Allí, en el monasterio de Snagov, su casa de verano, está parte de su sarcófago, pero no toda su osamenta.

 

Habían pasado más de 500 años de aquellos sucesos pero la historia o la leyenda permanecían en el recuerdo de quienes no pudimos evitar, en aquellos años de apogeo del cine macabro, sentir como un estilete clavado en la memoria. Me emocionó pisar aquellos mármoles sacros en la hora que el sol comenzaba su escondida. Y cuando volvimos, ya de noche, había comenzado a llover. La lluvia tibia y fina salpicaba el viejo lanchón que nos llevaba de regreso. Yo tenía la sensación de haber vivido un sueño mezclado de angustia y de terror.

 

Pero nunca más fui a ver una película o un espectáculo teatral en el que Drácula fuera condenado al infortunio y a la calamidad. No sé…

 

Me da la sensación de estar cometiendo una irreverencia.

-oOo-

 


 Extraído del libro "Maipú 555 - Anécdotas de un Periodista - (1956-1976)", de Ampelio Liberali. Ediciones Buen Humor. Buenos Aires. En prensa.