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Asunto:NoticiasdelCeHu 50/07 - LOS JUEGOS OLÍMPICOS 3
Fecha:Lunes, 8 de Enero, 2007  10:03:44 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticiasdelcehu @..................ar>

NCeHu 50/07
 

LOS JUEGOS OLÍMPICOS 3

 

Japón, México, Munich…! Con dos experiencias anteriores ¿Cómo no iba a intentar el “no hay 2 sin 3”? Pero ya había sufrido demasiado con las peripecias por improvisación y comencé de otra manera. Lo primero fue asociarme con Tito Martínez. Tito Martínez había sido relator de fútbol años atrás y seguía en la actividad comercial relacionada con la radio. Algunos amigos me decían que Tito no era un tipo serio y que… mejor me alejara de su participación. Como los argumentos no eran coherentes decidí jugar mi intuición. Me apresuro a decir que fue un excelente compañero y que quedamos muy amigos y lo seguimos siendo toda la vida.

-o-

Otro colaborador decisivo fue Eduardo Pacheco. El Negro Pacheco era asesor de prensa de una importante empresa del Estado y por su intermedio conseguimos un auspicio muy importante. Además Tito aportó varios avisos de firmas privadas y completamos un buen paquete. Ya con ese respaldo fue más sencillo todo. Y como las dificultades seguían con el traspaso de dólares a Europa, deposité todos los pesos necesarios en el Banco Nación y me prometieron que en 48 horas podría recibir os dólares en Munich. Por Aerolíneas llegué a Roma. Recuerdo que, como el dinero era escaso, esa noche dormí en una posada de cuarta, en un altillo en el que entraba más luz por las rendijas que por la iluminación interna. Al día siguiente, en tren aterricé en Munich. Y apenas me establecí en el departamento que me habían asignado en la Villa de Prensa, corrí al Banco a buscar mis dólares. Pero lo más curioso fue que… no había llegado el aviso y por lo tanto, la guita no estaba.

-o-

En Prensa exhibí el recibo de lo que había depositado en Buenos Aires y me permitieron quedarme “por un par de días”. Pero pasó el par de días, dos días más… y los dólares, voladores, no llegaban. Entonces el encargado de la villa, un alemán muy cordial pero… alemán, me advirtió: “Señor Liberrrrrrali. Si mañana no llega el dinerrrrro usted tendrá que dejar su habitación en la villa…”

 

La advertencia me preocupó. Más, me desveló. Una vez más la burocracia –es mundial– conspiraba contra mi tranquilidad. Y decidí insistir ante el Banco, con pésimo resultado. Pero… soy un tipo de suerte: en el camino de regreso a la villa me crucé con un amigo a quien no olvidaré por el resto de mi vida: Hernán Santos Nicolini.

 

Santito estaba en Munich de paso. Regresaba de Holanda. Donde había asistido a un boxeador de su grupo y, si se le daban las condiciones, intentaría quedarse en Alemania para presenciar los Juegos. ¡Caído del cielo! Un abrazo, los saludos del caso y el relato de mi odisea: “si no deposito esta tarde los 400 dólares que cuesta mi estada en la Villa, me rajan…”

 

-                                 ¿Cuánto…?

 

-                                 400 verdes.

 

-                                 Yo tengo. Te los doy. Cuando llegue lo que pagaste allá me los devolvés!

-o-

Pagué. El alemán me preguntó si había llegado el dinerrrro y me dio el recibo. Tranquilo. Y entonces le dije a Santito:

-                                 ¿Vos querés quedarte en Munich? Bueno, yo tengo una credencial para vos. La habíamos solicitado para Tito Martínez, mi socio en el negocio pero Tito no pudo venir. Entonces vos podés utilizar su credencial, su habitación en el departamento y la chequera para almuerzo o cena, desayuno y merienda, que está todo pago. Lo pagamos en Buenos Aires así que no cometemos ninguna trasgresión. Y de paso colaborás con migo en los comentarios sobre la actividad de los boxeadores argentinos. ¿De acuerdo?

-                                  

Aclaro que cuando Nicolini me ofreció la guita no sabía que iba a ligar la credencial y los demás elementos que le permitirían gozar de un acontecimiento tan espectacular como los Juegos Olímpicos. Lo ofreció de gaucho, de compañero, de buen tipo, de generoso. Y si tuvo un premio inesperado, fue por su actitud, su desinterés y su nobleza.

-o-

Los Juegos Olímpicos de Munich fueron muy coloridos y perfectamente organizados. Lo que los alemanes, que son especialistas en organización no pudieron organizar (o en este caso desorganizar) fue la acción del terrorismo. Se lo recuerda por el gravísimo atentado que costó la vida de varios atletas y dirigentes israelíes y por la brillante actuación del nadador norteamericano Mark Spitz, que ganó 6 medallas doradas. Cuando se adjudicó la sexta anunció que al día siguiente, en la sala de prensa, a las 9, ofrecería una conferencia para los periodistas. Antes de las 8 yo estaba en la sala. No quería perder un solo detalle y además de tomar diapositivas del acto, pasar los resultados de la conversación a la radio lo antes posible. Era mi función. Pero cuando llegué advertí en el ambiente un nerviosismo inusual. Hablaba el Ministro del Interior de Alemania y lo hacía en alemán. Yo, de alemán, ni el saludo. Después le traducían al inglés y yo de inglés, sacaba cero en el secundario. Y por fin una chica vertía los conceptos al francés. De francés recordaba algunas palabras aprendidas en Alliance Française de la calle Fitz Roy en Bahía Blanca –40 años atrás–. Los términos “monsieur le ministre, los israelienes, les tegoguistes…” me permitían descifrar que algo raro pasaba, pero sin entenderlo en toda su dimensión. Y como mi buena suerte se mantenía, apareció una edecana, una chica peruana, Cecilia Zimmerman, casada con un alemán, que me aclaró lo sucedido:

-                                 Cecilia, ¿qué pasa…? Aquí hay algo grande, pero no lo capto del todo…!

 

-                                 ¿No lo sabes…? Bien, aquí he escrito esta paginita para los de habla hispana y es una síntesis del atentado. Hay dos muertos y un grupo de palestinos amenaza que si en Israel no liberan a presos políticos irán eliminando un rehén por hora…!

-o-

Corrí al teléfono. Eran las 9 del 5 de Septiembre de 1972. Por la diferencia horaria, las 4 de la Argentina. En la radio grabaron el primer flash y envié varios, de un par de minutos cada uno, sintetizando lo que estaba ocurriendo. En el Noticioso comenzaron a pasar las primeras noticias y a las 7, cuando la audiencia comienza a crecer en forma progresiva los oyentes se enteraron de las primeras versiones por medio de su enviado especial, un servidor.

De la cabina telefónica corrí hasta el lugar de la Villa Olímpica en la que estaban ocurriendo los hechos. Cierre hermético. Sólo los mediadores se asomaban cada tanto para negociar con las autoridades.

 

Imposible acercarse. Pero estar allí, a un paso de un hecho tan trascendente era un privilegio. Y más aún por ser el único argentino con posibilidades de trasmitir para SU radio una noticia catastrófica. Mi concepto del periodismo fue siempre lo más razonable: “que no pase nada grave, pero si pasa… estar allí!” Y en ese momento, estaba allí!

-o-

Durante más de 2 horas fui y volví varias veces desde la cabina al lugar de los hechos, en la planta baja de un edificio de varios pisos donde estaban terroristas y rehenes en una vigilia angustiante. Dos israelíes muertos, Moshe Weiwberg y Joseph Romano, y una docena más bajo la amenaza de las armas no formaban, obviamente, un grupo amistoso. Y en la planta alta de la delegación uruguaya, con el temor de la voladura del edificio, un desafío lanzado por los terroristas y la imposibilidad de escapar… un cuadro aterrador! Cada cuarto de hora enviaba noticias a Buenos Aires. Cargaba con un grabador Hugger alemán, pesado como un ancla y la cámara fotográfica para el inevitable audiovisual; cada viaje era una epopeya reiterada. A las 10, y cuando ya la información ya estaba asegurada, volví a mi refugio en la Villa de Prensa a darme una ducha y regresar. No obstante ser Septiembre hacía calor. Y el ajetreo incesante detrás de cada suceso elevaba la sofocación.

-o-

Llegué a la Villa. Y allí estaba feliz, ignorante de todo lo que ocurría, un colega muy calmo, afeitándose, con media cara rapada y la otra media enjabonada, Oscar Gañete Blasco.

 

-                                 Oscar… hay un despelote en la Villa Olímpica. Hay dos muertos y parece que va a haber varios más. Andá, que la cosa es muy fulera!

 

-                                 ¿Vos ya diste la noticia, hablaste a la radio?

 

-                                 Hace casi tres horas que estoy pasando flashes …

 

Oscar se secó la crema, me pidió que le avisara a Zavatarelli, que estaba durmiendo, y salió a los pedos…

 

Fui al dormitorio, casi oscuro, entre sombras vi un bulto entre sábanas:

-                                 Dante, levantate. Hay un quilombo en la villa. Mataron a dos israelíes y la cosa parece que no para…

 

-                                 ¿Vos hablaste…?

 

-                                   Hace tres horas que estoy pasando a Radio El Mundo…

 

-                                 ¡Uyyy! Con razón me llamaron de Rivadavia y les dije que me dejaran de joder, que no pasaba nada…!

-o-

La tragedia culminó al anochecer. Hubo confusión, mala fe, traición y deslealtad. Ni siquiera funcionaron los códigos mafiosos. O… “funcionaron” los códigos mafiosos. Después de muchas horas de inquietud, de terror, de violencia, de pactos espurios, fedayines y víctimas fueron embarcados en dos helicópteros y trasladados a un aeropuerto desde donde debían partir hacia un país que había aceptado recibirlos. Pero el acuerdo falló. Y todo el grupo israelí, atado y esposado dentro de los helicópteros fue ejecutado por la metralla del espanto. También murió uno de los atacantes, pero gran parte de la acción se ocultó, se encubrió deliberadamente. Ignominiosamente.

-o-

A la noche Roberto Maidana me solicitó un informe especial para canal 13. Naturalmente en esa dolorosa jornada Radio El Mundo había ofrecido la mejor información. Y con la autorización de la jefatura del noticioso acepté la invitación. Gentileza entre colegas, que es muy frecuente, cuando la relación es cordial y amistosa. Y hay reciprocidad.

-o-

Años después se filmó una película vinculada con los hechos. Su título es “22 horas en Munich”. Me conmovió. Todo lo que vi aquel 5 de Septiembre –Septiembre negro– está detalladamente reflejado en el filme. Y hay muchas otras cosas que no vi, que sólo vieron los protagonistas, los atacantes y los atacados. Pero haciendo un raconto honesto de lo que debió haber ocurrido entretelones, la película me resulta confiable.

 

La transmisión del tremendo incidente fue un triunfo periodístico, (una primicia con varias horas de ventaja) que ojalá no hubiera ocurrido. Pero insisto en un precepto, en un pensamiento que sostengo desde siempre: “ojalá que no ocurra, pero si ocurre… estar allí”

-oOo-

 


 Extraído del libro "Maipú 555 - Anécdotas de un Periodista - (1956-1976)", de Ampelio Liberali. Ediciones Buen Humor. Buenos Aires. En prensa.