Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 8541 al 8560 
AsuntoAutor
41/07 - América La Noticias
42/07 - Entrevista Noticias
43/07 - PRIMER CON Noticias
44/07 - Uzbekistão Noticias
46/07 - Argentina Noticias
47/07 - Monopolios Noticias
45/07 - Al que dep Noticias
48/07 - En el mund Noticias
México agitado FRANCESC
49/07 - “Los subur Noticias
50/07 - LOS JUEGOS Noticias
51/07 - BUSTAMANTE Noticias
52/07 - Informacio Noticias
56/07 - El destino Noticias
57/07 - ANA ASLAN Noticias
54/07 - A Era da P Noticias
53/07 - Petróleo y Noticias
58/07 - Castillo, Noticias
55/07 - Argentina Noticias
59/07 - Argentina Noticias
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 8778     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 48/07 - En el mundo, el factor cultural hace la diferencia (Felipe de la Balze)
Fecha:Domingo, 7 de Enero, 2007  22:08:32 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticiasdelcehu @..................ar>

NCeHu 48/07
 
Tras el fiasco de la "mercadotecnia"
Conservadores y "progresistas" se reagrupan "culturalmente"
 

En el mundo, el factor cultural hace la diferencia
Por cuarto año consecutivo, la economía mundial sostuvo en 2006 altas tasas de crecimiento. Más allá de esa homogeneidad, existen estilos culturales y proyectos diversos, los que aportarán ventajas u obstáculos al desempeño de cada región.


Felipe A. M. de la Balze
ECONOMISTA Y NEGOCIADOR INTERNACIONAL


El año que terminó fue, en términos económicos, próspero y positivo. Por cuarto año consecutivo la economía mundial sostuvo altas tasas de crecimiento. No hubo crisis económica o financiera de magnitud que valga la pena mencionar. La integración de la economía mundial avanza a pasos agigantados dejando detrás ganadores y perdedores.

¿Se puede decir lo mismo en el campo de la cultura y la política? El anunciado "nuevo orden mundial" no se ha materializado. Lo que reina a nuestro alrededor es un gran desorden. En todos lados se habla de una crisis de valores.

En Europa predomina la cultura del temor: temor por el ascenso económico de China y por el dinamismo tecnológico norteamericano; temor político a la hegemonía norteamericana y al gobierno impersonal y distante de la Comisión Europea; temor al atentado terrorista y a ser gradualmente absorbidos por la marea demográfica; la inmigración masiva y pobre que llega desde el norte de Africa.

En los Estados Unidos crece la cultura de la desconfianza. La obsesión recurrente es la inseguridad y la amenaza terrorista. La desconfianza encuentra sus razones en el creciente déficit de la balanza de pagos y en los errores cometidos en Irak. Detrás de una retórica optimista yace la sombría realidad de una intervención militar que ha suscitado muchos más problemas que soluciones. También, se siente la desconfianza en el inmigrante y en la continuidad de la prosperidad económica: sobre todo en la inmensa clase media, cuyos ingresos reales se han estancado en la última década.

El mundo musulmán está atrapado en una cultura de la humillación. El Islam que conoció su apogeo político, cultural y científico a fines de la Edad Media ha sufrido desde entonces una severa declinación. El retraso económico, los regímenes políticos personalistas, la baja participación en el proceso de globalización en curso (salvo como exportadores de petróleo o de mano de obra barata a Europa), la dolorosa guerra civil en Irak y el irresuelto conflicto entre Israel y sus vecinos han atizado el sentimiento de exclusión y humillación. Indudablemente, el reciente rechazo a la incorporación de Turquía a la Unión Europea no contribuye a disipar las dudas que muchos jóvenes musulmanes sienten respecto a Occidente.

En Asia predomina una cultura del optimismo. Después de dos siglos de estancamiento, China está recuperando su posición de gran potencia. Su política de priorizar el desarrollo económico e integrarse al sistema internacional vigente le ha generado crecientes dividendos económicos y políticos. La India por primera vez en su historia moderna está creciendo velozmente y se está transformando en un actor internacional de primer rango.

En América latina, detrás de las ruidosas divergencias ideológicas y de facción que caracterizan los escenarios políticos nacionales, lo que prevalece es una insoportable cultura del inmovilismo. Las fracturas históricas mantienen su arrogante predominio: instituciones frágiles, bajos niveles de ahorro, grandes desigualdades, integración regional estancada, inserción internacional inadecuada.

A pesar de las favorables condiciones externas, Brasil y México han crecido poco y en ambos países la gestión del presente prevalece sobre los intentos de reforma. Es difícil imaginar, a pesar de sus méritos personales, que Michele Bachelet, Alan García o Tabaré Vázquez sean presidentes transformadores: en el mejor de los escenarios, administrarán eficazmente el statu quo. Hugo Chávez, montado en una extraordinaria bonanza económica, ha desarrollado un proyecto propio que, a fuerza de petrodólares, promueve en el continente. Pero la experiencia histórica es concluyente: el populismo, rico en retórica y huérfano de realizaciones concretas, termina en fracaso cuando la caja se vuelve escasa.

La Argentina, después de la gravísima crisis de los años 2001-2003, comenzó a recuperar un horizonte de estabilidad y crecimiento. Pero nuestro país muestra los síntomas de una cultura que sufre una difusa crisis de identidad. Ya hace bastante tiempo que no tenemos un consenso nacional explícito o implícito de nuestro destino común: un pasado que nos reúna y un futuro que nos comprometa.

Del concepto de identidad nacional que supimos exitosamente construir durante la segunda parte del siglo XIX, sólo quedan estructuras vacías y escombros. Las instituciones y valores compartidos (escuela pública universal, integración humana sin distinción de raza o religión, universidad de calidad y gratuita, economía de mercado abierta al mundo, fuerzas armadas profesionales y respetadas, una sociedad tolerante, respeto por la ley) han perdido su vitalidad o su vigencia. Hemos, voluntaria o involuntariamente, desechado una Patria, sin encontrar un reemplazo.

El vacío actual de nuestra conciencia nacional es peligroso. En un mundo competitivo y conflictivo, nuestro país no puede progresar sin un proyecto común, sin una definición compartida de cómo pensamos promover intereses y valores.

Nuestro desafío pendiente es definir una identidad nacional que emerja de nuestra historia y se corresponda con las realidades sociales, económicas e internacionales de nuestros tiempos. Nunca es tarde para comenzar.


Fuente: diario Clarín, de Buenos Aires, Argentina; 7 de enero de 2007.