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Asunto:NoticiasdelCeHu 711/02 - Crisis y Región
Fecha:Martes, 26 de Noviembre, 2002  18:19:04 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

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NCeHu 711/02

CRISIS Y REGION

DE LA INEVITABILIDAD DE UN REGRESO

A LA NECESIDAD DE EVITAR UNA REGRESION

 

 

Prof. Omar Horacio Gejo [1]

 

 

A fines del año pasado sobrevino la crisis argentina. Anunciada como pocas, dio paso, sin embargo, a un sinfín de controversias que demuestran que, no por previsto o conocido, cuando algún hecho de envergadura se descerraja puede generar un abrupto salto de calidad en los acontecimientos, abriéndose paso, recién entonces, una multitud de manifestaciones hasta allí soterradas.

 

El final de los noventa, el acabose de la Convertibilidad, tuvo como gran prólogo el hundimiento de la administración de la Alianza -había llegado como el recambio oxigenador para darle continuidad al contexto de las "transformaciones" vividas-, que sumió al régimen político en un tembladeral del que todavía no se ha recuperado. Es decir, la quiebra política precedió -formalmente- a la desaparición de la supuesta imperturbabilidad convertible, la que debería haber oficiado como piedra de toque para la superación de la larga decadencia del país.

 

Lo cierto es que la Argentina era un "modelo" del modelo de transformaciones "sugeridas" desde las usinas de ideas de los países centrales, o para ser más llano, Argentina fue el epítome del Consenso de Washington, un decálago de imposiciones cuya matriz nacional imperialista era norteamericana, y constituía una respuesta inmediata al derrumbe del Orden de Posguerra, expresando concentradamente estos dos hechos.

 

Y con el agotamiento fáctico del "modelo" quedaron expuestas las diferentes interpretaciones del fracaso de esa experiencia. Económicamente, por ejemplo, asistimos ahora al tibio reverdecimiento de las posturas keynesianas, en detrimento de los enfoques "neoliberales". Pero además de racionalizar estos tan previsibles regresos -el de la crisis y el de cierto recambio de los discursos economicistas-, para nosotros los geógrafos es vital comprender como este desenlace nos reporta también lecciones y validaciones propias, geográficas. En términos de explicaciones, en términos de comprensión, pero además en el sentido de ser partícipes conscientes del enfrentamiento de posiciones en curso cuya dilucidación aún está abierta y, además, porque en Geografía también hay inevitables regresos. [2]

 

 

Los límites geográficos de la globalización

 

Es indudable que la crisis argentina ha sido un capítulo importante de una obra que cuenta con muchos más personajes, y con una extensión superior, a lo que suele entreverse cuando uno queda preso de las circunstancias estrictamente nacionales, que el destino le ha deparado.

 

Como una gota que rebalsa el vaso, a partir del naufragio de la experiencia argentina se desencadenaron fuertes cruces entre diferentes corrientes interpretativas. De los más sonados, se puede señalar la controversia Banco Mundial - Fondo Monetario Internacional, personificada, entre otros,  por Joseph Stiglitz y Kenneth Rogoff. Pero más allá de estos circunloquios de la cúspide burocrática internacional, cualquier lectura mínimamente atenta podría registrar  el calor del debate existente, reflejo de la avería que presentaba el gran escenario internacional montado durante la década del noventa. [3]

 

Durante ese decenio un conjunto de presupuestos había alcanzado a hacerse carne, a calar muy hondo, transformándose en verdades absolutas, en grilletes de las ideas. De allí que se hablara persistentemente, a modo de oposición a la defensiva, temerosa, de pensamiento único, tratando de testimoniar de que prácticamente no había espacio para el disenso. Nos estamos refiriendo, claro está, al concepto de globalización, el que estaba asociado al capitalismo triunfante -tras la caída del muro-; vinculado a su variante aparentemente más exitosa, la versión anglosajona -la de Reagan y Thatcher-, la extendidamente reconocida como neoliberal, contrapuesta, supuestamente, a una especie de capitalismo regulado, el que alcanzó cierto vuelo a comienzos de los noventa, el que se conoció como capitalismo renano.

 

Pero la idea de globalización, además de estas escaramuzas economicistas -arriba citadas- al interior de la intelectualidad burguesa, representaba otras cosas; era, ante todo, una verdadera cosmovisión desde el poder, que reinterpretaba el mundo a fines de siglo. Y desde allí, no podía menos que tener repercusiones geográficas, pues es imposible dar cuenta del mundo, es decir, traducir una realidad histórica, sin geografizarla, porque toda realidad histórica - vale remarcarlo- es necesariamente geografía. [4]   [5]

 

Esta avasalladora representación del mundo se impuso decididamente durante la década del noventa. [6] Uno de sus elementos centrales radica en la constatable reducción de la distancia como producto del desarrollo de los medios de comunicación, en especial del asombroso salto de las telecomunicaciones. La recurrencia a la idea del mundo convertido en aldea global, refleja claramente el desenvolvimiento de este proceso, era una de las constantes de este período. Esta virtual destrucción de la distancia física abría, así, la posibilidad para el funcionamiento a pleno del mercado, el cual veía desaparecer el gran obstáculo para la circulación. Desencadenada ésta, pues, los conocidos ciclos de una economía de mercado eran prácticamente abolidos, pasaban a ser una cuestión del pasado, de la prehistoria. Esto es, el capitalismo ingresaba a una etapa de crecimiento continuo.

 

Así como una vez liberada la circulación, desaparecían las discontinuidades del progreso en el tiempo, también se generaba una transformación de la histórica distribución geográfica desigual de aquél. Es en este decenio, por ende, cuando se populariza la idea de los mercados emergentes. El mercado mundial deja de ser visto como un obstáculo relativo para el desarrollo, para pasar a ser considerado como una condición suficiente para él. Finalmente, todo este proceso era visto como una natural culminación de la historia, constituía, por lo tanto, un suceso inevitable.

 

En resumen, el capitalismo pasaba a revistar no sólo como una formidable máquina de crecimiento -claro que ahora continuo, perpetuo, eterno-, sino que también se le adosaba en la nueva era la virtud de ser un equiparador social y equilibrador geográfico, funciones que hasta el momento se le desconocían. El resultado de esta abrumadora prédica era la presentación de un mundo nuevo, un "mundo" de indiferenciación, lo opuesto de lo que hasta aquí se tenía por realidad.

 

A pesar de las continuas referencias a superficiales geografizaciones como, por ejemplo, la presentación de una especie de lugarización planetaria, esto es, un mundo de lugares, que surgían como la contraparte lógica de la unificación absoluta o globalización, lo cierto es que esta corriente representaba la negación misma de la Geografía, disciplina que se ocupa de las diferenciaciones materiales.

 

La globalización, concretamente, se correspondía con el fin del Orden de Posguerra. Con la caída del muro, con el desmoronamiento de Europa Oriental, se rompió el conjunto de equilibrios entre clases, países y regiones existente desde la dilucidación de la Segunda Guerra Mundial.

 

En el primero de los aspectos se consolida la ofensiva del capital sobre los trabajadores, proceso que recibe universalmente la denominación de flexibilización, indicándose por esto el intento de demoler o reducir las "rigideces" de la legislación social conseguida desde la mitad del siglo pasado, conocida como Estado de Bienestar. En suma, la flexibilización no era ni es otra cosa que una fuerte apuesta por la reducción salarial directa e indirecta, o lo que es lo mismo, un decidido envión al incremento de la tasa de ganancia.

 

En segundo lugar, reinstala plenamente la puja interimperialista, donde más allá de la repetida unipolaridad ampliamente admitida, lo que existe en realidad es una profundización de las divergencias entre los centros históricos capitalistas desarrollados, por un lado; y un campo abierto para una ofensiva del capital imperialista  sobre los países y regiones no desarrolladas o periféricas, redefiniendo la asociación entre las burguesías nativas (nacionales) y el imperialismo, por el otro . [7]

 

En resumen, el mundo de la posguerra, que abarcó casi medio siglo, estaba signado por diferenciaciones, en alguna medida sobreestimadas. La primera de ellas era la existencia de dos esferas claramente determinadas: el Oeste (capitalista), y el Este (socialista). Esta divisoria estaba marcada hasta el absurdo por el realismo de la erección del muro berlinés. El segundo de los aspectos lo constituía la explosión de un mundo estatal, si recordamos que gran parte del mundo colonial desaparece como tal, triplicándose el número de estados nacionales desde 1945 a los noventa; Africa en su totalidad, y Asia, en buena medida, generaron allí su estatalidad. Finalmente, esta unidad de dos sistemas, con una multiestatalidad, estaba claramente separada por un abismo económico-social; el desarrollo era la cara opuesta del subdesarrollo.

 

Con la globalización el mundo había rotado severamente respecto de estas representaciones. El capitalismo lucía planeteriamente indisputado, habiéndose desvanecido el desafío socialista; la transnacionalización se imponía incontinente, erosionando las antiguas esferas de soberanía irrestricta estatal-nacional; y la bipolaridad desarrollo-subdesarrollo perdía sentido, en tanto el nuevo capitalismo podía reproducirse automáticamente -o casi eso- en cualquier rincón del planeta, poniendo fin, pues, a aquella historia de desilusiones económicas.

 

Por supuesto que este paradigma era pura ideología. Entendida ésta como la necesaria cobertura intelectual para hacer aplicable y asimilable un proceso concreto. Pero lo que resultaba más interesante, esta ideología era, ante todo, un cabal manifiesto antigeográfico, que derivaba en el más vulgar extravío idealista. [8] .

 

De allí que su desbaste como interpretación haya sido obra, ante todo, de la evolución inmediata de la realidad, y de la concomitante reivindicación militante de algunas de las expresiones más apreciadas del acervo geográfico. Por caso, el regreso con gloria de la región.

 

Es que detrás del previsto aplanamiento del mundo de diferencias, del surgimiento de ese capitalismo sin fisuras, global, inesperadamente reaparecían las fracturas, pruebas irrefutables de que pervivían las diferenciaciones, como productos y como procesos.

 

La economía mundial y el comercio internacional de los noventa, por ejemplo, confirmaban plenamente las manifestaciones regionales; otro tanto, los evidentes conflictos político-militares, que han reimpuesto el contexto geográfico-regional como una dimensión inexcusable para comprender la realidad internacional. Hablar de bloques regionales, y de política imperial, se volvió, así, una situación habitual, una experiencia cotidiana.

 

A todo esto, mientras algunos se preguntaban desorientados por la aparente contradicción entre la globalización y la regionalización, Fukuyama, - el del sólo futuro- decaía vertiginosamente en las preferencias hasta casi desaparecer, al tiempo que se recreaba la reaccionaria mística de Huntington -con su choque de civilizaciones-, para la que sólo había pasado. Uno y otro representaban el desvarío de la intelectualidad burguesa de fin de siglo, capaz de pasar del optimismo iluso al pesimismo vacuo. Uno y otro rehuían del presente como realidad histórica, como presente histórico localmente delimitado, es decir, como geografía.

 

La globalidad capitalista de fin de siglo, postulada como un tránsito apacible, sin sobresaltos significativos, hacia la poshistoria comenzaba a ser impugnada fáctica y conceptualmente por la revalidación del imperialismo como categoría concreta, histórica, específica, en suma, geográfica, tal como fuera expuesta en la precisa y concisa refutación de Bujarin a comienzos del siglo pasado . [9]   [10]

 

 

Los límites de clase de una cuestión geográfica

 

Como un subproducto de la crisis internacional se ha ido desplegando el escenario de la presente encrucijada argentina. Esta debe ser comprendida, por lo tanto, dentro de aquella abarcadora dimensión; claro que sin obviar las características específicamente nacionales que le corresponden.

 

La continuidad de sucesos fallidos acaecidos en la periferia desde el pionero "Tequila", atravesando el Este de Asia, recalando en Rusia y Brasil, luego, para desembocar en Turquía y en el Río de la Plata, más tarde, ponen en duda, por cierto, las diferentes explicaciones herméticamente encerradas en cada una de las coordenadas nacionales de los eslabones de la otrora feliz cadena de los emergentes, así como también debieran cuestionarse las objeciones simplemente técnicas, las que pretenden circunscribir las causas de estos fallidos desenlaces a erradas y aisladas políticas económicas . [11]   [12]

 

En nuestro país, la debacle de la espina dorsal de los noventa, la Convertibilidad, ha puesto en marcha estos pases de factura al interior de las posiciones sistémicas, capitalistas o pro-mercado. Tiende a incrementarse la presión de aquellas propuestas que claman por abandonar la ortodoxia (neoliberalismo)  y abrazan el cambio de rumbo propugnado por la heterodoxia. Este viraje, este volver a la experiencia keynesiana, implica un mayor apego por la materialidad de los procesos económicos, un alejamiento de la abstracción característica de la ortodoxia. No es una casualidad, entonces, que con el recatado regreso de las verbalizaciones heterodoxas, la producción, la intervención del Estado y las regiones -o las economías regionales, en la versión de los economistas-, cobren nuevamente vida, obtengan un lugar, el que les negaba el discurso neoliberal . [13]

 

Tampoco es aleatorio que recomiencen las discusiones sobre la necesidad de cuestionar la estructura económica del país, al parecer disfuncional respecto de su supervivencia -en el largo plazo- como una realidad única, integral [14] . Se desarrolla allí una crítica que va más allá de la década pasada, y emparenta esta experiencia con la del período abierto desde mediados de los años setenta; refiriéndonos, claro está, al curso impuesto por el "Proceso de Reorganización Nacional" y su propuesta político-económica, el plan del 2 de abril de 1976, el del superministro José Alfredo Martínez de Hoz . [15]

 

En este marco de crisis es cuando cobra significado la reintroducción de la discusión regional. Son las denominadas economías regionales las que han respondido tempranamente como los fusibles frente a la declinación del ciclo económico nacional. En ellas, a lo largo de los años noventa se han sentido cardinalmente los estremecimientos generados por el deterioro engendrado por el "modelo". [16]   Es en ellas , donde la protesta social adquirió fisonomía propia, anticipando el reguero de la resistencia popular de la segunda parte de la década. También es allí, una vez obtenida identidad regional - mediante la revuelta de las fuerzas productivas -, cuando comienzan a aparecer algunos de los presuntos tratamientos de la crisis.

 

Aún a la defensiva, los sectores "neoliberales" intentan relanzar su protagonismo a través del enarbolamiento de una estrategia de regionalización del país, queriendo diluir la presión política que se ejerce sobre los centros decisionales provinciales, así como también sumando un nuevo ramalazo de la conocida campaña descentralizadora, que sabemos que no es otra cosa que desarmar presupuestariamente a los habitantes del país. [17]

 

Pero la región no sólo reaparece de la mano de los "ortodoxos" y sus ejecutores políticos, sino también por las posiciones heterodoxas, las que denominaremos "neodesarrollistas", que expresan el deseo de revivir algunos de los planteos regionales propios de los años sesenta (ver nota 13). Estas dos posiciones, a pesar de sus diferencias, expresan una similar representación de clase. Los ortodoxos, intentando fugar hacia adelante bajo el pretexto de las reformas inconclusas para alcanzar el capitalismo, desterrando al " capitalismo prebendario", y los heterodoxos, pretendiendo un regreso al proyecto capitalista de mercado interno, superando al "modelo", al "capitalismo financiero". Unos y otros se niegan a visualizar el cuadro histórico-social, al cual interpretan inmutable, al que apoyan o, por lo menos, no impugnan.

 

Pero entender a la Argentina como una cuestión geográfica, como una geografía, esto es, como un proceso de diferenciación material, nos impone ineludiblemente dotar al análisis de historicidad, de profundidad histórica.

 

La Argentina, como geografía, es un producto de la temprana configuración del mercado mundial, en la segunda mitad del siglo XIX, a la cual se adscribe dentro de una modalidad capitalista periférica [18] Y desde ya, no se puede comprender el cuadro regional argentino si no es como una expresión resultante de este proceso, como una diferenciación material secundaria. [19]

 

Ahora bien, una modalidad de adscripción exitosa no modifica la centralidad de su caracterización periférica. A saber, un desarrollo capitalista tardío; un crecimiento no autónomo, ligado excesivamente al mercado externo; una especialización primaria unilateral y las notorias falencias, por ende, para integrar el mercado interno.

Fue la crisis de los años treinta la que puso al descubierto este cuadro de precariedades, obligando a la burguesía argentina a reformular, parcialmente, la estructura del país. La respuesta inmediata le correspondió a los Conservadores, que trataron de preservar los negocios de exportación adosándole una estrategia, acotada, de diversificación económica, asentada - y orientada- en el mercado interno. Al Peronismo le cupo durante los años cuarenta profundizar el giro mercado-internista, reafirmando la intervención estatal y extendiendo el mercado interno, vitales para la expansión de la industrialización. Finalmente, fue el Desarrollismo, el último intento burgués de abogar por la diversificación de la estructura del país, asumiendo la "necesidad" de atraer la inversión de las multinacionales como una vía de asociación con el imperialismo, en un cuadro de situación internacional ya visiblemente mutado frente al contexto inmediato de posguerra.

Pero desde mediados de los setenta, el proceso argentino registra un vuelco fundamental. Con el tiempo se ha comenzado a identificar a los programas económicos como neoliberales, un certificado de alcance mundial, pero ya antes de ese reconocimiento la burguesía argentina fue una de las precursoras en iniciar esa readaptación a las circunstancias internacionales, de la que no ha regresado, más allá de los bamboleos discursivos.

 

Es en este nuevo cuadro de situación en el que se han agravado notoriamente  todas las conocidas limitaciones del "subdesarrollo" del mercado interno, lo que había imposibilitado, históricamente, el desenvolvimiento de las regiones.

Por todo esto, la cuestión regional nos obliga a reconocerla como la manifestación objetiva y explosiva de la estructuralidad de la crisis argentina. Pero esta estructuralidad no se reduce a una mera discusión técnica, que eluda su sustancial carácter político.

 Si otro país es posible, este resultará del replanteo de su integración al mercado mundial precedido por una modificación revolucionaria de su estructura de clase, es decir, de su carácter capitalista. Porque la disyuntiva, parafraseando a Edward Said, se encuentra entre elegir cambiar el presente o retroceder al pasado. Sabiendo que ese pasado, probablemente, poco tendrá que ver con aquel país crisol de razas.



[1] Centro Humboldt/ UnLu

[2] [2] [2] Hasta cierto punto el Centro Humboldt (CEHU) representa esa toma de conciencia y pretensión de intervenir en el decurso de la realidad. Fundado a comienzos de 1995, concebido como un intento de libre asociación para hacer geografía, reflejaba una cierta postura crítica que trascendía el simple posicionamiento inconformista disciplinar endogámico; y de paso, su deseo de hacer geografía superaba los estrictos límites que delimitan los entornos institucionales. Nacido, entonces, allá por el primer semestre de 1995, estaba ya influido por la contracorriente engendrada por el levantamiento zapatista (enero de 1994), por la crisis mexicana (el "Tequila", diciembre de 1994), por la inminente convalidación electoral del menemismo -enfrentamiento electoral mediante con una coalición centroizquierdista, la que gestaría la base política para el recambio de 1999- y por las manifestaciones más evidentes de la agresión social que propiciaba el "modelo" -un giro que utilizaba hasta el hartazgo aquella misma oposición de cartón, y que nosotros no admitimos- , entre las que cabe mencionar la respuesta que dieron los trabajadores desocupados a través de la organización piquetera ese mismo año. El CEHU, pues, fue alumbrado en ese contexto. Sin él, probablemente no podría habérselo conocido; de allí que pudiera compartir - hasta cierto punto- escena con algunas otras manifestaciones paralelas relativamente comparables en otras disciplinas (economía e historia, por ejemplo).

[3] NOGUES, Julio: Globalización, pobreza y populismo, diario La Nación, 13/6/02; SACHS, Jeffrey: La realidad contraataca, diario La Nación, 2/7/02; PFFAF, William: Volver al capitalismo responsable, diario La Nación, 4/7/02; Davis, Wade: La globalización del descontento, diario La Nación, 13/7/02; SULIVAN, Andrew: La crisis de confianza del Tío Sam, diario La Nación, 10/7/02; STIGLITZ, Joseph: Lecciones de la desaceleración global, diario El País (España), 18/11/01; DIAZ BONILLA, Eugenio: El malestar de la globalización, nuevo desafío a las políticas del F.M.I., diario La Nación, 2/8/02; KRUGMAN, Paul: Los 55 días de Wall Street, diario La Nación, 3/6/02; BASU, Kaushik: Democracia global en retirada, diario La Nación,) 9/8/02;  WILLIAMSON, Jeffrey: Cada país tiene que revisar la forma en que se globalizó, diario Clarín, 11/8/02; VAN DER WEE: La hora del intervencionismo prudente, diario La Nación, 18/8/02; OCAMPO, José Antonio: Media década perdida, diario El País (España), 25/8/02; KAIZER, Ernesto E.: El Fondo Monetario del señor O'Neill, diario El País (España), 25/8/02; NUDLER, Julio: El capitalismo abollado, diario Página 12, 31/8/02; ABALO, Carlos: Argentina, ¿espejo del mundo?, diario La Nación, 24/9/02; SACHS, Jeffrey: Los males de la Globalización, diario La Nación, 4/11/02.

[4] [4] HOBSBAWM, Eric: Historia del siglo XX, Crítica, Buenos Aires, 1999.

[5]   El lúcido intelectual palestino-estadounidense Edward Said realiza un loable análisis de la situación de Medio Oriente; en una edición reciente del diario madrileño El País, contribuyendo a clarificar la especulación geográfica. Valiéndose de una profunda convicción geográfico-regional, ensaya una aproximación a esa realidad histórica. El Imperialismo, Israel, los reaccionarios estados árabes y la irrupción del levantamiento nacional palestino, como elementos primordiales, se conjugan  plausiblemente para comprender la dinámica de los acontecimientos de esa región, de ese presente histórico localmente delimitado.  SAID, Edward: La virtud del mestizaje, suplemento EP semanal, diario El País (España), 29/9/02.

[6] "Debe recordarse que el concepto de globalización es sorprendentemente joven. La gente piensa que como todo el mundo habla de ello se trata de algo muy antiguo, pero no es cierto. Un rasgo de la globalización es la misma globalización del concepto. En los últimos dos años he podido visitar cerca de 40 países y no he encontrado ninguno en el que no se hable del tema. Hace diez años ni  se conocía la palabra" (Anthony Giddens, en diario La Capital de Mar del Plata, 14/5/00, p.5 ).

[7] Los llamados mercados emergentes resultan una descripción muy sugestiva, pues nos señalan que el fin de la utopía desarrollista da paso a una selectiva absorción periférica -no directamente productiva- del capital-dinero excedente en el ciclo económico central. Por otra parte, la privatización de los activos estatales en la periferia, tras un breve lapso de intermediación por las burguesías locales, desemboca en una extranjerización de magnitud de la propiedad. Similar proceso ronda las quiebras nacionales periféricas de los noventa; el ejemplo coreano es ilustrativo. Finalmente, los bloques regionales en marcha son una expresión clara de la definición de los imperialismos de sus áreas subordinadas contiguas.

[8] "Las personas no son máquinas pensantes (absorben al menos tanta información a través de la vista, el olfato y los sentimientos, como de los símbolos abstractos), y el mundo no es inmaterial: la realidad virtual no es tal realidad. El peso sobre la humanidad del tiempo y del espacio, del terruño y de la historia - en suma, de la Geografía- , es mayor que el que probablemente pueda levantar jamás cualquier tecnología terrícola". Bajo el título de "La geografía aún sigue teniendo importancia. Las fuerzas del globalismo están siendo contrarrestadas por la vecindad", así opinaba el puntilloso y conservador semanario británico The Economist, en 1994, enfrentando las versiones reduccionistas de los globalizadores . Reproducido en Meridiano, Revista de Geografía, N° 1, agosto de 1995.

[9] En su polémica con Karl Kautsky, Nikolai Bujarin rebate a través de una argumentación geográfica la imposibilidad concreta del ultraimperialismo, una anticipación del capitalismo global del fin de siglo. BUJARIN, Nikolai: El Imperialismo y la Economía Mundial, Ediciones Pasado y Presente, Buenos Aires,1971.

[10] GEJO, Omar y LIBERALI, Ana: Globalización y Regionalización. Algo más que una contradicción aparente, documento interno del CEHU, 2001. Puede consultarse su versión en inglés, Globalization versus Regionalization, en Posición Internacional, La Revista virtual del Centro Humblodt, N° 2, febrero de 2002.

Allí se expone como los bloques regionales se corresponden con la delimitación de las áreas de influencia de los imperialismos, y con una tendencia -relativa- a la fractura del mercado mundial.

[11] GEJO, Omar: La década del 90. Apuntes para un cuadro de situación. Boletín del Centro de Estudios Alexander von Humboldt, N° 5, agosto de 1999.

[12] Las denominadas corrientes ortodoxas (neoliberales) suelen enfatizar el carácter estrictamente nacional de las crisis; las versiones heterodoxas (keynesianos o neokeynesianos), por su parte, se encargan de señalar que los desbarajustes son el resultado de la aplicación obcecada de políticas erradas

[13] En un reciente artículo publicado por el diario La Nación, en su suplemento agrario, se observa la penetrante confirmación del nuevo diagnóstico, en boca de un conspicuo representante de una economía regional. El señor Sergio Raffaelli, presidente de la Cámara de Legumbres de la República Argentina (CLERA), desgrana allí una serie de opiniones en las que se vuelcan las principales conclusiones  de los productores de porotos acerca de las causas de sus problemas. La organización de los productores, el factor distancia, la intervención del Estado y el valor de la regionalidad son algunos de los elementos allí expuestos. Veamos: "Raffaelli sostuvo que hace varios meses la Cámara está gestionando sin éxito la baja de las retenciones a los porotos. 'Bajaron al 5 por ciento a las legumbres que no se exportan y dejaron los porotos que sí se exportan', y agregó: 'No se entiende que quiso hacer el Ministerio de Economía, que expresa que quiere ayudar a las economías regionales, cuando hay producciones de exportación a más de 1600 kilómetros de distancia de los puertos que se ven afectadas por retenciones, falta de financiamiento, aumento del impuesto a los combustibles, etcétera'. Agregó que para la baja de retenciones el sector contó con el apoyo de los gobiernos de Salta y Jujuy, pero tampoco tuvo eco favorable. El dirigente añadió que las empresas argentinas del sector, en su mayoría Pyme, además de lidiar con todos esos problemas de índole local, 'deben competir luego en el exterior con producciones apoyadas por sus gobiernos, como las de los Estados Unidos, Canadá y China. Además, la Argentina vende a mercados que también producen, con lo que no sólo competimos con los de otros orígenes, sino con las producciones locales también. Tal es el caso de México - principal consumidor de porotos del mundo -, mercado al que no se le pueden vender desde hace años, porque sus autoridades no emiten las licencias que exigen para sus importaciones con beneficios arancelarios. Incluso, cuando un importador desea hacerlo pagando todos los derechos existentes, aplica medidas paraarancelarias', agregó. Otro caso es el de Francia, citó Raffaelli. 'Sirve como ejemplo de la defensa a ultranza que hacen los países del Primer Mundo de sus producciones, olvidándose del concepto de globalización que hacen imponer al resto, con total impudicia'. Agregó el dirigente que en el país galo se establecerán a partir del año próximo trabas al uso del poroto argentino para la preparación de una comida denominada cassoulet de Castelnaudary, como lo vienen haciendo, para defender sus 200 hectáreas de producción de porotos con el argumento de que los componentes de esa comida deben ser exclusivamente originados en esa región para mantener su concepto regional. 'Obviamente, el argumento del concepto regional lo sostiene el productor francés de porotos, que aprecia el poroto argentino es mejor y más barato y debe buscar alguna justificación para impedir el uso que actualmente se realiza con el nuestro', añadió Raffaelli". ( Los legumbreros, con dos frentes de tormenta, suplemento Campo, diario La Nación, 26/10/02 ).

[14] Fenómenos como el Plan Fénix deben ser enmarcados dentro de esa perspectiva. Una voz semejante, la del periodista Daniel Muchnik, resulta particularmente ejemplificadora al respecto: "La devaluación no ha mostrado las ventajas que pregonaron sus defensores. Quizás porque es la estructura económica la que no funciona. Y, por sobre todas las cosas , después de treinta años de despreciar y marginar al aparato productivo nacional, el país no se decide a concretar un Proyecto Industrial coherente y sostenido, nadie se ha ocupado de moldear una meta, un horizonte productivo. Ese Proyecto Industrial, considerado como estrategia estatal tendría que operar a dos puntas, que no se excluyen: fortaleciendo el mercado interno y creando las mejores condiciones para poder exportar y ganar nuevos mercados. Si el objetivo para la Argentina es salir de la actual encrucijada y evitar que sólo un puñado de sectores resulten beneficiados habrá que atender  muy especialmente al mercado interno y la sustitución de importaciones. Habrá que recrear los poderes de control y regulación de un Estado por el momento vaciado e inexistente tras varios años de políticas ortodoxas; forjar soluciones para la pequeña y mediana empresa, proponer conglomerados de empresas para reducir costos y esfuerzos, consolidar los controles aduaneros con la utilización de las leyes antidúmping, recrear el crédito sin tasas usurarias. Y mirar al interior de las provincias, alentando la reindustrialización de las economías regionales largamente postergadas con el respaldo científico y tecnológico de universitarios argentinos. Pero todo esfuerzo quedará a mitad de camino sino se toma como eje del cambio la polítca de ingresos de la población"(diario Clarín, 27/10/02).

[15] Superando el "estructuralismo economicista", podemos leer la siguiente aguda mirada sobre la estrategia político-económica del "Proceso": "Martínez de Hoz fue un ministro exitoso. Amparado por la brutal represión que se aplicó durante su gestión , logró el propósito de venganza social que lo animaba: encarnaba mejor que nadie al segmento más oligárquico, nostálgico y resentido del país. Desde hacía décadas este segmento odiaba a una clase obrera bien organizada y cercana al pleno empleo, al proteccionsmo que había fomentado el surgimiento de industrias 'artificiales', a empresarios sin apellidos castizos y a la Argentina plebeya e inmigrante que se empecinaba en negarle el liderazgo que esa oligarquía creía merecer. Así mediante la 'tablita' y otras medidas, Martínez de Hoz y sus asesores realizaron el primer gran asalto contra la estructura productiva. El proyecto que encarnaban apuntó contra el gran 'culpable de todos los males argentinos: la clase obrera. La disminución del número de trabajadores que se operó en este período y su dispersión geográfica como consecuencia de tramposos programas de 'regionalización' industrial, acompañados por una represión que fue particularmente cruel en sindicatos y fábricas, lograron debilitar el poder colectivo de la clase obrera. De esta manera se inauguró, con marcas que han resultado indelebles, la destrucción de una estructura productiva que, con sus defectos, era la base para el desarrollo socialmente integrado que este abanderado de una vengativa oligarquía no quería. Y como no podía ser de otra manera, este personaje y sus acólitos, ayudados por la enorme corrupción que practicó el régimen militar, realizaron el primer ataque sistemático de destrucción de un Estado que había albergado a una ancha clase media, a rebeldes obreros y a industrias 'artificiales'. La crisis actual de nuestro país, después alimentada por otros personajes (y, por cierto, también por los mismos), es heredera legítima de la obra de Martínez de Hoz". O'Donnel, Guillermo: Un ministro "exitoso", en revista Tres Puntos, N° 274, 26/9/02.

[16] A fines de diciembre de 1993, la tapa de un periódico político -partidario- de izquierda titulaba sugerentemente: "Santiagueñazo, el Cordobazo de los noventa".

[17] En esta dirección deben contarse los proyectos del Banco Mundial, del ex presidente Menem, de la Fundación Mediterránea, de F.I.E.L. (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas), de los gobiernos de Neuquén y Río Negro, entre otros. Como botón de muestra, vale la pena asomarse al discurso del presidente de la Unión Industrial Argentina (U.I.A.), Héctor Massuh, al inaugurar, la VIII Conferencia Industrial Argentina, el pasado 30 de octubre:

"El actual titular de la U.I.A., Héctor Massuh, sumó - dice el diario La Nación, en el suplemento Economía & Negocios, del 31/10/02- un nuevo elemento de debate político. En el discurso inaugural de la conferencia, el empresario papelero invitó a los 450 participantes a pensar en la posibilidad de una reforma constitucional. ''Puede ser que sea necesario o no. Puede que genere más incertidumbre económica o no', admitió Massuh. Pero se preguntó en forma retórica si no será preciso hacerlo para establecer la regionalización del país para eliminar burocracias provinciales y municipales, mejorar el sistema de representación, modernizar el sistema de recaudación y distribución de impuestos y 'recuperar la justicia'. Massuh consideró que tal vez sólo así se podría resolver la crisis institucional, a la que consideró más importante que la política y la económica".

[18] Por cierto que el caso argentino comporta una adaptación muy exitosa de capitalismo periférico, del cual representa, tal vez, una de las expresiones más reconocibles hasta la crisis de los años treinta. Como una consecuencia de ello, Marco Aurelio García, uno de los asesores determinantes de Lula aún debe reconocer que "la Argentina es un país con una distribución del ingreso más homogénea que la nuestra y patrones más elevados en educación y salud, pero en los últimos años enfrenta un proceso de pauperización (diario La Nación, 26/10/02.

[19] Puede consultarse en ese sentido "Las economías regionales bajo la lupa demográfica". En: BENITEZ, J., LIBERALI, A. y GEJO, O.: Estructura económica y comercio mundial, Ediciones Pharos, Buenos Aires, 1995.


Jornadas sobre La Región, un ámbito para la planificación y la acción. Eje: Los enfoques teórico-metodológicos en los estudios regionales. Universidad Nacional del Comahue - Neuquén - Argentina, 20 al 22 de noviembre de 2002.