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Asunto:NoticiasdelCeHu Manuel Castells y América Latina
Fecha:Viernes, 25 de Agosto, 2006  18:18:40 (+0200)
Autor:FRANCESC XAVIER C. PAUNERO AMIGO <xavier.paunero @...es>

Algunas referencias a América Latina del libro de reciente aparición de la
periodista Mayte Pascual. En qué mundo vivimos. Conversaciones con Manuel
Castells, Alianza Editorial, Madrid, 2006, pp. 67-72:

- Si seguimos en el continente americano, hay que preguntarse hasta dónde
Norteamérica continúa con su posición dominante, desde el punto de vista
político, sobre Latinoamérica.

- Cada vez menos en realidad. Desde luego no en los grandes países como
Brasil o Argentina. Y en política internacional, México y Chile se
opusieron en el Consejo de Seguridad a que se legalizara la guerra de
Irak, con lo que ello representó como bofetada a Bush (que tomó
represalias al respecto, sobre todo con México). Cuba está menos aislada
que antes. México, a pesar de estar totalmente integrado en la economía
norteamericana, guarda una notable autonomía. Venezuela ha resistido un
golpe de estado apoyado por Bush y Aznar. En Bolivia, basta que Estados
Unidos denuncie a un candidato, para que éste gane la elección: ése fue el
principio de la popularidad de Evo Morales, que en último término lo llevó
a la presidencia. De hecho, tan sólo regímenes de ultraderecha como los de
Uribe en Colombia o los de algunos países centroamericanos mantienen la
vieja relación de dependencia con Washington. No, el mundo ha cambiado en
ese aspecto, y hoy día América del Norte no manda en América del Sur,
aunque claro que influye tremendamente, como lo hace en todo el mundo.

-	Usted ofrece un relato completo de cómo surge la economía criminal
global. Hay estados latinoamericanos como México o Colombia donde esto
tiene profundas consecuencias en la economía, en la sociedad y hasta en la
cultura, como usted explica. El principal mercado de la droga siguen
siendo los Estados Unidos. ¿Cómo se originó todo esto y dónde está la
salida?

-	Las sociedades, y no sólo los estados, de América Latina están marcadas
profundamente por la economía criminal, con la droga en primer lugar. No
sólo Colombia o México, sino todas las demás, con las significativas
excepciones de Chile, Uruguay y Costa Rica, los países más democráticos y
menos excluyentes de todo el continente. Las formas varían, son
precursores en Argentina, cultivo de coca en Perú y Bolivia, contrabando
en Paraguay, distribución a gran escala en Brasil. Buena parte de los
barrios populares de Río están controlados por bandas armadas de
narcotraficantes, como el Comando Vermelho. En el origen está,
naturalmente la demanda creciente de drogas en Estados Unidos, pero
también en Europa.

Y por otro lado, la conquista de ese mercado por capitalistas
emprendedores de América Latina que utilizaron su territorio y su
capacidad de penetración en sus estados como ventaja competitiva. Y, en
fin, la miseria de amplios sectores y territorios del continente los
convirtió en carne de cañón para un desarrollo basado en lo que yo llamo
la conexión perversa a la economía global, o sea, especializarse en lo que
no se puede hacer en las economías desarrolladas, algo así como Las Vegas
con el juego y la prostitución.

-Seguimos en Latinoamérica; uno de los países que más visita y mejor
conoce es Brasil. Es el más grande en extensión y en población. Amenazado
por la depredación que conduce a la deforestación, la explotación y hasta
el intento de aniquilación de algunas sociedades tribales. Es el país que
ha emprendido mayores reformas. ¿Cómo está cambiando allí la sociedad
civil? ¿Qué ejemplo ofrece Brasil al resto del continente?

-El gran ejemplo de Brasil es la transición democrática y la persistencia
de un gobierno limpio y democrático durante tres legislaturas
presidenciales, invirtiendo así la tendencia histórica de un gran país que
alternaba los regímenes populistas personalistas con la dictadura militar
y los ladrones en el poder (el ex presidente Color de Mello en época
reciente). O sea que no hay pueblo condenado al subdesarrollo político.
Incluso un líder sindical honesto y no demagógico como Lula puede ser
elegido con tranquilidad y dignidad. Recuerde que el traspaso de poder de
Cardoso a Lula fue el primer traspaso de poder de un presidente elegido a
otro presidente elegido en el último medio siglo de Brasil. Y sí, es
cierto que es el país que emprendió mayores reformas económicas y
sociales, pero no sólo desde Lula sino desde 1995, con la primera
administración de Cardoso, cuya política ha sido mal interpretada por
haber dado la prioridad al rigor económico pero cuyo contenido social, en
salud y educación primordialmente, está reflejado en los datos. También
fueron fundamentales las reformas instituciones  la supeditación
definitiva del poder militar al poder civil. El gran problema de Brasil,
sin embargo, es que la sociedad civil es débil en los sectores populares.
Hay movimientos sociales muy activos, pero son sobre todo de clase media
profesional, que es un sector muy reducido en Brasil, aunque con gran
impacto mediático. Y hay verdaderos movimientos sociales radicales, como
el Movimiento de Trabajadores sin Tierra, pero que también es muy
minoritario y localizado. Los sindicatos son potentes en el sector público
y en las grandes empresas multinacionales, pero no van mucho más allá. Son
un gran actor político, pero no un aglutinador social. Y la Iglesia
Católica (fundamental en le surgimiento del PT, por ejemplo) ha perdido
mucha fuerza. Son los evangélicos que tienen una influencia creciente
entre los sectores populares. Y son los bandidos y los cultos
afrobrasileños los que organizan muchos barrios marginales. Por su parte,
la clase política brasileña es fraccionada, personalista y clientelista;
los grandes partidos, aparte del PT y, en menor medida del Social
Demócrata, son federaciones de caciques locales. Pero además, el
clientelismo y la corrupción están presentes en todos los partidos,
incluido, como se demostró en 2004 y 2005, el PT. De modo que Brasil tiene
un estado fuerte que intenta dirigir una sociedad débil mediante una clase
política fuertemente penetrada por los intereses clientelares de los
partidos y caciques. Esto lleva tradicionalmente al populismo o a la
dictadura. Y el gran proyecto en la última década y en la actualidad es
constituir una sociedad a partir del estado, más allá de la dependencia de
lazos  clientelares. Si se consigue, Brasil liderará el renacimiento de
América Latina. Si fracasa ese proyecto sociopolítico, el crecimiento
brasileño se combinará con una exclusión social de tal magnitud que puede
generar una crisis social y política de consecuencias incalculables.

- ¿Cómo definiría a la sociedad argentina? ¿Qué consecuencias se pueden
extraer de su crisis?

- Está Buenos Aires y el resto. Y el resto es la mayoría de Argentina,
pero ha sido tradicionalmente excluido de los circuitos del poder. Por eso
Kirschner representa algo realmente nuevo. Es la periferia que llega
accidentalmente al centro. La crisis fue reveladora del principal mal de
Argentina: su clase política. El grito espontáneo de “¡que se vayan
todos¡” y el voto (serio) del Parlamento argentino pidiendo un examen
psiquiátrico obligatorio para ejercer de diputado son reveladores del
estado de descomposición al que se había llegado. y el rechazo a Duhalde,
tas haber liquidado a Menem, mostró las reservas mentales y de dignidad
que tienen los argentinos. Ahí se recompuso una incipiente sociedad civil,
al estilo de las madres de la Plaza de Mayo. Y ahí cambió Argentina. Y
mire por dónde, en cuanto la situación política se planteó con apoyo
popular y en términos de dignidad colectiva, el intratable Fondo Monetario
Internacional se puso tratable y la inversión  y la producción crecieron,
haciendo de Argentina una de las economías más dinámicas del continente,
porque hay un enorme potencial tanto humano como de recursos en este
opaca. De nuevo, es la política la que determina la economía, no al revés.
 Pero Argentina aún está enferma en la raíz, es todo muy frágil. Y en el
centro del movimiento sindical siguen estando los círculos mafiosos, pese
al crecimiento de la Corriente, y otros sectores progresistas entre los
trabajadores argentinos. Y claro, lo más dramático es la intelectualidad
argentina, una de las más sofisticadas del mundo, que siguen sintiéndose
extraños en su propio país. Si los científicos, ingenieros e intelectuales
argentinos pudieran vivir en su país sin necesidad de negar lo que son,
Argentina sería uno de los estados más competitivos del mundo en términos
de la economía del conocimiento. También ahí se observa el
condicionamiento sociopolítico de los procesos de desarrollo.

- El primer país no europeo donde estudia e investiga es Chile. En 1968
y1970 trabaja en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de la
capital, Santiago. En esa época Chile debía de ser una democracia
estimulante para alguien que había tenido que salir de España. Es el
tiempo en el que Salvador Allende es elegido presidente de la República, y
está a punto de poner en marcha la reforma agraria y la nacionalización de
la banca y de la minería. Nunca sabremos cuál habría sido el futuro de
aquel proyecto de nación, trancado por el golpe militar. Chile es ahora un
país que lucha por su desarrollo y obtiene los mejores resultados. ¿Qué
aprendió en Chile en aquellas primeras visitas? Y  ¿cómo ve el país en
este momento?

-Chile es tal vez la experiencia más importante de desarrollo económico y
social de la década de los noventa y principios de este siglo. Y tal vez
la más incomprendida. Porque mucha gente aún cree que el desarrollo
chileno lo hizo Pinochet. En realidad, con los datos en la mano, el
periodo de Pinochet tuvo un desarrollo interrumpido por dos fuertes crisis
y, en su conjunto, creció muy por debajo del ritmo de crecimiento a partir
de 1990, durante la época democrática. Además, como es sabido, los costos
sociales, políticos y ambientales fueron enormes, amén de la violación
masiva de derechos humanos y la corrupción del dictador y su familia.
Cuando Pinochet dejó el poder, más del 40 por ciento de la población
chilena estaba por debajo del nivel de pobreza. Pues bien, a partir de
1990, los gobiernos de la concertación democrática chilena, tanto las
administraciones democristianas como la socialista, aumentaron el ritmo de
crecimiento económico y la competitividad y productividad de la economía
chilena, estabilizaron el crecimiento (con tan sólo una leve recesión en
1999) y, sobre todo, redujeron el nivel de pobreza al 18 por ciento en el
2005, y mejoraron de forma espectacular las condiciones de educación,
salud y vivienda del conjunto de la población. Lo consiguieron mediante
pactos sociales y políticos con los actores sociales y mediante una
gestión inteligente y pragmática de la relación entre Chile y la economía
global. Además, paulatinamente, desmontaron la trama institucional que
había dejado el dictador, recuperaron la memoria histórica y actuaron de
forma que la justicia chilena sancionó las violaciones de derechos
humanos, con cientos de militares y policías procesados y encarcelados y
con el propio dictador despojado de su inmunidad y procesado. Sobre todo
este proceso he escrito un libro, publicado en 2005, que compara, con
todos los datos estadísticos y sociales, el modelo de desarrollo
autoritario liberal excluyente con el modelo de desarrollo democrático
liberal incluyente. Chile ha demostrado que es posible competir y crecer
en la economía global al tiempo que se redistribuye riqueza, se afirman
los derechos humanos y se democratizan las instituciones. Es uno de los
pocos ejemplos que ofrecen esperanza para la transformación de la economía
global en un proceso de desarrollo sostenido y compartido. La presidencia
de Ricardo Lagos ha sido el momento decisivo de consolidación de la
democracia y del nuevo modelo de desarrollo  en Chile. Y la elección de
Michelle Bachelet a la presidencia de la República es un símbolo del
extraordinario cambio de mentalidad en una sociedad tan conservadora como
era Chile.



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