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Asunto:NoticiasdelCeHu 691/02 - La Patagonia y el imaginario geográfico
Fecha:Miercoles, 6 de Noviembre, 2002  18:54:02 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

Ataque radial

Disertación con debate presentada en la apertura de la IV Jornadas de Geografía de la Patagonia, Comodoro Rivadavia, 30 de octubre de 2002.

 

 

NCeHu 691/02 

 

La Patagonia y el imaginario geográfico, ¿tan sólo una cuestión de mapas?

C. Santiago Bondel[1]

Comodoro Rivadavia, octubre 2002

 

“.. si algún método mental puede servir de receta saludable será el más opuesto al utopismo (...). ...el pensar utópico es abandonar la intuición de lo concreto” (Ortega y Gassett (148)).

 

La cita de Ortega propone un complemento sencillo en lo que hace a esta entrega y es resaltar el énfasis metodológico de su pensamiento. Se trata de oponerse al utopismo operativo, al irrealizable de entrada, aquel que elude las responsabilidades de la acción. Digamos que lo saludable en la utopía está enlazada con los ideales, es decir hacia dónde se va y no en el cómo se logra.

Con este comentario nos adentramos en La Patagonia, territorio cargado como pocos de  reconocimientos externos, tanto en aspectos concretos como simbólicos. ¿Quién no habrá escuchado sobre la Patagonia mágica, deslumbrante o sobre las riquezas inconmensurables, los valles fértiles y vírgenes, el espíritu pionero o también, la Patagonia maldita, trágica, helada, la aridez extrema, el viento demoledor, la tierra estéril, el aislamiento desalentador, el poblador sufrido, la Patagonia postergada o inconclusa y tanto más. Es así que el ejercicio profesional de quien trata con el territorio, con el paisaje en su acepción más amplia, tropieza con una dificultad primaria, la de estar ante un espacio ya imaginado, visualizado como una realidad contundente y contradictoria. Esta condición, nos animamos a afirmar, sopesa de modo tal que quien avanza en un resultado que escape a ese dictamen preconcebido, intuye que sus resultados, por mejores que fueran, tendrán apenas una aceptación tenue.

En el país y por lo alejada y ‘virgen’ de su condición, pareciera existir desde extramuros algo así como un sentido de pertenencia y hasta se diría que hay una cierta predilección ´misionera´ para con la Patagonia. Son comunes las opiniones que abundan a modo de aleccionamiento sobre lo que debería hacerse con la Patagonia. O más aun, sobre lo que deberían hacer quienes tienen la sufrida-suerte de habitar el sur[2].

Digamos que para una generalidad casi ecuménica y como fue destacado en varias oportunidades, resultan aceptables las más amplias y disímiles gamas de acepciones. A todo esto se suma que para lo territorial y aun cuando se cuente con información incuestionable, con trabajos de la más diversa índole geográfica; pareciera que ante tal o cual problema hay que empezar de foja cero; como si lo estudiado, informado y publicado tuviera una presencia fantasmal y lo aceptado sea el mapa administrativo y el estar lejos.

Una región mal aprovechada, despoblada y bella existió y existe para el mundo, de hecho ni se discute alguna insinuación en contrario so pena de herejía intelectual y, porqué no, simbólica. Defender las bonanzas (bellezas, singularidades) acompañan algunos negocios, resaltar lo heroico parece una constante venida desde fuera y destacar las limitaciones es una demanda excluyente.

Se afirmó en otra ocasión, “...si tomáramos como ciertas algunas afirmaciones (...), esas que dan con una Patagonia exuberante en recursos y condiciones, más que con un territorio de cualidades difíciles para el asentamiento humano, tendríamos que cuestionarnos el resultado de decenas de trabajos científicos sobre la Patagonia...” (Bondel, 1994). Pero a no dudar que la Patagonia Imaginada es otra realidad, tan real que hay quienes desde la lejanía colocan sus ahorros en lotes o cabañas, por no mencionar a magnates que encuentran en las tierras del confín su propio paraíso o quienes con sólo escuchar que de ella se especula, se posicionan protectora y patrióticamente. 

 

Acople peliagudo

Patagonia vigorosa

Patagonia sufrida

-mágica, bella y deslumbrante

-virgen, impoluta y silvestre

-de las represas, petróleo y gas

-del turismo, de los valles fértiles

-de los recursos del mar

-del espíritu pionero; promesa y desafío

-de la pertenencia nacional

-postergada, inconclusa

-maldita y trágica

-estéril y helada, del viento demoledor

-de la aridez extrema

-del aislamiento desolador

-del poblador sufrido

-latifundista, ‘invadida’ 

-subsidiada

 

 

 

 

¿Patagonia o Patagonias?

 

Zonificar la Patagonia es una tarea geográfica corriente, como ocurre en cualquier espacio de semejantes dimensiones. Podremos ocuparnos de la Patagonia Austral, Central o Norte, de la Patagonia Costera, Andina o de las Mesetas, hasta allí no se ven problemas de interpretación. Sin embargo los argumentos que hacen a la unicidad vacilan y se plantea la oportunidad de confrontarlos, de al menos aceptar que hay dos visiones genéricas arraigadas sobre la región. Son las que, al fin y al cabo determinan las acciones que sobre ella se ejecutan[3].

Se tratará entonces de una presentación atravesada por diferentes filtros intelectuales, desde dos perspectivas:  la científica (diagnosticada y veraz) y la imaginada (vital, afectiva y anímica).

 

 

La Patagonia científica

La validez del diagnóstico geográfico a esta altura de la historia es irrefutable y no vamos a abundar en lo que es conocido para esta audiencia. El paisaje patagónico ha sido estudiado y continúa siéndolo con diferente profundidad y en distintas escalas, de las más abarcativas hasta las netamente locales; aún así los problemas siguen ofreciendo a modo de manantial  interrogantes para resolver, en especial respecto a la continua incorporación de nuevos espacios y estilos respecto del uso humano del territorio.

Las clasificaciones paisajísticas encuentran sus correspondientes magnitudes y cualidades generales. Cabe, sin embargo insistir con lo desatinado de cierta idea consentida sotto vocce sobre la incapacidad que los patagónicos, establecidos o ‘volátiles’, hayamos demostrado para con el desenvolvimiento regional.

Por supuesto que ello exige rastrear en las razones para que con los propios y genuinos recursos apenas se alcanzara un relativo bienestar, más conforme de los campamentos que de una región en sentido estricto. Así también revisar críticamente afirmaciones temerarias que minan intenciones fructíferas, como cuando se insiste erróneamente en que los pueblos y ciudades se asientan en los peores sitios, que las forestaciones no prosperan por falta de estudios, que las montañas nevadas no son hormigueros de esquiadores por problemas de marketing, que no ocurriera, como recitaba Alfredo Zitarrosa, que “se poblaran de pueblos las distancias”.

En 1994 y sin caer en la ironía, señalamos “...¿Cómo dejamos pasar tantas y tan buenas oportunidades, como regar la meseta, sembrar trigo, plantar kiwis, o forestar por doquier, explotar el oro que dejamos escurrir de nuestras manos, levantar hoteles en Piedra Parada o Cabo San Pablo, construir puertos y aeropuertos, etc.?. Y agregábamos luego, “... el territorio ofrece un panorama que no supera en mucho al de una estructura desencajada que no puede disimular su tipología colonial...”.

Vale la analogía con la visión de Jean Labasse, quien refiriéndose a las políticas territoriales en grandes espacios mundiales (abiertos, no concluidos) concluye que la conquista del espacio merced a decisivas innovaciones tecnológicas (...), son de impacto insignificantes (baladíes) y “...se trata de un fenómeno temporal que beneficia a una minoría exterior y privilegiada. Y concluye su idea “... La ordenación (del territorio) sólo comienza cuando la intervención organizadora del hombre tiene posibilidades de dejar una huella perdurable o al menos tienda a ello...” (599).

Hoy hasta se ha desdibujado aquella tipología colonial dado el rol cada vez más impreciso que sugiere la metrópoli con sus oscilaciones tutelares en materia institucional, económica y territorial. Cada zona, ciudad o sector patagónico negocia como puede en Buenos Aires (y a veces en el exterior). Aplicando la idea a una escala nacional interna, se puede afirmar que hemos llegado a los tiempos que preconizaba Octavio Paz cuando afirmaba en 1967, “...Tal vez en un futuro no muy lejano los países adelantados ni siquiera esquilmarán a los subdesarrollados: los abandonarán a su miseria y a sus convulsiones...”(62).

Se trata de una verdad incontrastable que la médula funcional de estas tierras está en Buenos Aires; para mejor o no. Obviar esa  consideración a la hora de las decisiones políticas, no parece posible y por ahora puede considerarse chamuyo. Por esto es que muchas cuestiones que podrían entenderse como estructurales en la Patagonia, lo son en tanto y en cuanto se valorice su vínculo metropolitano (energía[4], petróleo, turismo, ganadería, pesca); excluir a la centralidad capitalina del estudio patagónico es casi como analizar una localidad suburbana como Morón o Quilmes sin considerar íntima dependencia estructural hacia la Capital Federal[5].

Es interesante, sin embargo, ver que en estos años y a pesar de una relativa pérdida del tutelaje central, el espacio patagónico parece que hubiera involucionado  respecto de los últimos 30 años, en especial en materia de las intra-conexiones y que, además, esa tutela tenga cierto aroma a mendigaje.

 

 

 

 

 

 

 

La Patagonia imaginada.

“...lo simbólico (sea un rito de pasaje, una novela romántica, una ideología revolucionaria o un cuadro paisajístico) tiene una existencia tan concreta y una entidad tan manifiesta como lo material; las estructuras que lo simbólico trasunta, si bien elusivas, no constituyen milagros ni espejismos, sino hechos tangibles...” (Reynoso, 1990: 10).

 

Como se puede ver en el programa de estas Jornadas, el análisis perceptivo está entre las preocupaciones territoriales; en Trelew, Río Gallegos y demás los componentes sensitivos del paisaje exhortan al análisis. Para nuestro caso la escala de argumentación es la de la región toda, la de un espacio subnacional; que en 20° de desarrollo latitudinal ocupa casi un tercio de la superficie continental Argentina.

Lo mágico, cruel, lejano, heroico, maldito o ubérrimo de lo patagónico concretan imágenes culturales, válidas desde el momento que son aceptada en un discurso generalizado. Esta validez sostiene su importancia y habrá que hacerse cargo si el paisaje o condición histórica y geográfica motivan tales o cuales apreciaciones, de poco importa si se trata de cuestiones discutibles  y con pocas posibilidades de demostrarse.

El paisaje, como los ríos y las culturas no son buenos o malos en si mismos, la Patagonia como territorio a trabajarse, en la escala que sea, será más o menos apta, sentida, poderosa y funcionará de tal modo, fragmentada o no, etc., pero, como no será novedad, la visión o percepción de quienes sobre ella actúan conllevan las necesarias apreciaciones que no siempre responden al camino utilitariamente acreditado. Valorizaciones que acompañan impresiones, emociones y muchas veces pasiones.

Es aquí donde conviene estar atentos pues se diría que sin una cuota de ímpetu y entusiasmo en temas tan amplios como de difícil coherencia concreta, como es el de las problemáticas regionales vistas en su integridad, cualquier gestión estará condenada al fracaso.

En el abordaje de los estudios regionales patagónicos prevalece la visión material, la que responde a una suerte de visión de lógica utilitaria, lo simbólico ha quedado para anécdotas, discursos, novelas y leyendas.

Paul Claval se pregunta para el Medio Oeste norteamericano “...¿El paisaje del Middle West era puramente utilitario?. ¿No poseía una dimensión simbólica?...” y rescata luego “...el carácter ascético, desnudo, frío y despojado de las campiñas era conveniente para las comunidades en las que la fe cristiana era intensa y que consideraban que la preparación para la vida en un más allá contaba más que la creación de un paisaje adornado y de viviendas lujosas...”(267). ¡Qué bueno indagar sobre la dimensión simbólica de la Patagonia![6].  

Con ese ambiente de dudas que se generan a partir del reconocimiento sólo formal de la región patagónica el Turismo se fortalece como actividad líder en términos de expansión económica, replanteo territorial y trascendencia comunicacional. Con ello antes de comprender sus componentes simbólicos o legítimamente emblemáticos, se instaló hacia los territorios la búsqueda de fascinar, de tomar de los paisajes sus condiciones asombrosas; flaco favor para poner los pies en la tierra, como nos compromete la geografía en la Patagonia y en cualquier parte, pero también importante desafío a la hora del trabajo profesional.

Es éste el quid de la cuestión, ¿se trata de aceptar la ficción o verdad a medias?. Se diría que es lo que venimos haciendo, consciente o inconscientemente. Se propone tomar esa información, esas sensaciones, no deformarlas, para contribuir entonces con la explicación, los esclarecimientos que, después de todo es por lo que la sociedad nos acepta y se diría, nos sostiene.

Por varias razones que no viene por caso desarrollar aquí, puede afirmarse que para lugares como el nuestro, identificables por alguna grandiosidad, sólo lo atrayente, interesante o sugestivo viene ocupando la atención geográfica y, a decir verdad, muchas veces hay que hacer un gran esfuerzo para fascinarse con la realidad.

Sirvan de ejemplo de contrapunto el estado público generalizado que tomaron cuestiones como los incendios forestales, los escándalos inmobiliarios, la proliferación del hantavirus, las grandes nevazones e inundaciones y los menos atrayentes y tan o más trascendentes temas como las sequías, los avances en materia de integración limítrofe, el colapso económico-político rionegrino, el crecimiento en infraestructura (agua y gas), los vaivenes del precio del crudo, la caída de las promociones impositivas, el despoblamiento rural y/o la supresión de conexiones aéreas.

 

 

Patagonia al fin.

Para no caer en un berenjenal concluimos que la Patagonia responde más a una entidad perceptiva que a una estructura territorial de cierta autonomía y coherencia funcional[7].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fragmentación versus riqueza

- las fuentes de energía y los recursos mineros no son patagónicos sino provinciales.

- la integración territorial es una falacia. El orden neocapitalista, que asocia el éxito de cualquier gestión a la eficiencia funcional a modo de ecuación de finanzas con saldo positivo, no deja posibilidad visible de integrar a un espacio con magnitudes de intercambio apenas domésticos.

- no existe sistema urbano regional, tan sólo vías de enlace. Nuestro espacio se adosa a la región Pampeana en los extremos del abanico urbano centralizado en la metrópolis argentina.

 

 

Una condición instalada que no puede soslayarse es la tendencia que se percibe en esta parte del mundo para que ocurra una admisión sin condicionamientos de apreciaciones extremas. Como si por su posición geográfica excéntrica respecto de la mayor parte de los flujos mundiales, en la Patagonia tuviera la suficiente validez cualquier figuración. El tema no sería tan importante si no fuera  que  justamente desde afuera (nacional e internacionalmente), desde su falta de autonomía, surgen las principales decisiones que hacen al devenir territorial. Energía, minería, pesca y turismo, asociadas al repliege grotesco del estado en cuestiones estratégicas sobre usos del territorio, obligan a  profundizar los análisis del comportamiento dirigiendo buena parte de los estudios hacia ámbitos extrapatagónicos, tratando de comprender las características y  dinámica del imaginario. Se entiende entonces que los lineamientos sostenidos en los aportes teóricos humanistas, desde lo fenomenológico,  encontrarán un campo de acción todavía impreciso pero de gran interés.

 

Valiéndonos de la diferenciación que Labasse (599-604) hace de los espacios concluidos de los abiertos (...) y proyectando los enfoques vivenciales más modernos (García Ballesteros, Soja y otros) nos encontramos aquí con tres aspectos iniciales que condicionan el análisis:

-         Excentricidad ecuménica: la identificación generalizada. El confín del mundo.

-         Falta de ámbitos análogos en su integridad.

-         Inexistencia de una cabecera regional; condición tampoco repartida entre varias localidades patagónicas, sino que es un rol asumido por la Capital Federal (territorialmente no coalescente). Un territorio sin proyección territorial, como si se tratara de varias puntas de riel que sugieren apenas un remate geográfico.

 

 

 

 

 

 

 

Insinuaciones.

 

Se debe confesar que en lo metodológico escasamente hemos progresado hacia esta concepción pero los vínculos crecientes entre perspectivas antroplógicas, sociológicas y psicológicas nos animan a ser optimistas. Los siguientes cuadros, parcialmente presentados en otras ocasiones, tratan de ejemplificar la dirección que se sugiere para el análisis geográfico regional.

La discusión y crítica seguramente podrán contribuir a la necesaria profundización y mejoramiento de los enfoques, especialmente en aquellos que, y a pesar del título de esta charla, logren traducir sus avances a través del mapa, del cartograma, que es cuando nuestro trabajo se hace más lúcido.

 

 

El cuadro que sigue simplifica cuestiones emergentes en referencia a conductas y sentires trascendentes en los usos del territorio en la Patagonia Andina (Bondel 2002, con modificaciones):

 

Percepción

Impactos sobre el medio

·         Marginación indígena, despojo y agresión. ®

- negativos; reversibles a largo plazo

·         Euforia, desafío y aventura. ®

- variables.

·         Exploración,  descubrimiento y colonización. ®

- variables.

·         Pre-percepción confusa. “Sobre e infravaloración” económica y afectiva. ®

- negativos; entre leves y graves; reversibles a corto y mediano plazo.

·         Asociación por afinidad cultural del migrante tradicional. ®

- variables, en general positivos.

·         Individualismo innovador del migrante moderno. ®

- variables, entre positivos y negativos

·         Nostalgia afectiva. Desarraigo-desapego. ®

- negativos, en general  leves.

·         Desánimo (Eriksen, 1979). ®

- negativos, en general leves.

·         Falta de tradición en la montaña húmeda y fría (Pozzo, 1992). ®

- negativos, importantes y reversibles en el  mediano y largo plazo.

·         Encierro físico. Aislamiento-distancias excesivas. ®

- negativos; leves y reversibles a corto y mediano plazo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rasgos visibles en el campo andino patagónico

 

 

Poblador Þ

 

 

 

Características

ß

A. Tradicional (colonización inicial).

- de carácter orgánico, dependiente de la producción (tendencia actual al  sobreparcelamiento)

B. ‘Ocupante’  (de hecho).

- poblamiento inorgánico, obedece a transacciones problemáticas en materia legal. Tiende a la división anárquica. Dependencia complementaria de la producción. Carácter especulativo    

C. Neo-rural  (rur-urbanos).

- desde millonarios hasta ‘hippies’. Independencia inicial de la producción. Incentiva el sobreparcelamiento- acaparamiento. Promociona la reutilización  del espacio.

Uso

- mixto agro-ganadero y frutícola. Señales favorables de agroturismo

- ganadero y extracción maderera y leña. Especulación por demanda de sitios periféricos de valor escénico.

- mixto de sesgo voluntarista: residencial, granja, artesanías, turismo, de cariz espiritual, etc.. Con baja intensidad de uso.

Funcionalidad económica

- productiva tradicional con  participación compartida de actividades urbanas a escala familiar.

- pastoril estacional (veranadas), extracción maderera anual. En continua transacción e intercambio.

- al inicio de variada dependencia de renta  externa. Predominan artesanos, empleados administrativos y educadores.

Tipificación social de la población

- productores agropecuarios tradicionales, clase media rural. Conductas previsibles. Proclives con reservas a la innovación.  Participación política a escala local.

- de perfil socio-cultural heterogéneo, paisanos, migrantes urbanos y colonos tradicionales pueden ser ‘ocupantes’. No obedecen a un perfil económico, sino más bien una actitud agresiva respecto de la apropiación de tierras. Conductas poco previsibles en materia productiva y social.

- de gran heterogeneidad con relación a la capacidad económica de inversión. En materia cultural, es manifiesto un destacado nivel educativo. Conductas heterogéneas de sesgo individual. Predisposición inicial visible a la innovación, aún sin mayor previsión. Participación política en instancias sectoriales (conservación, comunicaciones, educación, salud, etc.).incluso a niveles regionales.

 

Bibliografía citada.

-Bondel, C. Santiago. “Uso Humano del territorio y aspectos ambientales críticos en Patagonia Andina. Estudios de caso en las Comarcas de Esquel y El Bolsón”. Informe Final, UNPSJB, Comodoro Rivadavia, 2002.

-Bondel, C. Santiago. “’Geografía’en la Patagonia”. Diario El Patagónico. Comodoro Rivadavia, 27/08/1994.

-Consejo Federal de Inversiones (CFI). “Breve descripción de la Región Patagónica”. Fundación Proyecto, Documento de trabajo N°2. Buenos Aires, 1992.

-Claval, Paul. “La Geografía Cultural”. EUDEBA, Buenos Aires, 1999.

-Daus, Federico. “Desarrollo y comportamiento”. Ed. El Ateneo. Buenos Aires, 1976.

-Daus, Federico. “Geografía y Unidad Argentina”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires, 1978.

-Denis, Pierre. La Valorización del país. La República Argentina 1920. Ed. Solar. Buenos Aires, 1987.

-Eriksen, Wolfgang. "Aspectos de la colonización agraria en la Patagonia". GAEA, Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, Buenos Aires. 1979.

-Labasse, Jean. “La organización del espacio”. Ed. Ariel, Barcelona, 1973.

-Pozzo, M.. Curso: “Condicionantes ambientales en las ciudades patagónicas”. SACORI, Comodoro Rivadavia, 1992. Inédito.

-Reynoso, Carlos. “Interpretando a Clifford Geertz” en “La interpretación de las culturas” de Clifford Geertz. Gedisa Editorial. Barcelona, 4ta reimpresión. 1990.



[1] Profesor titular ordinario e investigador de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco; miembro del Centro de Estudios Humboldt, Buenos Aires; asesor en investigación del Instituto Austral de Enseñanza, Comodoro Rivadavia.

[2]  Hace unos días en el Bolsón se escuchó en un reportaje algo así: “conservo con la Patagonia un cariño y preocupación singular, fíjese usted que ahora podría estar en Alemania a orillas del Rhin escribiendo un libro”. El comentario es del reconocido historiador de temáticas patagónicas trascendentales  Osvaldo Bayer y desde ya que traerlo a colación no tienen que ver con su obra ni con su prestigio, sino tan sólo mostrar ese sentimiento tan instalado que no prescribe ni aquellos que se ocupan profesionalmente de la región.

[3] La regionalización académica la hacen los que se dedican a la revisión continua del devenir territorial y tendrá los matices que se quieran; la regionalización política, la que en definitiva se hace operativa en los tiempos que corren, la hace la sociedad. En ambos es posible especular  con el acierto o error.  

[4] El aporte regional se destaca en materia energética. Aceptando la unicidad, la Patagonia genera más del 77% de la producción petrolera argentina, maneja 19% de la potencia eléctrica instalada, y extrae el 92% del total del gas nacional (CFI, 1992).

[5] Aunque pueda irritar un tanto, hoy cobra vigencia para el debate la sentencia de Daus cuando afirmaba, “...La Patagonia no ha de evolucionar económica y culturalmente, ni desarrollar en plenitud sus riquezas especiales, sino en condición de región satélite del resto de la Argentina a la cual se halla ligada geográficamente y con la cual se complementa –en consecuencia- económicamente. ...”(1978:130). (El subrayado es propio).

[6] Para obtener un respaldo histórico atrayente, en la literatura geográfica argentina son recomendables las lecturas de Pierre Denis y su consideración de la nacionalidad argentina (1920 y su traducción en 1987) y Federico Daus analizando los comportamientos en la Argentina (1976).

[7] Coherencia territorial. Capacidad de respuesta primaria ante demandas sectoriales (productivas y sociales). Se trata de la gestión territorial, tanto en lo interno cono con lo externo. Se necesita una estructura interna que responda orgánicamente ante las presiones y estímulos que supone cualquier territorio complejo. Municipalización, provincialización, regionalización, etc., son ejemplos de estructurales.