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Asunto:NoticiasdelCeHu 842/06 - PRIMERA HUELGA GENERAL FERROVIARIA
Fecha:Miercoles, 2 de Agosto, 2006  15:01:09 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticiasdelcehu @..................ar>

NCeHu 842/06
 

 

PRIMERA HUELGA GENERAL FERROVIARIA

TOLOSA –  10 DE AGOSTO DE 1896 *

 

UNA LUCHA ÉPICA MEMORABLE

 

Fue la primera huelga de carácter general y se inició en los talleres ferroviarios de Tolosa; se  luchaba por la jornada de 8 horas de labor, la supresión del trabajo a destajo y otras reivindicaciones inmediatas.

 

 La huelga declarada el 10 de agosto de 1896 por los trabajadores de los talleres de las empresas ferroviarias británicas, fue, sin duda, la más importante registrada hasta entonces.

Como antecedente histórico podemos decir que corresponde a La Fraternidad el honor de haber sostenido, en 1888, la primera huelga en la línea del entonces ferrocarril Buenos Aires – Rosario, que en ese momento era  F.C. Central Argentino y luego sería la Línea Mitre. El origen de dicho conflicto fue la detención arbitraria de un compañero maquinista de la citada empresa con motivo de un accidente en el que perdió la vida una persona en la localidad de San Martín.

En 1891, los ferroviarios se declararon en huelga reclamando el pago de los salarios a su valor oro. Fueron los compañeros de Sola, del F.C. Sud.

Al influjo de las luchas que sacudían el país e influyeron en el ánimo colectivo, los obreros de Tolosa reclamaban en agosto de 1896 la implantación de las ocho horas de trabajo, sin modificación de los salarios, la supresión del trabajo por pieza o a contrata; la anulación del trabajo en los días domingos, y el pago doble de las horas extraordinarias que, por otra parte, sólo serían realizadas en casos excepcionales o de fuerza mayor.

Debemos tener en cuenta lo que ocurría en aquellos tiempos, en que los directorios ferroviarios obraban en este país como si estuvieran en dominios de la corona británica. Es dable reconocer que llenábamos los requisitos de colonia  como país económicamente dependiente, y que estos empresarios ingleses operaban como colonizadores. El circuito de dependencia se activó formalmente por las leyes concesivas otorgadas por los gobiernos pro oligárquicos funcionales a la clase burguesa dominante y a los designios imperiales. Cuando hoy se las analiza, se percibe el rol  que cumplían los ferrocarriles en este circuito comercial que integraba regiones para la explotación dependiente con fundamento en la ganancia sobre el sacrificio de la clase proletaria, sumida en la miseria  y la expoliación.

Corría el año 1896 y por primera vez en la historia de las luchas obreras por la conquista de un mundo más humano, un movimiento de carácter general sacudió a la Nación al paralizarse el trabajo en los talleres ferroviarios de Tolosa considerados, junto a los talleres Sola, de Barracas al Norte, los de mayor importancia en el país. A esta gesta habrían de sumarse otros compañeros ferroviarios de otros departamentos y líneas ferroviarias que, en una acción que los enaltece, adhirieron en forma solidaria a esa protesta y  participaron en la lucha por la dignificación de la causa obrera. Era la respuesta clasista del movimiento obrero ferroviario a la prepotencia colonial, a diferencia de los gobiernos cipayos que administraban el Estado Nacional.

En agosto de ese año, los obreros de los Talleres Tolosa (entonces pertenecientes al ferrocarril del Oeste), presentaron un pliego de mejoras a la empresa. Motorizó la petición una organización llamada La Sociedad de Mejoramiento Social de Trabajadores, constituida por varios centenares de obreros de Talleres Tolosa.

El petitorio elevado a la empresa con las reivindicaciones demandadas  le daba un plazo prudencial a la empresa para responder a las peticiones. La respuesta fue una rotunda negativa.

La actitud patronal recibió una inmediata y digna sanción por parte de los trabajadores. El 10 de agosto estalló la Huelga en los talleres de Tolosa.  Setecientos operarios y peones pararon a primera hora.[1]Un inusitado despliegue de fuerzas policiales fue la contestación de los empresarios colonialistas británicos ferroviarios.

A las 9 horas del día citado los obreros abandonaron el trabajo y en número aproximado de setecientos se dirigieron al local social de su organismo, situado en la calle 1, entre 35 y 36. Allí se llevó a cabo una entusiasta asamblea que acordó en forma unánime mantener la lucha en defensa del derecho obrero  concretado en el petitorio elevado a la empresa. Además, se solicitaría la ayuda solidaria de los compañeros de todos los talleres ferroviarios de la República. Los ajustadores  de los talleres de Caballito siguieron el ejemplo y adhirieron  al paro.

Tres días después de la declaración de la Huelga por los trabajadores de Tolosa, mil compañeros de los talleres de Sola, F.C. Sud., se reunieron en el viejo local de la calle Australia 1135 y resolvieron elevar a la empresa un pliego de condiciones idéntico al formulado por los compañeros en huelga. En esa asamblea de los operarios ferroviarios hablaron el emblemático Adrián Patroni[2] y el estudiante de medicina José Ingenieros.  En este contexto de huelga y asambleas, aparecieron las disputas territoriales de anarquistas y socialistas. Los anarquistas eran activistas que pretendían llevar el paro hasta las últimas consecuencias y discrepaban con los socialistas, más orgánicos y aparentemente mayoritarios en este proceso. La Fraternidad[3] no adhirió al movimiento aunque se comprometió a sostener pecuniariamente a los huelguistas. Esta actitud de los maquinistas dejó un sentimiento de frustración entre los huelguistas. En estas instancias aparecen acciones que revelan la potencialidad de las agrupaciones obreras. Nos referimos al acatamiento del conjunto de los trabajadores de las decisiones de las asambleas más allá de algunas discrepancias; el nombramiento de delegados portavoces para desplegar las consignas en todas las direcciones e inducir a los compañeros para ampliar la protesta y lograr mayor efectividad.[4]

La negativa de la compañía británica provocó el paro del personal ferroviario de Sola. Al poco tiempo, el conflicto se extendió a los talleres de los ferrocarriles Sur, Oeste, Buenos Aires y Ensenada, Central Argentino, Buenos Aires y Rosario, Rosario y Pacífico, Santafesino, Central Norte y Córdoba. Se solidarizaron los ferroviarios de talleres Quilmes, Junín y Rosario; los de los talleres particulares de Basch, Shaw  y Fénix, fundiciones  que hacían trabajos para los  ferrocarriles; el personal de cambistas de La Plata y Tolosa y cuadrillas volantes de esta localidad.  También adhirieron los obreros de la Fábrica La Negra y los Astilleros La Platense. El 15 de agosto la huelga siguió propagándose y allí estaban los trabajadores de la fábrica de alpargatas de la calle Defensa en la Capital junto a operarios de los talleres de tranvías, los carboneros de Almirante Brown, Casa Amarilla y Constitución. Las Asambleas determinaban petitorios y designaban comisiones para conectarse con todos los sectores. Las patronales comenzaron a preocuparse y  requirieron del gobierno una actitud más dura porque el circuito de producción y comercialización estaba siendo alterado por la protesta proletaria. 

En Tolosa, Quilmes, Barracas, Campana, Caballito, Junín, Victoria, Rosario y  otros talleres se sostenía firmemente  la posición de clase. Veinte mil trabajadores se lanzaron a la huelga general, fue el primer intento de ese carácter, tratando de vencer la intransigencia de los empresarios colonialistas británicos y la del Estado cómplice conducido por Roca, que aunque no era presidente manejaba la política nacional desde la jefatura del PAN. Toda esta movilización se concretó sin tener aún una organización nacional que coordinara las fuerzas.

El 21 de agosto el diario La Nación analizaba el conflicto y señalaba que la huelga de 1891 de los talleres Sola, que había durado 54 días, quedaba empañada por la trascendencia de ésta pues se propagaba a establecimientos de mucha significación y además  hombres y mujeres estaban juntos en la lucha.  Los operarios de Tolosa tenían de delegado general a un mecánico catalán que pasó por Córdoba y Rosario, donde 300 obreros avanzaron sobre el puerto para paralizar las actividades.  En el fragor de la protesta, los huelguistas de Tolosa comenzaron a combatir a los carneros y a hacer sabotaje. Los representantes de la oligarquía vacuna no tardaron en expresar, a través de sus funcionarios como el juez Ringuelet y el jefe de policía Lozano, que la agresividad de unos pocos activistas asustaba al resto de sus compañeros  que se plegaban por miedo. Por eso las autoridades les garantizaban seguridad con tal de que concurrieran al taller.  Sin embargo guardaseñales, cambistas, enganchadores y algunos guardavías pararon, como fue el caso del que controlaba el paso en calle 5 y diagonal 80 y generó algunos problemas para los carruajes y transeúntes. El jefe de la estación La Plata, el Sr. Rojas, colocó empleados administrativos para cubrir esos vacíos y se impuso un servicio especial de policía en  el trayecto entre Tolosa y Ringuelet. Mientras tanto seguía la lucha y los obreros de Bragado, Burzaco, estación Las Flores y la fundición El Carmen adhirieron. En este marco las cosas se complicaron para los patrones por la huelga de las mujeres alpargateras de la fábrica La Argentina, que estaban en asamblea permanente. En Barracas al Norte, las “principales fábricas han apagado sus fuegos” por no tener un solo hombre que les trabaje.[5] Algunos empresarios como el Sr Gibelli, propietario de una fundición de hierro, cedieron ante las demandas y mejoraron las condiciones laborales.

Carentes de vinculación entre sí, las escasas organizaciones sindicales constituidas de ferroviarios, existentes por ese entonces, procuraron establecer relaciones entre ellos tendientes a unificar y dirigir el conflicto, a fin de asegurar el triunfo de las justísimas reivindicaciones que se defendían. Los compañeros en huelga crearon un Comité Mixto integrado por huelguistas de los diferentes talleres.

Al mes y medio de lucha, en septiembre de ese año, se realizó una reunión del citado comité, en el cual se sancionó la resolución siguiente:

“No se reanudará el trabajo hasta que las empresas accedan a los pedidos formulados. No se aceptará arreglo parcial alguno. Toda propuesta de arreglo será considerada por la asamblea de delegados, la  que informará después a las asambleas generales”.

 

La huelga se extendió por varios meses de duras alternativas y angustiosa espera. La resistencia duró, para esos tiempos de organización del movimiento obrero, mucho tiempo. En algunos casos fue cediendo, pero de cualquier manera fue heroica.

El movimiento siguió en pie sostenido por los obreros de los Talleres de Sola, Tolosa y Junín. La carencia de recursos, la miseria que abrumaba a los compañeros y a sus familias y la implacable persecución de las policías bravas, al servicio incondicional de los magnates británicos ferroviarios, quebraron al fin la enérgica firmeza de los huelguistas, auténticos héroes del movimiento obrero.

La huelga quedó circunscripta, en último término, a los compañeros de Sola. Estos debieron arriar el pabellón de la lucha, no como vencidos, sino, como una derrota circunstancial; años después los ferroviarios lo volvieron a desplegar haciéndolo flamear en innumerables batallas.

Hay que destacar la presión que empresarios y Estado ejercieron en su contra. “Durante el desarrollo de la huelga, el gobierno mandó mecánicos de la armada para sustituir a los obreros, pero como tal medida no surte efecto, la empresa encarga a un capitán de nombre Bruzza, de Génova, el reclutamiento “en Italia de personal para reemplazar a los huelguistas, logrando con promesas engañosas, remitir como ganados a poco más de 700  obreros de aquel país”.[6]

 

En el transcurso de este conflicto se produjo una interesante y significativa manifestación de solidaridad internacional. La Cámara del Trabajo de Génova hizo saber al Comité de Huelga, que los ferrocarriles del Sur y Oeste (Roca y Sarmiento en la actualidad) habían despachado a aquella ciudad reclutadores de krumiros (rompe huelgas), pero los trabajadores genoveses conocedores del conflicto, habían rechazado la oferta de trabajo.

Se debe consignar en la historia, como un homenaje a esos valientes genoveses, que al enterarse de que se los traía para traicionar a otros trabajadores en huelga formularon declaraciones de solidaridad con los compañeros argentinos. Esta relación con organizaciones internacionales hermanas se intensificó a principios del siglo 20 y las centrales locales (FORA y UGT) exhortaban a los explotados europeos para no caer en la trampa que les tendía la burguesía argentina con sus falsas promesas de un mundo mejor.

La represión se hizo presente en todo momento. En los campos de Pereyra la policía sableó a los huelguistas de Sola que intentaban reunirse allí para deliberar sobre la marcha del movimiento huelguístico. Fueron perseguidos hasta en sus casas donde se refugiaron para librarse de la furiosa represión.  Naturalmente,  los sectores patronales  dejaron de lado sus diferencias y se dieron a la tarea de conformar un frente antiobrero y fue significativa la prédica de los dueños de fundiciones, que agrupados en un comité, le solicitaron al gobierno que sancione una ley para reprimir y expulsar al elemento extranjero que producía estos levantamientos.  Fue importante para la burguesía la decisión de crear una comisión auspiciada por la Unión Industrial cuyo objeto era trabajar en conjunto con las empresas ferroviarias para contrarrestar la huelga que afectaba a muchos establecimientos mecánicos y fundiciones, nucleados en la Sociedad Industrial Metalúrgica. Entre estos patrones decididos a no otorgar la mínima concesión a los obreros figuraban Basch, Vasena y Mihanovich. Además proponían boicotear a las empresas de sus pares que cedieran al petitorio de los trabajadores. Llegaron a publicar un informe en el que registraron los emprendimientos  que otorgaron mejoras a sus obreros.[7] Se creó un fondo de reserva de $ 50.000 para traer obreros europeos y resarcir a los colegas de las pérdidas sufridas durante el conflicto. En una visita al Ministro del Interior, el Dr. Quirno Costa, el jefe de la Uniòn Industrial Argentina, Ventura Martínez Campos, sostuvo la necesidad de sancionar una ley de extranjeros que impidiera el “desarrollo de ideas impropias en un país nuevo y rico donde todo hombre laborioso pueda labrase un porvenir”.[8] El gobierno consideraba subversivo el movimiento huelguístico aunque los patrones se quejaron de la ineficiencia policial. Esta ofensiva del empresariado sería resuelta seis años más tarde con la sanción de la ley 4144, de Residencia.

En las provincias el movimiento fue prontamente neutralizado y los   trabajadores volvieron al taller, “defraudadas sus esperanzas de horario y la supresión del tan combatido trabajo que se ajusta por pieza”.[9]

La persecución y la imposibilidad material de proseguir la lucha, a causa de la tremenda y angustiosa situación creada en cada uno de sus hogares después de tres meses de resistencia, influyeron fatalmente  en el ánimo de los obreros ferroviarios, hasta debilitar su espíritu y agotar la capacidad de resistencia. Frente a ellos los incontables recursos materiales y políticos de las empresas ferroviarias británicas, y un Estado que respondió como todo Estado colonizado, con obsecuencia y diligencia, decidieron implacablemente la suerte de la protesta. La resistencia cedió en Junín el 29 de octubre y en los primeros días de noviembre en Tolosa.

El último reducto, los talleres Sola, sostenía la lucha y los obreros junto a sus familias concentraban sus fuerzas, que llegaban a 3500 personas, para impedir el ingreso de rompehuelgas. Más la sombra de la inminente llegada de 500 obreros italianos contribuyó a debilitarlos. El Ferrocarril Sud era el contratante de esos obreros italianos que llegaban al país disfrazados de inmigrantes y su director era el Ingeniero White, amigo del general Roca.

La empresa apeló a falsas promesas como la de mejorar los salarios, los precios de los trabajos a destajo y la de no sancionar a los huelguistas que se reincorporen al trabajo. Todo eso mermó la combatividad de los trabajadores ferroviarios.

La entrega de estos compañeros sobrepasa todo cuanto se piense en materia de espíritu de lucha y de sacrificio. Ni la presión policial, ni el hambre en sus hogares, ni las perspectiva de represalias podían doblegar su energía y su firme sentir solidario. Finalmente, agotados todos los recursos, próximos al límite de su resistencia y ante la amenaza de la llegada de los rompehuelgas de Italia, la medida de fuerza se dio también por terminada en los talleres de Sola.[10]

La burguesía celebró la derrota y afirmó que las exigencias desproporcionadas de los agitadores sin conciencia llevaron al movimiento a ese resultado, esperando que en adelante, “la lección les sea provechosa”.[11]

Los tres largos meses de épica resistencia evidencian cuan arraigado se hallaba ya por aquel entonces el sentimiento de solidaridad y el generoso anhelo de conquistar un mundo mejor para la clase obrera.

Las empresas británicas parieron, contra natura, trabajadores con un linaje anticolonial y patriota que enorgullece a la clase obrera nacional. Posteriormente los ferroviarios consolidarían su modelo sindical  de contención y lucha.

A la hora del reconocimiento y la conmemoración se impone la vieja proclama: Al movimiento obrero argentino, Salud!

 

 



[1] Diario La Nación -11 agosto 1896 – p3

[2] Adrián Patroni fue uno de los fundadores del PS y representante gremial de distintas sociedades de resistencia. En 1905 fue a Tucumán encomendado por la UGT para organizar a los trabajadores de los ingenios azucareros.

[3] LF fue una sociedad de carácter mutualista creada en 1887 y comprendía a los conductores de locomotoras solamente.

[4] Los maquinistas aducían que eran una sociedad de socorros mutuos, no de resistencia.

[5] La Nación, 21 de agosto de 1896, p5

[6] Publicado en la Organización Obrera, Nº 8, año 1, agosto de 1901.

 [7] En este informe se registran 8 fábricas que concedieron mejoras a un total de 182 obreros en contraste con 45 empresas que no cedieron ante 3050 operarios. La Nación, 12 de octubre de 1896.

[8] La Nación, 15 de octubre de 1896.

[9] La Nación, 4 de octubre de 1896, p 5

[10] Efectivamente, 400 operarios europeos llegaron directamente a Bahía Blanca , lugar en el que la empresa pensaba trasladar los talleres. Citado en La Nación del 30 de noviembre de 1896

[11] La Nación, 30 de noviembre de 1896. La huelga en los talleres Sola terminó el 29 de noviembre.

 

 

*Investigación realizada por Juan Carlos Cena y Mario Gasparri.

 

Bibliografía consultada:

“Gremialismo proletario argentino”, Jacinto Oddone

“La clase trabajadora argentina”, Hobart Spalding

“Historia de la Unión Ferroviaria”, José Fernàndez

“El Movimiento Sindical Argentino”, Sebastián Marotta