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Asunto:NoticiasdelCeHu El verdadero Mercosur
Fecha:Domingo, 23 de Julio, 2006  22:36:33 (+0000)
Autor:Jeronimo Montero Bressan <jeronimo_montero @.........ar>

Integración económica y regional en la periferia:
reproduciendo el modelo; renovando el discurso

 

Jerónimo Montero

Universidad Nacional de Mar del Plata – Argentina
 
Ponencia para la IV Conferencia Internacional de Geografía Crítica.
México D.F. 8 al 13 de enero de 2005

 

 

Resumen

 

Los años noventa han sido testigos de una clara regionalización de la geografía económica mundial. Un particular modus operandi caracteriza a los acuerdos que materializan esta nueva geografía: el sector privado juega un rol activo y fundamental en la mesa de negociaciones. Asimismo, el sector público actúa como gerente de los intereses privados, mientras que la denominada “sociedad civil” en algunos casos es apartada deliberadamente de las negociaciones.
 
El actual auge de este tipo de proyectos se ve acompañado por una gran cantidad de producción científica a su favor. La teoría que los sustenta es generada por los organismos oficiales que juegan un rol activo en su diseño, cuyas preocupaciones se limitan a los aspectos económicos, a la vez que sus argumentaciones están basadas en una visión parcializada de la realidad.
 
Un discurso geográfico -utilizado para ocultar su verdadero contenido- legitima a estos acuerdos. Ya que desde 1999, las negociaciones sobre comercio multilateral han acentuado las diferencias políticas entre los países centrales y los periféricos, en estos últimos la integración regional aparece como elemento de confrontación con aquellos. En América Latina, este discurso hace alusión a la histórica reivindicación latinoamericanista (y antiimperialista) de la integración regional que acompañó a los regímenes desarrollistas de la década del sesenta.
 
Sin embargo ¿Quiénes diseñan la geografía regional mundial? ¿Qué dice la letra de sus proyectos, y qué teorías los sustentan? A través de este trabajo, se pretende hacer un aporte a la explicación de tales inquietudes, desde una perspectiva latinoamericana.

 

Introducción
 
Durante los últimos cincuenta años hemos sido testigos de un inédito proceso de retroceso en las condiciones de vida de gran parte de la población mundial. Se trata principalmente de una guerra contra el trabajo estable y las conquistas obreras del siglo XX, comandada por las más grandes empresas del mundo y puesto en marcha mediante un rol tajantemente activo de los estados nacionales, en su renovado rol de subsidiarios directos de los actores hegemónicos del mercado mundial. 
 
Como legado de estos 50 años, una perspectiva política limitada y débil en lo teórico, y perversa en lo ideológico, domina los más importantes ámbitos de gestión de la economía-mundo. El arduo e incesante trabajo de difusión de esta ideología fue una de las herramientas que permitió la aplicación de las políticas neoliberales[1].
 
La referida ideología ha logrado influir profundamente en los ámbitos de gestión de la política económica. En la práctica, ello implica que la ciudadanía esté completamente apartada de los ámbitos de gestión, mientras que los empresarios han tomado un papel activo en el diseño de las políticas públicas.
 
En este trabajo se propone una discusión de corte ideológico acerca de aquellos conceptos que los economistas ortodoxos han logrado imponer como verdades indiscutibles. Se plantea también el marco político en el que se desarrollan las negociaciones de los acuerdos de integración en América Latina, señalando la existencia de una total desinformación que permite a los gobiernos aplicar políticas neoliberales con un discurso de izquierda.
 
1. Renovando el discurso
 
La década de los años noventa es generalmente señalada como el período de profundización de las políticas neoliberales, a la luz del crecimiento de las desigualdades que caracterizan a las relaciones centro-periferia, y de las generadas a nivel interno en cada país.
 
Sin embargo, es la década de los noventa la que vio nacer al primer movimiento insurgente que vino a contestar estas políticas, esta ideología perversa. Fue en América Latina, en suelo mexicano, que los zapatistas iniciaron un movimiento que luego sería señalado como punto de partida del llamado “Movimiento Antiglobalización”, un movimiento cuyo principal objetivo es acabar con las políticas neoliberales.[2] 
 
En la América del Sur de nuestros días, quienes vinieron a reemplazar las prédicas neoliberales de aquellos que gobernaron estos países en los años noventa son políticos de discurso populista[3]. Con el correr de los últimos meses se ha dejado en claro –cada vez con mayor intensidad- que se trata simplemente de un discurso que apunta a cosechar el consenso de sociedades movilizadas, cansadas de que la vuelta de la democracia sólo haya asegurado pobreza y endeudamiento para nuestros países. Un discurso divorciado de las políticas concretas que estos gobiernos llevan a cabo, siguiendo con lo hecho por sus antecesores. Ese es el signo dominante de nuestros días; esos son “los nuevos vientos que soplan desde el sur”, como tan fervientemente asegura Hugo Chávez.
 
Buena parte de estos discursos se componen de elementos geográficos, en donde los acuerdos de integración son un elemento crucial. En este sentido, los gobiernos -y la prensa- señalan los condicionantes económicos externos para el crecimiento de estos países (endeudamiento, presiones del FMI, proteccionismo de los mercados del norte) y concluyen en la necesidad de sumar voluntades con los países de la región para tener un mayor poder de negociación con los países centrales, y poder asegurarse así una mejor inserción en el escenario económico internacional. Es más, no faltan elementos de abierta confrontación con los países centrales y los organismos internacionales. A nuestro entender, este “discurso geográfico” contribuye a eludir la discusión acerca de las causas internas de la crisis y de la línea que debe seguir la política al interior de las fronteras nacionales.
 
Desde la centro-izquierda, es frecuente el recurso de apelar a la “nostalgia bolivariana”  para apoyar los proyectos integracionistas. Movidos por una especie de “fé integracionista”, estos autores señalan como positivos los cambios políticos que se están dando en los gobiernos sudamericanos. En su edición para la Argentina, el periódico mensual Le Monde Diplomatique señala que a la luz de estos cambios estamos en presencia de la posibilidad de que surja un nuevo eje de poder, conformado por una tríada un tanto distinta a la que domina el mundo: se trata de la tríada Brasil-Venezuela-Argentina. A nuestro entender estos autores utilizan la legitimidad del pensamiento bolivariano para escribir lo que sus lectores buscan, analizando la situación con tan poca seriedad que en sus artículos se han leído afirmaciones tales como que Kirchner “tiende a defender el interés popular”, como lo hacen Calcagno y Calcagno (2004). No existe en estos autores un serio análisis del proceso de negociaciones, que ponga de manifiesto el contenido de los acuerdos y señale quiénes son sus gestores.
 
2. Lo que está en juego
 
Como se ha señalado, las políticas neoliberales han influido fuertemente en la orientación de las políticas estatales y en el modo de ejercer la política en esos ámbitos. Los acuerdos de integración regional y libre comercio no escapan a esta realidad. A este respecto, son principalmente dos los cambios que nos parece pertinente señalar. En primer lugar, el resurgimiento del diálogo al interior de los bloques regionales resulta de consideraciones de orden puramente económico. En segundo lugar, las negociaciones son llevadas a cabo por grandes empresarios y funcionarios del poder ejecutivo de los países en cuestión, en tanto que parlamentarios y ciudadanos/as están fuera de estos procesos[4]. En América Latina, por ende, lejos están estos negociadores de ser pobres de los suburbios o campesinos desplazados por el latifundio, a pesar de que estos sectores componen la mayor parte de la población afectada.
 
El organismo que lleva a cabo la asistencia técnica en las negociaciones es el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a través de su Instituto Para la Integración de América Latina (INTAL). A su vez, es el BID el que genera la teoría que sustenta a los acuerdos de integración en el continente. La misma consiste en una abundante producción científica que responde a una perspectiva teórica muy limitada en su capacidad de análisis, cuyos exponentes recurren a una extrema parcialización de la realidad para explicarla. Se trata de informes –principalmente estadísticos- acerca de Inversión Extranjera Directa en diversas ramas de la producción, normas del sector tributario, solución de controversias, etc. Esta parcialización y tecnificación del conocimiento obstaculiza la explicación más acabada de la realidad, para la cual se debe tener en cuenta la complejidad de los procesos que la determinan.
 
En 1996, el INTAL dio un giro en su línea operativa al cambiar el nombre de su principal publicación: la revista “Integración Latinoamericana” pasó a llamarse “Integración y Comercio”, poniendo de manifiesto aquel vuelco hacia consideraciones económicas al que nos hemos referido. En nuestros días las publicaciones del INTAL hacen hincapié en dos indicadores: el comercio y la Inversión Extranjera Directa (IED). Ambos son vistos como positivos en sí mismos, respondiendo a las limitaciones teóricas de la economía ortodoxa, una de cuyas verdades indiscutibles es “a mayor comercio y mayor IED, mayor bienestar”. Tal mandato capitalista padece de falencias fácilmente demostrables a través de algunos ejemplos.
 
La principal empresa exportadora de la Argentina es la petrolera española Repsol[5]. Desde el comienzo de sus operaciones sus ganancias se han multiplicado, y “sin embargo” es la empresa que mayor desocupación ha generado en el país. Es más, de los despidos de esta empresa se ha originado nada menos que el movimiento piquetero (en las provincias de Salta y Neuquen). Además, sus inusitadas ganancias se deben a que exporta todo lo que extrae y no realiza exploraciones, violando así el contrato con el estado argentino. Sin embargo saber qué pasará en los próximos años si esta empresa sigue sin explorar, no es una preocupación de quienes analizan las estadísticas.
 
La geografía también nos proporciona elementos para analizar las verdades indiscutibles del capitalismo. En la década de los años treinta, cuando el café era uno de los principales rubros de exportación de América Latina, Brasil aportaba cerca del 90% del total mundial. Para este país, las estadísticas de comercio exterior eran –naturalmente- alentadoras. No obstante, el análisis geográfico de estos indicadores demuestra que mientras los beneficios de esta transacción se concentraban en el estado de São Paulo, el nordeste brasilero se consumía en huelgas, represión y pobreza, y expulsaba población que de hecho emigraba hacia São Paulo para trabajar en las plantaciones de café.
 
Según el BID (1996), “la integración regional es un estímulo para la Inversión Extranjera Directa”. A la hora de señalar las bondades que tiene el atraer inversiones para los países periféricos que sean parte de un acuerdo de integración, este organismo no oculta su entusiasmo: “la experiencia de los países asiáticos parece indicar que las inversiones extranjeras destinadas a mercados de exportación son atraídas principalmente por la disponibilidad de mano de obra calificada y barata. América Latina se está posicionando cada vez mejor para competir por este tipo de inversiones en el futuro”.
 
Bien saben los pueblos latinoamericanos lo que significan este tipo de inversiones; bien lo saben porque es la historia de las economías de enclave que han dejado sus huellas marcadas en el territorio; bien lo saben porque es precisamente la historia de Potosí, Zacatecas, Ouro Preto, Manaos... El ejemplo del Potosí (cuyas minas de plata proporcionaron ganancias extraordinarias a los colonizadores) es suficientemente elocuente: llegó a ser “el nervio principal del reino (...) y era una de las ciudades más grandes y más ricas del mundo” (Galeano, 1968)[6]. Comenzando el siglo XIX, la plata se agotó, y la progresiva decadencia fue notable: hoy la ciudad tiene sólo un tercio de la población que tenía hace cuatrocientos años. “Aquella sociedad potosina, enferma de ostentación y despilfarro, sólo dejó a Bolivia la vaga memoria de sus esplendores, las ruinas de sus iglesias y palacios, y ocho millones de cadáveres de indios.” (Galeano, op. cit.)
 
Incluso para el caso de la Unión Europea, Smith, Rainnie y Dunford (2000) señalan que los autores que adhieren al “nuevo regionalismo” (como la mayoría de quienes trabajan para el BID) se concentran en señalar determinados contextos espacio-temporales en los que una inversión ha producido cierto bienestar, y de ese modo afirman que estas inversiones mejoran el bienestar de las regiones. Sin embargo, esta perspectiva teórica carece de herramientas conceptuales que nos permitan explicar las desigualdades territoriales en Europa, pues en la práctica las inversiones se localizan en determinados espacios (y tiempos) que se transforman el polos de crecimiento regional más vinculados a la economía mundial que al territorio regional y nacional. El resultado es la desintegración del territorio nacional, con la aparición de estos “espacios nacionales de la economía internacional” (Santos, 1996). Estas inversiones no sólo generan un beneficio mínimo para las sociedades, sino que además tienen un impacto geográficamente acotado. Smith et al (op cit) propone explicar la existencia de amplias desigualdades territoriales a través del estudio de las cadenas de producción de las corporaciones multinacionales, cuya estrategia consiste en invertir en aquellos lugares donde pueden pagar menores salarios y en donde los costos de localización son más bajos y se facilita el acceso a nuevos mercados.
 
Refiriéndose a América Latina, R. Frigerio (1968) señala que el progreso social estaría condicionado por esta división territorial de la producción. Además, ya que esos polos de crecimiento regional “son puntos de penetración y fijación de intereses monopolistas internacionales”, son las corporaciones multinacionales las que decidirán qué regiones serán beneficiadas.
 
En pleno auge de los acuerdos de integración en América Latina (ALALC, CAN, MCCA), Frigerio señaló que “la integración regional es un instrumento del monopolio”, y que la integración de América Latina debe darse en primer lugar al interior de cada una de las naciones. Nuestros territorios nacionales se encuentran fragmentados en polos de atracción de inversiones y la sola unificación de estas estructuras económicas financiera y tecnológicamente dependientes no podrá asegurar nunca la afirmación de la soberanía en nuestros países. Más bien todo lo contrario: todo acuerdo de integración implica para cada estado miembro ceder parte de su soberanía. Esto es particularmente peligroso si tenemos en cuenta que en nuestros días “las multinacionales son –en la práctica- el principal motor de la integración” (Porter, 2000). En este mismo sentido, el Foro Económico Mundial (1997) señala que las empresas multinacionales son los principales actores económicos que operan en los acuerdos de integración. El ejemplo de México es quizás el más claro: tras la puesta en funcionamiento del NAFTA en 1994, cerca del 50% de las exportaciones mexicanas corresponden a los establecimientos maquiladores, de los cuales el 77% está en manos de corporaciones multinacionales (INEGI, 2004).
 
Una de las ventajas de la integración regional que los economistas suelen señalar, es la de la intensificación de la competencia. Así lo hace Tamames (1993), asegurando que la ampliación del mercado obliga a los países miembro a adecuarse a las nuevas condiciones, por lo que las empresas deben mejorar su eficiencia económica. Ello generaría, según este autor, precios más bajos, mejor calidad de los productos, progreso tecnológico, etc. Sin embargo, si hay algo que el capitalismo ha dejado en claro en los últimos años (los mismos empresarios lo reconocen) es que, en la periferia, la eficiencia económica de una empresa se mejora pagando salarios más bajos e incorporando tecnología, por lo que la intensificación de la competencia generará caída del salario y desocupación. Sorprende constatar que este mismo autor señala como otro de los beneficios de estos acuerdos la “aceleración del ritmo de desarrollo y el logro de un alto nivel de empleo”. No obstante, a la hora de justificar tamaña afirmación no detalla razón alguna que así lo pruebe.[7]
 
3. Regionalización... ¿versus multilateralismo?
 
Según el BID (1996), entre 1948 y 1994 se firmaron 109 acuerdos de libre comercio e integración regional, pero una tercera parte de éstos fueron suscriptos después de 1990. Siguiendo a Bouzas y Russell (1996) podríamos señalar que la regionalización de la geografía económica internacional, que en un principio confrontaría con la llamada “globalización”, es en gran medida el resultado de un giro en la estrategia geoeconómica norteamericana. La misma se hizo manifiesta desde fines de la década de los ochenta, y consiste en la apertura simultánea de varios frentes aparentemente contradictorios: acuerdos bilaterales, regionalización (NAFTA, ALCA, APEC) y multilateralismo (OMC).
 
La existencia de un desequilibrio (estable) entre regionalismo y multilateralismo preocupa en forma particular a los funcionarios de la OMC. Siendo Director General de este organismo, Michael Moore (2000) señaló que la superposición de normas que se puede estar generando con la proliferación de acuerdos regionales podría estar amenazando la salud del régimen de comercio multilateral. No obstante, la OMC apoya al MERCOSUR, siempre y cuando funcione como resorte que articule la relación de estos países con el mercado mundial, es decir, siempre que responda a un “regionalismo abierto”, pues según Moore “la lógica del regionalismo por sí sola, sin una liberalización multilateral complementaria, no conduce a una economía mundial abierta”.
 
Como organismo que difunde las normas de la OMC en América, el BID enmarca estos proyectos en la necesidad de asegurar una provechosa inserción de América Latina en el comercio mundial. Su propuesta es precisamente la del “regionalismo abierto”, en cierto contraste con el regionalismo clásico de los años sesenta. Este es el régimen de la Comunidad Andina de Naciones, mientras que el MERCOSUR, si bien aún guarda cierta posibilidad de regular al capital extranjero, avanza en la misma dirección.
 
Todo parecería indicar que el reciente acuerdo MERCOSUR-CAN seguirá la misma lógica. El actual canciller argentino, Rafael Bielsa, dejó el camino abierto en esta dirección al asegurar que la Argentina no concibe a la integración regional “como la conformación de una fortaleza amurallada de carácter proteccionista, sino, por el contrario, desde una perspectiva de regionalismo abierto que nos permite continuar creando comercio y mejorar la competitividad de nuestras economías”. Podemos estar seguros, entonces, de que los acuerdos de integración que hoy en día se están negociando en nuestro continente son una nueva herramienta que los intereses hegemónicos mundiales han diseñado para asegurar la apertura de los mercados del sur. Quizás baste con recordar que el Foro Económico Mundial ha bendecido la conformación del MERCOSUR.
 
4. El MERCOSUR como ejemplo
 
En el extremo sur del continente, el MERCOSUR es un tema presente a diario en los medios, si bien desde hace unos meses las negociaciones se han enfriado. Algunos de los autores que apoyan este proyecto (Ferrer y Jaguaribe, 2001; Tokatlian y Russell, 2003) hacen hincapié en la necesidad de profundizarlo en aras de fortalecer la posición negociadora del bloque sub-regional ante Estados Unidos y Europa: la propuesta es negociar el ALCA y el acuerdo con la UE desde el MERCOSUR. Es precisamente ésta la estrategia de las cancillerías afectadas (principalmente la de Itamaraty[8]). Incluso el ex-presidente argentino, Carlos Menem, en 1997 sorprendió a la audiencia de la inauguración de una reunión del Foro Económico Mundial (en San Pablo) al afirmar que “sin olvidarse del ALCA, los países de la región deberían preocuparse primero por sí mismos”.
 
Como vemos, este acuerdo que en los medios suele presentarse como una herramienta para fortalecer el poder de negociación de los países de la región en el escenario mundial -e incluso para enfrentar a los países centrales- fue apoyado por el presidente que mantuvo “relaciones carnales”[9] con la mayor potencia económica mundial: Estados Unidos. De hecho, desde que Menem dejó la presidencia prácticamente no ha habido cambios en el equipo a cargo de las negociaciones del MERCOSUR[10].
 
Recientemente, otro ex-presidente argentino y actual Presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del MERCOSUR, E. Duhalde, se refirió al acuerdo entre la CAN y el MERCOSUR, que será el paso previo a la conformación de una Unión Sudamericana. En tal sentido, comunicó fervorosamente a la prensa argentina que “estamos en vísperas de lograr el sueño de los libertadores de América de tener una Sudamérica unida” (La Nación, 21/10/04). Ese mismo día, horas después, afirmó que sería conveniente recurrir a las fuerzas armadas para controlar los delitos en los centros urbanos.
 
 
La derecha y la centro-izquierda apuestan la misma carta apoyando las iniciativas de integración regional, utilizando, tanto una como la otra, un discurso progresista. Este hecho pone de manifiesto la desinformación existente en torno al proyecto, que se debe a la desinformación y confusión general que le permiten a los gobiernos aplicar políticas neoliberales acompañadas de un discurso progresista.
 
En este marco político, con los empresarios redactando la política exterior de nuestros países y con la sociedad apartada de las negociaciones, es que se está negociando el MERCOSUR.
 
Conclusiones
 
Sino vos ¿Quién?
Sino hoy ¿Cuándo?
(Buenos Aires, 20 de diciembre)
 
Los países latinoamericanos fueron creados por la necesidad de los países centrales de contar con estados nacionales que organizaran los territorios latinoamericanos a la medida de las demandas del capitalismo. Desde entonces no han dejado de jugar el papel de colonia.
 
Pero no podemos negar que el capitalismo ha generado mucho crecimiento en América Latina: crecimiento de la pobreza y del hambre, crecimiento de la desigualdad, de la violencia, del endeudamiento, de la degradación del medio ambiente, de la corrupción, del consumo de drogas, de la represión, de la violación de los derechos humanos, del autoritarismo y la intolerancia, de la privatización de la educación y la salud, de la militarización...
 
La integración económica y regional es señalada cada vez más como el camino para asegurar una provechosa inserción de estos países en el mercado mundial, y con ello poder acabar con la pobreza y la desigualdad que tristemente son una marca registrada de nuestro sub-continente. Sin embargo, las recetas que en la práctica se intentan aplicar a través de estos acuerdos son una continuación de las que han llevado a la peor situación social jamás vivida en América Latina.
 
La integración regional es una herramienta más de los países centrales para asegurarles a sus corporaciones multinacionales la apertura de nuestros mercados.
 
Como afirma Galeano (1968), “la división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”. Para estar integrados al sistema capitalista, nuestros países deben ser funcionales, es decir, jugar el rol de periferia. Es por ello que no es este el camino que permitirá afirmar la soberanía de nuestros países, más bien todo lo contrario: las debilitará. De hecho, la afirmación de la soberanía ni siquiera está entre los objetivos de los funcionarios.
 
Nuestros países deben atender sólo a las demandas sociales, y no a las de los más grandes empresarios extranjeros y nacionales. Deben redistribuir la riqueza no sólo entre las distintas clases sociales sino también territorialmente, para terminar con las grandes áreas de pobreza urbana y rural y contar con países integrados económica y socialmente.
 
A pesar de los discursos progresistas, y de contadas medidas a favor del interés popular, la convergencia política que se está dando entre los gobiernos de la América del Sur está muy lejos de implicar el giro necesario en las políticas públicas que conduzca al objetivo referido. Si las políticas neoliberales han perdido legitimidad, no es debido a la voluntad de quienes gobiernan hoy nuestros países: es debido a los movimientos sociales de protesta.
 
Sólo podemos estar seguros de una cosa: el cambio revolucionario que necesitamos no provendrá jamás de un gobierno ni de un partido político revolucionario. Cada persona debe tomar responsabilidades políticas y participar en la toma de decisiones en todos los niveles posibles. La política debe ser objeto de construcción diaria y estar hecha por cada habitante de este mundo, en la medida de sus posibilidades.
 
Tal como lo han hecho muchos campesinos y campesinas e indígenas en América Latina, sería bueno que un día como hoy comencemos a construir ese camino.
 
 
Bibliografía
 
·          BID/INTAL (2000) INTAL: 35 años de compromiso con la integración regional. Buenos Aires.
·          BID/IRELA (1996) Foreign Direct Investment in Latin America in the 1990s. Madrid.
·          Berardi, A.; Kogley, R.; y Piñero, M. (2002) MERCOSUR: ¿una integración forzada? En Actas del IV Encuentro Internacional Humboldt. 16 al 20 de septiembre. Puerto Iguazú.
·          Bouzas, R. (1997) Regionalización e integración económica: instituciones y procesos comparados. Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Grupo Editor Latinoamericano/Nuevo Hacer. Buenos Aires.
·          Bouzas, R.; y Russell, R. (1996) Globalización y regionalismo en las relaciones internacionales de Estados Unidos. Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Grupo Editor Latinoamericano/Nuevo Hacer. Buenos Aires.
·          Chudnovsky, D. y López, A (coord) (2002). Integración Regional e Inversión extranjera directa: el caso del MERCOSUR. BID/INTAL. Buenos Aires.
·          Ferrer, A. (2000) América do Sul: articulação Mercosul e Comunidade Andina. En actas del Seminário sobre a organização do espaço sul-americano. 31 de julio al 2 de agosto. Brasilia.
·          Ferrer, A. y Jaguaribe, H. (2001) Argentina y Brasil en la globalización ¿MERCOSUR o ALCA? Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.
·          Frigerio, R. (1968) La integración regional: instrumento del monopolio. Ed. Hernández. Buenos Aires.
·          Furtado, C. (1966) Subdesarrollo y estancamiento en América Latina. Eudeba. Buenos Aires.
·          Galeano E. (1971) Las venas abiertas de América Latina. Siglo XXI Editores. México D.F.
·          Instituto Nacional de Estadísticas, Geografía e Informática de México. URL: www.inegi.gob.mx
·          Kaplan, M. (1968) Problemas del desarrollo y de la integración en América Latina. Monte Ávila Editores. Caracas.
·          Katz, C. (2004) El posliberalismo en América Latina. En Enfoques Alternativos. Buenos Aires.
·          Lafer, C. (2000) Sessão de abertura. Seminário sobre a organização do espaço sul-americano. 31 de julio al 2 de agosto. Brasilia.
·          Lecarotz, M. R. (2004) América Latina: perspectiva y posibilidades de inserción en el contexto global. En Actas del VI Encuentro Internacional Humboldt. 13 al 17 de septiembre. Villa Carlos Paz.
·          Moore, M. (2000) La globalización del regionalismo: una nueva función para el MERCOSUR en el sistema multilateral de comercio. Banco Interamericano de Desarrollo. Buenos Aires.
·          Montero, J. (2004) Realidad economicista y discurso geográfico: el MERCOSUR como problema. En Rivas, R. y Rodríguez, R. Problemas latinoamericanos en los siglos XIX y XX. Ed. Suárez. Mar del Plata.
·          Porter, E. (2000) ¿Amigas del libre comercio? En Revista Debates. Buenos Aires.
·          Russell, R. y Tokatlian, J. G. (2003) El lugar de Brasil en la política exterior argentina. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.
·          Smith, A.; Rainnie, A. y Dunford, M. (200?) Regional Trajectories and uneven development in “the new” Europe: rethinking territorial success and inequality. School of Social Sciences. University of Sussex. Brighton.
·          Santos, M. (1996) De la totalidad al lugar. Oikos-Tau. Barcelona.
·          Sukup, V. (1999) América Latina año 2000: ¿unida y dominada? Centro de Estudios Alexander Von Humboldt. Universidad Nacional del Centro. Tandil.
·          Tamames, R. (1993) Estructura económica internacional. Alianza Universidad. Madrid.
·          World Economic Forum (1997) Consolidating regional integration: building the MERCOSUR community. Geneva.


[1] En amplias zonas de América Latina se debieron imponer por la fuerza: tal es el caso de las dictaduras del Cono Sur y Perú, y de la intervención norteamericana en Nicaragua.
[2] La lucha del EZLN va más allá de eso: su lucha es anti-capitalista.
[3] Tales son los casos de Lula en Brasil, Kirchner en Argentina, Mesa en Bolivia, Duarte en Paraguay y Chávez en Venezuela, en tanto que en el Uruguay, Tabaré Vázquez ha manifestado su voluntad de seguir una política económica ortodoxa, y la CNN lo ha calificado como “izquierdista moderado”.
[4] Bien vale un ejemplo para demostrar esta marcada tendencia que caracteriza a todas las negociaciones comerciales actuales: en su viaje a la China, el presidente Lula viajó acompañado de más de 400 empresarios.
[5] La empresa petrolera estatal (YPF) fue privatizada en 1997, siendo comprada por Repsol.
[6] El trabajo forzado e inhumano de los indígenas posibilitó este emprendimiento.
[7] En todo caso, el mayor nivel de empleo podría deberse a la caída de los salarios.
[8] Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil. El MERCOSUR en sí mismo no constituye una prioridad del gobierno brasilero: es claramente visible que su estrategia consiste en hacer resurgir al MERCOSUR en los momentos en que el proceso del ALCA se acelera, recurriendo así a los restantes países del bloque para estancar las negociaciones.
[9]  Textuales palabras del entonces canciller Guido Di Tella.
[10] El principal encargado de las negociaciones durante el gobierno de Menem ocupa hoy el cargo de Director del Banco Central.


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