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Asunto:NoticiasdelCeHu Las papeleras, el consumo de papel, escalas y compromisos ambientales
Fecha:Lunes, 27 de Marzo, 2006  01:00:48 (-0300)
Autor:Geoamerica <geobaire @............ar>
En respuesta a:Mensaje 7135 (escrito por Centro Humboldt)

 

 

 

 

Apuntes de geografía y ciencias sociales

 

Vicente Di Cione


Las papeleras , el consumo de papel, las cuestiones de escala y los compromisos ambientales.

 

“Cuando caga un caballo cien gorriones se alimentan” (Dicho popular italiano)

“No se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos” (Dicho popular rioplatense)

“Nos corren, pero nunca para dónde nosotros queremos” (Lindor Covas, “El Cimarrón”).

"La bota llena y la mujer borracha" (Dicho popular español).

 

La cuestión de “Las Papeleras de Fray Bentos” me preocupó desde el comienzo de la visibilización del conflicto, razón por la cual fue motivo de reflexión e investigaciones en algunas asignaturas a mi cargo en las universidades en las que soy docente (UBA y UNTREF). En primer lugar me preocupó por la multiplicidad de significados que movilizan mis dudas y hacen vacilar mis certezas sobre las viejas cuestiones de los límites del crecimiento en general y la crisis ecológica mundial, el desarrollo geográfico desigual, combinado, contradictorio y complejo del medio ambiente en y entre las diferentes escalas de la reproducción social y, fundamentalmente, sobre los tiempos y lugares de la equidad y justicia distributiva que involucra a la multiplicidad de actores locales y remotos, en especial a los que no tienen otro recurso que trabajar como dependiente dentro de los diferentes ordenes del capitalismo y los modos de producción asociados. En segundo lugar por su carácter relativamente inédito, en la medida en que un  problema de localización industrial es desbordado localmente y proyectado a nivel mundial por acciones ciudadanas a favor y en contra en dos países limítrofes, comprometiendo las solidaridades y alineamientos internacionales, tales como los del MERCOSUR. Finalmente, porque el hecho constituye un “laboratorio” para contrastar a lo largo de su evolución las teorías sobre el acrecentamiento o disipación escalar de una “poblada”.

Algunos breves comentarios sobre el tema.

Comparto totalmente el "anticonsumismo" de muchos concerniente al uso y consumo de papel para oponerse a nuevos emprendimientos papeleros y, por lo tango a la localización elegida y a cualquier otra. Por ejemplo,   la médica-veterinaria Maria Carolina Grosso (Departamento de Anatomía Animal, U.N.R.C) en una nota reciente que circuló en internet en contra de la necesidad de ampliar la producción de papel, señaló razonablemente que “de cada diez bobinas de papel que se producen en el mundo, una se utiliza para impresión de libros, cuadernos, folletos, diarios, recibos, facturas, papel higiénico, papel de uso sanitario y clínico, etc, y nueve para embalaje lujoso de artículos innecesarios que se consumen principalmente en las grandes ciudades del Norte. Estadísticamente, un ciudadano norteamericano consume cien veces más papel que un uruguayo, pero no lee cien veces más”.

Sin embargo creo que los que piensan como la autora se quedan cortos. El problema del consumismo no radica tanto en la relativamente débil "huella ecológica" de la producción y consumo de papel de embalaje, sino más bien en la de los contenidos de los embalajes y en el desigual consumo de tales contenidos. Si la preocupación la extendemos a otros "consumos sociales" reproductivos, tales como la producción y uso de los vehículos automotores, se verá que la huella ecológica del "circuito y círculo de la producción y consumo de papel" es francamente insignificante a nivel mundial, al punto que no se le puede imputar una gran responsabilidad en la crisis ecológica mundial (efecto invernadero, cambio climático, agujeros de ozono, agotamiento de recursos no renovables, degradación mundial del agua potable, etc.).

La industria del automóvil y su uso, considerando sus encadenamientos hacia atrás y adelante, en especial la explotación y usos del petróleo, es extraordinariamente más problemática en general y localmente, que la industria del papel. No hay país que no haya sido tocado por algún siniestro petrolero. El turismo, denominada equívocamente “industria sin chimeneas”, tal como hoy se lleva a cabo, tiene una huella ecológica no sustentable enorme en la ecología mundial en general y es realmente perversa en ciertos lugares puntuales. Nadie ha evaluado, por ejemplo, el impacto sobre la ecología del río Uruguay del turismo en Gualeguaychú y aguas abajo y arriba. Obvio: el turismo connota una actividad naturalmente saludable (“sin chimeneas”), mientras que la producción de papel, como toda actividad industrial, es vista como una actividad contaminante. ¿No es, se dice, la razón por la cual se ha construido una chimenea de casi 100 metros de alto? Sin embargo: ¿es ecológicamente sostenible la actividad turística sobre el río Uruguay desde sus cabeceras? ¿Porqué tanta preocupación por la presencia de cloro y compuestos de cloro en la fabricación de papel y se omite considerar el uso del cloro para los usos industriales y domésticos, incluyendo la potabilización del agua en las ciudades y en el medio rural y la clásica "lavandina" (55 gramos de cloro activo por litro)? ¿Se tiene alguna idea sobre la cantidad de cloro activo, generado industrialmente, que es utilizado en la multiplicidad de elementos y procesos de la reproducción social (en la multiplicidad de "circuitos y círculos" de la producción y consumo)? ¿se ha estimado la producción total de dioxinas y otros agentes tóxicos por la combinación del cloro industrial y doméstico con la multiplicidad de residuos?

Desafortunadamente la gente es "autocentrada" en sus intereses, en la medida en que solamente le preocupan las papeleras que están instaladas en sus "narices" y a "la vista" y dudo mucho que coincidan con limitar en su vida cotidiana el consumo de papel tal como la Doctora Grosso sugiere. Me pregunto: ¿se hubieran movilizado los "ciudadanos" y "ambientalistas" si las plantas se hubieran instalado fuera del olfato y la vista, tal como las 12 plantas de celulosa con tecnologías arcaicas y altamente contaminantes (mas que las papeleras de Fray Bentos) distribuidas gran parte de ellas sobre el río Parana? ¿hubieran logrado los ambientalistas socializar el conflicto en los niveles en los que llegó si las plantas, tal como lo sugirieron algunos, se instalaran aguas debajo de Fray Bentos, con escasa población costera del lado de Argentina, o a algunos miles de metros tierra adentro de la actual localización, “lejos” de la vista y olfato de la ciudadanía de Gualeguaychú?

La cuestión de la pérdida de soberanía derivada de la compra de tierras y los beneficios impositivos de las papeleras es otro de los argumentos que suele esgrimirse. Sin embargo, sin negar ciertamente la densidad social de las papeleras en la sociedad uruguaya debido a su escala técnica y económica, no pasa por la compra de tierras por las empresas extranjeras o por las rentas diferenciales que no dejan alícuotas impositivas al estado uruguayo. Dada la socialización planetaria de la vida social el meollo del problema radica en el carácter fetichista de los mercados capitalistas, lo cual involucra los aspectos estructurales de la reproducción en las diferentes escalas de la vida social de todos los protagonistas de la nave tierra, desde la alejada Rinconada en la provincia de Jujuy a Nueva York.

Los “territorios” mas cruciales en la vida social y en la acumulación no pasan por acumular tierras, campos, estancias, forestas y objetos, sino por territorializar relaciones sociales verticales y horizontales vinculadas con los intereses (beneficios “inter” seres) de los procesos de acumulación y, fundamentalmente, con sus luchas económicas, políticas, simbólicas y geopolíticas de acumulación, divisoras de la población en ricos, pobres y “excluidos”. Si no se supera el fetichismo mercantil capitalista mundial, la “mano invisible” de la producción y reproducción social, es muy difícil superar políticamente los autocentramientos locales y sectoriales de los diferentes actores, dado que las pérdidas de unos son las ganancias de otros y que en muchos lugares con pobres y excluidos estructurales, como Fray Bentos y Uruguay en general se cumple la metáfora expresada en un dicho popular italiano que utilizara Gramsci para referirse sobre la “cuestión meridional” de Italia: “cuando caga un caballo cien gorriones se alimentan”. Algunas estimaciones, sin negar cierto optimismo, estiman que son casi 50.000 personas las que con diferentes calidades y cantidades se alimentarían total, parcial  o escasamente de las papeleras, las actividades forestales y la producción de bienes y servicios asociados a la producción, el consumo y mantenimiento de todo el ciclo. En tal sentido, teniendo en cuenta el funcionamiento de los mercados capitalistas, en cierto modo no es cierto que el eucalipto no es un alimento.

En Argentina el autocentramiento afín con las reglas del clásico “Antón pirulero” se expresa, además de la mediática ciudadanía de Gualeguaychú, entre muchas expresiones ciudadanas, por la relativa irresolución, por ejemplo, del depósito y tratamiento de los residuos domiciliarios e industriales de la Región Metropolitana. Ningún municipio logra reunir consenso para “recibir” los desechos de los otros. El problema no es fácilmente solucionable si se tiene en cuenta que la Provincia de Buenos Aires, a diferencia de otras provincias, la totalidad del territorio es cubierta por jurisdicciones municipales.

El CEAMSE - Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (“empresa líder en el desarrollo ambiental nacional”, tal como aparece en su publicidad) debe su existencia al reemplazo de la gestión democrática municipal por la gestión de los intendentes elegidos por las juntas militares nacionales y provinciales de los años 1976-83. Hoy, dada la “estructura geopolítica” de la Región Metropolitana sería imposible montar el CEAMSE en las condiciones técnicas y económicas del comienzo de la dictadura militar. La problemática de los residuos (incluye también el caso del municipio de Gualeguaychú) es considerablemente superior en escalas espacio-temporales a las de las industrias papeleras.

Tal como viene marchando la historia mundial y la multiplicidad de historias locales, bajo los sones locales a escala mundial del “Antón pirulero”, la globalización capitalista aún tiene que motorizar muchos particularismo históricos locales para generar una conciencia y formas de gestión mundial que contemple el justo reparto de los beneficios y costos del progreso. A tal efecto no me caben dudas que el conflicto generado por las papeleras contribuyen a reflexionar sobre el mundo que queremos y a cuestionar desde ciertos particularismos a la multiplicidad de lógicas capitalistas relativamente naturalizadas (“mano invisible de la globalización”). Sin embargo, tengo muchas dudas sobre si los deseos de la gente, sobredeterminados por los dispositivos hegemónicos de la reproducción ampliada del capitalismo, puedes transponer y subvertir la configuración capitalista de tales deseos. Los deseos son la fuerza impulsora de las necesidades sociales y, por lo tanto, de los dispositivos que tienden a satisfacerlas.

La conciencia critica no consiste en un despertar frente a hechos cuando tocan de cerca y luego de superados localmente dormir con la conciencia tranquila. El tema de las papeleras debe permitir ubicar la conciencia "popular" o ciudadana en relación a la calidad de vida, la justicia y equidad social y el desarrollo humano sostenible de manera universal y no solamente con criterios autocentrados en las pequeñas escalas locales del olfato, la vista y, sobre todo, las variaciones relativas de los bolsillos determinadas por la microsociología de las "rentas diferenciales" locales.

Mientras tanto, considerando la diversidad de escalas sociales y territoriales involucradas, las razones a favor o en contra son potencialmente, a pesar de sus oposiciones, todas subjetivamente legítimas. Las más legítimas son las que con el tiempo decanten los actores sociales en el curso de los acontecimientos y logren objetivarse institucional y ambientalmente. En mi caso personal y la de muchos, situados más allá de cierta distancia crítica relativamente inmediata del paisaje visual, olfativo y rentístico de Fray Bentos y Gualeguaychú, solamente podría interesarnos el precio de compra del “papel con una blancura persistente al tiempo” para nuestra impresoras y la posible incidencia de las alícuotas del costo de papel utilizadas en los embalajes de los bienes que constituyen nuestra magra canasta doméstica. Algunos pocos, sin dudas, pensarán, al contemplar el cielo, también en la relación de las papeleras sobre el futuro de la calidad ambiental de sus hijos y nietos. Los keynesianos a su vez dirán que el impacto es una cuestión de largo plazo y que cuando llegue ese momento estaremos todos muertos.

[VDC, El Palomar, febrero 2006]

 

 



[Adjunto no mostrado: ap_papeleras.doc (application/msword) ]