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Asunto:NoticiasdelCeHu 611/02 - ELECCIONES BRASILEÑAS IV
Fecha:Viernes, 4 de Octubre, 2002  20:26:24 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

611/02
 
ELECCIONES BRASILEÑAS IV
Repercusiones en la Prensa Argentina
Diario La Nación: Orientación conservadora
 
Las elecciones brasileñas
 
AUNQUE sea parte de una América latina que vive horas turbulentas -y más allá de las relaciones de vecindad entrañables que mantenemos con su pueblo y con su gobierno-, Brasil es una nación que pesa significativamente en el concierto internacional. No por nada su economía es una de las más pujantes del hemisferio y su población sobrepasa los 162 millones de habitantes.
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De ahí la expectativa que despiertan las elecciones del domingo próximo, en las que unos 115 millones de votantes decidirán sobre el futuro del país. Los fenómenos que se registran en el seno de esta república vecina han repercutido siempre con intensidad no sólo en la región, sino también en el resto del mundo.
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En efecto, las consecuencias de las elecciones presidenciales se harán sentir en los ámbitos geográficos más distantes y en los mercados más remotos. Desde luego, los más directamente afectados seremos, inevitablemente, los pueblos de la comunidad latinoamericana, especialmente en esta hora de dificultades notorias, de dilemas e incertidumbres para gobernantes y gobernados, de impaciencias y dudas en el sensible campo de las finanzas, de perplejidades para los inversores. Hora de temores y preocupaciones, en suma, a los que ningún sector del subcontinente podría considerarse ajeno.
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Todo parece indicar que Brasil, aun en medio de esa suma de dificultades, se encamina a un recambio institucional ordenado. El país llega a la elección presidencial al término de una gestión -la del presidente Fernando Henrique Cardoso- que es reconocida en el continente por sus apreciables logros y en el contexto de un ciclo de crecimiento sostenido que ha durado varias décadas. La ciudadanía deberá elegir en esta oportunidad entre diversas candidaturas, en un escenario en el cual las tensiones ideológicas se han atenuado y los puntos de contacto entre las diferentes fuerzas partidarias resultan considerablemente tranquilizadores.
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Los niveles de atraso, miseria y marginación en que están sumidos algunos sectores de la población, la debilidad estructural de buena parte de la producción, la crónica falta de recursos fiscales y el descontrol social son males endémicos que mantienen una correspondencia estrecha con los devaneos del capital extranjero, con los pujos cambiarios y con los avatares de la especulación financiera. Ante la necesidad de encontrar solución para los problemas sociales internos y de hacer frente, a la vez, a los fuertes condicionantes externos, el electorado tenderá a valorizar en los diferentes candidatos, seguramente, la creatividad personal y el pragmatismo, puestos al servicio de un afinado sentido del equilibrio y de una indeclinable vocación por el diálogo, instrumento este último de fundamental importancia para asegurar la gobernabilidad en tiempos de crisis. Las turbulencias tropicales y latinas -tan propias de la geografía política latinoamericana- siguen ejerciendo influencia en los países de la región, pero no en Brasil, cuya dirigencia política ha privilegiado casi siempre la sensatez y el realismo.
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En rigor, de esa madurez política existen indicios firmes. Durante la presente campaña electoral han aflorado señales auspiciosas que mostraron a los candidatos, en general, unidos en el respaldo al acuerdo suscripto por el presidente Cardoso con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El punto tiene su importancia, pues atañe a zonas de la realidad que, si fuesen mal atendidas, podrían llegar a desencadenar una crisis repentina.
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En efecto, si las tasas se desacomodaran, si el crédito se interrumpiera o si algunos índices económicos se descontrolaran, los perjuicios serían inocultables para el conjunto de la población y se pondrían en peligro muchos de los trabajosos logros obtenidos por la sociedad brasileña en la segunda mitad del siglo XX.
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Afortunadamente, Brasil posee una larga tradición de moderación y sagacidad política. La historia le ha deparado al país hermano, en los sucesivos períodos de su historia, dirigentes con habilidad suficiente para no caer en extremismos perniciosos y para evitar las conmociones sociales. El país supo realizar a tiempo y en forma pacífica sus transformaciones institucionales, al amparo de una arquetípica destreza para tratar los poderes foráneos y para conducir las relaciones internacionales. En el pasado, esa disposición negociadora le ahorró las crueles experiencias de muchos de sus vecinos y lo puso a resguardo de enfrentamientos cruentos y de oscuras tiranías. Esa clásica destreza se mantiene viva.
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Por lo demás, existe hoy en Brasil -como en casi todo el mundo occidental- una definición clarísima y muy fuerte en favor de los valores democráticos, del pluralismo político, del respeto a los derechos y libertades esenciales y del ejercicio organizado del sistema capitalista. Esas coincidencias, sobre las cuales se sustenta el pensamiento político actual, siguen animando a los dirigentes y a las instituciones del Brasil y son la principal carta de triunfo que su pueblo se reservará una vez más, probablemente, en la nueva instancia electoral.

Fuente: Diario La Nación, Buenos Aires - ARGENTINA, del 4 de octubre de 2002.