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Asunto:NoticiasdelCeHu 607/02 - Elecciones brasileñas
Fecha:Viernes, 4 de Octubre, 2002  14:54:43 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

Naturaleza

NCeHu 607/02

 
ELECCIONES BRASILEÑAS
REPERCUSIONES EN LA PRENSA ARGENTINA
Diario Clarín: orientación desarrollista
 
EL EFECTO LULA

Picotazos del aguila imperial
Brasil inicia una era de históricos cambios en la peor coyuntura posible: cuando la potencia imperial declaró la tolerancia cero al disenso. Hipótesis sobre el grado de autonomía, los márgenes de acción y los sacrificios que tendría un Lula en el poder.

Telma Luzzani. DE LA REDACCION DE CLARIN.


 

El mensaje puso en alerta al mundo. Disciplinamiento o castigo fue el mandato implícito que envió el anuncio de George W. Bush sobre la nueva estrategia de seguridad norteamericana. La amenaza se completó con un correctivo ejemplar aplicado a Alemania: el escarmiento que la Casa Blanca usó con su aliado —ofensivas declaraciones y desplantes diplomáticos— fue por no acordar un ataque contra Irak, apenas un minúsculo rechazo en el amplio universo de principios occidentales que sí comparten.

En este clima global de tolerancia cero al disenso, Brasil inicia una nueva etapa de transición democrática. Serán tiempos difíciles para el sucesor de Fernando Henrique Cardoso. Quien gane deberá llegar a un digno acuerdo de libre comercio (ALCA), pilotear los ramalazos del conflicto en Colombia, decidir una política en relación al Mercosur y mantener la autonomía en relación a Washington que logró Cardoso. Si el triunfador es Lula, el esfuerzo será doble porque la embestida de los mercados combinadas con las presiones de EE.UU. se multiplicarán.

El tembladeral de los mercados crece cuando Luiz Inacio da Silva se acerca a la presidencia. Ese comportamiento, dijo la politóloga Anabella Busso a Zona, puede explicarse con palabras de George Soros. En la Roma antigua votaban sólo los romanos y en el mundo globalizado votan sólo los norteamericanos no los brasileños, dijo el financista aludiendo a la capacidad de influencia del sector financiero privado internacional en la vida interna política de otros estados no tan poderosos, recuerda Busso.

Ni con trajes a medida, aura de burgués satisfecho, programas electorales pasados por lavandina y algún acuerdo previo con organismos internacionales, el candidato del Partido de los Trabajadores logra menguar los ataques especulativos. En las tres campañas anteriores de Lula, Estados Unidos mantuvo su postura tradicional de oposición a la instauración de gobiernos de izquierda en América latina —continúa Busso—. La tensión entre Brasil y EE.UU. era ocasionada entonces por las propuestas izquierdistas del PT .

Ahora la tensión es instalada por el sector financiero privado internacional y por el exceso de unilateralismo de la administración Bush, para quien cualquier oposición, por más que esté planteada en términos de mantenerse dentro del liberalismo o de los criterios occidentales, aparece como la postura de un rival, como pasó con Schroeder. ¡Nadie puede pensar que Alemania o Brasil son Estados rivales de EE.UU.! Simplemente pretenden conservar una cuota de autonomía, subrayó Busso.

Aunque desde Washington emitan frases corteses hacia Lula, la maquinaria difamatoria ya está en funcionamiento. Un artículo escrito por Constantine Menges, ex miembro del Consejo de Seguridad de Estados Unidos, en el diario derechista Washington Times comienza así: "Una nueva amenaza terrorista y ataques nucleares pueden venir del eje que forman la Cuba de Fidel Castro, la Venezuela de Hugo Chávez y el Brasil de Luiz Inacio da Silva, todos vinculados a Irak y China". Con datos ciertos utilizados de manera maliciosa, Menges pinta un Brasil rojo-terrorista y pide obviamente una rápida reacción de EE.UU. para evitar que Lula gobierne.

Comparar a Lula con Chávez y a Brasil con Venezuela es tener un enorme desconocimiento sobre Brasil, retrucó el empresario Roberto Teixeira da Costa, cofundador con el ex canciller Luiz Felipe Lampreia del Centro Brasileños de Relaciones Internacionales. Zona lo entrevistó telefónicamente por un estudio que el CEBRI publicó sobre la futura relación con EE.UU. Lula ha tenido actitudes aparentemente hostiles con una administración poco inclinada al diálogo. Pero una cosa es ser aspirante a candidato y otra tener la faja presidencial en el pecho, encuadró Teixeira. Su opinión, que refleja la de gran parte del empresariado brasileño no petista, es que si Lula gana, Bush demostrará apoyo y buena predisposición y que el brasileño no tendrá actitudes poco amistosas.

Mirar la Argentina y ver la impiadosa presión que Washington aplica en forma bilateral o a través de los organismos multilaterales de crédito es por sí mismo preocupante. Cuál es el margen que Lula puede tener para llevar a cabo sus planes o, a la inversa, cuánto tolerará Washington la independencia petista es el gran interrogante. Puede haber roces —admite Teixeira—pero Lula no se va a enfrentar a EE.UU., por ejemplo, por Chávez. Lula tiene muchos defectos pero tonto no es. Y cuando uno está en el poder aprende que hay que saber elegir los amigos y los enemigos. Si uno se pelea con todo el mundo al mismo tiempo dura poco.

Teixeira que se autotituló "un optimista" dijo como quien pasa un mensaje cifrado a los argentinos: no tiene sentido adoptar una actitud pesimista y destructiva, ni hundirse en la falta de confianza en uno mismo cuando se tiene un país con las potencialidades de Brasil. Pero aun así pudo imaginarse un escenario negativo de un eventual gobierno de Lula: que una actitud hostil corte el diálogo con EE.UU. y se instale, como le pasó a la Argentina, la indiferencia entre ambos. Nos diría: Uds. votaron a Lula ahora no vengan a pedir apoyo, dijo.

Para otros expertos no todo será tan llano. Para Juan Gabriel Tokatlián, quienquiera sea el presidente va a haber fuertes tensiones y hasta encontronazos internacionales. El cruce entre la actual arrogancia norteamericana y el deseo de Brasil de jugar un rol más preponderante en la jerarquía internacional será la chispa.

Además Brasil es el país latinoamericano donde más crece el nacionalismo con cada vez más componentes antinorteamericanos, asegura Tokatlián Hay una sociedad que siente que EE.UU. entorpece el desarrollo brasileño, que entorpece su seguridad nacional y su ambición de influencia y esa sociedad exi girá al próximo gobierno una actitud más frontal frente a Washington.

Por su parte, esa antigua y nunca disimulada ambición de liderazgo brasileño mantiene en alerta a la Casa Blanca. En las puertas de un cambio único para Brasil y América latina, cinco escenarios —expuestos del menos al más factible— son los imaginados por Anabella Busso.

El primero sería el más catastrófico: en este escenario la crisis regional se profundiza, arrastra a Brasil y no le deja ninguna posibilidad de liderazgo.

El segundo sería el de autosuficiencia: un Brasil que siente que puede solo y no tiene por qué acarrear con el resto de la crisis regional. Tiene su fundamento en la imagen potente que Brasil tiene de sí, un país-contiente con lengua y cultura propias; un Estado que ha articulado a lo largo de su historia políticas ligadas a su nacionalismo; una clase dirigente orgullosa de su autonomía, creadora de políticas como la exterior de la mano de un modelo de desarrollo. Un Brasil que se siente hermano de India, China y Rusia, gigantes asentados en fuerzas profundas que le dan una sólida identidad internacional, dice Busso.

El tercer escenario sería una alianza privilegiada con EE.UU. opción que Busso descarta transitoriamente a no ser que venga como una imposición. Brasil, después del golpe militar de 1964 tuvo un breve período de alineamiento con EE.UU. Los mismos militares dieron el giro hacia un paradigma independiente. Dudo de que Brasil, y menos aún Lula, piense en volver a eso.

El cuarto escenario sería la decisión de conducir el Cono Sur y si es posible América del Sur desde una condición de liderazgo hegemónico.

El quinto y el que probablemente elegirá Lula sería el de un liderazgo regional de "hegemonía benévola", es decir aquél que toma en cuenta los intereses de los vecinos y que construye consenso a través de un reparto relativamente equitativo de los costos y beneficios que implicaría implementar un proyecto de desarrollo regional autónomo.

En este escenario, Argentina sería un aliado capital. Si es que los avatares del mundo unipolar así lo permiten. Porque cada decisión en política interna como en el campo internacional, cada paso que dé Lula será sobre el doble filo de una realidad que cada vez sea hace más extrema.

Si se decide por la "hegemonía benévola" se alivianará el peso que sienten algunos países de tener una doble hegemonía: la global, ejercida por Washington y la regional a cargo de Brasilia. Pero esta opción es la que menos gusta a la Casa Blanca por la posibilidad, aunque dificultosa, de consolidar un proyecto regional.

En su propio país, si por instinto de supervivencia política, Lula acepta la disciplina económica poco podrá hacer por cumplir con un mayor gasto social. Más tarde o más temprano van a encontrarse con que las dos cosas simultáneamente no pueden hacerse, aseguró Tokatlián. El desafío es si podrá adaptar el modelo a la necesidades, alterar el modelo, o tendrá que sacrificar la democracia y el poder.


Suplemento Zona, del Diario Clarín, Buenos Aires - ARGENTINA, del domingo 29 de setiembre de 2002.