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Asunto:NoticiasdelCeHu 91/06 - Los residuos que arrastra el agua de lluvia tamb ién son tóxicos (Romina Kippes)
Fecha:Martes, 21 de Febrero, 2006  21:27:05 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 91/06

Argentina
 
Los residuos que arrastra el agua de lluvia también son tóxicos
 
Tienen sustancias nocivas y hasta metales pesados, muy perjudiciales para la vida de especies acuáticas y la salud del hombre. Los resultados son parte de un trabajo encarado por la UNL y el INALI. La investigación se realizó en una cuenca urbana experimental.
Romina Kippes (UNL)

Sobre llovido, tóxico: el agua de lluvia no sólo es capaz de arrastrar consigo desperdicios de distinto tipo, sino también sustancias nocivas y hasta metales pesados como el zinc y el plomo, lo que puede poner en riesgo la vida de especies acuáticas, indicaron las conclusiones de un estudio realizado por investigadores y docentes del Instituto Nacional de Limnología (INALI – CONICET-UNL); la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH), dependiente de la Universidad Nacional del Litoral (UNL); y la cátedra de Limnología de la Escuela Superior de Sanidad (Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la UNL).

Los científicos trabajaron en la cuenca urbana experimental Guadalupe Oeste de la ciudad de Santa Fe, en la que se encuentra un reservorio especialmente creado para recibir el agua que llega del lavado de las calles por las precipitaciones, y que luego es derivada a la Laguna Setúbal. Allí tomaron repetidas muestras del líquido, y pudieron comprobar que el nivel de toxicidad aumenta entre el minuto 15 y el 30 de cada tormenta fuerte, y que es más alto cuanto más grandes son las lluvias y cuanto más alternadas se suceden entre sí (si son frecuentes, la toxicidad es menor).

La cuenca elegida tiene otra característica: un alto porcentaje (superior al 50%) de zonas impermeabilizadas, es decir pavimentadas, con lo que los elementos no son retenidos por el suelo sino que escurren fácilmente. “Cuando la cuenca no tiene pavimento, muchos elementos son retenidos por el suelo; si se trata de pavimento se produce un lavado que arrastra consigo residuos cloacales, domésticos, industriales, insecticidas, heces de animales, desechos del lavado de vehículos y edificios: uno no tiene idea de todo lo que se puede acumular en la calle”, indicó la Dra. Susana de Paggi, directora del trabajo.

Qué se encontró

Por lo general la gente no asocia lluvia ni desagüe pluvial con contaminación, “pero en realidad existe”, dijo el Dr. Pablo Collins, quien participó activamente del proyecto y estuvo a cargo de los análisis de toxicidad.

Las muestras recogidas en el reservorio dieron como resultado la presencia de altos valores de metales pesados como zinc –producto del desgaste que ocasionan las cubiertas sobre el pavimento- y plomo, típico de las emisiones de los autos. “Encontramos valores más elevados que los permitidos, aunque esto depende de la cantidad de agua que cae y del tiempo que dure la lluvia”, dijo Collins.

Pero además se hallaron otros elementos que a priori no son considerados tóxicos para las comunidades acuáticas pero que sí lo son en grandes cantidades. “Hay elementos muy usados por las comunidades en pequeñas cantidades, que son aparentemente inofensivos, pero cuando pasan ciertos niveles se vuelven tóxicos”, agregó el científico, como nitratos y amonio. “La presencia de amonio quiere decir que hay procesos de producción y descomposición muy intensos. En el caso concreto de los peces, es tóxico”, manifestó Collins. En el caso del nitrato, puede resultar tóxico cuando excede cierto nivel o cambia de forma.

“En ambientes pobres de oxígeno el nitrato se convierte en nitrito, provocando ambos inconvenientes en la salud humana”, dijeron los investigadores en un trabajo. “Por ejemplo, cuando los bebés son alimentados a leche preparada con agua conteniendo gran cantidad de nitrato ocurre, en un estómago anaeróbico como es el del bebé, la conversión del nitrato en nitrito. Cuando existen altos contenidos de nitrito, éste se liga a la hemoglobina, reduciendo la capacidad de carga de oxígeno, desarrollando el síndrome de bebé azulo metahemoglobianemia”. Además, los investigadores hallaron bajísimos niveles de oxígeno en el reservorio (de 2 a 4 mg por litro, el ideal es 7 u 8), no aptos para la vida acuática.

En la Setúbal

Además de realizar análisis de toxicidad en el reservorio, el proyecto -subsidiado por la UNL- se planteó evaluar la Laguna Setúbal, que es el receptor final de los efluentes, tomando como bioindicadores a los organismos del zooplancton.

Allí los investigadores hicieron muestreos en distintos momentos hidrológicos (es decir, con distintos niveles de agua), en diferentes épocas del año: siete de las muestras se obtuvieron sobre la margen oeste de la laguna, desde el reservorio hasta el Puente Colgante, y otras siete sobre la margen este, menos urbanizada.

“El margen oeste de la laguna tiene un impacto muy grande; contiene otros desagües pluviales, no solamente el que nosotros estudiamos. Allí detectamos un enriquecimiento importante de nutrientes, lo que se traduce en una mayor cantidad de zooplancton si se compara con la costa este. Cuando el nivel del agua es baja y la temperatura alta, observamos la presencia de cianobacterias, que son algas que tienen toxinas. En aguas altas, el efecto se ve bastante diluido”, comentó Paggi.

“Lo que dice la composición de las especies y la densidad de los organismos es que se trata de un lago muy cargado de nutrientes. Las especies que allí viven no son indicadoras de aguas limpias, sino todo lo contrario”, agregó.

Los riesgos

Los reservorios tienen la función biológica y sanitaria de retener el agua de lluvia hasta que –por procesos naturales- muchos de los productos que arrastra se degraden, a fin de mejorar la calidad del agua que finalmente desemboca en la laguna. Pero para que esto se cumpla efectivamente, los reservorios deben estar totalmente aislados, una condición que no se cumple en este caso.

“El reservorio de Guadalupe Oeste se encuentra en un lugar de asentamientos urbanos irregulares, y esto pasa a ser todo un riesgo para la salud: la gente está en contacto directo con el agua, los animales la toman y comen las plantas que crecen en el lugar”, advirtió el investigador. “Conocemos que estos animales son consumidos por sus dueños”, dijo Collins, con todo lo que eso que significa.


Fuente: www.argenpress.info , 21/2/06.