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Asunto:NoticiasdelCeHu 56/06 - "SE ESTÁ DEBATIENDO QUÉ PAÍS VA A SER URUG UAY EN EL FUTURO" (Hernán Scandizzo)
Fecha:Miercoles, 8 de Febrero, 2006  05:44:40 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 56/06


“SE ESTÁ DEBATIENDO QUÉ PAÍS VA A SER URUGUAY EN EL FUTURO”

Hernán Scandizzo

Ricardo Carrere (RC) es integrante del grupo ecologista uruguayo Guayubira, colectivo que fue creado en 1997 para oponerse a las plantaciones de monocultivos de árboles y proteger el monte indígena y que en los últimos años ha sido una de las fuerzas dinamizadoras de la lucha contra la instalación de las plantas de celulosa en la ciudad de Fray Bentos. “Dentro de esos objetivos (iniciales) se metió necesariamente el tema de las plantas de celulosa porque entendemos que su instalación lo que haría sería consolidar y ampliar aún más el modelo forestal que está que está resultando en graves impactos sociales y ambientales”. El jueves visitó Buenos Aires para intervenir en un panel organizado por Asambleas del Pueblo en el Hotel Bauen sobre los impactos negativos de estas industrias.

Antes de emprender la vuelta Carrere habló no sólo de los impactos ambientales que generaría la instalación de las plantas sino también a los que ya se registran en todo el arco político uruguayo. También resaltó la lucha del pueblo de Gualeguaychú, opinó sobre rol jugado por el gobernador entrerriano Jorge Busti, las asignaturas pendientes del movimiento ambientalista argentino y la regionalización de los modelos de saqueo.


- ¿Cómo ha reaccionado al arco político uruguayo en torno a la instalación de las plantas de celulosa? ¿Qué posibilidades de debate y movilización hay actualmente?

RC: La situación ha ido evolucionando, creo yo, desfavorablemente para la gente y el medio ambiente, en el sentido de que estamos hoy en una situación inédita en Uruguay. Se ha convertido aparentemente en una política de Estado el que las plantas de celulosa se instalan sí o sí. Todos los dirigentes del Frente Amplio, todos los ministros, subsecretarios, todos los dirigentes del Partido Nacional, el Partido Colorado, el Partido Independiente se expresan públicamente, diariamente, diciendo cosas a favor de celulosa... en gran medida, falsas.

Y a esto se suma la gran prensa. La televisión prácticamente no nos da acceso nunca. Las principales radios tampoco nos dan cabida, los principales diarios tampoco nos dan cabida.

¿Cuál es la situación en este momento? Que, particularmente en el Frente Amplio, la gente tiene todavía confianza en su dirigencia, en gran medida. Entonces el razonamiento es muy simplista: “Si Tabaré Vázquez dice que las plantas no van a contaminar, yo les creo”. Si mí dirigente, de mí grupo político – llámese (Danilo) Astori (Encuentro Progresista-Frente Amplio-Asamblea Uruguay), llámese José Mujica (Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría) o llámese cualquier otro – dice que no va a contaminar y que va a ser buena... “Yo les creo”.

Pero por otro lado hay sectores de base que tienen muy claro que este tema no es simplemente contaminación o no contaminación, sino que es un tema de modelo de país, que acá lo que se está debatiendo es qué país va a ser Uruguay en el futuro.. Y están generando grandes dudas en esos sectores del Frente. Por un lado, porque ven cerradas las posibilidades de debate de este tema. Este tema no se debate públicamente y por disciplina partidaria, las discrepancias no salen afuera. Pero por otro lado ven que esto es un continuismo de lo que hicieron los colorados y los blancos en los gobiernos anteriores. Un continuismo en el modelo de país que venía funcionando hasta entonces y que parece depender de la apertura a la inversión extranjera y de un modelo exportador de productos básicamente primarios. Por eso insisto que no son papeleras, son plantas de celulosa, que hoy en día es una commodity, o sea, es una materia prima que se exportaría en base a la explotación de nuestros recursos naturales que son el suelo, el agua, la flora y la fauna.

Esto ha impedido que haya un debate, sin embargo hay una gran oposición dentro de Uruguay mismo a la instalación de estas plantas porque gente que está a cientos de kilómetros de donde se instalarían - y que en teoría no van a recibir esa contaminación, ni siquiera el olor - está militando activamente en contra. Justamente por eso, por el debate que no se está dando públicamente, pero lo que existe en el fondo es: “¿qué modelo de país queremos?”.


- En las poblaciones locales cómo se está vive este tema. ¿Qué niveles de participación y movilización hay? ¿Y también qué niveles de intervención estatal y de las empresas hay?

RC: A nivel local es donde está más difícil la situación, donde aparentemente hay más apoyo a las plantas de celulosa. Han sido sometidos, en Fray Bentos en particular, a un bombardeo de mentiras. Se les ha asegurado que esto va a generar miles de empleos, que va a generar riqueza, que no va a tener ningún impacto ambiental, que olor... puede que haya algún día... pero que no va a impactar sobre el turismo, que la contaminación no va a existir.

Y en particular las dos empresas han tenido un papel muy activo en esto. Están permanentemente haciendo donaciones a organizaciones locales, a las escuelas, haciendo fiestas para los niños, haciendo campañas publicitarias de todo tipo - incluso con carritos con parlantes -, apoyando directamente una organización supuestamente de desocupados que en realidad es (una organización) para apoyar a la empresa. Han llevado gente a Finlandia a hacer turismo, con la excusa de mostrarle su planta de celulosa. Han llevado a intendentes del interior a Finlandia. Ambas empresas han hecho una enorme inversión para captarse a la opinión pública y en gran medida lo han logrado. A lo cual se agrega todo el apoyo del gobierno, incluso recientemente se dio una cosa aún inédita, en Fray Bentos se realizó el Congreso de Intendentes para que los 19 intendentes de todo el país también apoyaran las plantas de celulosa.

Antes de salir para acá, vi ya la última, el colmo. Una sacerdotiza del culto Jemanjá, de Mercedes, salió en televisión, en el informativo central, apoyando las plantas de celulosa. Están recurriendo a todos los medios posibles y haciendo una enorme inversión de dinero para ganarse, captarse, la opinión pública.

En ciudades más cercanas es un situación distinta. En Mercedes hay una gran oposición, en particular en la gente de izquierda, que es la que está presionando a sus dirigentes y que ha logrado, en parte, influenciar en el tema forestal, pero no en el tema plantas de celulosa, todavía.

La situación actual es muy difícil porque justamente el momento que se generan empleos realmente es este, cuando se empiezan a construir las plantas. Entonces Botnia en este momento está teniendo un impacto, con el inicio de la construcción de la planta, sobre el empleo. Hoy sí hay empleos, hay sectores que se están beneficiando: los restoranes, los hoteles, quienes venden casas, los que alquilan casas. Hay una serie de personas que se están beneficiando hoy y que piensan que esto va a seguir. Cuando nosotros sabemos que esto dura mientras dura la construcción de las plantas, una vez terminada los empleos que generan son mínimos y no son para la gente de la zona, y se pierden empleos en los sectores que hoy generan, como el turístico.


- ¿Cómo está jugando la confrontación con las autoridades argentinas?

RC: Ahí estás en una situación bastante extraña en el sentido de que el presidente de Uruguay ha dicho públicamente: “No nos vamos a dejar patotear”. Una expresión que rara vez usa un presidente en el Uruguay, la usó... Y yo entiendo que es al revés, que Uruguay está patoteando a Argentina, que en la comisión binacional que se creó Uruguay no dio su brazo a torcer en ningún momento. Incluso le negó información a la delegación argentina y mientras estaba negociando en esa comisión binacional seguía construyendo la planta de Botnia. Es decir, es absurdo, si se está negociando, de alguna manera que pida a la empresa que suspenda la obra hasta tanto se resuelva el conflicto.

Se está dando una situación de hecho consumado, de decirle, de demostrarle a los argentinos que digan lo que digan, hagan lo que hagan, seguimos construyendo. Y la chimenea en particular, que es simbólica, sigue creciendo a ojos de los argentinos que, obviamente del otro lado, no le gusta nada. Es una forma de meterles el dedo donde ya se sabe.

Entonces es una situación muy extraña en la cual Uruguay - que en gran medida depende mucho de Argentina económicamente y es un socio del Mercosur - está ignorando totalmente los reclamos de Argentina, que pienso que son legítimos. Uruguay está en falta porque desconoció el Tratado del Río Uruguay, nunca consultó a la contraparte Argentina, nunca le informó correctamente y hasta el día de hoy sigue sin informarla correctamente.


- Miembros del Guayubira visitaron plantas de celulosa en diferentes países, incluso viajaste a Finlandia. ¿Qué vieron en torno a las plantas de producción de pulpa de celulosa cuando visitaron esos lugares?

RC: Visitamos como Guayubira la planta de celulosa de Aracruz Celulosa frente a Porto Alegre, la planta de Aracruz Celulosa en el Cabo de Espíritu Santo, plantas de dos empresas SAPPI y Mondi en Sudáfrica, UPM en Tailandia, Arauco en Misiones, Arauco en Valdivia, Chile. Todas estas plantas que menciono tienen el mismo sistema que se plantea para las dos de Uruguay, son plantas modernas. Públicamente dijo un empresario finlandés que vendió la maquinaria para la planta de Valdivia: “Esta es la última tecnología finlandesa”.

Todas esas plantas usan el sistema con dióxido de cloro para el blanqueo, como en las que se piensan instalar en Uruguay, se han caracterizado ya en la práctica – no en la teoría – por dos cosas: que tienen olor, que llega muy lejos, que es muy fuerte, que es muy desagradable; y que todas contaminan. Entonces, eso nos está diciendo algo.

Cuando quisieron instalar la planta en Valdivia los empresarios juraron y perjuraron que no iba a contaminar, que no iba a tener olor, que no iba a impactar. El resultado: mataron a todos los cisnes de cuello negro de una reserva de naturaleza que había en la zona, que era un gran atractivo turístico y dejaron sin recursos a miles de personas que dependían de eso. No solamente murieron los cisnes sino que se mandó carne de cisnes a Estados Unidos para ser analizada y allí se descubrió que tenían dioxinas. Esto es muy importantes porque las empresas que se van a instalar en Uruguay, y estas otras que mencioné, juran y perjuran que este sistema no produce dioxinas. La dioxina es un elemento muy tóxico, es cancerígeno, es persistente en el ambiente, tarda años en degradarse. Esto está demostrando que mienten descaradamente.

Todas esas plantas que mencioné tienen olor muy fuerte, muy desagradable, que llega muy lejos. En el caso de la planta de Arauco, está a 54 km de la ciudad de Valdivia, y hay uno o dos días por semana que la gente de Valdivia no puede ni respirar por el olor... a 54 km de distancia. En Fray Bentos estamos hablando de 4 km una y 11 km la otra, y Gualeguaychú está a unos veinte y pico de kilómetros. Dentro del área esa también está la ciudad de Mercedes, la ciudad de Dolores y una serie de pueblos en la provincia de Entre Ríos.

O sea que están mintiendo, el impacto va a existir porque existe en todas estas otras plantas.


- Si desde el gobierno se está negando el impacto ambiental... en lo económico ¿qué beneficios le dejan a estas plantas al Uruguay?

RC: Yo pienso que no deja ninguno, lo que deja es los grandes números. Por ejemplo, se dice: “La inversión de Botnia es de 1.200 millones de dólares, la inversión más grande en la historia del país”. Y eso aparece después en los números de la macroeconomía, hace crecer todo el resto de los números. En realidad, y dicho por un consultor de la propia empresa en la audiencia pública, de esos 1.200 millones, lo que llega a Uruguay es el 20%. Esto es un gran negocio para los países que producen la maquinaria, sirve al desarrollo de Finlandia y Suecia, en particular, y de otros países que producen parte de las maquinarias.


- ¿Esto tiene que ver también con la transferencia de tecnología sucia a los países del Sur?

RC: No necesariamente sucia... El gran negocio es la transferencia de la maquinaria y la tecnología, porque eso sí genera empleo y genera riqueza en los países que la producen. Acá lo que llega, insisto, es el 20% de eso (la inversión), que básicamente es para construir, remover la tierra, para la chimenea y para alguna otra cosa. Lo demás viene ya armado.

Las dos plantas se instalarían en zona franca, o sea, el Estado no recibiría ni un solo peso por impuestos, cero. Generarían 300 empleos y hablan de miles de empleos indirectos que en gran medida son inventos. Entonces, ¿al país qué le dejan? Y al país creo que no le dejan absolutamente nada más que esos grandes números y durante dos años un movimiento económico importante y una importante generación de empleos en la zona mientras se construyen las plantas. Después se vuelve una situación peor, como ha pasado cada vez que hay un mega proyecto, como pasó, por ejemplo, en el caso de la represa de Salto Grande, donde después de un boom económico viene una cantidad de problemas sociales con toda la gente que queda desocupada y la diferencia que existe entre la gente que se enriqueció mucho y la gente que se empobreció mucho.

Entonces, después de dos años empiezan a aparecer los problemas que hoy no existen en Fray Bentos. Fray Bentos hoy es una ciudad tranquila, una de las pocas ciudades tranquilas del país, que no tiene zonas marginales, prácticamente creo que es la única. Bueno, eso se va a transformar totalmente, eso va a generar... va a aparecer problemas sociales graves, prostitución... ni que hablar, va a crecer, la violencia va a crecer. Una cantidad de cosas vinculadas a la llegada de miles de trabajadores, en su mayoría hombres solteros, que ya están generando cambios muy importantes en la vida de Fray Bentos y que después que termina la construcción, queden desempleados, la empresa la dice: “Muchas gracias. Se acabó”, pero no le va a resolver el problema y se van a agravar los problemas sociales.

El país yo creo que con esto no gana nada más allá de los grandes números, que van a aumentar las exportaciones, pero que la ganancia de las exportaciones va a ser para las empresas, el Estado no va a recibir ni un impuesto.


- ¿Te genera alguna expectativa intervención la Corte Internacional de La Haya para dirimir el conflicto binacional?

RC: No, creo que esto es una jugada política de (Jorge) Busti para darle un entierro de lujo a las manifestaciones del pueblo de Entre Ríos. Yo creo que lo que está teniendo impacto realmente son esas manifestaciones de este pueblo, que en Uruguay se las muestra como ambientalistas, como si todo el pueblo de Gualeguaychú fueran ambientalistas. La palabra ambientalista tiene connotación negativa en Uruguay, como defensores de pajaritos que no les importan los empleos.

Lo que ha generado una situación real, de tensión, han sido las manifestaciones del pueblo de Entre Ríos y el corte de los puentes. Ha llegado un momento que a Busti se lo está presionado desde le gobierno central para que resuelva el tema este y creo yo que es la salida que ha encontrado, que es elegante: “Vamos a suspender esto que es ilegal y vamos a usar un camino legal, que es la Corte Internacional de La Haya”. Creo que es una jugada política que tiene peso, sí, diplomáticamente, pero que no es ninguna salida. La Corte Internacional de La Haya no tiene nada que ver con estos temas, para empezar, y segundo, tomar una decisión le puede llevar 20 años, cuando las plantas ya estén construidas y ya perimidas. Entonces creo que eso no es una salida.


- Al principio decías que la instalación de estas plantas consolidan un modelo de producción en Uruguay. Hace algún tiempo la semillera Syngenta refirió en su publicidad a la República de la Soja, que comprendía a Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina. ¿Con estas plantas no se está instalando un modelo de República de la Celulosa?

RC: Estas grandes empresas ya no piensan en término de países piensan en término de regiones. Entonces, no es Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay, la República Sojera abarca parte de todos esos países, toda una región sojera. Lo mismo pasa con el tema de la celulosa. Por ejemplo Stora-Enso - empresa sueco finlandesa que ya se instaló en Brasil, en el Estado de Bahía - tiene un plan, y muestra el mapa, de una parte de Río Grande do Sul, de Paraguay, Argentina y Uruguay como la región que va a desarrollar celulosa. Plantas de celulosa en Brasil, planta de celulosa en Uruguay... plantaciones en toda la región y quizá planta de celulosa en Argentina.

Ya no piensan en término de países piensan en términos: “¿Dónde es la zona del mundo donde podemos hacer esto? ¿Dónde tenemos recursos? Tierra para plantar los árboles que crezcan rápido y el agua suficiente para las plantas de celulosa”. Y después se ponen a conseguir el apoyo de los gobiernos locales o nacionales, pero en particular, a esta altura, los locales. Stora-Enso, por ejemplo, llega a Uruguay y se conecta con los intendentes de dos departamentos donde piensa instalarse y genera una tensión entre los dos departamentos para ver dónde se instala. Lo mismo hace en el sur de Brasil, va a la ciudad de Pelotas, va a la ciudad de Bagé y busca apoyos locales y después los apoyos locales le generan el apoyo nacional.

Creo que tanto en la soja como en esto es un modelo de apropiación de recursos por parte de grandes transnacionales que son las que, en definitiva, nos gobiernan. Uruguay está sometido, como los demás países, a lo que quieren las transnacionales. Monsanto, Syngenta dicen “soja”, va soja. Uruguay ahora tiene 300 mil has. de soja, para el tamaño de Uruguay es enorme, y la soja es lo más destructivo que hay... las plantaciones de eucaliptus lo mismo.

Una cosa que no está clara en el debate este de las plantas de celulosa es que Argentina no tiene una posición unánime sobre esto. La provincia de Misiones es pro celulosa, quisiera tener más plantas y más plantaciones. En la provincia de Misiones, esto no lo saben los argentinos en general, el 8% del territorio de Misiones es propiedad de una empresa chilena (Alto Paraná / Arauco), tiene un poder político brutal a nivel local. La provincia de Corrientes quisiera que las plantas de celulosa se instalaran en Corrientes y no en Fray Bentos... y por lo menos quiere que se instalen en Fray Bentos para dar salida a la madera que tiene en sus plantaciones. Entonces, hay toda una situación de gobiernos locales que quieren este modelo y que lo publicitan.


- Justamente Busti está en esa misma línea pero ante la coyuntura intentó ponerse al frente de las movilizaciones para conservar su poder político.

RC: En la provincia de Entre Ríos desde hace años se viene haciendo el Congreso Forestal, allí está la gran industria de la celulosa y la gran industria plantadora. Entre Ríos tiene una tradición muy larga de apoyo a este tipo de cosas, por eso digo que es el pueblo de Gualeguaychú es el que ha generado toda esta situación política y no Busti, ni siquiera el intendente de Gualeguaychú, que se puso a la cabeza – también – porque la gente lo puso allí arriba. Y Busti se tuvo que subir necesariamente.

Yo creo que hay algo en que el movimiento ambientalista argentino está en falta y es el argumento que se usa en Uruguay con razón: “Los argentinos se preocupan por la contaminación de dos plantas que no existen y no se preocupan de 7 o 10 plantas que sí existen sobre el río Paraná”. Entonces hago un llamamiento al movimiento ambientalista argentino que retome la lucha – porque sí se luchó –, por ejemplo, contra la planta en Capitán Bermúdez de Celulosa Argentina, que hoy es propiedad de una empresa uruguaya. Fanapel de Uruguay – que contaminó toda la vida en Uruguay – también contamina en Argentina.


- El ‘imperialismo uruguayo’...

RC: El imperialismo uruguayo...

Fanapel compró dos plantas de Celulosa Argentina. Arauco en Misiones contamina. Dos empresas más en Misiones... una contamina terriblemente, que es una empresa totalmente obsoleta que habría que hacer un llamamiento a cerrarla ya y obligar a todas las plantas a usar una tecnología mucho más limpia, la que sí existe.

En eso yo creo que está en falta el movimiento ambientalista argentino, sería tiempo de decir: “No queremos contaminación ni en el río Uruguay ni en el río Paraná. Hagamos un frente común con este tema”, que persiguieran ese cambio políticamente sería un gran apoyo para nosotros.