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Asunto:NoticiasdelCeHu 1351/05 - CALIDAD DE VIDA URBANA EN CIUDADES INTERMEDIAS DE LATINOAMERICA
Fecha:Viernes, 14 de Octubre, 2005  00:26:19 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 1351/05
 

ABSTRACT

CALIDAD DE VIDA URBANA EN CIUDADES INTERMEDIAS DE LATINOAMERICA.

EL CASO DE LA CIUDAD DE RESISTENCIA A PRINCIPIOS DEL 2000.

 

 

Alejandra Helena Torre Geraldi

Aníbal Marcelo Mignone

Fernando Ariel Bonfanti

Instituto de Investigaciones Geohistóricas- Conicet y Departamento de Geografía- UNNE.

torregeraldi@bib.unne - amignone@bib.unne.edu.ar –fernandobonfanti@yahoo.com.ar

 

Los altos índices de urbanización son característicos de América Latina, destacándose en este proceso el crecimiento de las llamadas ciudades intermedias Sin embargo, en muchas de estas ciudades Latinoamericanas, el acceso a los servicios presenta similares dificultades por la escasa extensión de los mismos, la calidad deficiente debido a la falta mantenimiento o de modernización en los sistemas de provisión, que afectan fundamentalmente a los sectores más pobres y las áreas periurbanas de reciente ocupación.

En la ciudad de Resistencia el proceso de expansión urbana genera una serie de situaciones provechosas como el emplazamiento de servicios, concentración de mercados de consumo, etc. Sin embargo, existen factores negativos, vinculados con el tamaño del área central y su poder concentrador, así como los problemas asociados al crecimiento y deterioro del medio urbano Esto último se relaciona especialmente con la vivienda y el espacio físico. En este sentido, el precio más notorio que debe pagar la ciudad es la formación de una población marginal y submarginal, a menudo en los niveles de subsistencia. Estos núcleos o grupos sociales de menores ingresos ocupan terrenos en la periferia de las ciudades, con viviendas precarias, problemas de abastecimiento y asistencia de servicios básicos.

De acuerdo a las situaciones mencionadas anteriormente, este trabajo pretende analizar los problemas ambientales que existen en el área central de la ciudad de Resistencia y de las zonas periféricas del mismo, todo ello como producto del proceso de urbanización. Asimismo, se pretende reconocer el real impacto que esos problemas producen sobre el hábitat urbano y sobre la calidad de vida de la población.

 


 


CALIDAD DE VIDA URBANA EN CIUDADES INTERMEDIAS DE LATINOAMERICA. EL CASO DE LA CIUDAD DE RESISTENCIA A PRINCIPIOS DEL 2000

 

 

Alejandra Helena Torre Geraldi

Aníbal Marcelo Mignone

Fernando Ariel Bonfanti

Instituto de Investigaciones Geohistóricas- Conicet y Departamento de Geografía- UNNE.

ageraldi@bib.unne.edu.ar - amignone@bib.unne.edu.ar –fernandobonfanti@yahoo.com.ar

 

1- Introducción

Urbanización significa la existencia de ciudades como unidades localizadas que presentan una alta concentración de personas con modos de vida primariamente no agrarios. Pero aún más, urbanización significa el proceso de cambio desde una estructura celular, desconectada, hacia un sistema integrado e interdependiente en el cual el modo urbano penetra "cada esfera de la vida personal y colectiva" (Hawley, 1971, en Meichtry, 1998).

La urbanización genera una serie de situaciones provechosas como el emplazamiento de actividades industriales y de servicios, concentración de mercados de consumo, acceso a los servicios, etc. Sin embargo, existen factores negativos, vinculados con el tamaño de los centros y su poder concentrador, los problemas asociados al crecimiento y deterioro del medio urbano (Foschiatti de Dell’ Orto, 1995). Esto último se relaciona especialmente con la vivienda y el espacio físico. En este sentido, el precio más notorio que deben pagar las ciudades es la formación de una población marginal y submarginal, a menudo en los niveles de subsistencia. Estos núcleos o grupos sociales de menores ingresos ocupan terrenos en la periferia de las ciudades, a la espera de su “valorización urbana” (Villa 1980, en Caillou y Cusa 1997), con viviendas precarias, problemas de abastecimiento y asistencia de servicios básicos y dinámicos.

El crecimiento experimentado por las ciudades constituye uno de los hechos más notables de la sociedad actual. En el ámbito mundial, cada vez más población se concentra en las ciudades, aumentando no solamente el número de habitantes residiendo en centros urbanos, sino que también ha crecido el número de localidades y el de grandes aglomeraciones. Diz y Findling (en Fernández y Guzman Ramos, 2000) señalan que el incremento mundial medio es del 6%, sin embargo en los países que presentan una cierta evolución en sus economías, este porcentaje de crecimiento se duplica.

Los altos índices de urbanización son una característica de América Latina, destacándose en este proceso el crecimiento de las llamadas ciudades intermedias. Estas aglomeraciones de tamaño intermedio (Vapñarsky, 1990) han manifestado en el transcurso de la segunda mitad del siglo XX, un ritmo de crecimiento vertiginoso, especialmente como consecuencia de la constante migración desde áreas rurales hacia espacios urbanizados con la finalidad de acceder a nuevos puestos de trabajo, mejores servicios y una buena calidad de vida. Sin embargo, en muchas de estas ciudades Latinoamericanas, el acceso a los servicios de calidad presenta similares dificultades por la escasa extensión de los servicios, la calidad deficiente debido a la falta mantenimiento o de modernización en los sistemas de provisión, que afectan fundamentalmente a los sectores más pobres y las áreas urbanas y periurbanas de reciente ocupación.

Actualmente, está comprobado que las condiciones del ambiente se encuentran entre los factores más importantes que inciden en el estado de salud de los grupos humanos. Los problemas medioambientales afectan la estructura fisiológica de los individuos y generan distintas sintomatologías de acuerdo al medio en el cuál se desenvuelven los diferentes grupos de población.

En la República Argentina, muchas ciudades intermedias manifiestan graves problemas ambientales. Especialmente, con el proceso de urbanización la aglomeración de personas en espacios reducidos, el incremento de las industrias, de los medios de transporte y servicios, provocaron alteraciones en el paisaje urbano que se tradujeron en cambios en las condiciones del hábitat individual y trastornos en el organismo.

La mayor preocupación es la desigualdad que existe entre los diferentes grupos expuestos a los riesgos por el entorno ambiental en el cual conviven. En las áreas urbanas las condiciones de vulnerabilidad son diferentes entre los distintos estratos económicos y entre los grupos localizados en áreas periféricas con respecto a las llamadas áreas centrales. Ambos sectores manifiestan problemas que alteran el metabolismo urbano, aunque los más resentidos son los sectores periféricos.

Las capitales provinciales presentan estas características, las que deberían ser resueltas en un período corto de tiempo, puesto que su ineficiencia determina un aporte al desorden urbano y atenta contra la convivencia poblacional, fomentando la aparición de movimientos sociales que luchan por derechos que les corresponden y que en ocasiones derivan en actos de violencia ante la imposibilidad de los entes reguladores de brindarles servicios adecuados que permitan el mantenimiento de la calidad de vida de habitantes.

De acuerdo a las situaciones mencionadas anteriormente, este trabajo pretende analizar los problemas ambientales que existen en el área central de la ciudad de Resistencia y de las zonas periféricas del mismo, todo ello como producto del proceso de urbanización. Asimismo, se pretende reconocer el real impacto que esos problemas producen sobre el hábitat urbano y sobre la calidad de vida de la población.

Las fuentes de información fueron los datos de las encuestas aplicadas en el casco central de la ciudad, mediante la observación directa (sin necesidad de entrevistas obligatorias) elaborado en el marco la cátedra Seminario de Geografía Regional; y se utilizaron los registros censales obtenidos de los trabajos hechos por Mignone (2003), y Meichtry y Mignone (2001) en un total de 13 asentamientos espontáneos surgidos en el último decenio, con un total de 380 encuestas.

Como fuentes secundarias se recurrieron al aporte bibliográfico y a consultas en diarios locales, donde se analizaban los problemas provocados por la expansión acelerada de la ciudad. Asimismo, fueron entrevistados especialistas de diferentes organismos públicos y entidades no gubernamentales encargados de analizar las condiciones del medio ambiente en el Gran Resistencia.

 

 

2- El sitio y la situación de Resistencia

La ciudad de Resistencia, goza de una excelente situación regional, asegurada por la concentración de vías de transporte, que posibilitan el cumplimiento de sus funciones básicas y consolida su condición de capital regional sobre un área suficientemente extensa y compleja.

La instalación de Resistencia en el sitio actual, se realizó a partir del trazado de un plano en damero a medio rumbo mensurado en 1875; este plano original está delimitado por lo que son actualmente las avenidas Las Heras- Velez Sarsfield, Castelli- Alvear; Hernandarias- Ávalos y Lavalle- Laprida, que conforman el llamado casco central o céntrico (ver gráfico Nº 1). El sector urbanizado se encuentra circunscrito al norte con el río Negro, al sur con el riacho Arazá, mientras que al este ofician como límites las localidades de Barranqueras y Vilelas y al oeste el municipio de Fontana. Con estas tres últimas (por continuidad y contigüidad del espacio edificado) la ciudad forma el conglomerado conocido como Gran Resistencia, con un peso poblacional que supera los 370.000 habitantes (Censo Nacional de Población y Vivienda 2001).

El casco central o distrito central es el área de la ciudad que nuclea el mayor número de actividades administrativas, culturales, financieras, comerciales y de servicios. La alta concentración de equipamientos en este sector ha determinado que la misma tenga también, una fuerte gravitación sobre los restantes municipios que componen el Gran Resistencia. La gran dependencia de este centro para la accesibilidad diaria y las grandes distancias, fomentan en gran medida la utilización de los vehículos a motor para los desplazamientos, que por las deficiencias de la infraestructura vial dificultan el desplazamiento, haciendo asimismo lento y conflictivo la movilidad dentro del sector, y provocando alteraciones en el estacionamiento. Esta multifuncionalidad produce (en la medida de falta de control y planes que regulen sus usos) un desequilibrio y deterioro de las calidades ambientales debido a su densificación.

A principios de 1970, el sector central de Resistencia contenía más del 60% de la población total de la ciudad, período a partir del cual se aceleró la expansión urbana al norte y sur del casco céntrico, especialmente porque se ocuparon los espacios libres en el centro. Surgió entonces la necesidad y el impulso de ocupar nuevos terrenos hacia la periferia con función residencial.

Este crecimiento vertiginoso de propagación significó una desarticulación espacial, provocando falencias en la distribución de los servicios e insuficiencias en las áreas periféricas (Foschiatti de Dell ‘Orto, 1992). Respecto a esto último el proceso de expansión del área urbanizada, particularmente acentuado en los últimos años, ha intensificado la diferencia existente con respecto a la extensión espacial de los servicios urbanos básicos, que a su vez, sirven áreas desiguales por cuanto la provisión de dichos servicios depende de organismos estatales de diversas categorías y recursos (Bolsi y Bruniard, 1974:4-5); así existen áreas donde solamente llega el agua potable, por lo general por medio de una canilla pública que debe abastecer a sectores donde la población supera las 400 personas.

Los habitantes se ocupan de obtener solamente el agua para consumo personal en envases que adolecen de la higiene necesaria. Estos conjuntos y especialmente los niños, se transforman en grupos potenciales para el contagio de enfermedades como la diarrea, gastroenteritis, tifus, afecciones de la piel y oculares, además de la posibilidad de asimilar las bacterias y parásitos en las aguas de consumo. A esto se suma la falta del líquido para la realización de la higiene personal y de los utensilios y productos para consumo.

Asimismo, solamente el 43% de los hogares del Gran Resistencia[1] (especialmente el casco céntrico y algunos barrios planificados) tiene acceso a la red cloacal, mientras el resto recurre a conexiones clandestinas y a pozos ciegos para la descarga de los retretes o inodoros.

Este marcado desequilibrio espacial acentúa la congestión de la construcción en las áreas mejor servidas de nuestra ciudad, donde se concentra la población de mayores recursos y, en contrapartida, en la expansión hacia la periferia de frentes pioneros constituidos por sectores de medios de vida más limitados.

Las sucesivas etapas de crecimiento asociadas a la consolidación y posterior diversificación de sus funciones regionales prolongaron los ejes del damero inicial hasta superar finalmente dichas fronteras y conformar un perímetro de desarrollo irregular, que evidencia la gran expansión de los últimos años y el actual dinamismo de la edificación urbana.

Si bien el ordenamiento general de las construcciones urbanas ha seguido las líneas maestras de la cuadrícula original, existen en la ciudad sectores de parcelamiento y “amanzanamiento” que contradicen dicha norma; en efecto, los sectores residenciales planificados y los de ocupación espontánea con viviendas precarias en tierras fiscales y privadas, constituyen núcleos discordantes localizados preferentemente en la periferia urbana.

En la última década, el crecimiento del espacio urbanizado operó según tres mecanismos principales: el más importante de ellos fue el de los asentamientos espontáneos, acompañados por los barrios planificados[2] y la construcción de edificios en torre en la zona céntrica. Muchos de los edificios alteran las condiciones microclimáticas de los espacios aledaños, porque fueron (y son) construidos sin un previo estudio sobre el impacto ambiental de los mismos.

La ocupación espontánea de los terrenos (asentamientos ilegales o informales) y los barrios planificados ampliaron los límites de la ciudad, en los sectores norte y sur, hacia lugares desfavorables, especialmente con problemas de contaminación[3].

La instalación de los asentamientos espontáneos, está usualmente en relación con los terrenos y sus condiciones ambientales, además de considerar la proximidad a las vías de circulación. Algunas de las áreas ocupadas en el norte del municipio de Resistencia se encuentran dentro del valle de inundación del río Negro, en terrenos bajos y anegadizos[4]. Otros núcleos se asentaron entre el noroeste del río Negro y el este de la ruta nacional Nº 11, localización que si bien presenta características desfavorables en cuanto al sitio, contrapone excelentes condiciones de accesibilidad en términos de cercanía al casco céntrico.

 

 

3- Diagnóstico del municipio

En lo que respecta al paisaje urbano de Resistencia, se pueden destacar la interacción de diversos factores que intervinieron en el proceso de ocupación espacial y de las condiciones ambientales.

La ciudad se encuentra emplazada en una vasta llanura con alteraciones topográficas prácticamente imperceptibles que cuenta con la presencia de fuentes de agua de tipo lagunar y ríos que se transforman en desagües naturales de dicho espacio. Ubicada en la margen derecha y en gran medida en el lecho mayor o terraza de inundación del río Paraná, se ve afectada por crecientes periódicas de distintas magnitudes, que vuelven vulnerables a la ciudad e influyen en el modo de vida de la población. A excepción del sector céntrico y el sudoeste de la ciudad, el resto de los terrenos son bajos e inundables, con proliferación de lagunas remanentes de los desplazamientos del río Negro, muchas de las cuales han sido rellenadas y ocupadas sin tener en cuenta su valor como reservorio natural o como parte del sistema de escurrimiento (Foschiatti de Dell' Orto, 1991:6).

El área urbanizada presenta dos terrazas diferenciadas, una baja y pantanosa, hasta la cota 49 en el SE y otra más elevada con cotas de más de 50 metros sobre el nivel del mar en el NW, ambas salpicadas de gran cantidad de lagunas semilunares, y en proceso de lenta extinción.

Hacia 1880, las lagunas ocupaban gran parte de la superficie del ejido, las cuales se transformaban en desagües pluviales naturales. Para principios del siglo XX, sufrieron un acelerado proceso de rellenamiento para el ulterior emplazamiento del Ferrocarril Santa Fe y el Belgrano, y a su vez para la obtención de una mayor superficie con destino a la localización y construcción de viviendas particulares a partir de la parcelación y venta de dichos terrenos. Por lo tanto, fueron reemplazadas las vías naturales de drenaje por canales y conductos impermeables, mientras que las depresiones naturales que funcionaban como retardadores del flujo, fueron (y continúan siendo) rellenadas y edificaron sobre las mismas. Esto genera actualmente, un retraso en la infiltración de las aguas, provocando un aumento del volumen total de escurrimiento superficial y de la frecuencia con que se producen las inundaciones urbanas.

La red de desagües pluviales del sector norte de la ciudad fue diseñada integrando el sistema artificial de lagunas; las mismas funcionan como reservorios donde descargan los conductos y zanjas que transportan la precipitación en exceso, para luego descargar por gravedad o por bombeo, de acuerdo con el equipamiento existente en cada caso (Bianucci, 1992). Lamentablemente, muchas de estas lagunas, reciben el aporte de un importante número de conexiones clandestinas, construidas por los propios vecinos y sin control por parte de las autoridades municipales.

Por otra parte, en el sector sur se realizó el entubamiento del riacho Arazá, transformándose en un canal a cielo abierto que recepciona los efluentes del sector sur-suroeste. Asimismo, un kilómetro más al sur se localiza otro canal de descarga, el cual se encuentra completamente cubierto de malezas y no cumple con las funciones para el cuál fue construido. Además, se debe sumar la obstrucción del escurrimiento del agua por ausencia de control sobre las alcantarillas que colocan los particulares (en los accesos vehiculares de las calles de tierra), sin respetar las ordenanzas correspondientes. Como resultado, el escurrimiento pluvial se produce en forma lenta, lo cual genera anegamientos de calles y provoca trastornos en el tránsito y dificultades en los hogares de los vecinos.

La falta de decisión política para priorizar las tareas de limpieza y acondicionamiento del sistema de desagües, respetando un plan de trabajo que aproveche los períodos del año con escasas precipitaciones, conduce a trabajos desordenados y atención de los reclamos puntuales al momento de producirse el anegamiento de las calles. Todo esto ocasiona pérdidas de tiempo y dinero por falta de rendimiento de equipos y de personal.

Se considera que la gestión de los residuos es uno de los principales problemas ambientales que presenta la ciudad, después de las inundaciones. La cantidad de residuos que cada ciudadano genera, está reflejando el grado de despilfarro de alimentos, materias primas o recursos naturales del cuál son responsables todos los grupos sociales.

Asimismo, una de las actividades que aún no se han potenciado, es el reciclaje de los residuos, como una de las alternativas de solución. En la actualidad la mayor parte de los residuos producidos en la urbe son trasladados y depositados en el “vertedero” municipal que se localiza en el sur de la ciudad, donde no reciben ninguna clase de tratamiento. Especialmente, los desechos orgánicos son consumidos por parte de la población de bajos recursos, mientras que algunos de los elementos de descarte son vendidos en los mercados informales (denominados “chacaritas”).

Por otra parte, la buena calidad del aire es considerado otro factor importante para disfrutar de una adecuada calidad de vida en la ciudad y de un medio ambiente saludable. La opinión pública, considera que la principal causa del ruido en Resistencia es el tráfico vehicular, los locales comerciales y las propagandas móviles. Además existen otros focos de emisión puntuales como son los locales bailables, dispersos por el entramado urbano.

El ciudadano percibe el tráfico como uno de los aspectos principales a mejorar en la ciudad. Dentro del tipo de medidas que deberían adoptarse para solucionar el tema, se destacan aquellas que favorezcan las alternativas al vehículo privado. En cuanto a las medidas dirigidas a mejorar el uso del automóvil, la más productiva es el incremento del número de playas de estacionamiento.

Asimismo, se debe mencionar que la mayoría de la vías de la ciudad se encuentran habilitadas al tránsito, pero existen aproximadamente 80 Km. de calles pavimentadas y 360 Km. de calles de tierra (Municipalidad de Resistencia, 1995), implicando un gran costo operativo de mantenimiento para éstas últimas y el progresivo abandono, dado el contexto de crisis económica actual. El progresivo deterioro de las calles sin pavimento fomenta la preferencia de las circulaciones por las calles pavimentadas, su sobrecarga y consecuente ralentización de la transitabilidad y la accesibilidad al área central de la ciudad, incrementando los costos de la movilidad; y determinando también la pérdida de la eficiencia del sistema vial con infraestructura adecuada y aumentando la posibilidad de conflictos y accidentes de tránsito (Borges y Scornik, 2003)

En nuestra ciudad, la contaminación atmosférica fundamentalmente es producto de las emisiones de los gases contaminantes originados por la combustión interna de los hidrocarburos con alto contenido de plomo. Como se mencionara anteriormente, el objetivo de una política de transporte sostenible debe ser reducir el uso del coche particular; por ello se debería diseñar una estrategia de transporte de la cual resulte más cómodo y rentable para el ciudadano a poder utilizar otros medios alternativos y menos contaminantes, como la bicicleta o el transporte público.

La carencia de árboles en los sectores que concentran las actividades centrales, la pérdida paulatina de los centros de manzana forestados y las alturas de los edificios en torre atenúan las óptimas características microclimáticas y modifican los vientos en velocidad y temperatura.

El centro es la única área que cuenta con todos los servicios de infraestructura, aunque algunos servicios presentan ya deterioros. La falta de alternativas de nuevas áreas residenciales provocó el crecimiento en forma “vertical” por la acción del sector privado que contribuyó a la desordenada y especulativa situación urbana.

Es importante, también, que se apliquen en mayor medida criterios ambientales como aquellos que tienen en cuenta el microclima del lugar[5], orientación de los edificios con respecto al sol, aprovechamiento de la iluminación y ventilación natural y utilización de materiales resilentes y energías renovables.

 

 

4- Calidad de vida en el casco céntrico de Resistencia

El casco céntrico tiene cuatro kilómetros de lado, y posee en su centro una plaza central de cuatro hectáreas, a partir de la cual parten las avenidas 25 de Mayo, Alberdi, 9 de Julio y Sarmiento, que dan origen a las restantes calles de la ciudad.

El casco céntrico de nuestra ciudad, altamente densificado, debería contar como se mencionó en el párrafo anterior con los más eficientes servicios urbanos, desde alcantarillados pluviales, servicios de cloacas, recolección diaria de residuos, etc.

El noroeste del casco céntrico, circunscripto entre las avenidas Lavalle, Sarmiento, Alberdi, Alvear, Hernandarias y Ávalos, estuvo hasta mediados del siglo XX, ocupado en algunos sectores por lagunas que posteriormente han sido rellenadas. Estos espacios lagunares, que tuvieron un período de colmatación y nivelación, fueron utilizados para la construcción edilicia. Las mismas en la actualidad, al igual que sus habitantes, sufren las consecuencias de ese rellenamiento, no solo porque las edificaciones han comenzado a presentar fisuras en toda su estructura, sino que también al desaparecer los espejos de agua también se interrumpió la posibilidad de escurrimiento de las aguas pluviales en forma natural; para compensar esta situación se han construido desagües pluviales de poca capacidad y nulo mantenimiento[6], es así que en los períodos de lluvias mas del 50% de espacio padece de inundaciones crónicas, que generan pérdidas materiales y atentan contra la seguridad de los habitantes que circulan caminado en los sectores anegados con el riesgo de ser absorbidos por las bocas de tormentas, que por el exceso de presión provoca el salto de sus tapas; u otros desagües que no poseen sus correspondientes protecciones.

A su vez la falta de concientización de los habitantes sumado al ineficiente servicio de recolección de residuos influye en esta situación, en primer lugar la población no respeta el horario de recolección de los mismos, los cuales se encuentran a merced de animales y personas de muy bajos recursos, sumado a que en muchas ocasiones los desechos son depositados en el suelo debido a la ausencia de los cestos correspondientes, en especial en las áreas comerciales. Esta situación, además de contribuir al taponamiento de desagües, deriva en malos olores y en una vista poco agradable para los residentes. Lo mismo ocurre con el derrame de aguas servidas que cotidianamente son eliminadas del interior de los inmuebles, ya sea su origen de baldeo o cloacal en las zonas que no se ven beneficiadas por este servicio, o en aquellos espacios donde existen las instalaciones centrales, pero los residentes no realizan las correspondientes conexiones, es por esta razón que el 30% de las cuadras se ven afectadas por esta situación. Esto contribuye a determinar focos infecciosos y generar espacios topofóbicos debido a los olores nauseabundos de esos lugares.

Otro aspecto que es necesario mencionar es la elevada congestión vehicular, desde móviles particulares hasta vehículos de gran porte[7] que circulan sobre las avenidas y que alteran la vida diaria de la población, tanto física como psíquicamente, debido a la emanación de gases y los ruidos molestos que generan los mismos. A su vez los espacios verdes, que deberían contribuir a la purificación local del aire, cada vez son menores al igual que los árboles que se asientan en los parterres, los mismos son extraídos debido a que dificultan, especialmente en áreas comerciales, la visibilidad de carteles y marquesinas.

Existe también la presencia de los transformadores de alta tensión que crean campos electromagnéticos. La comunidad científica no ha llegado a ningún consenso en cuanto a las respuestas biológicas negativas específicas sobre las corrientes electromagnéticas, pero algunos estudios sugieren que los mismos producen contaminación por electromagnetismo (Rosa, 1996). Asimismo, el PCB se utiliza como aislante y refrigerante para los equipos transformadores. El PCB está considerado como un producto altamente contaminante (es uno de los 15 tóxicos más potentes del mundo), que puede infiltrarse en las napas subterráneas y en el aire.

El policloruro de bifenilo (PCB) aparece relacionado con un número importante de enfermedades cancerígenas, problemas óseos y renales, y de acuerdo a ciertos informes, las personas que viven o trabajan próximas a estos transformadores corren más riesgo de contraer alguna de estas afecciones (Organización Panamericana de la Salud, 2000). Ante esta situación la población se encuentra en constante “lucha” para lograr la eliminación de los mismos o el reemplazo de otra estructura que no posea consecuencias nocivas para la salud humana.

Los cestos de residuos son otros elementos importantes para el estudio del medio ambiente, puesto que su presencia es de necesaria importancia para el mantenimiento de la higiene urbana. Se ha determinado que aproximadamente poco más del 50% de las parcelas poseen contenedores, coincidiendo con el espacio de uso de suelo residencial, mientras que en los inmuebles que tienen destino comercial o administrativo, por lo general no se observa la presencia de los mismos. Es por ello que la eliminación de residuos en estos sectores dan un aspecto caótico al ambiente y colaboran en la obstrucción de los desagües receptores de agua.

Por otra parte relevamiento de información concerniente a los espacios verdes determinó que la presencia de los mismos disminuye en zonas comerciales antes mencionadas, allí son eliminados con el fin de evitar la obstrucción visual de carteles y vidrieras.

Dos elementos que también se tuvieron en cuenta fueron los ruidos molestos y el deterioro visual, el primero está relacionado con aquellos sonidos que perturban la tranquilidad física y mental de los habitantes en áreas residenciales, tales como bocinas, ruidos provenientes de talleres mecánicos y de construcciones, La contaminación acústica también es importante en las  zonas comerciales, debido al congestionamiento de tránsito, a la publicidad callejera a través de alto parlantes móviles, por la música de algunos locales de venta, etc.; También se originan sobre las avenidas que empalman con las rutas de acceso a la ciudad, a causa de la circulación permanente de camiones de gran porte y colectivos de líneas urbanas e interurbanas, que se constituyen en las principales fuentes móviles generadoras de ruidos molestos.

 

 

5- Condiciones ambientales de las áreas periféricas de Resistencia

El entorno de la ciudad de Resistencia está formado por una gran cantidad de barrios y villas que presentan importantes problemas ambientales. La existencia de un amplio basural municipal (no muy alejado de zonas urbanizadas), como así también de otros basurales dispersos por el municipio y la contaminación del agua en muchas lagunas, cuyos bordes están ocupados, contribuyen a un deterioro en la calidad de vida.

El caso particular del basural a cielo abierto constituye un foco de contaminación, e inconscientemente favorece el crecimiento poblacional de virus, bacterias, hongos, roedores e insectos. Si a esto le sumamos la gran cantidad de personas que permanecen en el predio realizando una separación informal de las basuras, como así también los animales porcinos y vacunos que se alimentan de restos, provocan una situación ambiental sumamente crítica en el área y en su entorno.

Por otra parte, la contaminación acuática es otro de los problemas ambientales que caracterizan a la ciudad de Resistencia, ocasionando un deterioro en casi todos los elementos del sistema fluvio-lacustre del área. La contaminación proviene en su mayoría de la descarga, en forma clandestina, de líquidos cloacales y del arrojo de residuos de origen doméstico sobre algunas lagunas del borde norte y nordeste y al río Negro. Existe entonces un potencial caldo de cultivo que puede llegar a producir enfermedades como salmonellas, cólera y hepatitis A, en especial en las temporadas estivales, cuando estas fuentes de agua son utilizadas por los niños de estos barrios como área de esparcimiento.

Con respecto a los residuos también se puede mencionar, de acuerdo a las inquietudes de los vecinos, que en la mayoría de los asentamientos no se recolecta la basura o su recolección es muy irregular, lo que genera grandes depósitos de desperdicios acumulados y transforma el área en una potencial fuente generadora de enfermedades parasitarias, bacterianas y virósicas.

La provisión de servicios básicos no acompañó al crecimiento de estos sectores de la ciudad. Una necesidad vital como el agua presenta dificultades en su servicio, desde la colocación de cañerías domiciliarias hasta la canilla pública para el asentamiento, o incluso el aprovisionamiento con tanques municipales. La provisión de agua potable, como se mencionara anteriormente, se realiza por medio de canillas públicas, que en muchos casos la población dispone cada 100 o 200 metros. En otras situaciones recurren a los complejos habitacionales para obtenerla. Esto es una muestra de deficiencias de infraestructura, porque el crecimiento urbano no fue acompañado por el incremento en el trazado de la red de agua potable

Asimismo, un número importante de los asentamientos informales de la ciudad utiliza el sistema de pozo ciego para la descarga del retrete o inodoro ante la ausencia de desagües cloacales que atraviesen los barrios. Esto es comprensible si se considera que el servicio de cloacas en la ciudad sólo alcanza a cubrir un 33% de los hogares capitalinos (Administración Provincial del Agua, 2003), limitado al casco céntrico y a los barrios planificados.

En promedio, en los asentamientos espontáneos, existe un 75% de las viviendas con baño construido en el terreno en condiciones precarias; mientras que los grupos restantes deben utilizar las "instalaciones" de los amigos o vecinos, acrecentando las condiciones de insalubridad; y pudiendo favorecer la aparición de gastroenteritis y parásitos intestinales, entre otras enfermedades.

Desde fines de la década del 70, con la creación del Fo.Na.Vi.[8](Fondo Nacional para la Vivienda), aumentó la articulación del estado con los capitales de empresas constructoras y con los dueños de grandes extensiones de tierras urbanizables. Se edificó en terrenos de bajo costo y alejados del casco céntrico (Benítez, 1999), especialmente en el sector norte y sur-sureste. Como ejemplos se pueden mencionar los barrios de Villa Río Negro y Golf Club, sin protección ante el avance periódico de las aguas del río Negro. En realidad, los conjuntos habitacionales no han modificado el tipo de urbanidad que promueven y continúan siendo concebidos como simples unidades de habitación bajo los parámetros del funcionalismo moderno (Rozé, 2000). Además, esta forma de planificación se restringió durante la década del 90, por las ordenanzas establecidas en el ámbito municipal que exigen un conjunto de trabajos previos para autorizar la venta de los inmuebles.

 

 

6- La gestión ambiental en la ciudad

La Gestión Ambiental Urbana está compuesta por los mecanismos, procedimientos, acciones de gobierno y gestión dentro de una ciudad, que se distinguen por incorporar conductas dirigidas a mejorar el ambiente, articuladas o ajustadas a las tendencias de crecimiento urbano y al desarrollo local sostenible. Este proceso de articulación y ajuste es un requisito fundamental para que la gestión ambiental urbana sea factible y ejecutable. En nuestro caso particular, el municipio de Resistencia debe tratar de establecer permanentemente mecanismos que posibiliten acuerdos entre distintos actores, que en su interacción con el medio ambiente operen desde distintos espacios urbanos y expresen por lo tanto una variedad de intereses, expectativas y conductas.

En este sentido, la propuesta de Gestión Ambiental, acoge el proceso de planificación y gestión considerado como un proceso de revisión de los distintos ámbitos y sistemas de nuestra ciudad, a fin de proponer planes de acción a corto, mediano y largo plazo, para solucionar problemas socioambientales, encaminando así la función de habitar un espacio sustentable.

Si la ciudad es gestionada con este enfoque, alcanzará no sin esfuerzo previo, consensos entre los diferentes actores urbanos que estén dispuestos a cooperar, provocando que los resultados de la acción sean apreciados con nitidez por la multiplicación de sus impactos, generando al mismo tiempo certezas de que se está defendiendo la ciudad frente a futuros colapsos que afectarían a todos sin distinción. El principal recurso son las propias personas, por lo tanto no interesa cuántas instituciones u organismos se crean o se convocan para la generación de una acción, sino la calidad de los recursos humanos que la ejecutan.

Es por eso que se puede hablar de Mecanismos de Participación Ciudadana, para fomentar la participación de la sociedad, pero no referida a un solo individuo, sino a un conjunto de personas que se involucren en el diseño de un “objeto” del cual serán destinatarios, directa (pobladores, comunidad) o indirectamente (instituciones no gubernamentales, otros), siendo ellos mismos los actores sociales que identifiquen algunos de los problemas ambientales que perjudican al municipio.

Las actividades claves de intervención deben realizarse con la presencia de ciudadanos, miembros de ONGs, de la municipalidad y del gobierno en forma participativa, tanto en la determinación de problemas como en la búsqueda de soluciones. Esto se llevará a cabo con reuniones o mesas de debates, información y difusión medioambiental, jornadas temáticas, talleres y cursos de capacitación, así como un contacto directo, fluido y permanente (asistencia técnica) en la ejecución de las tareas en el campo.

 

 

7- Conclusiones parciales con propuestas ambientales

A principios del siglo XXI, se puede mencionar que en las ciudades Latinoamericanas que se encuentran en constante crecimiento siempre debe existir el estudio y posterior actualización de los datos correspondientes a la calidad de vida de la población y la situación ambiental del entorno urbano. En el caso de la ciudad de Resistencia, más exactamente en el casco céntrico, no existen estudios previos (por ejemplo) sobre la aplicación de diferentes indicadores ambientales relacionados con el nivel sanitario y la accesibilidad de los habitantes a los medios de comunicación. Entonces, para alcanzar una mejor calidad ambiental de vida, se deben elaborar una serie de indicadores a fin de contar con datos reales que permitan evaluar las condiciones socioambientales del medio urbano, con el fin de generar respuestas concretas a los diversos conflictos. Estas variables también permitirán establecer prioridades al momento de solucionar las dificultades generadas por una expansión urbana cada vez más acelerada.

Se hace imperativo superar las visiones sectoriales en la ejecución de las políticas ambientales y su integración en una planificación estratégica flexible para aprovechar integralmente las políticas referidas a privilegiar el bienestar social del ciudadano. En este sentido, la creación de modelos alternativos de desarrollo urbano con fuerte presencia de la variable ambiental, que abandone el crecimiento económico desde su actual consideración de consumo y producción con sus inevitables secuelas de pobreza y marginación, se hace ineludible, apostando por la transformación del gasto social en inversión social y del medio ambiente.

El núcleo histórico o casco céntrico de nuestra ciudad presenta varios problemas que deben ser atendidos en forma casi inmediata, sobre todo si se desea materializar conceptos como “calidad de vida” y “desarrollo sustentable”.

Los aspectos a tener en cuenta son: a) las aguas servidas, b) tratamiento de los residuos domiciliarios, c) falta de espacios verdes y arbolado urbano, d) ruidos molestos y tráfico vehicular, y e) anegamiento de zonas céntricas por mal funcionamiento de desagües pluviales.

Creemos que es importante realizar un reordenamiento en el manejo actual de las aguas pluviales, puesto que el taponamiento de las alcantarillas, a causa de la falta de conciencia de la población que arroja cualquier tipo de desperdicio a la calle, produce el desborde de dichos sistemas, dejando como consecuencia la inundación de vastos sectores céntricos en los períodos de lluvia.

Esta situación, además de constituir un foco de contaminación, deriva en una vista poco agradable para los ciudadanos. Lo mismo ocurre con el derrame de aguas servidas, que contribuyen a determinar focos infecciosos y espacios con malos olores.

Otro aspecto que es necesario mencionar es la elevada congestión vehicular, especialmente en las avenidas y que altera la vida diaria de la población, tanto física como psíquicamente, debido a la emanación de gases y los ruidos molestos que generan los mismos. A su vez los espacios verdes, que deberían contribuir a la purificación local del aire, cada vez son menores.

Es importante el control del sistema de recolección de residuos, especialmente en áreas periféricas, con el fin de comprobar el correcto funcionamiento de los diferentes tramos de la red así como para controlar el tiempo de llenado de los diferentes contenedores. En el sector central, la recolección debe realizarse todos los días, y en las zonas periféricas (mínimamente) debe tener tres frecuencias semanales.

El área de medio ambiente de la municipalidad de Resistencia, debe trabajar en la definición de unas directrices que marquen las líneas de actuación tendentes a mejorar la situación de los parques urbanos: “2 de febrero” y “Ávalos” localizados en el norte de la ciudad. En este sentido, los aspectos tratados deberían ser la búsqueda y la elección de especies que precisen de un mínimo mantenimiento, así como la adecuación del diseño a una gestión más racional de los mismos.

Similares actividades deben desarrollarse en las principales plazas de la ciudad, así como controlar al accionar de los vecinos sobre las especies vegetales.

Es importante realizar un diagnóstico de la situación actual de la utilización de la bicicleta en la ciudad mediante la caracterización y valoración de las infraestructuras ciclistas existentes y del uso, actual y potencial de las mismas.

A partir de la información obtenida, se puede señalar que la ciudad requiere un inmediato reordenamiento de los servicios básicos que brindan a sus habitantes, no sólo la Municipalidad sino también otras empresas del Estado provincial que brindan el suministro de agua y energía en la ciudad.

Las ordenanzas municipales vigentes en la actualidad, e insertas en el Código de Planeamiento Urbano, el Código de Tránsito, y la Carta Orgánica no son cumplidas ni controladas por el ente regulador. Para su cumplimiento debe existir una reeducación ambiental para la concientización de los habitantes, donde los organismos educativos provinciales y nacionales (Universidad) deberían trabajar con proyectos que permitan la formación ecológica de los mismos.

Existe en Resistencia, un importante número de edificios con alto valor patrimonial, actualmente degradados. Sería bueno implementar una política de revalorización de dichas construcciones a fin de recuperar sus valores esenciales y con ello la identidad urbana.

Por último, la elaboración de una Agenda 21 Local permitiría crear un marco normativo y un plan estratégico de acción con el objeto de alcanzar el Desarrollo Sustentable mejorando las condiciones sociales y ambientales a través de procesos orientados a mejorar el medio ambiente y la calidad de vida de la población urbana.

 

 

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Fuentes Estadísticas

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Encuesta Permanente de Hogares: Períodos Mayo 2000- Mayo 2003



Gráfico Nº 1



[1] Censo Nacional de Población y Vivienda 2001.

[2] La construcción de los conjuntos habitacionales planificados ha modificado la tradicional concentración de los servicios urbanos en el centro de la ciudad e incrementado notablemente las densidades internas de las misma y los movimientos diarios centro-periferia.

[3] Algunos asentamientos se localizan próximos a lagunas de oxidación que se encuentran en el sur de la ciudad.

[4] A partir de 1997, con la resolución 326/97 (aplicación de la línea de ribera del río Negro) y la 1111/98 (restricciones al uso del suelo sobre la ribera del río Paraná), se establece que los espacios colindantes a las lagunas y a los ríos mencionados deben ser utilizados únicamente como áreas de recreación y no con fines residenciales. Esta reglamentación hasta el momento no fue cumplida, porque la población de los asentamientos se niega a abandonar sus moradas y por el alto costo que significa reinstalar a un gran número de habitantes que se hallan próximos a las zonas inundables.

[5] El bajo calor específico de los materiales de los edificios y pavimentos provoca que sus superficies se vuelvan muchos más calientes, en comparación con el área rural (Durán y Lara, 1992:21)

[6] Los desagües que interceptan las aguas pluviales, poco eficientes por su escaso poder receptivo, se localizan en las esquinas de cada cuadra correspondiente a las zonas de avenidas, oscilando entre uno y como máximo dos alcantarillados cada 100 metros, mientras tanto las calles de una sola mano por lo general no presentan ningún desagüe.

[7] Colectivos, camines con acoplados, etc.

[8] Su objetivo es supervisar las actividades que desarrollan y ejecutan los Institutos de Vivienda Provinciales.

 

Ponencia presentada en el Séptimo Encuentro Internacional Humboldt. Villa de Merlo, San Luis – Argentina. Setiembre de 2005.