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Asunto:NoticiasdelCeHu 1327/05 - De los territorios a las hambrunas y la entrepie rna (Eduardo Pérsico)
Fecha:Domingo, 9 de Octubre, 2005  10:40:25 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 1327/05

 
España
De los territorios a las hambrunas y la entrepierna

Eduardo Pérsico
08/10/2005

Si atendemos a los diarios contando los estragos que se producen en España, principalmente en Melilla, por la incansable irrupción de los africanos a su territorio, se nos ocurre que poco se dice qué origina éste y el resto de los conflictos de nuestra historia cotidiana: el hambre. Algo que al menos la FAO, esa entidad internacional que estudia las cuestiones de la alimentación en el mundo, parece tener bien computado en octubre del 2005 al informar que la capacidad mundial en la producción de alimentos alcanzaría para alimentar bien a doce mil millones de habitantes, cuando en el planeta somos un tercio menos a esa cantidad. Un dato más que irónico, por decir algo suave, que nos recuerda a don Enrique Jardiel Poncela cuando pronunciara “hay dos sistemas para conseguir la felicidad; uno haciéndose el idiota, y el otro, siéndolo”. Y esta certera calificación nos acerca al conflicto de las migraciones desde Africa que no son preocupación excluyente de los españoles sino de Europa en general, ya que los sectores más consumistas del continente europeo integran cierta uniformidad conceptual que le imponen el ritmo y en algún modo condiciones a las democracias sociales gobernantes con la típica exigencia de usar políticas más “valientes” ante la llegada de tantos africanos al territorio. Esa burguesía bienitencionada pero “envuelta en los armiños de su ignorancia y su fatuidad” – hemos leído alguna vez- recurre a lo jurídico invocando protocolos y compromisos como si esos papeles marcaran para siempre los destinos de la humanidad, cuando sin andar muy lejos la historia de la especie humana podría explicarse íntegramente a través de las migraciones por hambre. Sencillamente eso, tan recurrente no sólo a las eternas pretensiones jerárquicas de los españoles ante los africanos negros, sino para todos los grupos étnicos, raciales o políticos de Europa que debieron huir de sus sitios naturales acuciados por la hambruna. Y en América Latina bien conocemos esos traslados de ida y vuelta que sin llegar al antes de 1492, nuestra historia portuaria registra el aluvión de hambrientos llegados desde fines del siglo diecinueve hasta la mitad del siglo veinte. Los datos estadísticos serían abrumadores y elijo, en mi caso, la memoria personal: “esos vienen corridos por el hambre” era común en Buenos Aires a principios de siglo, -ver textos de ese tiempo- y fue frase repetida en mi barrio por los años que llegaba el peronismo en la Argentina, 1940/50. Antes de aquello, en 1889 arribaron a la Argentina mis abuelos paternos, italianos de la Basilicata miserable donde comían raíces, referían ellos, y por 1903 llegaron al Hotel de los Inmigrantes desde Irún o Hendaya, de por ahí pero entraron como franceses, mis abuelos maternos. Vascos hambreados en su lugar de origen, desilusionados y semianalfabetos como la mayoría de las multitudes que bajaron de los barcos al puerto de Buenos Aires. Y así las cosas, más los familiares de los familiares de los familiares que vinieron igual y por conocimiento visceral y directo nos releva de más explicaciones, nosotros los latinoamericanos o “sudacas bien comprendemos que el hambre no perdona; y como el ser humano antes que nada es una especie, -perdón señoras- al igual que otros seres vivos tiene el mandato de alimentarse y aparearse. Eso es esencial, primordial, sustancial, inevitable o según se nos antoje anoticiar de esto a quienes recitan los compromisos estúpidos que se discuten estos días en la televisión europea. ¿De qué habla esa gente tan lejos de lo esencial? ¿No leyeron que sobraría comida para alimentar a la humanidad? Porque más cuerdo y hasta elegante sería ahorrarse los rostros patéticos ante las cámaras y cada tanto arriesgar alguna sensatez más acorde a esta altura de la historia, - que no es solitariamente la historia de los países ricos, industrializados y voraces de la riqueza ajena- y empezar a cuestionar algo, apenas, un poquito al menos, al sistema cerradamente capitalista y brutal que engendra legislaciones y compromisos de inalienables límites nacionales, tradiciones, colores de piel y otras fortuitas complicaciones. Porque volvamos a lo anterior, la historia de la humanidad puede explicarse por las guerras, las injusticias y las migraciones por hambre, con más facilidad que con tanta erudición jurisprudencial, eso es muy fácil probarlo, pero si expulsamos del debate a quienes no entienden porque no han leído a Miguel de Cervantes o no vieron “Las Meninas” de Velázquez, es porque en lo sustantivo no buscan ninguna solución eficaz sino ponerle remiendos a la historia, cuando el hambre no tiene nacionalidades, límites ni “culturas” que lo resuelvan. De pensar con más limpieza intelectual y menos xenofobia, racismos y taradeces que ningún país ni grupo del planeta puede enarbolar seriamente, la solución quedaría más cerca, todavía nos debemos tantas masacres que ocultamos, nos dijimos una noche en un bar de Ceuta tres o cuatro “sudacas” y unos entrañables españoles queriendo explicarnos la atrocidad soportada en América latina con el Plan Cóndor impuesto por los Estados Unidos usando el brazo asesino de los militares nativos. Y uno de ellos, el Fede Cozar, hincha del Rayo Vallecano, levantó su vaso, otra vez, y nos dijo “por ustedes y por nosotros, los españoles, que aún no explicamos porqué seguimos torturando a los toros”. Y al menos, nos reímos.

En síntesis, el 5 de octubre del 2005 en Melilla siguieron los incidentes sangrientos por el “no te metas en mi casa sin mi permiso” que ocurre más seguido cada día no sólo ahí sino en el resto del mundo que come habitualmente, y desde aquí les mandamos una noticia, (nada inaugural): dejen de alegrarse cuando se hunde una patera porque desde el fondo inmortal de la historia, entre los europeos, asiáticos, americanos más lo blancos negros amarillos y multicolores fugadores del hambre, los hambrientos no solamente saltan los alambrados sino que también se pasan por la entrepierna, -en Buenos Aires, por el forro de las pelotas- toda disposición jurídica artificial a la condición esencial de la especie. Algo que nos remite otra vez a las dos variantes de la idiotez dichas por el inteligente y divertido Enrique Jardiel Poncela, y aconseja pensar en serio.



 Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, publicó cinco libros de cuentos, seis novelas, algún poemario y la tesis 'Lunfardo en el Tango y la Poética Popular'. Nació en Banfield y vive en Lanús, provincia de Buenos Aires, Argentina.

Fuente: www.argenpress.info .