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Asunto:NoticiasdelCeHu 1299/05 - Turismo rural y ecoturismo: dos modelos opuestos
Fecha:Viernes, 7 de Octubre, 2005  01:16:51 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 1299/05
 
 

Turismo rural y ecoturismo: dos modelos opuestos

                                                                                             

Alfredo César Dachary

                                                                                              Stella Maris Arnaiz Burne

            “...No pensamos en las grandes praderas abiertas, las hermosas colinas y serpenteantes arroyos como salvajes. Sólo para el hombre blanco era la naturaleza salvaje y sólo para él estaba la tierra infestada de animales y gentes salvajes. Para nosotros era dócil. La tierra era generosa y estábamos rodeados de la bendición del Gran Misterio…”

                                               Standing Bear Luther. Jefe Siux

Introducción

La disyuntiva entre ecoturismo o turismo rural podría parecer, a primera vista, una polémica teórica dentro de los estudios del turismo. Sin embargo, la hemos introducido en el debate porque creemos que detrás de estas dos topologías hay problemas de fondo que vinculan al nuevo orden global con el turismo.

Visto desde la geografía de América, las diferencias parecerían ser de forma, pero al compararlo con las experiencias europeas el cuadro se complica, lo que se expresa en una visión muy diferente entre los autores, respecto a las dimensiones y profundidades de ambas tipologías.

En principio y, como hipótesis guía, encontramos que hay dos universos diferenciados con sus tipologías dominantes: el mundo desarrollado con el turismo rural y la periferia con el ecoturismo.

Así tenemos que en Europa, el turismo alternativo desarrollado en el mundo rural se define como turismo rural, porque la base del mismo es este universo particular como una expresión cultural.

En el caso de los países periféricos domina el ecoturismo, ya que el turismo en el mundo rural se comienza a desarrollar separado del paisaje rural, entendido con éste a su gente, dando más importancia al paisaje natural.

Se trata de buscar dentro del subdesarrollo la naturaleza salvaje, la cual está asociada a zonas deprimidas, las cuales se pretenden conservar tomando al ecoturismo como un modelo que permite por un lado no alterar la misma, dejando migajas a la población, buena intención pero cargada de un paternalismo patronal.

 Esta visión colonialista de que los dueños de la tierra, el paisaje y el ambiente, en general, requieren de nuevos tutores y guías para saber como protegerla, era un paradigma conocido en América y en África, ya que correspondía al orden del colonialismo.

La recolonización que realizan los países centrales tratando de apropiarse de la biodiversidad y sus diferentes formas de uso, como del paisaje para la industria del ocio, nos recuerdan a los conquistadores, saqueadores natos de todo lo que creían que tenía valor.

Junto a ellos, como los nuevos sacerdotes de una religión que hoy domina el mundo desarrollado, aparecen los viejos ecologistas, hoy los reciclados ambientalistas, predicando y haciendo de los recursos naturales un gran negocio, que termina destruyendo a las comunidades nativas en el mar de la sociedad del consumo.

 De su anterior situación a la miseria hay pocos pasos dentro del capitalismo, donde socialmente recibirán la triple segregación, la primera  por ser nativos del país, la segunda por ser indígenas y además pobres en dinero, y la tercera, porque perdieron el control de su capital natural que lo explotan los nuevos conquistadores; ésta es la ruta del nuevos Potosí de los latinoamericanos del turismo ecológico.

De los paisajes de la belleza a la geografía de la pobreza

¿Cuáles son los lugares que los ecovisitantes denominan puros o minimamente alterados? ¿Dónde están? ¿Vive gente en los mismos, y si es así, quiénes viven  y por qué están allí?

Las grandes cadenas de montañas son el último refugio de los habitantes originales de nuestra América, lo mismo que las selvas o los grandes humedales, allí donde el valor de la tierra es menor para la explotación agropecuaria, y es allí donde  se han refugiado los pueblos originarios.

Es la última frontera, ya que no quedaba otro lugar para seguir huyendo de la avaricia de tierras y mano de obra semi-esclava que exigían primero los conquistadores, luego los colonizadores.

Todas esas riquezas naturales son el botín de los nuevos descubridores, que en posición de redentores quieren enseñar, lo que en sus países nunca pudieron hacer, a quienes han aprendido a vivir con la naturaleza sin extorsionarla ni destruirla, en una simbiosis tan completa y misteriosa que no pueden desaparecer las selvas sin que con ella también desaparezcan sus habitantes y culturas (Anderson et al. 1989).

Para Salau, un representante de la nación Masai en la defensa de sus recursos naturales, sostiene que lo que vemos es un “eco colonialismo”, ya que los recursos se usan para el disfrute de los que vienen de los países centrales y en poco o nada beneficia a las poblaciones originarias.

Él mismo da como ejemplo, el caso de la central geotérmica de Olkarai en Kenia, que abastece del 5% de la energía del país, de los 500 empleados sólo ocupa 5 masai, el pueblo originario al cual se expropió el recurso (Salau 2004).

Sesenta  años antes, los ingleses despojaron al pueblo Masai de miles de hectáreas, 70% de sus tierras, para crear el parque Masai Mara y luego varias reservas más, las cuales primero fueron cotos de caza y luego reservas para safaris fotográficos, ambos los antecedentes del ecoturismo (Chávez 1999).

Allí sobreviven hoy los masai en una situación de marginación, alquilándose  para que les tomen una foto, y cercano a ellos están los modernos ecolodge, orgullo del ecoturismo de alto nivel, una síntesis real de la relación asimétrica entre el  norte y el sur.

Esta trágica situación generada en la época del colonialismo y continuada en la era postcolonial llevó a Shinana Ole Moinga, un jefe Masai, a afirmar que, “...el mundo debería venir aquí, para aprender de los Masai, la forma de conservar la tierra. Venid y ved que hay árboles y vacas, hay vida salvaje. No deben venir aquí y decir que nos están organizando…” (Parques y personas 2004).

Los conservacionistas primero y, los ecoturistas después, creen como se creyó en la conquista, de que hay “áreas salvajes”, lo cual es falso porque la gran mayoría del planeta ha sido habitado en diferentes épocas por distintos pueblos. Por otra parte ¿qué es lo salvaje?

Lo de las zonas salvajes y el mensaje de salvación de la naturaleza es en realidad una artimaña que utilizan los financistas de los conservacionistas y ecologistas, para los planes de asimilación forzosa de los pueblos que intentan sobrevivir a su manera, ésta es la última estrategia para expandir las fronteras del capitalismo a todos los rincones del mundo y hacer de todo lo existente una mercancía para este mundo del mercado.

Los ejemplos abundan, y en su gran mayoría son historias donde los únicos perjudicados son la población local, como es el caso en Sri Lanka del pueblo Wanniya – Laeto, que vivían en una zona boscosa del centro del país de la caza y la recolección.

En 1983, el gobierno a instancia de los conservacionistas, de las grandes organizaciones mundiales, creó el Parque Nacional Madura Oya, y con ello se obligó a este pueblo milenario a una doble revolución en el momento, de nómadas a asentados y de recolectores a agricultores de arroz, lo cual terminó en que este pueblo quedó viviendo en la miseria, y el parque es muy visitado por los turistas del primer mundo, los que hoy pueden disfrutar unos ecosistemas manejados racionalmente por siglos por los “salvajes”.

En Tailandia, a fin de promover el turismo y la conservación de la naturaleza, los organismos internacionales le dieron al país un crédito de 300 millones de dólares, cuyo objetivo era  mejorar caminos, hacer baños en ruta para los turistas, señalamientos bilingües y algunos proyectos ecoturísticos.

Con estos fondos se quiso integrar 15,000 pueblos que representaban 700,000 personas al turismo de la naturaleza, a una agricultura más moderna y otros atractivos, que dejaron endeudado al país, con mínimos resultados y en la mayoría de los casos, el rechazo de la población (Pleumaron 2003).

En América Latina se repitieron los mismos casos con iguales resultados. Así tenemos que a finales de los 80’s y comienzos de los 90’s del siglo pasado, o sea, quince años atrás, la mortandad de Yanomani se repite como al comienzo de los años 50’s con la llegada de los grupos blancos al Amazonas a fin de buscar recursos para explotar.

            Son, entre otros, las expediciones de Venezuela que llegan por aire a marcar la frontera y son la vanguardia de los futuros ecoturistas de aventuras. En esa época, la mortalidad por contagio de enfermedades desconocidas se elevó, los científicos estudiaron la zona y dejaron tras de sí la huella de la mortalidad.

            Todas las expediciones de FUNDAFACI, Fundación creada por Cecilia Matos, la compañera sentimental del presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, abrieron el camino para la ocupación y explotación de los recursos bióticos y luego paisajísticos de la nación Yanomani, dejando un legado de enfermedades, muerte y grandes impactos en la cultura local (Tierney 2002).

            Así, los espacios naturales menos contaminados, los denominados “salvajes” entran a un nuevo mercado, el del turismo por un lado y, por el otro, está el saqueo de la biodiversidad asociada al conocimiento que tienen los pueblos originales del uso de la misma.

            Para ambos tipos de explotación se utilizó como mecanismo la creación de reservas de la biosfera, parques nacionales y otras formas de “conservación” que se adecuan a la estrategia del denominado ecoturismo, ya que reglamenta el uso, pero no los dueños naturales del recurso, sino por los extraños que llegan con una serie de normas y reglas que son válidas para su mundo urbano pero que son difíciles de comprender y menos cumplir por los habitantes del lugar.

De la ecología al ambientalismo: un camino complejo

             En 1866, Ernest Haeck plantea el concepto de ecología y con ello comenzó formalmente a gestarse las bases de lo que será el futuro pensamiento científico de la ecología.

 Él definía  de una manera muy general a la ecología como “la totalidad de la ciencia de las relaciones del organismo con su entorno, que comprende en un sentido amplio todas las condiciones de existencia”, definición que luego se irá adecuando al crecimiento de esta ciencia.

Nada es casual. Es la época de mayor ebullición del conocimiento científico en todos los órdenes, la época del auge del capitalismo, y el momento que se iniciara una nueva era y etapa del colonialismo, bajo la égida del imperio inglés.

            El siglo XIX es el siglo del Imperio Británico, que según el clásico historiador Eric Hobsbawm, este largo siglo se divide en dos grandes etapas: la primera que comienza en 1848 y finaliza en 1875 es la era del capital, y de allá hasta la primera guerra mundial es la era del Imperio (Hobsbawm 2005).

            Antes del inicio de la era del capital se funda la Sociedad Zoológica de Londres (1826) obra de Sir Stamford Raffles, ex virrey de la India y fundador de Singapur, pocos años después en 1830, se crea la Sociedad Geográfica de Londres, la que recibió licencia real en 1859.

            Ya en la era del Imperio Británico, en 1903 se funda la Sociedad de Conservación de la Fauna Silvestre del Imperio, que era posterior a la Real Sociedad para la Protección de las Aves de 1889, y que tenía como objetivo la conservación y la creación de una red de parques nacionales, acorde a la política imperial del manejo de los recursos mundiales.

            La Sociedad de Protección de la Flora y la Fauna es el centro de formación de los cuadros del imperio que han sido los creadores de las nuevas organizaciones de conservación y administradores de las antiguas sociedades.

            Años después esta Sociedad y la de Eugenesia apadrinaron las asociaciones de la era ambiental, World Wildlife Fund (WWF) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).   

            En Londres, en 1913, se funda la British Ecological Society, tiempo en que se realizaban grandes expediciones en los vastos territorios coloniales, al final de una era, en el comienzo del ocaso de la época de oro del Imperio Británico .

            El final de la primera guerra mundial, el tiempo de la Belle Epoque, fue donde se gestó una de las formas más duras del capitalismo de estado, el nazismo, ideología que tomó el poder en Alemania y se extenderá a Italia, España y Portugal, entre sus primeros aliados, además del Imperio Japonés.

            Allí nacen, las tres leyes -las primeras en el mundo- que tratan de compaginar un proyecto ecológico de gran envergadura y desde el estado, hecho que luego se borra de la historia verde del siglo XX, sin ninguna explicación.

            El 3 de julio de 1934 aparece una ley que limita la cacería, algo impensable en el Imperio Británico y un año después en 1935, se edita lo que es el primer monumento a la ecología moderna, la Ley de Protección de la naturaleza.

            En 1939, se publica la obra titulada “El derecho alemán de la protección de los animales”, que sintetiza toda esta legislación ambientalista, que se plantea en la Alemania  nazi ( Ferry 1994).

            Las bases de la legislación ambiental nazi están en la recuperación  del tema central de la lucha del sentimentalismo romántico contra el clasicismo de la ilustración, por ello la naturaleza que plantean proteger no es la que ha sido transformada por la cultura o el arte del hombre, sino la naturaleza virgen, que todavía da fe del origen de los tiempo: “la naturaleza salvaje”.

            El amor a la naturaleza, tal como lo planteaba el nazismo tiene una coincidencia muy grande con lo que hoy se denomina Ecología Profunda, concepción casi religiosa que centra en lo biológico su accionar en vez de lo humano, idea que renacerá a finales del siglo pasado en un selecto número de financistas que están comprando grandes áreas en América como Tompkins y Goldsmith.

            En 1949, se funda con licencia real, el Consejo de Conservación de la Naturaleza, que era uno de los cuatro organismos de investigación del Consejo de la Reina, y que a su vez, fue el primer organismo de conservación establecido por estatuto en el mundo.

            Desde estas trincheras, el Viceprimer Ministro del Reino Unido, Max Nicholson, redactó la legislación de conservación  y trazó las líneas estratégicas del futuro movimiento ambientalista mundial, comenzando por la campaña contra el uso del DDT, que inmortalizaría en su libro “El Verano silencioso”, Rachel Carson.

            Pero la obra de este político – aristócrata va más allá, ya que redactó la constitución del UICN, que ya habían constituido en 1948, también por el ingles Sir Julián Huxley, quien también fue el diseñador de la UNESCO, de la cual fue su primer  Director General, y que planteó desde el comienzo una doble función de esta entidad, la necesidad de proteger la vida silvestre y  la eugenesia.

Esta última se caracteriza por la posibilidad de emplear procedimientos de biología molecular para el diagnóstico genético y la intervención directa sobre los genes, con ambos, los genes humanos y el germoplasma de la vida silvestre, se tendría el control de la vida en el planeta.

En 1961 organizó y presidió la Comisión de la creación de WWF, que originalmente sería  un organismo para financiar la UICN, aunque luego tomó su propio camino, y además apoyó la designación de su primer presidente, Sir Meter Scott.

            El actual presidente de la UINC es Sir Shiridath Ramphal, que coincidentemente fue Secretario General de la Mancomunidad Británica, es al igual que el director de la misma, Martin Holdgate, funcionario del Departamento de Medio Ambiente del Reino Unido, miembro del selecto club de la aristocracia y la conservación inglesa.

            Sus políticas han dado más resultado que lo esperado en el control de estos temas centrales de la agenda mundial, ya que el programa ambiental de la ONU (UNEP) nace de la reunión de 1972, organizada por Maurice Strong, del grupo fundador de WWF.

            Este organismo, la UNEP tiene sede en Kenia, antigua colonia inglesa, y colabora estrechamente con la UNESCO, WWF y UICN , mientras el Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación está en Cambridge, Inglaterra y es copatrocinado por WWF y UICN , siendo el lugar donde se definen las estrategias mundiales de la conservación.

            El paso siguiente fue la política nacional y será Edward Goldsmith en 1970, el fundador de la revista radical verde The Ecologist , y de allí el Partido Verde del Reino Unido, todo ello con el apoyo de su hermano Sir James Goldsmith, financista y apoyo económico de WWF junto con John  Aspirall  de Amigos de la Tierra.

            En el Imperio emergente, Estados Unidos, también se sientan las bases de la política mundial de recursos a partir de la conservación, y en 1969, David Brower  abandona el Sierra Club y crea uno de los grupos fuertes de Estados Unidos: Amigos de la Tierra, con tendencias a un conservadurismo más radical.

El primer Sierra Club lo fundó en 1892 por John Muir, que venía de ser un centro de viajeros y excursionistas y de allí pasó a convertirse en un centro de poder de los ambientalistas a nivel de las más altas esferas de Estados Unidos, en la segunda mitad del siglo XX.

 En 1982  fue fundado el Centro Mundial de Recursos (CWI)  por Rusell E. Train , presidente de WWF en Norteamérica y con el apoyo financiero del Fondo de Rockefeller y la Fundación McArthur.

            En 1969 se fundó Amigos de la Tierra (AT) por el ya conocido David Brower, que dos décadas después se trasladó a Inglaterra para integrarse con otras dos organizaciones y bajo el financiamiento de los Rothschild y Goldsmith inician los ataques contra las centrales atómicas, desde una de las base centrales de la Shell.

            Greenpeace se fundó en 1971, en plena revuelta de la juventud occidental, en la era más contestataria, emergiendo en los Países Bajos, pero rápidamente se expande por el denominado mundo desarrollado occidental y de allí a todo el planeta.

            De este grupo de poder ambiental se derivaron cuatro organizaciones radicales de conservacionistas: Los pastores del mar, El frente de liberación animal  y Herat First, y junto a ellos Lynx .

            El ambientalismo como expresión moderna de  los conservacionistas tiene un tronco común, el poder en su máxima expresión, no es el fruto de una reflexión de las bases sino la doctrina dada desde el púlpito, que como una religión tiene desde fanáticos hasta adherentes, de financistas a aportadores mínimos, de académicos a golpeadores.

            Esta nueva ideología forma parte de un grupo de ideas adecuadas a los nuevos tiempos, pero manipuladas, cuando en sí el problema del mundo es simplificadamente uno, la gran asimetría y su profundización permanente, al extremo que hay grupos de pobladores del planeta en “peligro de extinción”.

Y enfrentarse a estos grupos de poder a nivel mundial es muy difícil y riesgoso, experiencia que ya ha vivido  Bjorn Lomborg, ex miembro de Greenpeace y hoy un critico del ecologismo, como una forma de pesimismo, que nos lleva a pensar que día a día estamos rompiendo el débil equilibrio del planeta, lo cual aún no se ha probado fehacientemente (Lomborg 2003).

            Así el ecologismo, como idea “progresista”, se asemeja a los programas de centroizquierda latinoamericana, que gustan presentarse como alternativa al capitalismo, pero que no representan sino el resultado de un equilibrio transitorio entre sus dos fracciones opuestas: el capital industrial y el financiero, en el marco formal que establece la así llamada democracia occidental (Zizek 2004).

Conservación y ambientalismo: límites y crisis

Creemos que es difícil entender el ecoturismo fuera del contexto de los organismos y políticas que han desarrollado las grandes organizaciones mundiales para la conservación y sus políticas ecológicas, y dentro de ellas estaría ubicada la estrategia de este tipo particular de turismo.

Hoy ya hay grandes dudas sobre el ambientalismo, heredero del primer ecologismo y eje de un movimiento mundial, que pretendió durante varias décadas generar una nueva utopía ante la crisis de los modelos que había implementado el socialismo real.

Por eso no es casual, que dentro de las críticas existentes se hable tanto del texto “El ecologista escéptico”, pero también del trabajo sobre “La Muerte del Ambientalismo”, trabajo reciente escrito por Michael Shellenberger y Ted Nordhaus.

 Entre las criticas principales, que hacen estos dos ex-veteranos ambientalistas está la de que han quedado atrasados en sus métodos para proponer nuevas leyes y que sus instituciones y manejo ya están anticuados.

Así mismo, plantean que este movimiento ha sido coptado por las grandes corporaciones, las primeras enemigas del medio ambiente, pero que están generando grandes ingresos a estas fundaciones, con lo cual sus críticas cambian de curso (Shellenberger y Nordhaus 2004).

Pero las criticas del ambientalismo han seguido siendo fuertes, como es el caso del trabajo de Leis, que logra poner al descubierto la inviabilidad actual del desarrollo sustentable, y a la vez, la muerte del viejo ambientalismo, viciado de fanatismo, falta de cientificidad en sus planteamientos, y hoy controlado por los intereses con los grandes grupos de poder (Leis 2001).

Por todo esto, es que ya hace mucho tiempo que se le agotó el tiempo a las ONG´s y a la burocracia nacional y mundial para poder exigir una mayor responsabilidad social al mundo empresarial del primer mundo.

En la periferia, la población considera a la responsabilidad social corporativa como una forma virulenta del neocolonialismo, lo que muchos llaman hoy Eco Imperialismo, y no un mecanismo para mejorar sus vidas (Driessen 2004).

Ante la crisis del ambientalismo, como movimiento paraguas sobre el cual se protegen todos los movimientos que se basan en la defensa de la ecología, desde el ecoturismo a las ecotasas, la situación actual es confusa y los paradigmas sobre los que asentaron estos movimientos comienzan a caer, y con ellos la credibilidad de una sociedad, que se concientizó, pero no ha podido cristalizar estas ideas.

Ecoturismo y conservación: origen y desarrollo

El ecoturismo como concepto emerge los años 60’s, en plena transformación de la sociedad, desde el mayo francés a la resistencia a la guerra con Vietnam o a la primavera de Praga, en el auge de la denominada ecología visible.

Sin embargo, deberán pasar dos décadas para que este tipo de turismo tome fuerza a la sombra del auge de las grandes organizaciones ambientalistas como la WWF, la UICN  y el Sierra Club, entre los principales.

Hay quienes pretenden unir al ecodesarrollo, planteado en la década de los 70’s inicialmente por Maurice Strong, con el ecoturismo, una extrapolación que tiene grandes diferencias.

Ignacy Sachs, que es el quien desarrolla esta propuesta teórica, propone como alternativa que cada eco región debe buscar sus propias soluciones a la luz de su cultura y sus condiciones ecológicas.

La diferencia es de fondo entre el ecodesarrollo y el ecoturismo, porque el primero además de ser un desarrollo integral se basa en los hombres que habitan la región y por oposición el ecoturismo se basa en las bellezas naturales y luego intenta hablar del hombre como algo dado donde están éstas.

Es por eso que cuando se habla de ecoturismo se hace referencia a los países periféricos aquellos que aún mantienen zonas poco explotadas, lo cual es ratificado por algunos autores al sostener que esta práctica se vincula al tercer mundo (Budowski 1955).

Una de las pioneras del ecoturismo fue Elizabeth Boo, que inicialmente se ajustó a lo que en realidad debería ser el ecoturismo, una actividad regulada por normas como lo son sólo las Áreas Naturales Protegidas (ANP).

De allí en más hay un sinnúmero de definiciones de lo que es el ecoturismo y muchos más modelos prácticos de lo que piensan que se puede definir como tal, lo cual ha generado, como ocurrió con la propia ecología, una pérdida de credibilidad, que en algunos casos ha llegado a la abolición de esta categoría, como ocurrió en Nueva Zelanda, hoy una de las capitales mundiales del turismo alternativo.

Pero para poder dimensionar las contradicciones que plantea el ecoturismo analizaremos la definición clásica del mismo dada por el Arquitecto Cevallos Lascurain de la IUCN.

Parte de la base que “el ecoturismo es una modalidad del turismo que es ambientalmente responsable”.

·                              Con esta afirmación se descalifica desde el comienzo al resto del turismo, al ubicarlos como irresponsables, pero a la vez parte de una base falsa, que hay turistas responsables que se combinan con touroperadores responsables, lo cual se puede dar como excepción, pero por los resultados obtenidos y la operación que han hechos los touroperadores no coinciden con ello.

·                              Los ejemplos sobran: La Mariposa Monarca en el límite entre los estados de México y Michoacán, un santuario saturado de eco visitantes, que en nada benefician a los pobladores y menos al santuario natural, o Xcaret, el icono del turismo de la naturaleza, hoy el ejemplo de alteración de la historia y el ambiente en un antiguo santuario natural.

La segunda parte de la definición, “…visitar áreas naturales relativamente sin perturbar, a fin de disfrutar, apreciar y estudiar los atractivos naturales de dichas áreas así como cualquier manifestación de la cultura”.

Esta afirmación tiene varias afirmaciones que se terminan en contradicción con el resto de la definición, así tenemos que:

·                            Las áreas sin perturbar son ¿tierras salvajes, en el concepto del viejo oeste? Estas son zonas aisladas, lo cual lleva a que algunos autores sostengan que el ecoturismo se creó como un turismo de elite. ¿Se trata de salvar la naturaleza haciéndosela accesible  a los ricos? ( Barkin 2000).

·                            Esa naturaleza casi pura, es lo que Maffesoli denomina el paradigma perdido, ya que hoy hay una ecologización del mundo social y donde la naturaleza ya no es más el mundo a explorar. Así sostiene que la naturaleza, dejándose tocar en el paisaje, recuerda que la vida social reposa sobre la tactibilidad (Bruhns 1994).

·                            Pero hay una contradicción mayor, que plantea Silva (1997), al sostener que los turistas y los lugareños no tienen los mismos derechos y percepciones sobre los lugares naturales poco alterados, ya que éstos viven en la pobreza divorciados de la riqueza natural que es para el goce del turista (Silva 1997).

·                            Hay que entender también que el espacio ecológico turístico, privilegia áreas naturales apelativas desde el punto de vista estético y según los valores del mundo occidental, que no siempre coinciden con otras visiones que parten de valoraciones diferenciadas.

·                            Por ello estos nuevos eco Mesías buscan vivir unos días en armonía con la naturaleza, que es una utopía imposible de sostener en el mundo moderno que ellos viven y que disfrutan, aunque quieran tener sus períodos de tranquilidad.

·                            Estas nuevas nociones de armonía con la naturaleza, corresponden a las ideas occidentales del edén perdido y prístino. Lo que implica una “naturaleza” que escapa al orden cultural y por consiguiente el “nativo ecológico” se torna parte integral de esa naturaleza ideal, donde los indígenas representan el deseo de retornar a un mundo primitivo, a un estilo de vida preindustrial, a un mundo ecológicamente sustentable (Ulloa 2001).

·                            Así es como a los indígenas o a los mestizos del campo se los sitúa como silvestres en oposición a las gentes de la ciudad, lo cual a la vez justifica la intervención de los agentes externos, eco touroperadores, a fin de que elaboren programas para evitar su extinción, porque son en el idioma ecologista “Especies en peligro de extinción”.

·                            Por ello es que hace pocos años se le agregó a la definición, las culturas locales y sus comunidades, pero entendidas éstas como parte de este “mundo natural”, diferente al de la realidad de las ciudades.

Siguiendo la definición tenemos “… que promueve la conservación, tiene bajo impacto ambiental y cultural y propicia e involucramiento activo socioeconómicamente benéfico de las poblaciones locales.”

·                            A quien beneficia la conservación ¿qué ganan los campesinos e indígenas conservando algo que naturalmente han conservado desde hace muchas generaciones atrás? ¿Quieren conservación o un programa de manejo, para poder operar estas áreas y llevar turistas, con lo cual obtienen beneficios para sus actividades y a la vez se promocionan como salvadores de las zonas naturales?

·                            En África a los bosquimanos del parque nacional Kalahari, se los dejo convivir en el mismo como una especie más, pero cuando quisieron asomar a la modernidad, mejorando sus casas y nuevos hábitos, dejaron de ser parte de la “Naturaleza” y fueron expulsados.

·                            En Costa Rica, la capital latinoamericana del ecoturismo, ya se ven los grandes impactos en los ecosistemas, derivado de la infraestructura turística, las aguas negras y las grandes cargas de visitantes (Morera 2002).

·                            En lo social, los impactos son también importantes en Costa Rica, ya que no hay una verdadera política de participación de las comunidades locales, sólo se crean empleos estacionales. Al comienzo los extranjeros tenían pequeñas empresas, luego todo cambió, se formaron corporaciones y compraron la tierra a los campesinos necesitados y así se han apoderado del negocio, quedando las migajas para los locales (Morera 2002).

El ecoturismo, al igual que su marco de referencia, el ecologismo y los movimientos ambientalistas, enfrentan hoy una doble crisis: por un lado de credibilidad y por el otro la práctica, ya que sus resultados sólo han servido para beneficiar a grupos pequeños y, a su vez, han transformado el ecoturismo en un negocio mundial.

En general, y ante la carencia de un verdadero debate sobre el ecoturismo y el desarrollo local y regional, hoy debemos enfrentar la existencia de dos grupos de autores, los que defienden y los que ven sus costos y, como tal, lo identifican.

En general, este debate está en manos de expertos de América del Norte y poco han entrado a la polémica, más bien han sido fieles seguidores del ecologismo, la mayoría de los autores latinoamericanos.

La plataforma de defensa del ecoturismo tiene muchos adeptos, desde Elizabeth Boo a Cevallos Lascurain, pero en este caso tomaremos dos defensores, que como tales han planteado el tema.

Para los defensores, el ecoturismo aporta financiamiento para poder conservar las áreas naturales protegidas y sin protección, debido a que crea empleos y una dinámica económica en la región que la aloja (Farell y Runyan 1991).

A su vez, estos autores consideran que el ecoturismo apoya al entendimiento de las culturas y el medio ambiente  (Brandon 1993).

Ambas posiciones son insostenibles para el caso de América Latina y África, ya que los impactos económicos se dan fuera del área a través de los touroperadores.

Los ecoturistas llegan en calidad de nuevos conquistadores a ver la pobreza de las zonas indígenas o rurales alejadas y la belleza de la naturaleza que se ha mantenido gracias a la relación existente entre estos habitantes y los ecosistemas, son ecologistas por acción y no por declaración.

Los expertos, que ven en el ecoturismo una forma de turismo con grandes problemas, consideran que estos ecosistemas naturales son alterados por la acción de los turistas ( De Kadt 1989).

Pero el mayor impacto lo tienen las culturas locales, debido al efecto demostración, que incide en el comportamiento, el lenguaje y las actitudes de la población local a fin de poder reducir las diferencias con los visitantes, asimetrías que ellos consideran los perjudican (Hall y Rudkin 1993).

Pero pese a todos los inconvenientes que el ecoturismo presenta en los países y regiones en que aplica, hay un gran negocio tras de él, y por ello es que la crítica al mismo se considera como una defensa al turismo masivo, lo cual no es cierto, porque hoy gran parte del ecoturismo va hacia una pasividad controlada, pero de gran impacto en las áreas naturales, lo cual genera más problemas que los destinos de sol de playa, que se dan sobre ecosistemas totalmente alterados.

La otra pregunta que pretendemos plantear y, en principio resolver, es ¿por qué en el primer mundo hay turismo rural como eje del turismo alternativo y en la periferia ecoturismo como centro del turismo alternativo?

Turismo Rural y Ecoturismo

¿Por qué esa diferencia, en el centro hay turismo rural y en la periferia domina el ecoturismo?

En Europa, la situación es diferente, los lugares prístinos ya son mínimos y todos saben que atrás de ellos hay historia humana, por ello son patrimonio ambiental en sentido estricto, creados por el hombre.

Por ello es que todas las actividades que no se desarrollan en la ciudad, están en el campo y por ello, por estar en el mundo rural, son diferentes facetas de lo que se conoce como turismo rural (César 2005).

El turismo rural tiene un punto de partida diferente, parte del patrimonio ambiental que es diferente al natural, ya que se trata generalmente de la naturaleza con trabajo humano.

De allí que se defina al patrimonio como el conjunto de elementos naturales o culturales, materiales o inmateriales, heredados del pasado o creados en el presente, en donde un determinado grupo de individuos reconocen sus señas de identidad (Saraza 1998).

La diferencia de basarse en la actividad humana, la sociedad y su expresión cultural es fundamental, frente al ecoturismo que se basa en el placer de disfrutar la naturaleza sin alterar más allá de la gente que vive en estos lugares.

En el turismo rural. el patrimonio ambiental tiene más atractivo porque está vivo  y porque cualquier persona lo puede entender, ya que es la vida tal como se da históricamente en esa región.

El campo es un atractivo para la gente que ve en el estilo natural, la paz, inocencia y la virtud simple. Por oposición, la ciudad fue considerada el centro del progreso, de erudición, de la comunicación y de las luces.

Pero a ambas se las asocia con cuestiones negativas. Por ejemplo, a la ciudad con la contaminación, la ambición y la inseguridad y al campo con la ignorancia, el atraso y las limitaciones.

Pero todo esto es muy relativo. El campo ha generado una sociedad conservadora, donde la estratificación es poco movible, los terratenientes y los campesinos, y la ciudad es una fuerte oportunidad para buscar un lugar diferente, crecer o perecer.

La idealización de la economía natural del campo oculta tras de sí la explotación y un trabajo muy duro, aunque en la ciudad las relaciones se han reducido al utilitarismo del dinero.

Pero hoy es difícil encontrar la línea divisoria entre el campo y la ciudad, la denominada ciudad suburbana, el modelo norteamericano de los suburbios, sin centros tradicionales, los barrios campestres cerrados alrededor de un bosque, un campo e golf o una laguna van urbanizando el campo, y con ello a una parte de la vida campesina.

Por ello, el turismo rural cumple una función muy compleja, desde ser un guardián de las tradiciones, de las artesanías del campo a un revitalizador del mismo, evitando la migración a la ciudad, la misma que expulsa a sus habitantes más ricos hacia el campo.

El turismo rural se basa en la historia de la sociedad y el ecoturismo en los espacios con menos historia de la misma, son dos visiones opuestas desde la perspectiva de lo social.

Por ello es que el ecoturismo se basa en teorías neomaltusianas como la de Hardin, sobre la tragedia de los recursos comunes, que parte del individualismo y de que todo el mundo consume igual, por ello se debe limitar el crecimiento de la humanidad (Hardin 1995).

Allí esta la diferencia central, el hombre y su cultura como eje del ocio, el individuo según su poder como propietario con derecho al mismo.

Así una vez más, el hombre es el eje de la polémica, como ser social, para unos o como indivualidad competitiva, que tiene como premio el paraíso para otros, por ello no es casual que el ecoturismo tenga su base en una sociedad que cree en la filantropía, como un deber y no en la solidaridad humana como un derecho.

Conclusiones

Los ecoturistas del primer mundo van a la periferia a fin de constatar en forma directa, las diferencias existentes y con ello a ratificar que las mismas son el referente para entender que ellos están viviendo en el desarrollo.

Pero no se trata de una explicación maniquea de éxito frente a fracaso, hay algo más, ya que el desarrollo los ha integrado como objetos totales de consumo situación que no pueden controlar, ya que el consumismo que los obliga a trabajar y los avances tecnológicos les amplían día a día el mercado, dinámica que  mantiene  un ritmo propio de una meta sin final.

La propuesta que los ecologistas tratarán de imponer con su modelo, principalmente a las denominadas sociedades frías, se enfrenta a problemas insolubles, entre las que destacan que hay belleza sin más ingeniería que la naturaleza y que hay valores que no se pueden comprar.

Los nuevos conquistadores, los ecoturistas, al final regresan con la ilusión que estuvieron en el paraíso, sólo que no han pensado que salieron del infierno, sino la situación generada sería insostenible.

Hoy en América Latina, miles de jubilados, jóvenes con mucha energía hacen el camino inverso de los inmigrares económicos, vienen con sus ahorros a fin de poder comprar una parcela en el paraíso y con ello abrir una pequeña casa de huéspedes, a fin de socializar su esperanza en algo diferente.

Por ello, una vez más y en relación directa con el ecoturismo, el turismo queda al descubierto, no es el intercambio, no es el camino a la paz, es la búsqueda de poder hacer realidad la diferencia o el camino para retroceder en la modernidad e incorporarse a un mundo diferente.

Los nuevos conquistadores llegan de muchas maneras, unos pagan por cuidar y recoger huevos de tortuga, desconociendo que cerca de ellos otros desesperados por hacer dinero también lo hacen en la oscuridad para lograr unas pingues ganancias.

Otros vienen a observar aves y no ven la miseria; dialogan con el nativo ecológico como una especie rara que los entiende, lo ayudan dejándole algo de su equipo de confort o una propina, y se vuelven felices, han ayudado al desarrollo del tercer mundo.

Otros, los menos, que son los que tiene más, llegan aislados en aviones o yates privados y de allí a la selva, a hoteles en los árboles donde el té se sirve a las 5 pm en vajilla belga, combinando al buen salvaje con el conquistador educado.

En fin, los hay de todos los tipos, desde los que llegan porque está de moda o no saben que hacer, a los que creen firmemente en esta fe ya desteñida de la conservación, todos al final son acólitos de las grandes organizaciones mundiales que les hacen creer que la conservación es, como en la conquista, la salvación de almas, pero en este caso es de los animales, de los árboles del bosque y, excepcionalmente, de un campesino que los escucha. 

Los ambientalistas han cumplido su ciclo, como décadas atrás lo cumplieron los social demócratas al presentar la cara domada de un socialismo de estado, hoy los ambientalistas, saben que mientras estén en el pulpito enseñando a conservar, miles de toneladas de gases invernaderos o bombas con uranio y otros contaminantes mundiales están trabajando para transformar al mundo en algo cada día más difícil de sostener, y que unos pocos podrán evadir con tecnologías de punta.

Por ello, los ecoturistas ya no son la esperanza que se presentaba una década atrás; son la voz de nuevas corporaciones y grupos de poder que intentan integrar a la economía mundial los últimos paraísos en la tierra a fin de que no exista por lo menos una utopía física, porque la otra es imposible de borrar.

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Ponencia presentada en el Séptimo Encuentro Internacional Humboldt. Villa de Merlo, San Luis - Argentina. Setiembre de 2005.