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Asunto:NoticiasdelCeHu 1260/05 - Argentina - XX Encuentro Nacional de Mujeres (Mar del Plata, 8, 9 y 10 de octubre de 2005)
Fecha:Viernes, 30 de Septiembre, 2005  10:53:08 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 1260/05


Argentina

8, 9 y 10 de octubre

XX Encuentro Nacional de Mujeres,

 Mar del Plata

Olga Cristóbal

El 8, 9 y 10 de octubre luchadoras de todo el país nos encontraremos en el XX Encuentro Nacional de Mujeres, en Mar del Plata, una ciudad militarizada y ocupada por las fuerzas de seguridad y los servicios secretos porque el “nacionalista” Kirchner va a recibir en noviembre a Bush, el carnicero de Irak. Mardel es la capital nacional de la desocupación, donde las patronales pesqueras se enriquecen con la explotación a mansalva de sus trabajadores flexibilizados. La ciudad donde las mafias policiales asesinan impunemente a las mujeres que sobreviven ejerciendo la prostitución.

El Encuentro tendrá lugar en el marco de un gobierno que hace campaña electoral diciendo que garantiza la anticoncepción gratuita, mientras en el país cada cinco minutos una adolescente se hace madre. De un gobierno que pregona los derechos reproductivos, pero que tiene un pacto inviolable con la Iglesia, en un país donde la primera causa de muerte materna es el aborto clandestino.

El Encuentro se realizará en el medio de una campaña electoral en la que gobierno y oposición –más allá de sus fricciones de capilla– celebra a coro que la economía crezca un 8,8% anual y que las estimaciones prometan un superávit fiscal de 20.000 millones de pesos en 2005. Pero ni nosotras ni nuestras familias nos beneficiamos con el crecimiento de la economía. La brecha social –la diferencia entre lo que reciben los más ricos y lo que reciben los más pobres– es ya de 38,2 veces, la mitad del país gana menos de 400 pesos, hay 14 millones de pobres y casi cuatro millones de desocupados o subocupados, que changuearon algunas horas semanales. En este cuadro, las mujeres somos las más pobres entre los pobres: seis de cada 10, exactamente; y el 16,6% de nosotras vive en la indigencia, con un ingreso promedio de 221 pesos, lo que cubre sólo el 58% de la canasta básica (380 pesos mensuales). De eso no hablan ni Cristina Kirchner, ni Chiche Duhalde, ni Elisa Carrió, ni ningún candidato patronal. Ese es el verdadero pacto.

El gobierno se jacta de que creció el empleo –un crecimiento, por otra parte, en plena desaceleración–, pero oculta que es un empleo basura, con salarios de hambre, que condena a los trabajadores a la pauperización masiva. Entre ellos, a los 800.000 Jefas y Jefes que trabajan en el Estado el 50 ó 60% de la jornada convencional por 150 pesos. Según el Indec, los “nuevos empleos” reciben un salario de 400 pesos promedio, si son en blanco, y 200 pesos si son en negro, y la mitad de los trabajadores está en negro. Las mujeres tenemos los empleos más precarios y los salarios más bajos, porque somos la variable de ajuste de los patrones. La diferencia salarial entre hombres y mujeres es del 34% y, entre los universitarios, de 45,9%. Pero sí vamos primeras en el ránking de la desocupación y en la depreciación del salario: desde la devaluación, y a pesar de la inflación, la pérdida real del salario femenino es del 32,4%. Las mujeres somos mayoría en los planes sociales pero, según el ministro Tomada, el 63% de los desocupados que obtuvieron empleo son varones.

Mientras la canasta familiar ronda los 800 pesos, el gobierno acusa de terroristas a los trabajadores que luchan por el salario. Mientras se dan de baja 150.000 planes sociales, el gobierno amenaza con represión al movimiento piquetero. En tanto, los empresarios se refriegan las manos porque los costos laborales bajaron un 35%: éste es el único secreto de la recuperación económica del kirchnerismo.

La miseria salarial es la que permite que la burguesía mantenga su “competitividad” en los mercados internacionales. Como señala La Nación, si en el país hay dos millones de trabajadores que cobran 200 pesos mensuales con jornadas de 8 horas y más, ¿cómo aumentar los planes sociales?, ¿quiénes aceptarían trabajar en esas condiciones? Quieren forzarnos a trabajar por salarios de indigencia, quieren usarnos como ariete contra la lucha salarial de los trabajadores ocupados.

Por eso Lavagna y Kirchner les han prometido a los empresarios terminar con el plan Jefes (1,5 millón de personas) y sustituirlos por un seguro al desocupado y el Plan Familias, un plan de esclavitud de la mujer que cuentan con el beneplácito de la Iglesia y la oposición. El Plan Familias, exclusivo para madres con más de tres hijos en estado de desnutrición, hoy alcanza a 230.000 mujeres. Se les exige, para cobrarlo, que permanezcan en su casa para responder a las inspecciones y presentar la libreta de vacunación y de escolarización de sus hijos. Intentan convertirnos a las luchadoras de los comedores populares y los cortes de ruta en presas en nuestro propio hogar por 200 pesos mensuales, sometidas al monitoreo del gobierno. Se proponen culpabilizarnos por la desnutrición y la deserción escolar de nuestros hijos, cuando sólo en la provincia de Buenos Aires han desertado 100.000 chicos de la EGB y otros tantos de la enseñanza media, cifras que casualmente coinciden con las de Unicef sobre el número de chicos que trabajan sólo en la provincia de Buenos Aires. Se proponen culpabilizarnos cuando ya hay una generación completa de niños menores de seis años de menor estatura que la media histórica, producto de la desnutrición de sus madres. Condenan a nuestros hijos a no tener ningún futuro. “Esta es la primera generación de jóvenes que va a estar peor que sus padres”, ha dicho livianamente el ministro de Educación, Filmus. Nosotras no aceptamos vivir en la desesperación.

Algunos candidatos “preocupados” por la pobreza, proponen como alternativa la “redistribución” del ingreso sin tocar ninguno de los privilegios del capital. El “ingreso mínimo ciudadano” de la CTA o de Carrió ni siquiera alcanza a cubrir la canasta familiar y no dice ni pío de aumento salarial. Su programa es achicar la brecha entre pobres e indigentes, en una verdadera “redistribución de la pobreza” que no afecte en nada los superbeneficios capitalistas. Por eso sus defensores están en la vereda de enfrente de los trabajadores del Garrahan, que reclaman un salario de 1.800 pesos, igual a la canasta familiar; por eso han firmado la “paz social” con Solá, traicionando la lucha docente.

Nosotras impugnamos la idea de que la desocupación y la pobreza “han llegado para quedarse”, como si fueran un fenómeno de la naturaleza. Sabemos que son consecuencia fatal de una política económica proimperialista, que desvió hasta el 60% de los fondos fiduciarios destinados a la obra pública –o sea, a generar empleo– al pago de la deuda. Después del acuerdo con el FMI y los bonistas ya ni sabemos cuánto debemos, porque la deuda se ajusta por inflación: cada punto de inflación que hace más inalcanzable la canasta familiar forra las cuentas de los acreedores externos. Es imposible salir de la miseria si no se rompe con el FMI, si no se desconoce la deuda externa, si el país no recupera los recursos naturales.

Exigimos un salario mínimo y móvil igual a la canasta familiar, la universalización y el aumento de los planes y el derecho de las organizaciones de desocupados a discutirlo en paritarias, una jubilación del 82% móvil y un seguro al parado similar a la jubilación.

Repudiamos la represión contra el derecho a manifestarse del movimiento piquetero y contra los trabajadores en huelga. Afirmamos que es Kirchner quien pacta con la patota bonaerense, porque tiene a esos intendentes en sus listas de candidatos, porque ha amparado a Duhalde y a Solá para que no sean acusados en el juicio por la masacre del Puente Pueyrredón.

Llamamos a las compañeras a organizar una presencia masiva de luchadoras en Mar del Plata. El XX Encuentro de Mujeres va a ser una gran asamblea donde podremos compartir y potenciar nuestras experiencias de lucha, donde podremos discutir un programa que nos permita avanzar, junto a la clase obrera, en el camino de reorganizar el país sobre otras bases sociales.


Fuente: Prensa Obrera Nº 916, Buenos Aires, 8 de septiembre de 2005.