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Asunto:NoticiasdelCeHu 1208/05 - Apuntes de geografía y ciencias sociales (Vi cente Di Cione)
Fecha:Miercoles, 14 de Septiembre, 2005  22:44:43 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 1208/05


GeoBAireS
Cuaderno de Geografía

 

Apuntes de geografía y ciencias sociales

Vicente Di Cione

El balserismo social, el multiculturalismo y las identidades múltiples.
(In)(Re)flexión a partir de los datos del PNUD sobre el (Sub)Desarrollo Humano de 2004.


Ante el aparente (si, aparente) des-concierto mundial inducido por la globalización neoliberal capitalista, emerge con inusitada difusión un tipo cultural que bien le cabe el nombre de balserismo social.[1] Se trata de procesos de búsqueda y construcción de identidades embebidas con el mismo (“idéntico”) espíritu del tradicional “Antón Pirulero”, en el cual cada individuo o grupo social cree y procura sortear la marejada mundial “atendiendo su propio juego” en base a una siniestra lógica de la exclusión. En la última década, tal como lo resalta Zygmunt Bauman,[2] la legitimidad de la lógica, curiosamente, descansa en la afirmación de cierta ideología multiculturalista que no establece jerarquías y oculta el carácter antagónico de muchas construcciones..

La proliferación de identidades balseras de todo tipo a superado la noción originaria de identidad concreta dando lugar a procesos de multiidentificación abstractos, mediante los cuales las personas o grupos se incluyen en una diversidad de identidades colectivas formal e institucionalmente abstractas que incluso, con frecuencia, se oponen entre sí y a si mismos. En los sesenta y antes se hablaba de alienación o enajenación. Luego, en el marco de la ideología multicultural, forzados por la irrefutable victoria del neoliberalismo, simplemente hablamos de identidades culturales más o menos concretas o simples o de  multiidentidades o identidades múltiples más o menos abstractas.[3] También, desde la sicología centrada en los procesos de individuación personales se habla de “esquizofrenia social”.

Reiterando la apelación a las metáforas, el balserismo, la esquizofrenia y  desjerarquización de la ideología multiculturalista fue expresada con popular simplicidad por Enrique Santo Discépolo en su “Cambalache” en 1935, un lustro posterior a la globalizada Gran Crisis Mundial de 1930 y más de medio siglo de anticipación a las recientes reflexiones sobre la cuestión de la identidad, de las identidades múltiples, la multiplicidad de identidades y el multiculturalismo de autores globalizados de la talla de Antony Giddens o Zygmunt Bauman.

En las ciencias sociales la preocupación por describir, explicar y comprender la cuestión de la construcción de identidades tiene su correlato en la enorme cantidad de trabajos en los que se destacan los aspectos microsociales y territoriales.

En diferentes claves sociológicas e históricas, la mayoría de los estudios resaltan la pura negatividad inmediata de los procesos de construcción de identidades, caracterizada por la lógica del ensimismamiento cultural y la exclusión recíproca. Ante la turbulencia globalizada, cada identidad coloca su energía en la construcción de balsas propias y son escasos los vórtices preocupados por intentar  timonear democráticamente la nave tierra hacia destinos diferentes. En general predomina el balserismo social, sin advertir la intensidad y violencia de la marejada y las escasas probabilidades de llegar a la tierra (auto)prometida.

Los indicadores del PNUD, recientemente editados, a pesar de sus notorias limitaciones y simplificaciones, son elocuentes al poner en evidencia los epifenómenos de la persistente dialéctica (global) del desarrollo desigual, combinado, contradictorio y complejo (DDDCCC) de la unidad de la diversidad de individualidades históricas y geográficas. Los datos destacan que la naturaleza esencial de la posmodernidad radica en la continuidad, extensión y profundización de la mano invisible de la modernidad y que su superación (negación de la negación) es aún lejana.

A pesar de la globalización excluyente/inclusiva neoliberal, la “evolución” del mundo continúa siendo un “collage” de balsas sociales, de múltiples historicidades (formas de hacer la historia) y geograficidades (formas de hacer la geografía), más o menos modernas o supermodernas, resultado de la combinación globalizadora de 9.268 lenguas/culturas distribuidas entre 5.890 millones de habitantes, distribuidos a su vez en una geografía política de 177 países/estados/filas de los registros del PNUD. El panorama es aún más complejo si consideramos la diversidad de dialectos subculturales, los lenguajes de las tribus urbanas que habitan en la trama de las grandes ciudades del mundo y, por último, aunque no en último lugar, la diversidad de clases y procesos de clasificación social en términos de multiplicidad de situaciones socioeconómicas, de lógicas, intereses e imaginarios reproductivos.

Las tablas de PNUD son fotografías parciales del mundo: muestran algunas formas de las diferencias, las más superficiales y evidentes y en una gama de distinciones demasiado limitada por el álgebra de la estadística descriptiva, proclive a los valores medios. No se visualiza, metafóricamente, la geo-logía que sustenta la diversidad y mucho menos la geo-morfología y fisio-logía del desarrollo de cada país/estado/fila.

Sin embargo, la principal limitación radica en la ausencia de articulaciones entre las 1.947 celdas de las 177 “filas/países/estados/miembros”. Faltan los vasos comunicantes  y los motores que distribuyen los flujos globalizados y globalizadores mediante los cuales es posible visualizar, analizar y comprender las fuerzas estructurales globales que determinan la distribución y interconexión de los diferentes paisajes estadísticos[4], las áreas “opacas y brillantes”, las “regiones ganadoras y perdedoras” y las “horizontalidades y verticalidades” dentro del aparente caos universal. Apelando a un neologismo que combina escalas geo-lógicas, geo-morfológicas y fisio-lógicas locales y globales, no hay pistas en las tablas que revelan a los propietarios de las  manos invisibles de impulsan el fetichismo de los procesos de glocalización desigual y combinada. Más lejos aún, no hay indicios sobre los agentes y las agencias del universo de contradicciones que sobredeterminan las turbulencias estructurales específicas de cada estado-país-fila.

Noruega y Niger tienen los valores extremos del índice de desarrollo humano. En la tabla de descriptores figuran en los extremos de un segmento, el cual, por la naturaleza de los procesos involucrados es una pésima metáfora para representar la circularidad de las redes de los encadenamiento reproductivos mundiales, en particular las de las formas locales y globales del poder sobre la mano invisible.

Los 4,5 millones de habitantes de Noruega constituyen una unidad cultural, económica y política relativamente homogénea y compacta y los únicos grupos minoritarios significativos son algunos miles de saami y un pueblo de origen finlandés que vive en Nord Norge. Como consencuencia de los intercambios globalizadores, también hay pequeños grupos de los vecinos suecos, daneses y británicos y de paquistaniés y estadounidenses. En Niger, la población de 11,5 millones (2004) está constituida por seis grandes grupos étnicos. El mayor es el hausa, con el 56% de la población. Son agricultores de subsistencia que habitan en el sur. Le siguen  los songay y djerma que forman el 22%; luego los fulani (9%), los tuareg (8%), los kanouri (4%) y el resto lo componen los pueblos del vecindadario geocultural árabe, toubou y gourmantche. Fulani y tuareg son pastores que mantienen un estilo de vida nómada o seminómada, sin la calidad de vida de los nómades que circulan estacionalmente por las urbanizaciones de los países centrales.

Los noruegos no se sienten responsables de la suerte de Niger. Aunque son los antípodas estadísticos de los pobladores de Niger, con seguridad no se sienten el extremo contradictorio de Niger. Los habitantes de Niger no saben de la existencia del mundo y mucho menos de Noruega, salvo los pocos que se relacionan con el exterior por el intercambio comercial, las relaciones diplomáticas o la escasa ayuda filantrópica de algunas ONGs, entre ellas las Noruegas.

Sabemos que las identidades estatales/nacionales se construyen con las socialización educativa. El índice de educación de Niger es de 0.17 y el de Noruega del 0.99 (“un pelito” para redondear 1.00). Es posible suponer que solo un puñado de habitantes de  Niger alguna vez visualizaron en un mapa la existencia y “shape” (silueta o forma cartográfica) de Noruega, aunque es más probable que hayan conocido a algunos noruegos sin saber de Noruega. Lo más dramático, no obstante, es que la mayoría de sus habitantes, librados a una economía de supervivencia cuasi-natural ni siquiera saben el significado de Niger, mucho menos cual es el  “shape” de Niger en el mapamundi y mucho menos aún el punto que ocupan en el shape de Niger. [5]

Los noruegos saben que Noruega es su lugar. Saben también que Noruega se extiende más allá de las formalidades de su territorialidad soberana, mediante una intrincada red de territorialidades en las cuales están. Los hausa, fulani, tuareg, kanouri, toubou y goumantche, en cambio, sin saber el significado de Niger y ajenos al lenguaje de las ciencias sociales de occidente que hablan de territorio, territorialización, Estado, identidad e identidad múltiple, saben solamente que la tierra  que habitan es suya, aunque advierten por las nuevas geografías trazadas por el colonialismo y los enclaves capitalistas que tiende a ser  menos suya. [6]

 El collage mundial no está enteramente librado a la mano invisible de una naturaleza “ciega y sin sujeto”. La historia y geografía universal se está haciendo en la multiplicidad de historias y geografías. En las rugosidades, penumbras y entramados de la globalización, con mayor o menor presencia o disimulo, sin culpas, -las matemáticas no saben de culpas-, se destaca un actor fundamental de entre las especificidades culturales y naturales nacionales y mundiales: la unidad de ( y a pesar de) la multiplicidad de formas sociales y sectoriales de capitales, más o menos concentrados y centralizados, los que en un movimiento repetitivo y compulsivo de flujos y reflujos, detentan una espesura, densidad, compactación y capilaridad que lo envuelve y subordina todo (“como un éter” decía Marx), gracias a los dispositivos urbanos mundiales de su socialización ampliada, desarrollados por las territorializaciones del comercio mundial desde sus años fundacionales. Los Estados modernos y la ciudadanía moderna son las formas más refinadas de territorialización de los dispositivos de disciplinamiento y control del capital.

La interdependencia y urbanización mundial del capital in-forma,  pre-forma y con-forma un lenguaje sin lengua, mediante una objetividad y materialidad dirigida por “expertos” que unifica contradictoriamente la multiplicidad de identidades, forzando el mestizaje idiomático, la hibridación cultural y la paulatina transformación de las intensidades y sentidos de los flujos y  las interdicciones fronterizas. La fisio-logía mundial sobredetermina la multiplicidad de geo-logías  y geomorfo-logías locales, generando la emergencia de patrones culturales con nuevas territorialidades y territorializaciones.

En Noruega y Niger, tras el relativo y aparente aislamiento de las estadísticas tabulares del PNUD y muchos otros Sistemas de Información Geográficos, es posible rastrear una intrincada trama de intercambios mediadas por las organizaciones internacionales que operan “sobre” Niger y en la explotación y comercio de concentrados de uranio y estaño. Dejamos de lado la industria del turismo aventura estimulado por las imágenes de la irritante pobreza resignificada como realidades exóticas en el consumo de paisajes culturales.

Algunas fuentes estiman en más de 5.000 toneladas anuales la exportación de concentrado de Uranio. Se trata de un recurso que contribuye a alimentar el 5 % de la producción de energía a nivel mundial, de la cual más del 80 % alimenta la industria y la calidad de vida de los pocos países que integran la OCDE. Las exportaciones globales en 2001 fueron estimadas en 156 millones de dólares, correspondiendo el 55 % al concentrado de uranio con destino a Francia, EEUU y Japón, países con los cuales Noruega tiene un activo comercio desde los albores del desarrollo del capitalismo global.[7] Ambos países además están íntimamente ligados por ser miembros del Organismo Internacional de Energía Atómica y otros organismos internacionales.

Entre las redes urbanas de comunicación e in-formación mediante las cuales se comandan las sucesivas metamorfosis del collage de la geopolítica mundial, se destacan varios logros importantes en la construcción del lenguaje mundial, que preanuncia la paulatina implantación de un esperanto diferente a la democracia implícita de quién lo propuso en el siglo XIX con notoria ingenuidad lógica en base a combinación de lenguas. El  lenguaje emergente es el de la acumulación, expresado en la matemática y el álgebra numérico-decimal, en las equivalencias cuantitativas de la diversidad cualitativa de monedas nacionales, en los patrones de medidas de las transacciones, en la disparidad de los “términos de intercambio” y en la cuadriculación y geometrización de la tierra y la consiguiente imposición de una única métrica a la historicidad mundial: el sistema único de los usos horarios, de la hora mundial/universal de la vida en general y, por sobre todo, de las tasas de interés calculadas por segundos, minutos, horas, días, semanas y años.

Son casi inexistentes las subculturas que no fueron penetradas por la métrica de las tasas de interés, métrica que a su vez atraviesa a todos los intereses, incluso los de quienes pretenden resistir y persistir atrincherados en la  afirmación cualitativa y conservadora de las diferencias o alteridades culturales y lingüísticas o de los grupos que con mayor o menor pretensiones vanguardistas proclaman la guerra al sistema. Las políticas culturales y lingüísticas del Estado Francés son un claro ejemplo de la relativa impotencia para frenar (sic) el contundente avance sobre la microfísica de la reproducción cotidiana (la sociedad civil) del lenguaje sin lengua de la globalización capitalista.

La unidad de la diversidad y su superación, es decir, la negación de la diversidad fragmentaria de identidades, marcha al ritmo vertiginoso de la acumulación capitalista a partir de la profundización y extensión de los dispositivos urbanos de la socialización y la imposición de determinados sistemas abstractos a la interacción basados en la generalización y abstracción del equivalente de los equivalentes monetarios particulares y la consiguiente subordinación o aniquilamiento de las limitadas escalas geográficas y territoriales de cada uno de ellos.

No obstante, de no producirse cambios en la orientación capitalista de la urbanización mundial y del desarrollo científico-tecnológico, se atisba cierta tendencia a la segmentación de las lenguas y la emergencia del inglés como una especie de latín contemporáneo.

El inglés es una lengua escasamente hablada por la población mundial en general. No obstante, es la lengua de los nuevos ministros y  ministerios globales, de los  sistemas expertos y abstractos que dominan la socialización mercantil mundial (Banco Mundial, Fondo Monetario, OCDE, Naciones Unidas, Unesco, Corte Internacional, Sistema Global de Ciencia y Técnica, etc.).

La multiplicidad de lenguas, las otredades lingüísticas,  sobreviven en los intersticios “locales” de la vida cotidiana de la socialización nacionales o subnacionales, sustentadas en universos de “cosas” (objetos, sentimientos, procesos) cuyos sentidos son nominados por las lenguas originarias. No obstante, los intersticios cotidianos son paulatinamente poblados por universos de “cosas nuevas” nominadas con los signos lingüísticos de la ecumenización capitalista. El proceso es potenciado por la notoria sustitución de las palabras por la inusitada cantidad de íconos lingüísticos transnacionales, entre los que se destacan los signos monetarios, la heráldica de las empresas mundializadas, la heráldica de los clubes deportivos y de las tribus musicales y los ídolo-signos  de las grandes figuras del deporte y las artes, muchos de los cuales son construcciones puramente virtuales.

Dejando de lado consideraciones sobre la justicia o injusticia, las defensas de las identidades nacionales, como el ejemplo de Francia o, en términos genéricos, locales o particulares, son derretidas, carbonizadas y evaporadas por la temperatura de los flujos mercantiles in-pre-con-formativos internacionales. Los sistemas educativos nacionales, ante el poderoso efecto educativo de los  medios de comunicación masiva, son equivalentes al arco y la flecha ante el arcabuz de la colonización moderna. La brecha entre ambas radica en la relativa imposibilidad de encapsular fuera de los flujos mundiales la socialización de los deseos, las políticas de los cuerpos  y la aspiración de la gente, en particular las generaciones de recambio, los niños, adolescentes y jóvenes que carecen en sus biografías del peso de las tradiciones locales en la construcción de sus identidades.

En el horizonte general, el PNUD es un gigantesco dispositivo de “destradicionalización” de los lugares nacionales, a pesar de haber resaltado en la edición de 2004 la necesidad de sostener el multiculturalismo para garantizar los procesos de democratización planetaria. No es un registro menor que el informe central solamente está disponible en Inglés, Francés, Español, Italiano, Portugués, Ruso y Árabe. El álgebra de las tablas del PNUD es absolutamente universal y muchos informes solamente están disponibles en inglés, la lengua de los expertos “orgánicos” de la elite mundial.

Sin embargo, el carácter más radicalmente destradicionalizador de PNUD es solidariamente orgánico con los principales ministros y ministerios sostenedores, en tanto el “show” estadístico de la diversidad mundial, al mismo tiempo que ratifica la heterogeneidad cultural y la falta de la universalidad del desarrollo globalizador, justifica la persistente construcción de las desigualdadades de  la mano más o menos invisible del capitalismo tras la ideología del multiculturalismo.

Zygmut Bauman, en una reciente entrevista afirma que “el multiculturalismo parece ser una ideología de la élite global –sentirse en todas partes como en casa, no sentirse como en casa en ninguna parte”. El centro de la ideología multiculturalista, considerada como una instancia de sentido axiológico y programático, radica en asignar a todas las expresiones culturales la misma jerarquía abstractamente, es decir, sin tener en cuenta las formas de “ser y no ser” en los diferentes lugares y liberando absolutamente la circulación y formas de territorialización de la élite mundial y, sobre todo, colocando fuera de su específica dialéctica el carácter siniestro de la globalización. La guerrra contra los fundamentalismos islámicos es ejemplarmente, en palabras de Descartes, “clara y distinta”.

La revisión de muchos estudios sobre la individualización y alteridades mundiales, el nosotros y los otros, lo local y lo global o las identidades y las otredades, al considerar la geografía humana mundial real, dejan entrever que las ciencias sociales son, parafraseando a Hegel, como el Búho de Minerva, que “levanta vuelo al anochecer y regresa al alba silenciosamente sin anunciar el nuevo día”. El carácter noctámbulo es común a las ciencias geográficas y en particular para las secciones de geografía humana o social y los Sistemas de Información Geográficos, tan propensos a describir y explicar los fenómenos de identidad y multiculturalidad mediante los datos tubulares y los “shapes” espaciales. Ante la falta de una específica y clara instancia de sentido social y teórico auténticamente humano, son impotentes para hacer frente a la historicidad y geograficidad voraz visible e invisible de los dispositivos socializadores de la urbanización  jerarquizada, feudal e imperialista del capitalismo.[8]

Ante tal evidencia, el fantasma de Marx  reaparece para señalar que nada desaparece o se crea si no se desarrollan las condiciones históricas y geográficas de su posibilidad. Es necesario una historia y una geografía para hacer otras historicidades  y  otras geografícidades. Paradójicamente, en relación al futuro, Marx coincidiendo con el fantasma de Hegel, profetiza que el movimiento dialéctico del multiculturalismo, de las identidades múltiples y de la multiplicidad de identidades, indica que la historia y geografía desigual del capitalismo todavía tienen un vasto horizonte y un rol protagónico en la construcción de las condiciones que pudieran inaugurar una inflexión hacia su desaparición. Es capitalismo es aún la fuerza más poderosa de su propia superación sin que pueda por si solo superarse. Ante tal evidencia, la cuestión de las cuestiones de la multiplicación abstracta de nuestras identidades radica en como construir un sistema de posicionamiento global alternativo (GPS) que resguarde la lógica de los procesos de identificación sin caer en la lógica de la inclusión/exclusión neoliberal y en el conservadurismo de la ideología multiculturalista. Creemos que a respuesta hay que construirla “haciendo ciencia con la gente”.

 


[Vicente Di Cione, Apuntes dispersos de geografía y ciencias sociales, Un comentario derivado de la ojeada del Informe Sobre (pre)Desarrollo (pre)Humano del PNUD de 2004, UBA – FFyL – Departamento de Geografía – Cátedra de Teoría Contemporánea de la Geografía II, Buenos Aires, 13/09/2005].



[1] Equiparable al robinsonismo social de los albores de la civilización liberal.

[2] La editorial Losada publicó en 2005 su ensayo Identidad. Autor triplemente globalizado: por la difusión ecuménica de su obra, por tomar al mundo como objeto de reflexión y por su identidad múltiple construida a lo largo de una biografía relativamente inter y transcultural.

[3] Múltiple en un triple sentido: como multiplicidad de formas o aspectos de una determinada identidad (edad promedio, formas de cooperación, contraidentificación, procedimientos de construcción, valores, etc.), como  multiplicidad de referentes de identificación-pertenencia (cristiano, burgués y argentino o joven, rockero y desocupado) por un mismo individuo y como multiplicidad de identidades relativamente estabilizadas en diferentes escalas socio-territoriales (locales, regionales, mundiales, etc.).

[4] La base de datos discrimina en función de los ingresos, del índice de desarrollo humano y de agrupamiento continental y subcontinental. En función del primero en países de alto, mediano y bajo ingreso. En función del segundo en alto, mediano y bajo desarrollo.

[5] Ignoramos el impacto de los medios de comunicación televisivos en la construcción del imaginario geográfico propio y del “exterior”.

[6] Al analizar los procesos de territorialización mundiales Z. Bauman (2005) y otros han propuesto distinguir el “ser de un lugar” y el “estar en un lugar”. La primera se refiere a las formas tradicionales de habitar que involucran “obligaciones” con la historicidad  y geograficidad locales. La segunda a las formas que no involucran obligaciones y que “exigen la ley y  el orden que garanticen su seguridad”. Creemos que la distinción es importante para los fines de distinguir dos momentos de las relaciones de construcción de los lugares. En la realidad ambas coexisten, aunque las formas neocoloniales y neoimperialistas son notoriamente proclives al establecimiento de dispositivos de disciplinamiento y control para garantizar su “estar”. En clave dialéctica diremos que ser y estar son formas complementarias de construir territorialidades.  El “estar” en un lugar no implica ausencia de territorialidad, sino la construcción de una territorialidad o lugaridad diferente. Sin negar la utilidad de la distinción, puede señalarse las dificultades sociológicas implícitas en la expresión “ser de un lugar”, en tanto presupone un cierto fetichismo de los lugares. En tal caso, paradójicamente, el ser estaría subordinado al “ser del lugar”, traducida como “naturaleza del lugar” y, por lo tanto a la posible dominación del estar en el lugar: “ser dominado en y por el lugar”.  En otro nivel de registro, ambos momentos connotan las nociones de horizontalidades  y verticalidades propuestas por Milton Santos.

[7] En el año 2004 la producción mundial de concentrado de uranio alcanzó 35 mil tonenadas. La mayor parte fue destinada a cubrir las necesidades de las 438 centrales nucleares distribuidas en el mundo, que contribuyen a generar el 17 % de la energía eléctrica mundial. Al menos cinco países, entre los que se cuentan Francia, Suecia y Bélgica, obtienen más del 50% de sus suministros totales de electricidad de la energía nucleoeléctrica. Otros diez países, incluidos España, Finlandia, el Japón, la República de Corea y Suiza, producen en centrales nucleares el 30% o más de sus suministros totales. Además, un gran número de naciones en desarrollo, incluidas la Argentina, el Brasil, China, la India, México y el Pakistán, tienen centrales nucleares en servicio. Niger aportó en 2004 el 15 % aproximadamente del insumo básico de las centrales. Considerando el volumen estimado de las reservas, Niger puede considerarse un Estado significativamente importante en la territorialidad mundial del “campo nuclear” (Ftes: International Atomic Energy Agency; Federación Internacional de Sindicatos de la Química, Energía, Minas e Industrias Diversas, Documento de la Conferencia Mundial de Minería, Boknsburg, Sudáfrica, 23-25 noviembre 2004)

[8] Ver V. Di Cione, 2005, “¿Neoliberalismo o capitalfeudalismo urbano?. Consideraciones a partir de la cuestión urbana en Argentina. En homenaje a Andre Gunder-Frank”, en Scripta Nova, 1 de agosto de 2005 [http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-194-93.htm].