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Asunto:NoticiasdelCeHu De Nueva Orleans a Bagdad pasando por Buenos Aires.
Fecha:Jueves, 1 de Septiembre, 2005  11:14:01 (-0300)
Autor:Di Cione, Vicente <geobaire @............ar>
En respuesta a:Mensaje 6250 (escrito por Centro Humboldt)

De Nueva Orleans a Bagdad pasando por Buenos Aires

La geografía siempre fue una disciplina de georeferenciamiento territorial de sujetos, objetos, acciones (culturales y naturales), procesos y fenómenos. Sabemos también que las formas sociales de la geografía, entre ellas las del mundo académico, se desarrollan a partir de una multiplicidad de necesidades y prácticas sociales: políticas, entre ellas las militares en el nivel más dramático de la política, es decir, las guerras de territorialización, geopolíticas, económicas y lúdicas o  turísticas. Se trata, en definitiva, de un proceso desigual y combinado de desarrollo de conocimientos y habilidades instrumentales relacionadas con la vida social. Sin entrar a debates del tipo "el huevo o la gallina", las necesidades (sociales e individuales) son el motor del desarrollo de las formas de la geografía.

El artículo que se adjunta, publicado hoy en Clarín, suma argumentos a favor de la sobredeterminación social general del campo disciplinario, al mostrar de que manera avanza el repertorio de instrumentos y procedimientos de georeferenciación procedentes de desarrollos militares en el conocimiento y georeferenciamiento microescalar de la vida social, en este caso del lugar de la producción de los "agronegocios" de las hipermodernas (¿o posmodernas?) empresas capitalistas.[1]

Me pareció interesante compartir esta noticia.

Lo hago, sin embargo, sin perder de vista las geografías de la vida universitaria, ocupadas por el paro, y las contradictorias formas de intervenir por parte de las sociedades de los desafortunados "desastres" (naturales, políticos y culturales) de Bagdad y Nueva Orleans, dos ciudades con significados geográficos muy diferentes, aunque comparten ambas el estar pegadas a dos ríos importantes de los procesos civilizatorios (El Tigris y el Missisipi) y su fuerte presencia en nuestros imaginarios: la primera por ser centro del Islam y la segunda por haber sido “la meca” del blues y el jazz. En este momento las une además dos “tornados”, aunque con orígenes, manifestaciones, dramas y consecuencias diferentes. En Nueva Orleans se trata del el huracán Katrina, previsto y atenuado con bastante tiempo de anticipación gracias a las nuevas geotecnologías de la observación planetaria, las mismas que se aplican en las guerras y los agronegocios. En Bagdad, se trata de un tornado humano, que sin tanta sofisticación, estaba previsto con las viejas tecnologías de observación-participativa. “Se sabía” (y alguien, demanera siniestra o pícara, lo sabía) que  bastaba un vórtice u ojo provocativo, un “rumor” alarmante para que una “comunidad de personas” desesperadas se transforma en una “violenta multitud”, similar al huracán Katrina, que aplastó en segundos la vida de más de mil personas. En Nueva Orleans prevaleció el fetichismo de la naturaleza. En Bagdad la naturaleza primaria del individualismo en situación de alarma.  

[Vicente Di Cione, GeoBaires, Apuntes de Geografía y Ciencias Sociales, actualización del 1/9/2005]

La maquinaria, con moderno "software", trabaja cada vez más con datos satelitales.

Sergio Persoglia.

spersoglia@clarin.com

 

La incorporación de tecnología satelital a la maquinaria agrícola argentina creció en forma sostenida en los últimos años, de acuerdo a un reciente informe de expertos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

Los técnicos del Proyecto de Agricultura de Precisión del organismo, encabezados por Mario Bragachini, mostraron cifras que indican que, por ejemplo, las pulverizadoras (fumigadoras) con banderilleros satelitales pasaron de 500 en el 2002 a 2.600 en el 2004, o que los monitores de rendimiento con sistema de posicional global (GPS, como se lo conoce por sus siglas en inglés), pasaron de 420 en 2002 a 900 el año pasado.

Pero, ¿qué son y para qué sirven esos aparatos? Las pulverizadoras autopropulsadas permiten hacer de manera más rápida y eficiente la fumigación de los campos, para combatir a las malezas y las plagas que afectan a los cultivos. La incorporación de banderilleros satelitales a esas máquinas permite a sus conductores saber con precisión cada centímetro del lote que trabajan, para no pasar dos veces por el mismo lugar (desperdiciando producto) o para no dejar de aplicarlo en algún otro. En definitiva, permiten hacer un trabajo mucho más eficiente.

Los GPS, por su parte, incorporados a los monitores de rendimiento de una cosechadora, por ejemplo, permiten saber cuánto rindió casi cada metro del campo, en lugar de la habitual cifra promedio por hectárea, que surge de dividir todo lo que se cosecha por la cantidad de hectáreas. De esa forma, y complementando esa información con otros estudios, se puede saber por qué algún lugar rinde menos y adoptar las medidas apropiadas para encaminar la situación. De los 21.000 equipos de cosecha que hay en el país, casi 1.500 ya tienen monitores de rendimiento.

Esos son apenas algunos ejemplos básicos de la potencialidad de la denominada "agricultura de precisión", que cuenta con muchas otras herramientas. Por ejemplo, equipos que permiten aplicar la semilla o el fertilizante en dosis variables en distintos sectores de un lote y hasta pilotos automáticos para tractores, conocidos técnicamente como "auto-guías".

Este último sistema aún no fue autorizado en la Argentina para una automatización total, es decir, para un manejo casi a control remoto, "solamente por cubrir normas de seguridad de riesgo laboral y otros riesgos fuera del campo", indicaron los expertos del INTA. Pero la tecnología ya está disponible.

"Hay que comprender que, hoy, los ambientes agrícolas ya no deben pensarse más en función de la división que marcan los alambrados o los caminos, como en la agricultura convencional, sino por las coordenadas de un GPS", explicó Bragachini.

Muchas empresas argentinas, desde fabricantes de maquinaria hasta de electrónica de alta complejidad, comenzaron, luego de la crisis del 2002, una fuerte proceso de sustitución de importaciones y se lanzaron al mercado exterior. Así, según Bragachini, "los productores argentinos puede tener hoy casi todos los desarrollos mecánicos y electrónicos disponibles a nivel mundial".

[Clarín, Sección Agronegocios, 1/9/2005, pág. 20]



[1] Las tecnologías que comenta el artículo no son en rigor una novedad en el mundo de los agronegocios de EEUU, Canadá y URSS.