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Asunto:NoticiasdelCeHu 544/02 - Chile 1973-2002
Fecha:Miercoles, 11 de Septiembre, 2002  18:43:49 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>





11S de 1973


Crónica de la muerte de Victor Jara


Patria Grande

El 10 de septiembre de 1973 recibi una invitacion para la exposicion "Por la vida. Contra el fascismo", que debia inaugurarse al dia siguiente en la Universidad Tecnica. Alli tenia que intervenir Salvador Allende e iba a cantar Victor Jara.

La vispera vi el enorme afiche de la exposicion. Una madre amamantaba a su criatura y la sombra de ambos estaba bañada de sangre. Era un llamamiento silencioso, pero muy expresivo, a defender la vida contra el fascismo. Victor proponia organizar un viaje de propaganda por el pais para alertar al pueblo. La exposicion antifascista de la Universidad Tecnica tenia que marcar el comienzo de esta accion.

Pero el 11 de septiembre la exposicion no se inauguro. Salvador Allende hizo aquel dia su ultimo llamamiento al pueblo y no en el Foro Griego de la Universidad, sino en el palacio de La Moneda, rodeado por los putchistas.

Los putchistas se apoderaron de todas las fuerzas armadas. Despues de la dimision forzosa de los generales, correligionarios de Carlos Prats, que encabezaban el ejercito de tierra, fueron destituidos de sus cargos el almirante Raul Montero, comandante de la Marina de Guerra, y Jose Maria Sepulveda, director general del cuerpo de carabineros, que no queria sumarse a los putchistas. En las fuerzas armadas se efectuo una limpia de arriba a abajo. Los fascistas lograron convertir a muchos oficiales en ciegos instrumentos del complot, convenciendolos de la necesidad de oponerse a la amenaza de exterminio de los cuadros de mando que, como ellos afirmaban, tramaba la Unidad Popular.

El nuevo comandante en jefe, general Pinochet, que en visperas habia jurado fidelidad al presidente Allende, encabezo el golpe. Fascista encubierto con la mascara constitucionalista, Pinochet dio orden de asediar el palacio de La Moneda. En estas condiciones Allende no se creyo con derecho a llamar al pueblo inerme a la lucha.

Queria evitar un derramamiento inutil de sangre, pero decidio aceptar desigual combate en La Moneda. Sabia que con un puñado de los defensores del palacio no podria alcanzar la victoria militar. Pero el presidente estaba convencido de que el combate que libraria defendiendo el mandato del pueblo, seria una victoria moral y politica de la Unidad Popular. No queria ver derrotada la bandera de la revolucion, sino dejarla bien alta. El mandatario del pueblo prefirio morir arma en mano antes que capitular frente a los putchistas, estaba seguro que su muerte no seria esteril.

Jamas olvidare la firmeza con que hablaba Allende por los microfonos de la emisora comunista Magallanes. Su voz sonaba sobre el estruendo de las explosiones:
-Ante los hechos solo me cabe decir a los trabajadores: yo no voy a renunciar.

Colocado en un transito historico, pagare con mi vida la lealtad del pueblo. Hice girar la manecilla de la radio portatil. Despues de los ataques aereos las emisoras democraticas fueron callando una tras otra. Pero Magallanes seguia resistiendo. Los putchistas no pudieron interrumpir el ultimo discurso de Salvador Allende. Luego escuche la voz familiar del locutor, que dijo: "En cualquier momento nos pueden interrumpir, pero seguiremos aqui hasta el final". En medio de los cañonazos salio al aire la cancion de Sergio Ortega El pueblo unido, interpretada por Quilapayun. Los que se encontraban en la emisora corearon el estribillo:
Y ahora el pueblo
que se alza en la lucha
con voz de gigante
gritando: ¡Adelante!
¡El pueblo unido
jamas sera vencido!

Quienes estaban junto al microfono sabian que los enemigos abririan fuego contra ellos. Mi radio emitio un chasquido y una detonacion ahogo las voces de los cantantes. Trate en vano de comunicar por telefono con Radio Magallanes cuando ceso de transmitir. Mientras tanto, en el centro de Santiago se levantaba una nube de humo. Los aviones de los putchistas estaban bombardeando el palacio presidencial.

Victor estuvo en la Universidad, pero no canto desde el escenario, paseaba con la guitarra entre los estudiantes tratando de animarlos. En torno al edificio el aire se estremecia de las rafagas de ametralladora.

Ahora voy a ceder la palabra a los testigos de los ultimos dias de Victor Jara. El dia del golpe lo vio Cecilia Coll, dirigente de la seccion artistica del Departamenteo de cultura e informacion de la Universidad Tecnica. La entreviste en Moscu.

Cecilia Coll: "Victor alcanzo a llegar a la Universidad cuando los militares golpistas ocupaban las posiciones claves en la capital. Pero la situacion todavia era confusa. Victor paso por mi oficina y pregunto:
-¿Que hacemos?
-Vamos a esperar
-¿Que debo hacer?
-Quedarte aqui. Animar con tus canciones a los estudiantes, academicos y trabajadores.

En espera del posible ataque fue decidido: trasladar a los estudiantes y otros trabajadores de la Universidad a la Escuela de Artes y Oficios. Era un edificio con paredes mas resistentes.

Como si fuera ahora veo el rostro de Victor: llama por telefono de mi oficina a su esposa Joan.

-Debo quedarme aqui un tiempo. No te preocupes. Espera. Volvere sin falta.

Victor siempre fue un hombre del deber. Y los siguio siendo en esta peligrosa situacion. Despues sufri mucho por su muerte. Me senti de algun modo culpable ante el. No podia perdonarme el no haberlo mandado entonces a su casa. Debi hacerlo. Aunque mas tarde los soldados ya emplazaban ametralladoras pesadas en los techos de los edificios cerca de la Universidad, pero hasta el toque de queda todavia era posible salir. Sin embargo, yo pensaba: en la calle lo pueden identificar y matar..."

Por la noche la Universidad fue rodeada por soldados en carros blindados. Toda la noche estuvieron preparandose para el ataque como si tuvieran delante una fortaleza militar. Despues del intenso cañoneo, los soldados irrumpieron en el edificio y emprendieron a culatazos con los estudiantes. El camarografo Hugo Araya, que habia venido a filmar la inauguracion de la exposicion, se situo con su camara frente a los "vencedores" riunfantes. Y casi al instante un balazo lo mato. A Victor junto con otros estudiantes lo obligaron a tenderse en el suelo boca abajo.

-Al que se mueva le vuelo la cabeza -gritaban los oficiales. Durante varias horas los soldados pisoteaban con sus botas a la gente tendida, sin dejar que se levantasen hasta que llego la orden de trasladar a los "prisioneros" de la Universidad Tecnica al Estadio de Chile que, al igual que el Nacional, recibia a los prisioneros cautivos.

...Poco despues del golpe contrarrevolucionario fascista en Chile la prensa del mundo entero publico la ultima foto de Salvador Allende. En esta secuencia historica el "compañero presidente" en el palacio cercado por los putchistas parece un soldado ante el combate, la cabeza tocada con un casco y empuñando la metralleta en la diestra. El rostro del presidente, igual que el de los valientes defensores de La Moneda que lo acompañan, tiene una grave expresion. Salvador Allende murio en su puesto, con las armas en la mano.

Me interese por el hombre que aparecia en la foto al lado de Allende. Conversando con los chilenos me entere que se trataba del medico particular de Salvador Allende, un tal Danilo Bartulin (nieto de emigrados yugoslavos). El 11 de septiembre de 1973 Bartulin fue testigo de las ultimas horas de vida del presidente en el edificio de La Moneda, presa de las llamas.

Por inverosimil que parezca, Danilo se salvo por milagro y emigro de Chile. Me entreviste con el en Mexico, donde estuve en 1976 por artes del periodismo. Danilo Bartulin me hablo del ultimo combate del "compañero presidente". La conversacion ya concluia cuando supe una noticia inesperada. Danilo Bartulin paso junto con Victor Jara los ultimos dias de vida del cantante en el Estadio de Chile.

La entrevista termino ya entrada la noche. Danilo hablaba pausadamente, con esfuerzo. Lo escuchaba sintiendo que un dolor inextinguible me oprimia el corazon.



Relato de Danilo Bartulin

"Cuando me detuvieron, me llevaron al Estadio de Chile. Fue por la tarde del 12 de septiembre. Alli ya habia muchos prisioneros. Junto con otros presos nos ordenaron ponernos en fila con las manos en la nuca. De repente un oficial me reconocio:
-Es el medico de Salvador Allende.

El comandante Manrique, un fascista empedernido, se acerco a mi, desabrocho la funda, saco la pistola y apuntandome a la cabeza dijo:
-Ha llegado tu hora.

Y dirigiendose a los soldados ordeno:
-Separenlo de los demas y dejenmelo a mi.

Me apartaron del grupo y me dieron un empujon que me tiro por la tierra. Vi a un grupo de jovenes que los soldados iban arreando, apuntandolos con metralletas.

Al comandante le dijeron:
-Son los de la Universidad Tecnica.

Los pusieron en fila tambien. Manrique recorrio la fila y señalo con el dedo a un preso:
-A ese me lo dejan a mi tambien.

No queria dar credito a mis ojos. Se trataba de Victor Jara. Varios soldados se animaron: "Aqui esta el cantante Jara...". Pero el oficial les corto:
-Este señor quiere pasar por otro. Es un lider extremista.

Esa calificacion era suficiente para justificar el asesinato. Poco despues a Victor y a mi nos separaron de otros prisioneros y nos metieron en un pasillo frio. Estuvieron pegandonos desde las siete de la tarde hasta las tres de la madrugada. Nos encontrabamo tumbados en el suelo sin poder movernos. Estabamos aislados de otros presos politicos. A eso de las tres de la madrugada vino un teniente que me invito a sentarme. Empezo a preguntarme sobre Allende y me tendio un cigarrillo. Fume. Mientras tanto, Victor seguia tendido en el suelo. Le entregue la mitad del cigarrillo, puesto que el teniente no quiso dar otro a Victor.

Casi tres dias estuvimos juntos Victor y yo en el Estadio de Chile. A nosotros casi no nos daban de comer. Engañabamos el hambre con agua. Victor tenia la cara llena de moretones y un ojo cerrado por la hinchazon.

Conversamos mucho en ese tiempo, Victor me hablo de su familia, de su mujer y sus hijas a quienes queria mucho, de sus espectaculos en el teatro y de las nuevas canciones que soñaba hacer... En el mismo estadio donde nos tenian presos, a Victor le habian aplaudido cuando gano el concurso de la Nueva Cancion Chilena en el festival.

Victor se mostraba pesimista respecto a su destino. Pensaba que no saldria de alli. Trate de animarlo. Aunque presentia su proxima muerte, seguia siendo el de siempre. Se portaba con valor, con dignidad, no pedia gracia a sus torturadores..."

Aqui interrumpo la grabacion de mi conversacion con Danilo Bartulin para completarla con los testimonios de otros ex-prisioneros del Estadio de Chile, a quienes tambien entreviste.



Relato de Rolando Carrasco, ex-director de la radio sindical Luis Emilio Recabarren

"Dos veces vi a Victor en el Estadio de Chile. Fueron unos encuentros breves. El 13 o 14 de septiembre, por lo visto, por la mañana, pase cerca del pasillo donde tenian a los prisioneros aislados. Alli estaba Victor Jara, sentado en una silla de madera, extenuado, con rastros de azotes en la frente y las mejillas. Se sonrio al verme. Nos saludamos. Al dia siguiente pase de nuevo por alli y otra vez nuestras miradas se cruzaron. Nos saludamos. Al igual que el dia anterior, su rostro se ilumino con una sonrisa que me reconforto el alma. ¡Llevaba ya tanto tiempo en este maldito pasillo! De vez en cuando los guardias venian por el y se lo llevaban a no se donde.

Ahora era dificil imaginar que todavia el 10 de septiembre estuvieramos bromeando alegremente en la emisora. En los estudios Victor y yo escuchabamos la grabacion de su nueva canion:
Marcha de los constructores. El disco tenia que salir pronto. Jara queria que la emisora de la Central Unica de Trabajadores fuera la primera en transmitir esta marcha, compuesta a peticion de los obreros de la construccion. El 11 de septiembre nuestra emisora fue saqueada por los golpistas al negarse a obedecer a la junta fascista.

Al ver a Jara en el estadio, pense con amargura que seguramente aquella ultima grabacion de Victor habria sido destruida y el disco no saldria... Victor estaba reservado y callado, mientras que en mi memoria sonaba la voz del cantante..." A veces los verdugos dejaban en paz a Victor Jara y Danilo Bartulin, porque tenian demasiado "trabajo" en el estadio. Despues de torturarlo, parecia que se habian olvidado del artista. Fue el propio Victor que paso o casualmente lo enviaron con otros prisioneros.



Relato de Carlos Orellana, ex-colaborador del Departamento de cultura e informacion de la Universidad Tecnica, que fue detenido junto con Jara

"Por dentro el Estadio cubierto de Chile estaba iluminado constantemente por los reflectores y no tardamos en perder la nocion del dia y la noche. Victor estuvo algun tiempo con nosotros, pero no recuero cuando lo sacaron de nuestro grupo. No se si fue al dia siguiente o al tercero de nuestra estancia alli.

"Normalmente en el estadio anunciaban por los altavoces el apellido del prisionero ordenandole presentarse en tal o cual lugar. Pero a Jara lo vino a buscar un soldado. En este momento Victor estaba sentado entre Boris Navia, jurista de la Universidad, y yo. El soldado se acerco silenciosamente y sin pronunciar una palabra toco el hombro de Victor haciendole señas para que los siguiera. Tanto yo, como otros prisioneros teniamos la impresion de que los militares no querian decir en voz alta que a Jara se lo llevaban a alguna parte... Cuando el cantante se levanto -seguramente, no pensaba volver sano y salvo- tuvo tiempo de sacar del bolsillo una hoja arrugada de papel y se la dio furtivamente a Boris Navia. Era el poema Estadio de Chile, compuesto por Victor.

"Mas tarde, ya en el Estadio Nacional durante los primeros interrogatorios, entre las cosas de Boris Navia, encontraron el papel con el poema, lo escondia en un calcetin. El poema denunciaba el fascismo y la dictadura. Los militares creyeron que su autor era Boris y lo apalearon sin piedad. Le quitaron el poema. Pero con la ayuda de los compañeros Boris pudo hacer varias copias a mano del poema. Una de las copias fue a parar a manos de Ernesto Araneda, destacado comunista y ex-senador, que tambien estaba preso. No se como logro salvar el poema y enviarlo fuera. Depues de la muerte del cantante el partido edito en la clandestinidad este poema, que fue rapidamente divulgado y se hizo famoso...

"Por ultima vez vi a Victor en el Estadio de Chile, unas horas despues de que se lo llevara el soldado. Hubo un momento cuando se podia moverse mas o menos libre por las graderias. Se me acerco un estudiante de la Universidad. Habia visto a Victor en un pasillo y en algun momento Victor le insinuo que queria hablar conmigo.

Cuando me acerque al pasillo, Jara pidio al guardia que lo acompañara al baño. Me dirigi alla tambien. Alli pudimos intercambiar varias frases. Por el rostro ensangrentado de Victor comprendi que lo torturaban cruelmente. Pero no me llamo para quejarse o pedir algo para el personalmente. A Victor le parecia sospechoso un "prisionero", tambien de la Universidad Tecnica que deambulaba por el estadio sin temor, charlaba y hasta bromeaba con los militares. Todo eso parecia muy extraño. Victor penso -y tenia razon- que se trataba de un soplon, infiltrado expresamente. Jara creia su deber advertirnos a nosotros, profesores, colaboradores y estudiantes de la Universidad Tecnica. En aquellas terribles condiciones Victor pensaba en sus compañeros. Despues de este encuentro no lo volvi a ver..."

Mas volvamos a la grabacion de la entrevista con Danilo Bartulin. "El estadio, que daba cabida a cinco mil personas, estaba repleto. Para dominar a los prisioneros, por la noche cegaban con potentes reflectores. Ametralladoras pesadas sobre tripodes apuntaban a las graderias llenas de gente para amedrentar a los prisioneros.

"Pronto empezaron a trasladar urgentemente a los prisioneros al Estadio Nacional donde a los militares les era mas facil controlar la situacion. En el ultimo grupo formado para ir al Nacional estabamos Victor y yo. En total eramos unas cincuenta personas. De pronto aparecio el comandante Manrique, recorrio la fila y ordeno a salir a Victor Jara, Litre Quiroga, conocido jurista y comunista, y a mi.

"-Llevenlos abajo -dijo.

"Yo sabia que 'abajo' nos esperaba la muerte. Alli tenian habilitada una camara, en lo que habia sido guardarropia y varios baños. Muchos de nuestros compañeros fueron llevados alli, pero nadie volvio. Una vez que me condujeron al interrogatorio y, al pasar, vi un monton de cadaveres, de cuerpos masacrados y desmembrados. Luego sacaban los cadaveres en camiones y los dejaban tirados en la calle.

"'Abajo' nos metieron a Victor y a mi en un mismo baño. En el baño vecino estaba Litre Quiroga. Victor y yo comprendimos que no teniamos salvacion: eramos los ultimos prisioneros del Estadio de Chile. Pero inesperadamente se dio la orden de que yo saliera. Victor y yo nos despedimos en silencio, con una sola mirada. Me llevaron a un camion blindado con el motor en marcha, me metieron dentro y cerraron la puerta. El camion estaba lleno de prisioneros. Asi fui a parar al Estadio Nacional. Solo estando alli comprendi porque no me habian dejado con Victor en la camara de condenados a muerte.

Al verme entre los recien llegados, un coronel de carabineros dijo:
"-Es el. Tiene que decirnos todo lo que sepa de Allende. "Empezaron constantes interrogatorios y torturas. Querian que hiciera ciertas "confesiones" para desacreditar la vida y la personalidad del presidente popular. Tres veces me hicieron pasar por simulacros de fusilamiento...

"Luego supe que el cuerpo de Victor habia sido descubierto cerca del cementerio Metropolitano y el cadaver de Litre Quiroga, en una calle de Santiago. Naturalmente, los militares mataron aquella misma noche a los dos prisioneros que quedaban en el Estadio de Chile y luego arrojaron sus cuerpos en la ciudad para que pareciera que habian muerto en un tiroteo callejero..."

Danilo Bartulin concluyo su relato y recordo que estando todavia yo en Santiago los secuaces de la junta divulgaron la version de que el cantante habia atacado con metralleta a una patrulla militar y esta, defendiendose, lo mato.

Pero la unica arma de Victor era la guitarra. A Danilo Bartulin lo torturaron para sonsacarle los datos secretos que podia saber el medico particular del presidente. Pero ¿que "secretos" podia saber el cantante?... A Victor lo torturaron y asesinaron porque odiaban sus canciones.


Fuente: Enviado por Félix Marcos.

NCeHu 544/02
 
Chile: 1973-2002

La verdadera muerte de un presidente


Gabriel García Márquez

A la hora de la batalla final, con el país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó aferrado a la legalidad.

La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa.

La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder.

Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en el refugio de un Presidente sin poder.

Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.

El periodista Augusto Olivares que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la asistencia pública.

Hacia las cuatro de la tarde el general de división Javier Palacios, logró llegar hasta el segundo piso, con su ayudante el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de Dragones Chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y estaba en mangas de camisa, sin corbata y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.

Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso, que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vió aparecer en la escalera, Allende le gritó: Traidor y lo hirió en la mano.

Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los oficiales en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil. La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que la Sra. Hortencia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.

Había cumplido 64 en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible. Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros, y era de una galantería un poco a la antigua, con esquela perfumadas y encuentros furtivos.

Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que el se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro.

El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre.