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Asunto:NoticiasdelCeHu 1018/05 - Brasil - Acerca de las ideología regionales. "El partido de Lula es como una mafia " (José Art ur Giannotti)
Fecha:Miercoles, 3 de Agosto, 2005  12:49:40 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 1018/05

Ideologías 'regionales'

"Capitalismo de verdad", la versión brasileña del "capitalismo serio" argentino


Brasil

José Arthur Giannotti

"El partido de Lula es como una mafia"

El ensayista analiza la situación de Brasil


SAN PABLO.– “Hoy la política brasileña se parece a la Chicago de los años 30. El Partido de los Trabajadores (PT) llegó al poder como una nube de langostas. Tomó todo y creó una estructura de recaudación para la causa que nos recuerda a la mafia.”

Palabras fuertes, sin duda. Pero el filósofo, escritor y profesor José Arthur Giannotti nunca le escapó a las posiciones intelectualmente polémicas. Menos lo va a hacer ahora, a los 74 años, cuando las circunstancias que vive Brasil no se prestan a posiciones tibias.

Si la situación es tan grave, ¿por qué las encuestas continúan mostrando tanto apoyo al presidente Lula? “Primero, porque quien tiene una utopía o una esperanza muy grande, como generaba la figura de Lula, no la abandona ante la primera pedrada –respondió a LA NACION en una entrevista en esta ciudad–. Somos tercos cuando se trata de tirar al mar nuestras esperanzas. Segundo, porque Lula hace una política de sí mismo, independiente hasta de su propio gobierno, y eso lo separa un poco de la crisis”, respondió.

Doctor en filosofía por la Universidad de San Pablo, con un posgrado en la Universidad de París y especializaciones en Columbia y Yale, Giannotti es autor de algunos clásicos brasileños, como "Universidad en ritmo de barbarie" (1986), "Orígenes de la dialéctica del trabajo" (1966) y "Cierta herencia marxista" (2000). Su mérito más conocido, sin embargo, es haber sido uno de los fundadores del Centro Brasileño de Análisis y Planeamiento, el prestigioso Cebrap, donde esta entrevista fue concedida. Y apenas como registro anecdótico: aunque tiene relación histórica con la socialdemocracia brasileña y personal con Fernando Henrique Cardoso, Giannotti también estaba en aquella reunión histórica en que, 25 años atrás, se fundó el PT.

-¿Este escándalo habla específicamente del PT o del sistema político de Brasil en general?

-De los dos. Corrupción siempre hubo en la política, desde Grecia, pero el problema es la estructura de la corrupción. En el caso de Fernando Collor de Mello, se trataba de un outsider que, aprovechándose de las fisuras del sistema y de una vieja tradición de corrupción, montó una enorme red corruptora. El caso del PT es diferente: el PT no es un outsider, es un protagonista del sistema político brasileño. Y la corrupción aparentemente practicada por el PT no fue una simple perpetuación de la tradicional "caja en negro" para financiar campañas políticas.

-¿Por qué?

-Porque su estrategia fue crear una enorme amalgama entre el partido de gobierno y el Estado. De las siete subdirecciones del Banco do Brasil, cinco ya habían sido tomadas por punteros del PT. Y de los cargos en el Estado que son maleables por un cambio de signo político, el 80% ya había quedado en manos del PT, lo que no corresponde a la representatividad política. Una buena parte de los recursos que pasaban ilegalmente por las manos de dirigentes del PT no eran para sus bolsillos, sino para el partido. Claro que muchas personas iban poniendo dinero en su bolsillo, pero el objetivo principal era armar el partido de recursos para perpetuarse en el poder, favoreciendo una especie de mexicanización de la política brasileña. Afortunadamente no va a ocurrir porque los petistas son extraordinariamente torpes.

-Sus palabras parecen cargadas de indignación...

-¡Es que el PT llegó al poder con el hambre de una nube de langostas! Tomó todo. Y creó una estructura de recaudación que nos recuerda a la mafia. Se está descubriendo que en un municipio de San Pablo, en Santo André, cuando el intendente del PT, Celso Daniel, quiso ponerle freno a la máquina de recaudación ilegal que había montado el PT fue misteriosamente asesinado, en 2002. Las reglas de la mafia pasaron a regir el sistema: si Celso Daniel quiere abrirse, es asesinado; si el diputado Roberto Jefferson [el ex ladero de Collor de Mello que inició el escándalo, al revelar el esquema de corrupción en el gobierno de Lula] siente que estaba siendo traicionado por sus aliados en el gobierno, sale disparando para todos lados. Hoy la política brasileña es igual a la Chicago de los años 30.

-¿Por qué cree que el PT adhiere a las prácticas de un estilo de política que decía combatir?

-Porque una parte del PT se considera todavía heredera de la historia universal, que es una vieja concepción de la revolución. Por lo tanto, ellos podrían hacer cualquier cosa por la causa, aunque la causa incluyera practicar una política económica ortodoxa de derecha. El enriquecimiento personal es apenas residual de algo mayor.

-¿El problema es la forma en que se realiza el financiamiento de las campañas políticas?

-No: ése es apenas uno de los problemas. Eliminar el aporte de fondos privados no soluciona ese problema, que ocurre en todos los países del mundo. Lo que se debe hacer es disminuir el espacio de transgresión en el financiamiento de las campañas, y eso implica una vigilancia mayor. El problema no es la recaudación, sino la relación entre la recaudación y la vigilancia. Siempre que aparezca un empresario ofreciendo dinero para campaña sin declararlo legalmente, el político va a aceptar. Mucho más cuando crea que no corre riesgo de ser descubierto.

-¿Pero no es un problema filosófico para la república aceptar que un interés privado tenga el poder de definir políticas de Estado?

-Si nosotros queremos tener a mediano plazo una república de verdad, y capitalista, hay que controlar los grandes intereses. Ellos siempre van a existir, a no ser que se decrete el socialismo real, que terminaría generando una burocracia insostenible. Siempre van a existir empresas o industrias que van a querer aprovecharse de tal o cual diputado para hacer valer sus intereses. Es inevitable. No seamos tontos como para imaginar que es posible crear una república de ángeles. Lo que hay que tener es un sistema judicial ágil y un sistema partidario que pueda denunciar los métodos no republicanos.

-El PT se había consolidado en las últimas dos elecciones (nacional y municipal) como uno de los dos pilares renovadores de la democracia brasileña, junto con el Partido Social Demócrata Brasileño. ¿Qué queda después del escándalo?

-Va a depender de muchas cosas. Habrá que ver cómo el gobierno de Lula se reestructura. El gobierno no está muerto. El hecho de que tres ministros abandonaran sus ministerios para dedicarse a reestructurar el PT evidencia que Lula está haciendo un doble movimiento: por un lado, se aleja del PT, echa petistas de varios cargos, y por otro, se ocupa de rearmar el partido. Y en ese movimiento probablemente se elimine todo lo que es izquierda dentro del partido, que migrará hacia fuerzas de la izquierda utópica.

-¿Por qué todavía Lula no fue afectado contundentemente en las encuestas?

-Por varias razones. Lula representó una enorme esperanza de la sociedad brasileña; segundo, porque él hace una política que es como independiente de su propio gobierno, tanto que sus discursos muchas veces no combinan con la propia política de su gobierno. El se ocupa antes que nada de su propia imagen. Sin dudas no es un estadista, pero es un gran publicitario.

-Pero ¿qué dice del electorado brasileño una encuesta que, después de 50 días de escándalos, no muestra una caída en la popularidad presidencial?

-En primer lugar, quien tiene una utopía o una esperanza muy grande, como generaba la figura de Lula, no la abandona ante la primera pedrada que recibe. Somos tercos cuando se trata de tirar al mar nuestras esperanzas. En segundo lugar, no se olvide de que la gran masa de brasileños no lee el diario, por lo que hay que ver cómo va a seguir siendo presentada la crisis en la TV. Estoy comenzando a ver en la TV programas de humor en que se está desmoralizando al presidente de una forma sorprendente. En tercer lugar, la oposición en un comienzo evitó atacar al presidente y concentró los ataques en el PT. Luego se dio cuenta de que lo que estaba haciendo era fortalecer a Lula. Por eso comenzaron a ejercer presión sobre Lula también, pero sólo en los últimos días.

-¿Brasil tiene miedo de la palabra impeachment después del episodio traumático con Collor de Mello?

-No; el problema del impeachment es que es muy doloroso. Es un proceso institucional, pero hay que esperar para ver si en las próximas semanas la imagen de Lula queda pegada con contundencia a la crisis. Ahí sí podremos preguntarnos si va a haber un impeachment. Va a depender mucho de los medios, porque no es un proceso jurídico, sino político. Collor de Mello fue derribado sin ser efectivamente penado por la justicia. Collor era un outsider, no pertenecía a los grandes partidos. En las circunstancias actuales, no veo condiciones políticas para que el sistema político brasileño corte una parte de sí mismo: el PT y Lula.

-¿La oposición no quiere el impeachment?

-No. La oposición está interesada en hacer que Lula llegue debilitado a las elecciones, sin posibilidad de ser reelegido. Lo más natural es que el sistema político trate de hacer un acuerdo para evitar lo traumático de un juicio político. Entonces, todo depende de presiones externas, como la fiscalía, los medios, la población, etcétera.

-Cuando se ve el avance de potencias como China, que hasta hace pocos años estaban muy por detrás de Brasil y hoy crecen a toda velocidad, uno se pregunta si Brasil perdió el tren.

-Infelizmente, no fue sólo Brasil, sino toda América latina. Hay dos países que nunca se asumieron como latinoamericanos: la Argentina se creyó inglesa o francesa, y Brasil se creyó el ombligo del mundo, porque "Dios es brasileño". América latina, en sus últimos años, perdió el empuje. El problema no es interno: es un problema de coordinación, de encontrar una manera de que nuestras economías latinoamericanas y nuestros sistemas políticos sean complementarios. Me pondría triste si me muriera antes de ver algo contrario a la Operación Cóndor, porque a la hora de matar gente los gobiernos latinoamericanos se coordinaban bien. Ahora podríamos juntarnos para, por lo menos, hacer un capitalismo de verdad.

-¿Y las aspiraciones de liderazgo y coordinación regional con las que asumió Lula? ¿Cómo quedan ahora?

-Eso era marketing. Ya quedó claro. De hecho, Lula no es capaz de distinguir un buen economista de un tonto publicitario, pero lo positivo es que la gente va a aprender. Hoy vemos que, quitando la política económica, que sigue estrictamente la línea neoliberal, el resto no funciona. Está paralizado.

-¿Dónde está la intelectualidad?

-Si quiere saber, por ejemplo, de qué forma la universidad se está manifestando, va a descubrir que la universidad no existe. ¿Y dónde están los intelectuales petistas? Está todo el mundo callado, no hay análisis en ningún lado. Pero las fuerzas sociales en Brasil son grandes, y por eso creo que debemos comenzar a pensar en un decálogo. El sistema político no va a ser reformado por completo, pero podemos pedir que se instituya una agenda de lo que es posible hacer para mejorar el sistema. Ya sería un comienzo.

-Un fenómeno curioso parece ocurrir en el gobierno de Lula: el apoyo mayor se concentra en algunos sectores de las clases altas y en las clases más bajas. ¿La clase media y los sectores organizados de la sociedad, donde residía el apoyo más militante del PT, se desencantaron?

-Sí; la clase media se desencantó de Lula. Pero hay matices. En primer lugar, efectivamente, el que está más feliz es el capital financiero, que nunca tuvo tanto lucro. Pero hay sectores industriales que no soportan más la carga tributaria ni los intereses altos como están. Por lo tanto, incluso en la alta burguesía brasileña, los grados de apoyo son extremadamente diferentes. Sin dudas, el PT está perdiendo a las clases medias, en particular porque está realizando reformas que amenazan ciertos privilegios ancestrales de esos sectores. Pierde apoyo también entre medianos empresarios, debido a la falta de una agenda de desarrollo y a las tasas de interés altas, y golpea a su militancia haciendo una política que niega los principios del partido. Las clases bajas, en tanto, están con Lula. No están con el gobierno, del que tienen una visión crítica.

-Los movimientos sociales y las clases medias intelectualizadas que se desencantaron del PT no se sienten cómodos volcándose políticamente hacia el Partido Social Demócrata Brasileño, que todavía ven como un partido de elite o tecnócrata. ¿Esos sectores quedaron huérfanos en la política brasileña?

-Quedaron huérfanos. Están rompiendo con el PT, pero no pueden acercarse al PSDB, porque sería como aproximarse a un partido que tiene una línea ideológica parecida a la que el PT adscribió al llegar al poder, y que ellos están combatiendo. En esa llegada del PT al centro, desde el punto de vista ideológico los dos partidos se juntaron. Y por eso se van a pelear eternamente: están disputando el mismo espacio político.

-Usted afirma que el verdadero cambio que se buscó con Lula hubiera ocurrido con el socialdemócrata derrotado, José Serra. ¿Por qué?

-Porque Serra era, en el gobierno de Cardoso, el mayor opositor a la política económica ortodoxa, mientras que el gobierno del PT tuvo que rendirles homenajes constantes al capital financiero y al FMI para no producir una crisis cambiaria. Igualmente, cuando Lula venció, yo me entusiasmé, pensando que desde el punto de vista político podría haber un gran avance. No tengo ningún preconcepto contra el PT, porque incluso participé en su fundación, hace 25 años. Cuando ellos se fueron inclinando hacia el sindicalismo y el leninismo, me alejé. Pensaba que el PT iba a traer nuevos vientos a la política brasileña, y no fue lo que ocurrió. Ellos llegaron al poder con el mito de crear un hombre nuevo. Lula no pasa un día sin decir que estamos viviendo un momento histórico, como si hubiéramos inaugurado una nueva era. Se crea una mitología para esconder el propio fracaso. Estamos presenciando una desinstitucionalización del sistema político.

 Luis Esnal
Corresponsal en Brasil


Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 3 de agosto de 2005.