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Asunto:NoticiasdelCeHu 1010/05 - La corrupción amenaza a América Latina (La rry Rother y Juan Forero)
Fecha:Martes, 2 de Agosto, 2005  21:38:20 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

 
NCeHu 1010/05
 
Un "lugar común" pero con algunos toques rescatables
 
 

Nueva ola de escándalos en la región: un problema persistente

La corrupción amenaza a América latina

Desde Lula en Brasil hasta Toledo en Perú, varios presidentes y ex presidentes enfrentan denuncias que complican su gestión


El caso que sacude hoy al gobierno brasileño es el peor en la historia Los presidentes mexicano y peruano enfrentan problemas por sus familiares América Central no está inmune

RIO DE JANEIRO.- Durante su campaña para la presidencia, en 2002, Luiz Inacio Lula da Silva prometió audazmente limpiar la sórdida política de Brasil. Dio su palabra de que el de él sería un gobierno ético y honesto, algo que Brasil jamás había conocido.

Esa promesa lo ayudó a ganarse los votos de más de 50 millones de brasileños. Pero ahora, como un sombrío eco de lo que ya ha ocurrido una y otra vez en toda América latina, el gobierno de Lula está empantanado en el mayor escándalo de corrupción de la historia de su país.

Una investigación del Congreso ha escuchado testimonios sobre cómo el oficialista Partido de los Trabajadores pagó a docenas de diputados de otros partidos 12.500 dólares mensuales a cambio de su apoyo. Aunque Lula aún no ha sido involucrado personalmente en el escándalo, se extienden los rumores de que podría enfrentar un impeachment, y en los últimos días surgieron las primeras protestas en su contra, pequeñas pero llenas de furia.

El escándalo de Brasil es tan sólo el último recordatorio de la constante corrupción que ha caracterizado a la política latinoamericana desde la época colonial, cuando los gobernantes absolutos consideraban los territorios recientemente conquistados en el Nuevo Mundo como su propiedad personal. La diferencia hoy es que existen gobiernos elegidos popularmente, y la corrupción se ha convertido en una de las mayores amenazas para los logros democráticos tan duramente ganados en los últimos 20 años.

En toda la región, esta segunda generación de demócratas ha resultado una desilusión, y su ineficacia ha permitido el crecimiento de la inestabilidad política y la disparidad económica. Las encuestas citan habitualmente la corrupción como la primera causa de la peligrosa desilusión y el escepticismo que cunden en la región. Este sentimiento ha conducido a violentos levantamientos populares -incluido el linchamiento de alcaldes en Perú- y ha contribuido al derrocamiento de cinco jefes de Estado en cinco años.

"Este es el gran problema, y no hubo ningún cambio sustancial con respecto al pasado", dijo Edgar Villanueva, un legislador que está al frente de varias investigaciones sobre la gestión del presidente Alejandro Toledo, en Perú. "En América latina no hemos sido capaces de elegir buenos dirigentes. La persona que está en el poder siempre mantiene ataduras con su pequeña base de poder y olvida sus promesas."

También Toledo llegó al poder con promesas de limpiar la corrupción del pasado, como sucesor del gobierno de Alberto Fujimori, cuyas bizantinas redes de sobornos parecieron superar todo lo visto hasta entonces en la región.

Ahora, más de una docena de parientes de Toledo, incluidos su esposa y sus hermanos, están acusados de haber usado su influencia para obtener ventajas personales. Las encuestas revelan que es uno de los dirigentes menos confiables de América latina, y su gobierno se ha visto perjudicado por las interminables denuncias. Acusaciones similares produjeron en Ecuador la caída del presidente Lucio Gutiérrez, en abril.

Más al Norte, la historia es casi la misma. En México, el presidente Vicente Fox llegó al poder en 2000, arrasando con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), notoriamente corrupto y autoritario, que gobernó durante más de siete décadas. Pero fracasó en todos los frentes en su intención de revertir la corrupción, desde los departamentos de policía en la cada vez más violenta frontera con Estados Unidos a los escándalos en su propio gobierno.

No sólo terminaron en la nada los esfuerzos de Fox por enjuiciar a los funcionarios del anterior gobierno, acusados de haber destinado fondos petroleros estatales a las campañas políticas, sino que ha salido a la luz que su propia campaña aceptó contribuciones ilegales. Su esposa, Marta Sahagún, está enredada en una serie de escándalos sobre el uso de millones de dólares donados a su organización de caridad, y sus hijos fueron investigados por el Congreso por licitaciones que ganaron para la construcción de viviendas públicas.

También en América Central hay causas abiertas contra dirigentes actuales y anteriores, que se llenaron los bolsillos mientras ejercían sus cargos. En Nicaragua, el ex presidente Arnoldo Alemán fue condenado por emplear fondos estatales para su uso personal y ha presentado una apelación por su sentencia a 20 años de prisión. En Costa Rica hay acusaciones contra dos ex presidentes por aceptar sobornos en la adjudicación de lucrativas licitaciones del gobierno. Y en Guatemala, los fiscales del Estado están exigiendo a México la extradición del ex presidente Adolfo Portillo, acusado de un desfalco de más de 15 millones de dólares.

Algunos señalan que todos estos casos son prueba de que, finalmente, los sistemas judiciales y los gobiernos están apretándoles las clavijas a los malos dirigentes. Pero muchos analistas consideran que la enorme difusión del nepotismo y el soborno dan la medida de la baja calidad de las democracias de la región, y revelan que la actitud de las elites ha cambiado muy poco desde la época colonial.

Freno al crecimiento

Entidades internacionales, como el Banco Mundial, señalan que los escándalos y el nepotismo son tan poderosos que están corrompiendo a las instituciones e incluso frenando el crecimiento económico. En recientes declaraciones ante el Congreso, funcionarios del gobierno norteamericano estimaron que la corrupción oficial reduce en un 15% anual el crecimiento de América latina, ya que los fondos públicos son robados y eso desalienta la inversión externa.

Los latinoamericanos consideran que la corrupción es el problema más grave en la región después de las crisis económicas, según una encuesta realizada en 18 países, en 2001, por Latinobarómetro, una firma encuestadora chilena.

El 80% de los encuestados dijeron además que creen que la corrupción ha aumentado, mientras que otras encuestas revelan que en algunos países, entre ellos la Argentina, la gente opina que la corrupción tiene un impacto significativo en la manera en que se conducen los negocios y la política.

"El impacto de la corrupción en nuestras economías es enorme", dijo José Ugaz, un peruano que investigó los delitos del gobierno de Fujimori y que se dedica a investigar la corrupción para el Banco Mundial. "Y también hay otros efectos que no pueden ser fácilmente evaluados? el hecho de que la gente no tenga confianza en sus gobiernos. Cuando la gente pierde la confianza en los gobernantes, esto genera muchos problemas. Uno de ellos es el descontento, y los disturbios", agregó.

La frustración ha alcanzado niveles peligrosos en varios países, en ocasiones con protestas violentas en las calles. Muchos esperaban que la transición de los gobiernos autoritarios a la democracia acabara con la corrupción que predominó cuando los dictadores manejaban el Estado para beneficio de un pequeño grupo. Sin embargo, los gobiernos que sucedieron a las dictaduras, ya sean defensores del libre mercado, como Toledo, o autoproclamados izquierdistas, como Lula, demostraron ser igualmente susceptibles de corrupción. Ahora que las economías cerradas se han abierto y las ganancias corporativas alcanzan niveles récord, las oportunidades de soborno son más grandes que nunca.

El disgusto es tan generalizado que el año pasado otra encuesta reveló que una mayoría de los latinoamericanos preferiría un retorno de la dictadura si ésta conllevara beneficios económicos.

Aunque algunos países han progresado de manera notable, especialmente Chile y Uruguay, son la excepción a la regla y la envidia de sus vecinos ( * ). La corrupción ha aumentado en Venezuela, Paraguay y Bolivia, y no ha habido en esos países ningún progreso notable en la lucha para combatirla, según revela el estudio anual realizado por Transparency. "No hay grandes cambios en esos países", dijo Myles Fechette, ex embajador estadounidense en Colombia, quien ahora se dedica a asesorar a empresas que invierten en América latina.

La corrupción se revela de muchas formas, pero tal vez la más flagrante sea el nepotismo y el amiguismo. Estas prácticas adoptan diferentes formas, desde sobornos hasta empleos y contratos asignados a gente sin calificaciones. En Brasil, por ejemplo, cuando uno de los hijos de Lula abrió una agencia de publicidad, le proporcionó el capital una empresa telefónica en la que tienen acciones bancos y fondos de pensión del gobierno. En Perú, el hermano menor de Toledo, Pedro, está acusado de haber usado su influencia para conseguir una concesión telefónica de 20 años para una empresa... cuyo capital era de tan sólo 1500 dólares.

Tal vez lo más ominoso para la salud democrática de la región es que los escándalos, especialmente el de Brasil, implican la corrupción no sólo para enriquecimiento personal sino también para mantenerse en el poder indefinidamente, amenazando así las propias instituciones democráticas.

 Larry Rohter y Juan Forero 
The New York Times

Traducción: Mirta Rosenberg


( * )Pese a que el artículo publicado por The New York Times cita los casos de Chile y Uruguay como dos "excepciones" en una región afectada por serios escándalos de corrupción, el presidente Ricardo Lagos no ha quedado completamente a salvo de las acusaciones. De hecho, algunos casos han asomado recientemente muy cerca del presidente chileno, vinculados sobre todo con el uso de influencias para favorecer a familiares y amigos.

El caso más resonante tiene que ver con un millonario contrato del Ministerio de Obras Públicas de Chile, relacionado con una asesoría en temas ambientales, que favoreció a un hermano de su esposa, Hernán Durán.

Representante de la firma Gescam, Durán habría cobrado junto a sus socios unos cinco millones de dólares por la fiscalización de normas ambientales durante la ejecución de varias obras públicas en 2002.


Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 1 de agosto de 2005.