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Asunto:NoticiasdelCeHu 809/05 - "El narcotráfico es la peor pesadilla". En trevista a Carlos Monsiváis
Fecha:Jueves, 16 de Junio, 2005  11:31:31 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 809/05


Carlos Monsiváis

"El narcotráfico es la peor pesadilla"


En los discursos políticos ya no se habla de “pueblo” ni de “sociedad”, sino de “gente”. Hay, entonces, una “invención de la gente”, de modo de tomar distancia de ella. O de no ser parte de ella, según opina Carlos Monsiváis, ensayista, narrador, periodista, admirador de Borges y referencia frecuente, desde su ciudad de México, de todo aquello que sucede en los suburbios de la aldea global y golpea el corazón de los pueblos y de las sociedades latinoamericanas.

“Ningún político encomienda su alma al Señor, sino a las encuestas –dice Monsiváis en una entrevista con LA NACION–. Eso habla de que la democracia se renueva cada dos o tres meses. La política de largo plazo de un gobierno, sin embargo, no puede ser determinada por las encuestas, por más que la idea de las sociedades pasivas se esté agotando.”

Monsiváis, nacido en 1938 en el Distrito Federal, estudió Economía y Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México. Desde joven colaboró en revistas y suplementos culturales. Es autor de "Principios y potestades" (1969), "Días de guardar" (1971), "Amor perdido" (1976), "De qué se ríe el licenciado" (1984), "Entrada libre" (1987), "Escenas de pudor y liviandad" (1988) y "Los rituales del caos" (1995), así como de una biografía de Frida Kahlo (1982), otra de Amado Nervo (2002), libros sobre poesía mexicana y narraciones como "Nuevo catecismo para indios remisos" (1982).

Los indígenas remisos coincidieron, en su quinta visita a la Argentina, con la crisis de Bolivia, donde el movimiento aymara, al igual que en Perú, ha demostrado su influencia en la política. Otro tanto pudo haber sucedido en Chiapas, con la irrupción de Marcos y su Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, pero, según Monsiváis -Premio Nacional de Periodismo en 1988, Premio Mazatlán en 1988, Premio Xavier Villaurrutia en 1995 y Premio Anagrama de Ensayo en 2000-, sus reclamos "no fueron atendidos, sino sólo considerados".

Apenas fueron considerados, insiste, por más que se trate de entre 12 y 14 millones de personas. "La táctica de aplazar los problemas para ganar tiempo es un fracaso. Existen el Fondo Monetario, el Banco Mundial y un gobierno tan monstruoso como el de George W. Bush, pero no se puede confiar la solución del problema al desgaste de la protesta."

Detrás de sus anteojos de aumento, con su habitual tono pausado, Monsiváis concluye: "No hay don de síntesis que abarque situaciones tan variadas como el desplome de gobiernos sólidos, la caída del presidente Mesa en Bolivia, la reactivación de las batallas ideológicas que parecían liquidadas en el siglo XX, la situación desesperada de América Central, Venezuela o la crisis argentina".

No sólo en México, dice, la violencia derivada del narcotráfico representa el gran dilema del gobierno. La solución no está en manos del actual presidente, Vicente Fox, ni de sus sucesores, sino de un entramado legal e internacional que apunte a "legalizar el consumo de determinadas drogas". El ámbito adecuado, agregó, serían las Naciones Unidas.

-En México, como en otros países de América latina, hay un poco de confusión.

-No sabría decir si hay confusión, desesperanza, indignación popular o tedio disfrazado de indiferencia ideológica. Hubo un partido que estuvo fatídicos 71 años en el poder. Y hay una alternancia que, al principio, despierta ilusiones enormes en un gran sector. Luego vino un gobierno que se especializa en crear abismos. El resultado claro es una gran incertidumbre, agravada por hechos no atribuibles a un gobierno específico, como la violencia derivada del narcotráfico y el crecimiento del desempleo. Es el problema número uno del país y de América latina. El presidente Fox dice que México ha resuelto el problema como los Estados Unidos y Europa. Bueno: uno espera que haga un programa de humor semanal. No me explico cómo puede sostener tal afirmación.

-Es un reflejo de América latina, en realidad.

-Entre los problemas graves, el del agua es el mayor, pero, por desidia gubernamental y social, no ocupa un lugar relevante. Desde el punto de vista social, el desempleo y la violencia generada por el narcotráfico son tragedias que están sitiando a América latina.

-Existen, también, problemas no resueltos, como los reclamos indígenas. En México terminaron por ser atendidos, pero no fue suficiente.

-Terminaron siendo considerados, no atendidos. El EZLN marcó, sobre todo, la imposibilidad de continuar con la falta de equidad social y gubernamental sobre la minoría indígena, que, en términos numéricos, es importante: estamos hablando de 12 a 14 millones de personas. El reclamo señala cómo puede haber una integración nacional si se condena a la tragedia cotidiana a tantos millones y se ejerce el racismo de una forma tan abusiva e hipócrita.

-Esta es, en cierto modo, la coincidencia con los reclamos de otros indígenas, como sucede en Ecuador, Bolivia y Perú.

-La idea o la estrategia de aplazar los problemas para ganar tiempo está condenada al fracaso. Aplazar los problemas es complicarlos en el presente. Y eso se está viendo en todos los países. La contribución de los gobiernos nacionales a todo lo que está pasando en América latina no es minimizable. Una forma muy sólida de agravar los problemas es confiar en el desgaste de la protesta. Porque la protesta también es un problema, pero el desempleo no es algo que se desgaste.

-La pregunta, entonces, es qué hacemos.

-Para esa pregunta hay una respuesta: no tengo la menor idea. No es algo que uno pueda emprender a título personal. Lo que estamos haciendo es corroborar la caída de la fe y la confianza en los partidos políticos, pero ellos no son sustituibles todavía. Son el camino asegurado para la renovación de los poderes.

-En las elecciones de 2000 en México, por caso, ¿ganó Fox o ganó el Partido Acción Nacional (PAN)?

-Ganó el PAN. Privó el hartazgo por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). No es el problema de la victoria de un partido, sino de la necesidad de la derrota del partido en el poder. Llega con Fox un partido que no tiene la mínima costumbre de entendimiento de lo nacional, que ha vivido desesperado ante el avance de la modernización, muy conservador y muy acostumbrado a entender la sociedad como un conjunto de ordenanzas organizadas en forma parroquial. En ese momento, el PAN no era muy representativo y Fox tuvo la fuerza del ejercicio del poder. El PAN no entendía la modernidad, el PRI no tenía nada que ofrecer y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no alcanzaba a constituirse sólidamente en una alternativa. Nos quedaban las personas.

-Si el alcalde de México, Andrés Manuel López Obrador, es hoy una alternativa, no es por el PRD, sino por él mismo.

-Es por él mismo, sí. Es también por la izquierda social, que no ha aceptado la maniobra del PAN y del PRI de someterlo al desafuero. Pero es, sobre todo, por él y por su popularidad en las encuestas.

-¿La popularidad vale más que los votos?

-Ningún político encomienda su alma al Señor, sino a las encuestas. Eso habla de una democracia que se renueva cada dos o tres meses. Son ejercicios parciales de poder, a medida que la nueva encuesta muestra alteración en los niveles de popularidad, trae alteración en los niveles de legitimidad. La política de largo plazo de un régimen no puede ser determinada por las encuestas. Algunas encuestas hablan de un 60 por ciento de popularidad para Fox: corresponden a la fantasía.

-No hay una renovación de la dirigencia política.

-Hay nuevas generaciones, pero no hay una renovación del discurso. Y en esa renovación del discurso hay una invención de la gente. Ya nadie habla del "pueblo" ni de la "sociedad", sino de la gente, lo cual implica, en cierto modo, tomar distancia. Hasta el momento no conozco a nadie que cuando habla de la gente se incluya. Eso me permite observar, porque no pertenezco a la "gente"...

-Si uno ve el vaso medio lleno, puede llegar a la conclusión de que, dentro de todo, lo bueno es que para crisis como la boliviana o la ecuatoriana se haya buscado una solución dentro de la democracia, no fuera de ella.

-Es que la experiencia de la guerra sucia fue dolorosísima. Si uno confía en los procesos democráticos, tiene que aceptar que la democracia, con todos sus defectos, es lo que tenemos. ¿Qué se quiere decir con la democracia? Seguridad de que la voluntad de la mayoría, aunque a uno le moleste o le parezca absurda, debe respetarse. Nadie deposita en este momento la fe en la revolución. En lo que va del año, cientos de personas han sido asesinadas por el narcotráfico en Sinaloa, Tijuana o Matamoros.

-Si el narcotráfico genera violencia y corrompe sociedades, ¿qué puede pasar con él?

-La pretensión criminal del narcotraficante le asigna la creación de un feudo propio. Pero no es el problema de un gobierno.

-Cuando uno ve una 4x4 con vidrios polarizados, la gente piensa que pertenece a narcotraficantes. Es público y notorio.

-Notorio puede ser, pero público? ¿Quién lo imprime? Todo eso va a continuar mientras no haya un esfuerzo internacional contra el narcotráfico. A uno lo pueden llevar a un narcotour, comentándole que aquella casa pertenece al capo tal o que aquel sitio pertenece al cartel cual. Uno ve esos malls, esos centros comerciales donde no entra nadie a comprar, pero tienen un lujo increíble, y sabe que tienen que ver con el narcotráfico.

-¿Cuál es la solución?

-Legalizar la droga no puede ser algo más, así como así. Tiene que haber una solución intermedia. Y esa solución tiene que surgir de un ámbito internacional. No hay país que pueda solucionarlo por su cuenta. El narcotráfico es la peor pesadilla de los países.

-También existe la percepción de que no hay gobierno que pueda constituirse sin el respaldo indirecto o directo del narcotráfico.

-Me niego a creerlo. No es posible que los narcos gobiernen. Es lo peor que podría pasarnos: que compren gobiernos. Supongo que se puede legalizar una parte del consumo de drogas, pero no se puede permitir que los narcotraficantes corrompan tejido social y gobiernos.

-¿Cómo ve a la Argentina?

-En 2001, se veía con mucha preocupación. Se decía que la Argentina se había encontrado con su realidad latinoamericana. De la Argentina, sin embargo, todo el mundo sabe que el fútbol es portador de esa cultura internacional que se inicia en las canchas. Yo no admiro a nadie más que a Borges. En otros círculos se habla de la figura irrepetible del Che Guevara.

-¿Lo admira también al Che?

-Es una figura irrepetible, pero yo nunca he creído en la violencia.

 Jorge Elías


Fuente: diario La Nación, Buenos Aires, Argentina; 15 de junio de 2005.