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Asunto:NoticiasdelCeHu 794/05 - LA CONFLICTIVA RELACIÓN SOCIEDAD-NATURALEZA E N EL NORTE CORDOBÉS, CAMBIOS Y CONTINUIDADES
Fecha:Martes, 14 de Junio, 2005  19:01:34 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 794/05
 

LA CONFLICTIVA RELACIÓN SOCIEDAD-NATURALEZA EN EL NORTE CORDOBÉS, CAMBIOS Y CONTINUIDADES

Beatriz Ensabella1

 

"Nuestros problemas ambientales de hoy tienen su origen

en nuestras intervenciones en los ecosistemas de ayer"

Donald Worster. Transformaciones de la Tierra, 2001

 

I. Introducción

Uno de los caminos para facilitar la comprensión de los procesos que conducen a los problemas ambientales de hoy, es plantear como eje de análisis, el tema de la relación sociedad-naturaleza, en sociedades concretas y a través del tiempo. Así, el abordaje de las problemáticas ambientales requiere del diálogo entre las ciencias naturales y las ciencias humanas para lo cual, es necesario transponer las fronteras de una disciplina y construir un nuevo saber transdisciplinario. "No se trata de borrar las disciplinas, ni de ignorarlas, hay que integrarlas y a la vez diferenciarlas. Hay que hacer interdisciplinariedad desde lo conceptual y metodológico, con acuerdos previos, donde exista una estrategia compartida por todos" (Tudela, 1993).

En este trabajo, en particular, nos interesa citar los aportes de la geografía y de la historia. Con respecto a la primera, según el geógrafo brasilero Ruy Moreira, la forma más elemental de la relación sociedad-espacio es la apropiación directa de los productos de la naturaleza, tal como se presentaban al hombre primitivo. En esta etapa, el trabajo se reducía a la recolección, por ello, había una transformación tenue y transitoria del ambiente. Con la evolución histórica pueden ocurrir sucesivos procesos de apropiación de un mismo espacio implicando diferentes formas de valorización de los recursos naturales. Las reapropiaciones sucesivas encuentran un espacio impregnado de trabajo agregado. En las sociedades capitalistas la unidad entre el ritmo de la naturaleza y el ritmo del hombre se rompen. La destrucción y degradación de la naturaleza que realiza el trabajo capitalizado se intensifica con la división internacional del trabajo y su internacionalización (Ruy Moreira, 1985).2 Perspectiva coincidente con las propuestas metodológicas que surgen de la escuela del materialismo histórico al investigar los términos del despliegue evolutivo de los diferentes modos de producción que pueden entenderse como estilos socio-históricos de apropiación social de la naturaleza. La importancia de escuelas históricas como la de los Annales, especialmente en torno a la obra de M. Bloch y F. Braudel reivindica aspectos inherentes a la óptica ambiental, sobre todo al tomar en cuenta lo que denominaban las cuestiones de la "civilización material", antes que la historia de los hechos o del movimiento de las ideas, prevaleció un interés por el mundo concreto, alimentos, vestimentas, herramientas, artefactos; esta perspectiva, terminó por aportar datos acerca de los procesos evolutivos constitutivos de la problemática ambiental.

Analizar las cuestiones ambientales, implica también, enfrentar la tarea de contabilizar simultáneamente, múltiples tiempos teóricos. Al respecto Braudel postula tres niveles de tiempo histórico: un primer nivel se refiere a los individuos en particular, "las historias breves, definidas y nerviosas vibraciones". Es la historia tradicional dirigida al individuo y los sucesos. Pero esta historia es superficial, existe un poderoso movimiento, a un ritmo más profundo y lento, que produce cambios en la estructura social, es lo que él llama longue durée, " las largas duraciones" apropiado para el estudio de las economías, los estados y las civilizaciones sucesivas. En un tercer nivel hay un tiempo aún más lento, más lento que la historia de las civilizaciones, "una historia que casi permanece inamovible, una historia del hombre en su íntima relación con la tierra que lo sostiene y lo alimenta: es un diálogo que no cesa nunca... pero que continúa tenazmente como si estuviera más allá del alcance y destrozo del tiempo".

Las aproximaciones historicistas y los enfoques renovados en geografía, han ofrecido un amplio arco de vertientes que intentan relatar o explicar el estado actual de un territorio concreto a partir del largo proceso de intervenciones humanas, a menudo teñido de diversas irracionalidades. Es imposible acceder a una cierta interpretación de la complejidad de la problemática ambiental por fuera de la consideración histórico-genética de tal problemática. Un concepto clave en tal sentido es la idea de proceso, procesos socio-ambientales, procesos diferenciables que, a veces, conllevan diferentes niveles de análisis y escalas también diversas. Hay procesos cuya descripción permiten explicar otros de nivel inferior, con lo cual la oposición entre descripción y explicación se relativiza.

En tal sentido, el presente trabajo - que intenta ser un acercamiento a la historia ambiental de Córdoba - , retoma estas ideas claves. La temática se aborda desde una historia procesual y se realiza un interjuego de escalas espaciales de análisis entremezclando, según las necesidades, la escala subcontinental con la nacional, regional o local.

 

II. La conflictiva relación sociedad-naturaleza en el norte cordobés

-... Dentro de pocos lustros, estos bosques

habrán sido del todo exterminados. (...)

  1. - ¿Y quién te ha revelado el secreto, Zupay?
  2. - La clave del porvenir fue el don de las

antiguas sabidurías – me respondió – (...)

¿Notaste ayer, a la sazón del alba,

invasores armados de aceros

pululando en las selva?

Pues son los hijos de ella, y

vienen a destrozar a la madre...

Ricardo Rojas. El país de la selva, 1907

Primeramente parece conveniente delimitar geográficamente la región sobre la cual se realiza la investigación.

El área de estudio se ubica al Norte de la provincia de Córdoba, siendo parte de un sistema más extenso que ocupa una vasta superficie del corazón de América del Sur, comprendiendo territorios de Brasil, Paraguay, Bolivia y Argentina. Se trata de la región de la llanura chaqueña y sus bosques, los de mayor importancia forestal después de la Amazonia. (Ver figura 1 donde se localiza el bosque chaqueño y el área de estudio)

 

Fig. 1: LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA DEL BOSQUE CHAQUEÑO

Córdoba participa con la región de la Sierras, el Noroeste y el Centro-Norte.

En tal sentido abarca los departamentos Sobremonte, Ischilín y Totoral y parcialmente los de Río Seco, Tulumba, Minas, Cruz del Eje, Colón, Río Primero y Punilla. La variedad del relieve, se manifiesta en la presencia de tres unidades geomorfológicas: 1) la Planicie Occidental, donde se destaca el Bolsón de las Salinas Grandes; 2) el Complejo Serrano, formado por las estribaciones septentrionales de las Sierras Grandes y Chicas y 3) la Planicie Oriental, ocupada en su mayor parte por la laguna Mar Chiquita.

La vegetación original de la Planicie Occidental se componía de bosques de quebracho blanco, los cuales han sido intensamente modificados por las actividades humanas. Las Salinas Grandes presentan vegetación transicional entre los matorrales halófitos y el bosque chaqueño xerófilo.

Las Sierras presentan una vegetación escalonada formando pisos o cinturones según la altitud: bosques entre los 700 y 1200 m snm, matorrales entre los 900 y 1500 m y pastizales a partir de los 1500 m. Tal como se desarrolla en el trabajo, esta región que fue muy valorizada por los aborígenes y en la etapa colonial, ha sufrido una drástica modificación debido, entre otros factores, al fuego, sobrepastoreo y tala.

La Planicie Oriental estuvo ocupada hasta mediados del siglo XIX, por bosques de quebracho blanco y quebracho colorado santiagueño. Como consecuencia de la tala vinculada al tendido ferroviario del país en la etapa agroexportadora y más recientemente, con la expansión de la frontera agropecuaria, estos bosques han sido prácticamente erradicados del norte de la provincia. En la actualidad, los bosques van siendo cada vez más ocupados por matorrales de reemplazo o "fachinales" dominados por la jarilla, con altos porcentajes de suelo descubierto, bosques secundarios y vegetación cultural. A continuación se presentan, el mapa con la localización de las formaciones vegetales en la región (fig 2) y el área de cobertura de cada una de ellas, a través de una tabla (fig. 3)

Fig. 2: TIPOS VEGETACIÓN PREDOMINANTES EN LA ACTUALIDAD, EN EL NORTE CORDOBÉS

Fig. 3: Cobertura de las distintas unidades de vegetación

Unidad de vegetación

Hectáreas

Porcentaje

Bosque de la Planicie Oriental

66.000

2

Bosque de la Planicie Occidental

227.140

6

Bosque secundario

1.096.440

27

Bosque serrano

22.760

1

Romerillar

100.550

3

 

Espinillar

147.960

4

Palmar- Palmar/Pastizal

51.620

1

Matorral halófilo Bajo

312.550

8

Espartillar

165.000

4

Matorral halófilo Alto

41.240

1

Vegetación Cultural

1.396.430

35

Paradójicamente, los cambios producidos por la explotación del bosque no han generado un mejoramiento en la calidad de vida de la población del norte cordobés. Por otra parte la remoción de la cubierta vegetal por tala, fuego y pastoreo, ha expuesto al suelo a la acción de los agentes erosivos, especialmente en áreas montañosas, en las cuales la pendiente acelera el efecto del viento y del agua.

El proceso de destrucción de los bosques sería, simplificadamente, el siguiente:

Bosque climax Bosque secundario Matorrales de sustitución – Fachinales Peladeras

Para explicar las causas del deterioro de estos ecosistemas, se realiza un análisis basado en las formas de apropiación de la naturaleza y valorización de los recursos naturales que hicieron las sociedades que ocuparon estos espacios a través del tiempo. Para ello se realizan tres cortes temporales y se toman, el período prehispánico, el colonial y el de inserción de las economías primarias en el mercado mundial, período en el que se profundización de los problemas ambientales, con consecuencias irreversibles.

 

II. 1. La relación sociedad-naturaleza en el período prehispánico

Las comunidades aborígenes que se asentaron en el país desarrollaron estrategias de adaptación diferentes según las características ambientales de cada región, sumadas a los cambios y a la oferta ambiental que fueron suscitándose a lo largo del tiempo.

Para hablar de los primeros habitantes del territorio cordobés debemos retroceder en el tiempo unos 10.000 años e imaginarnos también un clima diferente. En aquella época, finales del Pleistoceno y principios del Holoceno, el clima era más frío y seco, había entonces, más pastizales que bosques y los vientos eran fuertes y constantes. La arqueología y la paleontología avalan la coexistencia del hombre con los mamíferos pleistocenos. Por ejemplo, el hallazgo del carbón y cenizas en especie de fogones junto a animales extintos y vivientes es interpretado como una prueba de coexistencia. Estos hombres habrían conformado grupos de cazadores nómades, que utilizaron armas no arrojadizas, estrategia válida para cazar animales grandes, de poca huída, como los de esa época. Posteriormente las condiciones climáticas se volvieron más cálidas y húmedas, los que trajo aparejado cambios en la oferta ambiental. Los grupos ocuparon tres ambientes: las sierras con sus valles, abrigos rocosos y pampas de altura; los valles de llanuras y los ambientes de laguna. El principal recurso de la caza fue el guanaco y en segundo término, los ciervos de las pampas y el ñandú.

En una etapa posterior, coincidente con los cambios ambientales, bajo un clima más cálido y más seco, la oferta ambiental disminuyó. Aparecieron entonces, nuevos recursos, tanto para la caza como para la recolección. Se encontraron aves, mulitas y roedores. También la recolección y molienda de semillas se hizo más importante. Los distintos grupos eran nómades. Los recursos eran diferentes en las pampas, donde cazaban, y en los valles, donde recogían frutos principalmente en primavera-verano.

Con el paso de tiempo estos pueblos comenzaron a dominar técnicas agrícolas, los que favoreció el asentamiento temporario o permanente. Las culturas cazadoras-recolectoras-agrícolas se desarrollaron en los primeros siglos de la era cristiana. Sobre la base de pisos ecológicos, alternaron con las áreas de caza y recolección, las nuevas zonas de cultivo a modo de pequeñas chacras. Cultivaban maíz y quínoa. También seguían alimentándose con los frutos de la vegetación típica del bosque serrano como mistol, piquillín, chañar y algarroba, con los que además producían bebidas fermentadas. Seguían cazando animales grandes como el guanaco y pequeños como corzuelas, vizcachas y comadrejas, que vivían en los valles. 3

En relación con los pisos ecológicos, haciendo referencia a la región andina, Chonchol comenta: "...el universo andino fue concebido por sus habitantes como un conjunto de estratos ordenados verticalmente... Al ascender a alturas más elevadas, los habitantes tenían que enfrentarse con continuos cambios de clima, de fauna y de flora. A lo largo de la cordillera, las aldeas y etnias siempre habían procurado controlar el mayor número posibles de microclimas. Las regiones a las cuales no era posible llegar en una jornada de camino, o mediante migraciones estacionales, fueron pobladas por grupos de colonos permanentes, dedicados al pastoreo, así como al cultivo de la coca o el maíz. El acceso a distintos pisos ecológicos con diversidad de condiciones permitía, pues, diversificar y combinar diferentes tipos de producciones: pastoreo de auquénidos y cultivo de tubérculos a mayores altitudes; cultivo del maíz, de la quínoa y de otros productos, como las calabazas, el algodón, a medianas y bajas altitudes. (Chonchol, 1994)4.

El sistema de asentamientos de los pobladores cordobeses, estaba conformado por sitios residenciales y especiales. Los primeros contaban con un sector de viviendas que incorpora la "casa-pozo" y zonas de almacenaje, talleres y basurales. Los sitios especiales, que ya eran parte de sus asentamientos en etapas anteriores, tienen relación directa con los recursos utilizados e incluye: sitios de vigilancia, de molienda, talleres líticos, canteras y sitios de extracción de arcilla. Según relatos de los conquistadores, los pueblos eran chicos, con cuarenta casas como máximo. No hay pruebas arqueológicas contundentes de la domesticación de animales, específicamente de llamas. Posiblemente las hayan adquirido ya criadas por intercambio con pueblos del Noroeste.

Eran hábiles tejedores, utilizando lana de llama o guanaco y tinturas que elaboraban a partir de ciertos vegetales y minerales. Además utilizaron otros elementos de la naturaleza como fibras vegetales para cestería; arcilla para alfarería; piedra para instrumentos como hachas y morteros; hueso para algunos instrumentos o como adornos; y metal adquirido por intercambio, probablemente con culturas andinas. También se sabe que otro recurso utilizado fue la madera del bosque, para leña, para viviendas, y para algunos artefactos como mangos de hachas.

A pesar de que estas sociedades hicieron uso de la naturaleza, aparentemente no afectaron el balance ecosistémico. Los analistas coinciden en afirmar que en esta fase no se registraron acciones humanas que hayan desencadenado alteraciones ambientales irreparables. Por ejemplo, María de los Ángeles Romero concluye su análisis del desarrollo de la agricultura en tierras mexicanas diciendo "si nuestros estudios son correctos, la agricultura prehispánica habría logrado, con todos sus problemas, sostener a su sociedad, sin alterar el medio ambiente". Y Gligo y Morello, sostienen, "el conocimiento de la naturaleza de los habitantes prehispánicos del continente se había traducido en formas de control y adaptación con relación al ambiente..... En términos generales puede afirmarse que las relaciones hombre-naturaleza fueron mucho más armónicas (comparando con la etapa colonial). Esta armonía, no se refiere al "equilibrio" del hombre como parte del ecosistema, sino a la artificialización de él que hizo el indígena, a su mayor productividad y a su conservación". (Gligo y Morello, 1980)5

Aquellas sociedades crearon un modelo de relaciones con su medio ambiente que, dentro de una multiplicidad de variantes, tuvo en general un carácter diversificado, se orientó en lo esencial a la autosuficiencia con un tipo de organización comunitaria asociado a una producción agrícola de policultivo tecnológicamente compleja aunque instrumentalmente sencilla y respondió eficazmente a la necesidad de trabajar con la naturaleza antes que hacerlo contra ella. A partir del siglo XVI, por el contrario, pasaría a ser dominante la existencia de sociedades de circuito abierto, caracterizadas precisamente por la pérdida de aquella capacidad de autodeterminación respecto a los fines y los términos de su propia existencia, y cuyo estilo de desarrollo tendería por lo mismo a ser predatorio, crecientemente especializado, orientado al intercambio mercantil en condiciones sumamente desventajosas. (Castro Herrera, 1996)

 

II. 2. Conquista y colonización: poderoso impacto ambiental

La conquista y la consiguiente "europeización" de América, constituyó un tremendo cataclismo biocultural que implicó, según F. Tudela, en estrictos términos biológicos, cambios de una magnitud cuyos precedente se tendría que remontar a las grandes transformaciones del pleistoceno, cuando el ritmo de las extinciones superó con amplitud los avances del proceso de especiación.

Los primeros españoles que llegaron a Buenos Aires, trajeron unos 500 vacunos que se liberaron y multiplicaron en forma extraordinaria. En efecto, la pampa era un inmenso nicho ecológico "incompleto", apto para recibir una enorme cantidad de grandes herbívoros que aprovecharan sus pastos y aguadas.6 Numerosas especies animales y vegetales fueron traídas por los europeos al Nuevo Mundo. Trigo, cebada, arroz, centeno, habas, garbanzo, lentejas, nogales, naranjos, limones, perales, romero, mimbre, retamas, rosales, lirios, por nombrar las especies más conocidas. También animales de carga, caballos, bueyes, mulas, especies productoras de carne y leche como vacas, cabras, cerdos y ovejas.

La conquista española de América a comienzos de aquel "siglo XVI largo" (1450-1650) del que habla Wallerstein, constituyó a un tiempo un efecto de -y una respuesta a- la necesidad europea de "una base territorial mayor sobre la que apoyar la expansión de su economía" que pudiera proporcionarle a Europa, las "muchas cosas" que necesitaba: "oro y plata, materias primas, proteínas, alimentos, madera, materiales para procesar los textiles. Y... una fuerza de trabajo más tratable". Los ecosistemas comenzaron a alterarse con la instauración de una economía basada en los productos agropecuarios y mineros. Esta especialización económica estuvo en parte influida por la disminución demográfica del s. XVII7 que indujo al abandono de cultivos que absorbían mano de obra por otros de carácter más extensivos. Este fue el primer paso para la creación de una reestructuración social: el reemplazo de la comunidad indígena por la hacienda o la estancia, según las regiones. Además, la irrupción hispana rompió el aprovechamiento vertical de las economías indígenas, desintegrando el autoabastecimiento que existía.

En Córdoba, al igual que en otras regiones del Virreinato, la delimitación y el reparto de tierras se hizo a través de lo que se denominó "merced de tierra", con título real, que se otorgaron en usufructo con la sola exigencia de que fuesen cultivadas. Con el paso del tiempo, muchas de estas mercedes, se transformaron en estancias, algunas de las cuales alcanzaron gran esplendor durante la administración de los jesuitas. Se fueron consolidando como propiedades privadas y concentradoras de poder en manos de sus latifundistas. La necesidad de excedentes generados por la tierra influyó en la ausencia de una mentalidad conservacionista. Pero, y sobre todo, los nuevos paisajes van surgiendo como expresión del paso de la vieja combinación de policultivo y recolección a una producción crecientemente especializada, de carácter a menudo predatorio y destinada en lo fundamental a la exportación. Esto se hace evidente, por ejemplo, en el sistema mina-hacienda que pasa a constituirse en uno de los grandes ejes de articulación de la sociedad nueva. Aquí, como observa Lockhart, citado por Castro Herrera, "el nexo entre ganancia y mercado estuvo presente desde el mismo inicio". (Castro Herrera, ob cit, 1996).

El monocultivo, convirtió a los ecosistemas en más frágiles y vulnerables. En Córdoba, en 1586 se estableció el primer molino harinero, con sus primeras exportaciones de harina, telas y lana a Brasil. Posteriormente, además de agricultura había actividades pastoriles: primero y durante los siglos XVII y XVIII, la actividad económica más importante para esta región de la Argentina fue la cría de mulas cuyo destino eran las minas del Alto Perú; luego la producción de vacunos para el consumo de carnes y la exportación de tasajo y cuero. Había huertas y cultivo de vid, frutales y cereales.

 

II. 3. La etapa independentista y la inserción de Argentina en el mercado mundial. Persistencia y profundización de los problemas ambientales.

Una vez producida las guerras por la independencia, la clase dominante de la sociedad criolla reforzó la economía de exportación agropecuaria. Ese carácter de monoproductor afectó a la diversidad de los ecosistemas. Un visionario de lo que sucedía en aquellos tiempos fue Manuel Belgrano quien en 1810 escribía sobre el deterioro ambiental y la necesidad de plantar árboles para las generaciones futuras. Así decía:

"por todas partes que se recorra en sus tres reinos, animal, vegetal y mineral, sólo se ven huellas de la desolación. Y lo peor es que continúa con el mismo furor, sin pensar ni detenerse a reflexionar sobre las execraciones que merecemos de la posteridad, y que ésta llorará la poca atención que nos debe. Se supo que las lanas de vicuña, pieles de chinchilla, de nutria, de cisne, eran objetos de valor; inmediatamente se trocó a destruir sin consideración a los tiempos oportunos, y llegará el día en que no existan frutos tan apreciables; no obstante que parezca paradoja a los que, sin meditar crea que son inacabables (...); al ver tantos árboles muertos cuya existencia hacía siglos que concurría la naturaleza, se presiente ya lo detestables que seremos a la generación venidera si en tiempo no se ponen remedios activos para que los mismos propietarios no abusen de sus derechos pensando sólo en aprovecharse del producto presente, (...)Así, repondríamos lo que han destruido los que nos precedieron y lo que nosotros arruinamos sin consideración alguna a la posteridad, contentándonos únicamente con trabajar para nosotros, para nuestros placeres..."

Aquí, como sostiene Castro Herrera, la tendencia a la monoproducción da lugar a la sobrespecialización de regiones en función de demandas externas; profundiza el carácter esencialmente extractivo-destructivo característico de las economías periféricas, y genera nuevas desigualdades y conflictos de orden económico, tecnológico, cultural y político en el seno de las sociedades latinoamericanas. Y, por supuesto, la tierra8 así incorporada a la nueva producción mercantil masiva alcanza precios que la ponen fuera del alcance de la inmensa mayoría de los productores locales, y estimulan su concentración y control por parte de un número reducido de propietarios, locales o extranjeros, cuyo poder efectivo pasa por su vinculación con el capital bancario y los mercados del mundo desarrollado. Al respecto, las consideraciones de Sergio Bagú sobre el impacto ambiental del proceso resaltan el efecto de la deforestación y la erosión en aquello suelos, siempre abundantes para los terratenientes y las empresas de capital extranjero. Para Bagú, ese deterioro no tiene su origen tanto en un problema de retraso tecnológico, como en las consecuencias sociales de un proceso de reorganización de la naturaleza en el que el acaparamiento y la sobrexplotación de las mejores tierras con vistas a la exportación coincidía con el traslado a las tierras peores de una parte sustancial de la población expropiada:

"bosques talados sin reforestación; poblaciones íntegras de agricultores de algunos valles... empujados hacia las laderas donde, con mayor densidad demográfica, fueron forzados a vivir de un suelo sometido a la acción de las corrientes de agua y de los vientos; comunidades antiguas de agricultura sedentaria que, despojados de sus suelos tradicionales, se internaban en los bosques y comenzaban a practicar una agricultura primitiva de roza-quema; cultivos inadecuados al tipo de suelo, pero que tenían en ese momento el estímulo inmediato del precio, con lo cual se consumía parte de la capa vegetal sin que se tomara ninguna medida de protección".(1987)9

En un sentido más amplio, sin embargo, la erosión de que se habla tiene, además de un significado físico, el de un desgaste del terreno social y cultural que sobre el que habían subsistido las formas previas de relación con la naturaleza, lo que da lugar a que los viejos conflictos se vean agravados con la incorporación de otros nuevos, sin que ninguno llegue a ser resuelto.

Y así ocurrió también en vastas extensiones del territorio cordobés. Desde fines del siglo XIX y hasta el siglo XX se taló el bosque serrano y el bosque chaqueño para la obtención de leña que alimentara los hornos de cal de las Sierras Chicas cordobesas. Con la llegada del ferrocarril se requeriría madera para la elaboración de durmientes y postes, además del uso como combustible. De este modo, la tala y el sobrepastoreo, llevaron a un deterioro ambiental importante.

El espinal estaba cubierto por bosques de algarrobo, especie considerada por los aborígenes como la más preciada ofrenda de los dioses; "El Árbol" tuvo categoría de divino para los aborígenes: el follaje les procuraba sombra, sus frutos les permitía hacer comidas, dulces y bebidas; por su madera tenían calor y abrigo, la corteza brindaba colorantes para tejidos y servía para curtir; además, aprovechaban sus virtudes originales. El espinal fue la primera víctima de la expansión de la frontera agrícola hacia las zonas boscosas del país. Luego de explotados sus abundantes recursos forestales, los desmontes abrieron tierras a la agricultura y a la ganadería. De la mano del ferrocarril los bosques de tala, algarrobos, chañares y espinillos, centraron la actividad de la región en la explotación forestal. Tanto es así, que entre 1880 y 1883, la actividad florece hasta contar con cuatro casas exportadoras de madera, leña y carbón.

El bosque explotado y el pastizal degradado dio lugar a un nuevo ecosistema llamado "fachinal" en el que prolifera la parte arbustiva del bosque. Se observa que, las comunidades vegetales originales, fueron reemplazadas por un matorral espinoso sin valor agropecuario. Este paisaje actual, desnuda una insensata manera de pensar el progreso.

 

II. 4. Comentarios finales. Perspectivas de los ecosistemas del norte cordobés

Hoy, los bosques originales han sido reemplazados por cultivos de secano como soja, maní, maíz o por pasturas para el ganado. En los afloramientos rocosos, a la orilla de los ríos, permanecen pequeñas islas de monte que aunque no puede ser considerado representativos del antiguo bosque, son el único refugio para la fauna silvestre y en ellos aumenta ampliamente la diversidad biológica. La recuperación de los algarrobales, diezmados durante la primera mitad del siglo XX, puede ser una clave para el desarrollo sostenible de la región. Además de maderas de calidad, miel y frutos, albergan en sus raíces bacterias capaces de fijar nitrógeno atmosférico en el suelo.

De acuerdo a un informe de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, el estado de los recursos naturales en este ecosistema, "...proyecta tendencias preocupantes vinculadas a las áreas boscosas nativas, de continuar las actuales políticas económicas, sociales y ambientales, la degradación del ecosistema resultará de consecuencias rreversibles". Como cuestión de fondo se ve afectado por: la especulación inmobiliaria, el relativo valor económico actual del bosque nativo frente a las explotaciones agrícolas y ganaderas, los subsidios a veces encubiertos y el afán de lucro a corto plazo, que desprecia las consecuencias sociales, ambientales y de sustentabilidad.

Algunos de los principales problemas al respecto son:

  1. • El aumento de las área agrícolas en secano de medianas y grandes empresas con producción y tecnología tradicional, incompatible con el bosque nativo y de relativo valor social y económico regional. En los últimos 30 años se ha triplicado dicho aumento.
  2. • La degradación creciente de las áreas del semiárido por sistemas ganaderos extensivos cada vez menos productivos, con lo cual se destruye la renovabilidad del bosque.

  1. Aumento de la salinización de los suelos por malas prácticas de riego.
  2. • Alta frecuencia y grandes extensiones de incendios.
  3. • Aumento de contaminación por mal uso y abuso de agroquímicos.
  4. • Estructura de tenencia de la tierra cuya inseguridad establece una importante limitación al desarrollo.

Trabajar con estas variables, en etapas sucesivas, es el propósito del proyecto de investigación intercátedras que está gestando en el marco de la carrera de licenciatura en Geografía, de la F F y H. Los avances que se realicen al respecto, serán motivo de otros informes, publicaciones y/o ponencias.

 

REFERÊNCIAS

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Worster, Donald (2001). Transformaciones de la Tierra. Universidad Nacional de Panamá.


 1 Prof en Geografía. Miembro de la Carrera de Licenciatura en Geografía de la FFyH de la U. N. de Córdoba Argentina. El trabajo se inicia con el curso de Posgrado "Historia ambiental de América Latina", coord. Dr. Héctor Alimonda. La investigación continúa en el marco de la Carrera de Geografía, UNC. eulau@arnet.com.ar

2 Los aportes de esta corriente son valiosos en tanto contraponen las "sociedades naturales" en donde hay una unidad entre el hombre y la naturaleza, con las "sociedades históricas" donde el hombre se apropia de la naturaleza; en un proceso de producción/reproducción de la existencia, el ritmo de trabajo del hombre es el del capital, ya no se respetan los ritmos naturales. Otros geógrafos, como Robert Moraes y Messias Da Costa en su obra A valorizacao do espaco de 1984, sostienen que la relación sociedad-espacio está mediatizada por el trabajo humano, por ello es importante analizar el proceso de apropiación del espacio, en diferentes momentos históricos, para acercarse a un análisis crítico de la relación de las sociedades con la naturaleza. 

3 Un trabajo de calidad sobre la etapa prehispánica del actual territorio cordobés, es el de los arqueólogos Bonnin, M y Laguens, A: Esteros y algarrobales. Las sociedades de las sierras centrales y la llanura santiagueña, editado en el año 2000. En el mismo, se realiza un estudio detallado de los aborígenes que vivieron en la cuenca del río Copacabana, al Noroeste de la provincia de Córdoba. 

4 Son detallados los aportes de este autor respecto de las especies vegetales y animales autóctonas de América y el posterior intercambio biótico con las introducidas por los conquistadores.

5 Nicolo Gligo y Jorge Morello (1980), en la primera parte de su trabajo, Notas sobre la historia ecológica de América Latina, clasifican dos tipos de civilizaciones en torno al recurso hídrico: las que  manejaron excedentes de agua en ambientes anegadizos y las que regaron su ambiente árido, llamada andina. En las sierras cordobesas, a pesar de no practicarse el riego artificial, la altitud influyó en las prácticas agrícolas, de tal modo que se asemejan más a la agricultura de tipo andina.

6 Una buena información sobre la explosión demográfica de flora y fauna europeas se puede encontrar en la obra citada de Gligo y Morello: "el ganado vacuno ocupó grandes nichos vacíos o semivacíos de rumiantes de alta biomasa (...) Esto explica la explosiva multiplicación de caballos y burros salvajes y vacunos en las pampas del Cono Sur (...)" (pág. 143). También, Fernando Tudela y otros, en El encuentro entre dos mundos: impacto ambiental de la conquista, (1992) analizan el tema: "La formidable expansión del ganado vacuno, basada en las virtudes forrajeras de los inmensos pastizales naturales del continente americano, escapó al control humano: los animales se volvieron cimarrones y se llegaron a multiplicar como plaga". (p. 204-205). 

7 Véase, para ampliar el tema, ya que excede los objetivos y el alcance del presente trabajo, Arcondo, Aníbal (1993) Mortalidad general y epidémica en Córdoba durante los siglos XVII y XVIII. En: Desarrollo económico, revista de Ciencias Sociales, Nº 129. 

8 Es interesante el trabajo de Donald Worster, - el autor retoma a Karl Polanyi en su obra "La Gran Transformación" – y sostiene: El capitalismo introdujo una nueva manera que cambiaría profundamente la forma en que la gente se relacionaba con la naturaleza: creó, por primera vez en la historia, un mercado general de tierras. Todos los seres y procesos que designamos como "naturaleza" (elevándolos a veces incluso al honroso estado de una "Naturaleza" capitalizada) fueron comprimidos en una abstracción simplificada: "tierra". Si bien no se trata de una verdadera mercancía en el sentido ordinario del término - esto es, algo producido por medio del trabajo humano para su venta en el mercado -, la tierra se vio "mercantilizada": vino a ser vista como si fuera una mercancía y, a través de esa manera de pensar, a ser comerciada sin restricciones. ( Worster, Donald. 2001. Transformaciones de la Tierra. U. N de Panamá). 

9 El texto del PNUMA/MOPU, por su parte, señala "procesos de deforestación, erosión, pérdida de la biodiversidad inicial, presión excesiva sobre algunos recursos y subutilización de buena parte de ellos", cuyos efectos "se vieron mitigados tan sólo por el limitado alcance espacial de los sistemas productivos dominantes, es decir, la persistencia de amplias fronteras interiores, y por la baja intensidad de sus insumos energéticos, que limitaban el poder de transformación de los sistemas naturales".(1990)


Anais do X Encontro de Geógrafos da América Latina – 20 a 26 de março de 2005 – Universidade de São Paulo