Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 541 al 560 
AsuntoAutor
480/02 - La cuesti Humboldt
481/02 - Tergivers Humboldt
482/02 - Cumpleaño Humboldt
483/02 - La Geored Humboldt
484/02 - Acto de A Humboldt
485/02 - Presentac Humboldt
486/02 - Simposio Humboldt
487/02 - Simposio Humboldt
495/02 - Jornadas Humboldt
496/02 - Carrera d Humboldt
Invitación Jornada Jornadas
488/02 - CONGRESO Humboldt
489/02 - Clases Do Humboldt
490/02 - Documenta Humboldt
491/02 - La Situa Humboldt
492/02 - Simposio Humboldt
493/02 - Cuarto En Humboldt
494/02 - Encuentro Humboldt
499/02 - Historia Humboldt
497/02 - A Alca e Humboldt
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 722     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 489/02 - Clases Dominantes Colonizadas
Fecha:Sabado, 31 de Agosto, 2002  23:35:51 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

Mabel

NCeHu 489/02
 
A FONDO: THEOTONIO DOS SANTOS, ECONOMISTA
 

"Nuestras clases dominantes siempre fueron colonizadas"


Integración subordinada. La crítica situación actual en Latinoamérica se debe a que sus elites dominantes optaron por ajustarse a los intereses del capital financiero internacional, en vez de procurar un desarrollo económico regional. Así lo cree Theotonio dos Santos, profesor de la Universidad Federal Fluminense.

Mabel Thwaites Rey. DE LA REDACCION DE CLARIN.

 


 
CAMBIAR LAS REGLAS DE JUEGO. "HAY QUE SUSPENDER EL PAGO DE LA DEUDA UN TIEMPO Y NEGOCIAR UN PLAZO DE GRACIA", DICE DOS SANTOS. (Foto: Sergio Goya)





 

Este destacado intelectual brasileño acaba de editar en México su libro "La Teoría de la Dependencia: balance y perspectiva", en el que revisa los postulados teóricos que tanto impacto tuvieron en círculos políticos y académicos en los años 60 y 70 y su polémica con Fernando H. Cardoso. Vino a Buenos Aires invitado por el Instituto Argentino de Desarrollo Económico (IADE).

El derrumbe de Argentina arrastró a Uruguay y afecta a Brasil, mientras se agudizan los conflictos en Colombia y Venezuela. ¿Cómo podría caracterizar la situación latinoamericana?

—La situación económica y política de América latina ha llegado a un momento muy crítico. Hay una decepción generalizada con las políticas económicas neoliberales sintetizadas en el Consenso de Washington. Las crisis cambiarias y financieras de Argentina, Brasil y Uruguay son ejemplos extremos de situaciones más o menos semejantes que ocurren en todo el continente. Es necesario comprender que este fracaso significa el resquebrajamiento de un bloque de fuerzas sociales y políticas que se articulaban en torno del capital financiero internacional y local.

· Lo que pasó en las últimas décadas en la región, ¿confirma o desmiente los planteos de la "teoría de la dependencia"?

—En mi último libro llamo la atención sobre el hecho de que gran parte de las previsiones que hicimos en los años 70 se cumplieron. Dijimos que no había desarrollo posible si se mantenía el modelo económico dependiente y se cumplió. Dijimos que íbamos a entrar en una crisis de endeudamiento externo extremadamente grave y la realidad nos demostró que fue así. Dijimos que de persistir este modelo, a pesar de algunos momentos de auge, la tendencia general sería hacia una baja de la tasa de crecimiento, que es lo que pasó en los 80 y 90. Dijimos que, con ese modelo, tendríamos una concentración de ingresos creciente y un crecimiento brutal de la población excluida, lo que también pasó. Entonces, desde el punto de vista de las previsiones sobre la evolución de la región, creo que fueron bastante correctas.

· ¿Cuáles considera que son las causas centrales de la crisis actual?

—Creo que la razón más evidente y clara es la dificultad que tuvo América latina para adaptarse a los cambios en la estructura económica mundial, a la nueva división internacional del trabajo. Sobre todo, por la actitud de su clase dominante, sus elites, de ajustarse mucho más a los intereses del capital financiero internacional que a los del desarrollo económico regional.

· ¿Esto tiene que ver con la forma en que el agotamiento del modelo sustitutivo de importaciones en América latina dio paso a la ola neoliberal y al predominio del capital financiero?

—América latina asumió el neoliberalismo desde un punto de vista unilateral. Casi todos los países de la región bajaron drásticamente sus barreras tarifarias, sin pedir ninguna compensación. Lo que pasa es que Estados Unidos nunca bajó sus tarifas. Ni Europa. Al menos en los sectores en que ellos son poco competitivos y que les interesa preservar. Nosotros ampliamos la entrada de productos y no creamos nuevos mercados, porque tenemos barreras, sobre todo en nuestros sectores estratégicos, como el acero para Brasil.

· ¿Sobre qué bases se construyó la hegemonía neoliberal en América latina?

—El charme de la política neoliberal que se siguió en la región se basó en que tuvo un cierto período muy favorable. En los noventa se produjo una importante mejoría de consumo, generada por una política artificial de valorización de la moneda. Esto favoreció a los consumidores, sobre todo de clase media, que se sintieron muy felices de poder comprar barato mercancías de todo el mundo y viajar. Claro que esto se sostuvo con el ingreso de capitales de corto plazo, que financiaban un gasto que no se correspondía con mayor producción. La cuestión es que la cuenta siguió creciendo y ahora quieren cobrarla.

· Pero los que prestaban sabían que se estaba armando una bomba de tiempo.

—Claro. Pero ése es su negocio, que tuvo su contraparte en nuestros países. Las fantásticas entradas y salidas de recursos financieros mundiales, que se expandieron desde la década de los 70, crearon una nueva fracción de la clase dominante de la región. Esta se compone de economistas y profesionales formados en Estados Unidos o centros afines, que incorporaron el neoliberalismo como método de razonamiento y de presentación de los hechos y se transformaron, junto con sectores de las clases dominantes, en intermediarios del capital financiero internacional y local. Estos señores se convirtieron en voceros del neoliberalismo y ejercieron un terrorismo ideológico paralizador.

· ¿Fue así como consiguieron el apoyo de amplios sectores de la sociedad?

—Exactamente. Así lograron la adhesión de industriales y comerciantes dependientes del mercado interno, para políticas neoliberales que liquidan cada día sus bases de sustentación. Incluso mucha gente progresista se dejó llevar por ese terrorismo ideológico, también por miedo a perder sus trabajos o posiciones.

· ¿Hay algún atisbo de cortar este ciclo, desde América latina? Porque desde la perspectiva de los sectores de poder mundial no parece haber ninguna alternativa.

—El ciclo fue cortado por ellos. Como lo cortaron en el 82, 83. Porque el gobierno americano dijo: "No, no se pueden dar más préstamos de esa manera. Si los bancos quieren darlos, pongan aquí plata en garantía". Porque no puede ser que un banco con un capital de 2 mil millones de dólares tenga prestados 20 mil millones. Así que otra vez se cortaron los nuevos financiamientos. Cuando en los 90 venía una crisis y no había plata para retirar las ganancias de esos capitales, entraba el Banco Mundial o el FMI para prestarles a los gobiernos para que pagaran a los inversores externos. En realidad, nunca prestaron dinero para los países, sino para rescatar a los inversores.

· Supongamos un escenario sin más ayuda para nuestros países. ¿Qué hacemos?

—De hecho, la alternativa del dinero del Fondo no existe más. Bueno, hay que buscar la forma de tener superávit comercial o reservas mayores y no gastarlas en el pago de deuda. Porque si el Fondo maneja la situación, cualquier dinerito que entre van a querer que se destine a pagar la deuda externa. Entonces, toda política basada en la negociación con el Fondo será en ese sentido: reducir el gasto público para poder crear un superávit destinado a ese pago. Así, no va sobrar plata para nada.

· ¿Habría que cambiar las reglas del juego que nos vienen rigiendo?

—Claro que hay que cambiar las reglas. En primer lugar, hay que suspender el pago de la deuda por un tiempo y negociar un plazo de gracia. También hay que reexaminarla, porque gran parte es fraudulenta. Segundo, sostener un tipo de cambio competitivo para fortalecer las exportaciones, disminuir las importaciones y generar superávit comercial. Tercero, controlar el superávit comercial, no dejar que lo usen para viajes o para comprar cosas de lujo, sino utilizarlo para reconstruir las reservas, necesarias para tener capacidad de negociación internacional y para importaciones de lo esencial para el desarrollo del país: materias primas, maquinarias, tecnología avanzada para la producción.

· En la "teoría de la dependencia" se ponía un fuerte énfasis en las soluciones nacionales. A la luz de la experiencia reciente, ¿cree posible la misma estrategia de salida de la situación periférica o hay que encontrar caminos diferentes?

—Lo importante es que tengamos control de los factores nacionales para integrarnos al mundo de manera más sólida. Si se privilegian nada más que los segmentos ligados al comercio exterior, sólo se van a poder exportar productos que no exigen un desarrollo interno mayor. Si, en cambio, se pone el énfasis en la integración de la economía interna, se puede desarrollar una base material para competir en ramas que tienen mayor valor agregado, que exigen mano de obra más calificada, una base económica superior. Entonces, no es cuestión de romper relaciones con la economía mundial, sino encontrar desde dónde articularse mejor con ella.

· ¿Qué papel juega en este planteo la integración regional?

—La integración regional es fundamental. Argentina y Brasil son países que tienen un nivel de desarrollo más o menos próximo que puede complementarse y potenciarse. El Mercosur es una necesidad muy fuerte para nuestros países. Y sobre todo ahora, frente a esta crisis global tan grande, es la única salida. Mucha gente no creía en el Mercosur. Incluso, los empresarios medios de Brasil tenían muchas dudas, pero hoy son absolutamente favorables y dudan del ALCA.

· ¿Qué más hace falta para salir adelante?

—Hay que tener políticas internas de redistribución de ingresos, de manera que los sectores más bajos puedan aumentar su capacidad de consumo. En países donde hay grandes masas de población desempleada, se pueden también realizar inversiones estatales en infraestructura, en atención de necesidades básicas de la población, como construcción de viviendas, lo que genera mucho empleo. El Estado debe ayudar con tasas de interés bajas, para motivar y apoyar al sector productivo.

· ¿Cuáles serían los actores más dinámicos, capaces de encarar un proyecto de desarrollo nacional e integración regional, para competir en el mundo?

—Este es un problema serio, porque nuestras clases dominantes siempre fueron muy articuladas con la economía mundial en una condición colonizada. En algún momento, en la década del 30, en la del 20, se crean las condiciones que favorecieron cierto desarrollo de la economía nacional en la región durante los 40. En las décadas del 50 y 60, se radicalizó mucho la confrontación con los intereses internacionales, para poder llevar adelante estas políticas nacionales. Pero las clases dominantes prefirieron hacer un acuerdo con el capital internacional, antes que intentar realmente transformar sus países en potencias nacionales significativas. Esto provocó un movimiento de subyugación de nuestra clase dominante al capital internacional, buscando posiciones como aliados, como socios menores. Durante las décadas de los 80 y 90, se creó un nuevo sector social, intermediario de este capital financiero. Esa gente tiene un sentimiento nacional muy bajo.

· ¿Eso explica la fuerte crisis de proyectos y liderazgos tradicionales?

—Los sectores populares están, en este momento, huérfanos de los antiguos liderazgos. Hoy no tenemos una clase dominante tradicional en la cual se pueda confiar. Entonces, hay que aumentar enormemente la capacidad de movilización popular, la formación de liderazgos populares, para que, desde un concepto muy desarrollado de ciudadanía, la gente mantenga un control muy fuerte sobre los políticos.

· Entonces, ¿hay posibilidades de reemplazo de las dirigencias fracasadas?

—Es natural que, frente a las vacilaciones de las clases dominantes en favor del Consenso de Washington, se haya abierto el espacio para que la oposición a estas políticas sea asumida hegemónicamente por los partidos y organizaciones de izquierda. Por eso, la coyuntura se caracteriza también por un crecimiento de los partidos de izquierda o por líderes de ese origen. Sin embargo, en la proximidad del poder, este liderazgo empieza a vacilar también, sobre todo cuando ven la necesidad de atraer a sectores del bloque de fuerzas anterior hacia una nueva formación política electoralmente mayoritaria.

· ¿Es esto lo que está ocurriendo en Brasil con Lula y Ciro Gomes?

—El caso de Brasil es un ejemplo muy evidente de este nuevo cuadro político y tenderá a influir al resto de la región. En las próximas elecciones se destaca el hecho de que la derecha tradicional no fue capaz de presentar candidatos propios y tiene que escoger entre hombres que tienen o tuvieron algún compromiso con la izquierda. Por otro lado, esta situación hizo mover hacia el centro a casi todo el espectro político, en la medida en que las distintas fuerzas buscan garantizar la mayoría atrayendo los votos del centro. Esto afectó la agenda política, que pasó a ser manejada por el gobierno, que impuso la crisis cambiaria como cuestión central. Se puede decir que ha sido una victoria ideológica a pesar de que su candidato se encuentra en último lugar en las encuestas de opinión sobre intención de votos.

· En definitiva, ¿existen condiciones para el cambio en América latina?

—Sí. La oportunidad histórica viene de la conciencia de los pueblos, que ha aumentado mucho, como lo demuestran el movimiento antiglobalización, el Foro de Porto Alegre, que va a reunirse esta semana en Buenos Aires. Yo soy optimista, creo que la gente está aprendiendo, está exigiendo más y se está organizando. De ahí tiene que nacer algo realmente significativo a nivel mundial. La civilización tiene que triunfar, no la barbarie.


Fuente: Diario Clarín de Buenos Aires, del 18 de agosto de 2002.