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Asunto:NoticiasdelCeHu 300/05 - Argentina - "Necesitamos más científicos y técnicos" (Gregorio Weinberg)
Fecha:Sabado, 5 de Marzo, 2005  13:57:38 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 300/05


Argentina

Gregorio Weinberg

 “Necesitamos más científicos y técnicos”

Es la clave del desarrollo, dice el ensayista

Gregorio Weinberg atesora tres doctorados honoris causa –de las universidades de Buenos Aires, Palermo y Luján– y es miembro de número de la Academia Nacional de Educación. Pero su mayor halago es integrar la Comisión Internacional de la Unesco, con sede en París, que prepara una nueva versión de la “Historia científica y cultural de la humanidad” y de la “Historia general de América latina”, de seis tomos cada una. Con sus enhiestos 85 años y una imponente biblioteca de diez mil volúmenes, Weinberg habita en una antigua casita de barrio, en la Paternal, donde los libros inundan hasta el altillo. Allí cuelgan diplomas, pergaminos, retratos de escritores ilustres. Se destaca una bella fotografía de su entrañable amigo José Luis Romero.

Weinberg registra largos años de docencia en las facultades de Filosofía y Letras y de Arquitectura, donde enseñaba Historia de la Educación y del Pensamiento Argentino y Latinoamericano. Fue vicepresidente del Conicet y dirigió la Biblioteca Nacional. Sus máximas distinciones son el premio Consagración Nacional y los Konex de platino y de brillante. Es porteño porque su madre vino de Santiago del Estero a tener a sus hijos en la Capital, pero la familia vivía en Guarda Escolta, cerca del norte santafecino. "Cuando los obrajes talaron los quebrachos a ras del suelo -se queja-, esa tierra quedó inutilizada y llegaron la sequía y la langosta."

A los seis años lo llevaron a Buenos Aires, a vivir con sus abuelos, pero enseguida lo devolvieron por bruto, "porque no sabe jugar con los chicos y es muy salvaje", según sentenció la maestra. Tuvo que enseñarle su padre a leer y a escribir. Estudió Derecho en la Universidad de La Plata "y aunque no alcancé a graduarme, cuando el Consejo Superior de la UBA consideró mis antecedentes fui habilitado como profesor en Filosofía y llegué a dictar cursos con José Babini", relata, con el orgullo de un reconocido autodidacto.

-Usted ha señalado el surgimiento de una generación a principios del siglo XX "que convocaba al dios Progreso".

-Con su consigna "Paz y Administración", el presidente Roca establece los pilares sobre los que se multiplicarían kilómetros de vías férreas y de caminos, se construirían puertos y ciudades y se realizaría también la inhumana tarea de exterminar al indio. Fue considerada una etapa de progreso, que trajo cambios culturales importantes. Tenían predicamento las ideas sarmientinas y había grandes esperanzas en una movilidad social ascendente, que producía la grandeza del país a través de los técnicos, los profesionales, los artesanos. Había pobres, pero no se ensanchaba la línea de pobreza. Con el aluvión inmigratorio también llegaron nuevas ideas, nuevas organizaciones. Se alcanzaba un gran nivel cultural. Hoy se ha deteriorado todo y la desocupación ha crecido a niveles nunca vistos; se está perdiendo hasta la cultura del trabajo.

-Beatriz Sarlo acaba de señalar que existe una gran cantidad de desocupados que ya lleva quince años sin trabajar. Es muy difícil recuperar a quienes han perdido la cultura del trabajo.

-Y hoy vemos las consecuencias económicas y sociales: despoblamiento y empobrecimiento del interior, nuevas migraciones hacia las grandes ciudades, donde la mayoría de los excluidos se convierten en marginales... No solamente falta mano de obra calificada: la desaparición de escuelas técnicas obstruye el mejoramiento de los procesos productivos, las nuevas tecnologías encuentran dificultades para su difusión. Como observa el sociólogo sueco Pierre Schori, ¿cuánta pobreza tolera la democracia, cuánto subdesarrollo tolera la seguridad global? Una consecuencia de la pobreza es el debilitamiento físico e intelectual de las actuales generaciones, que formarán la sociedad argentina dentro de veinte años. El desaliento que invade a gran parte de los estudiantes, por falta de salidas laborales, los está induciendo a la emigración. Alguien definió la fuga de cerebros como una de las formas más perversas de ayuda de los países en desarrollo a los desarrollados.

-También se dice que el científico argentino que emigra se perfecciona y, si vuelve, puede aportar mucho más a su país.

-Sí, pero se nos van por las bajas remuneraciones, falta de presupuesto y un horizonte nublado. La Unión Europea ha dicho que necesitará veinte millones de trabajadores calificados en las próximas décadas, por lo que procurará traerlos de los países atrasados. Hay que advertir que la ciencia y la técnica no son suficientes para impulsar un sano desarrollo de nuestro país. Se debe contemplar también una mejor distribución de la riqueza productiva y evitar el deterioro del medio ambiente. Hoy sólo se busca la utilidad a corto plazo, pero hay que pensar en líneas estratégicas de producción.

-En uno de sus trabajos usted indica que la educación y la actividad científica han dejado de ser cualitativas para ser cuantitativas. O sea, que se estimula la actividad científica sólo para lo que sirve al desarrollo industrial del momento, cuando la actividad científica no debe estar condicionada. Eso es cierto, pero ¿no cree que es bueno alentar la creación de riqueza?

-Es que hoy la riqueza es el conocimiento. ¿Qué es la riqueza en la sociedad del conocimiento? Es la incorporación de inteligencia, ciencia y técnica en los procesos productivos. Hoy la riqueza no se mide en toneladas. Son otros los indicadores. Me parece estar viviendo en una sociedad esquizofrénica, en la cual se avala la importancia de la ciencia y de la técnica y, a la vez, se le retacean los recursos. Habría que hacer un replanteo de los gastos públicos y privados. Darle más recursos al conocimiento.

-En "El descontento y la promesa", publicado en 1982, le dedica un capítulo entero al populismo en América latina. Aquí el populismo se ha instalado de tal forma que parece abarcarlo todo. ¿Cómo se resuelve este problema?

-Fortaleciendo las instituciones, principal tarea para consolidar una democracia efectiva, y con una mayor asignación de recursos a las políticas vinculadas al conocimiento. Al hablar de instituciones me refiero a todos los poderes: al Parlamento, tan desacreditado; a la Justicia, tan desprestigiada y morosa; a los partidos, tan fragmentados como desorientados y envejecidos en sus cuadros dirigentes y en sus ideas; al federalismo auténtico, que no debe ser feudalismo, ni caciquismo, ni coronelismo. También perdieron credibilidad y transparencia las instituciones de bienestar social y las económicas, sobre todo la capacidad del Estado para definir y orientar políticas con fuerte preocupación por los intereses nacionales. La gente debería participar más activamente en el club de barrio, en el municipio, en los partidos políticos, en las bibliotecas populares; en las cooperadoras escolares; en las cooperativas de producción y consumo.

-Pero la gente parece haber perdido esa vocación.

-La han desalentado, que no es lo mismo. Es urgente revertir la asignación de recursos, para estimular la formación de la sociedad del conocimiento, como dice el actual secretario de Ciencia y Tecnología. Se trata de fortalecer las universidades, los sistemas educativos primario, secundario y técnico profesional; hay que repensar y rediseñar el Conicet, el INTA, el INTI, el Invap y todas las entidades necesarias para orientar a las nuevas generaciones. La escuela debe volver a dar prioridad a las disciplinas básicas, como matemática, historia, lenguaje, antes que ocuparse de la alimentación y la educación sexual, que son importantes, pero desvirtúan el núcleo duro de la actividad educativa.

-De esas carencias también es responsable el populismo, que menoscabó los valores. Pero usted ha escrito que el populismo carece de modelos alternativos. ¿Está seguro?

-Absolutamente. Así como carece de un verdadero modelo alternativo de desarrollo, tampoco tiene un modelo alternativo en materia de educación. Acepta el heredado, para adaptarlo al crecimiento de la matrícula.

-No obstante, advierto que sus preocupaciones por la educación hoy se han centrado más en la ciencia y la técnica. ¿Por qué?

-Porque su importancia es indiscutible. Con mi experiencia de tantos años en la Unesco, pude advertir que en nuestros libros prácticamente no aparecen ni la educación, ni la ciencia, ni la técnica. Creo que es necesario modificar eso. En los últimos años, lo que más me ha preocupado es recuperar la tradición científica, porque nuestros graduados universitarios no saben quiénes fueron Azara, Muñiz, Ameghino, Rawson, Huergo, y menos idea tienen de las implicaciones políticas y sociales que esa gente representó. Hay que enseñárselas a los muchachos e inculcarles que acá se puede trabajar con responsabilidad, crearles condiciones, darles perspectivas.

-Hace unos años, le hablé de instalar un gran museo de ciencia y técnica, como esos que cautivan a los jóvenes norteamericanos y a los europeos. Hasta teníamos el nombre: se iba a llamar Museo José Babini. ¿Jamás pudo avanzar con esa idea?

-Hubo cuatro o cinco intentos, pero nunca se concretaron. La Fundación Antorchas había llegado a ofrecer un millón de dólares para hacerlo, pero nunca se pudo.

-En esos grandes museos vi a los estudiantes haciendo cola para entrar en un corazón gigante, recorrer una mina de carbón, visitar un submarino alemán. Salían entusiasmados con los secretos de la ciencia y la técnica. ¿Por qué todavía no existe eso en Buenos Aires?

-Deberíamos tomar el ejemplo de Finlandia, que hizo un proyecto a largo plazo y penetró en el mundo del conocimiento. Hoy está a la vanguardia. Sus teléfonos se venden más que los japoneses y tiene productos tan avanzados que son primeros en el mundo. Nosotros, en cambio, seguimos con la vieja maquinaria política, con gobernadores que se reeligen permanentemente, con partidos que no ofrecen ideas nuevas y provocan desaliento. No le prestamos atención al patoterismo, que ha llevado la intolerancia a las relaciones económicas, sociales y políticas y ha instalado la falta de respeto en la vida cotidiana. Su maltrato asoma en todas las actividades y ha invadido la televisión abierta, donde la viveza criolla hace chistes burlándose del ciudadano y de las instituciones. Esa televisión transmite disvalores, con un alto predominio de morbosidad. Hay cortos comerciales que proclaman "primero el placer, después el deber". Para vender un de- sodorante se muestra a un automovilista que no respeta los semáforos e infringe todas las leyes de tránsito...

-...en un país con récord mundial de accidentes. Lo poco que construye la escuela lo destruye la televisión.

-Se excita a una sociedad de consumo y se contribuye así a aumentar el abismo entre los que pueden comprar y los que no pueden. En este momento, lo más grave en la Argentina es que ese abismo se va ensanchando, profundizando. Me preocupa el proceso de degradación, de envilecimiento del lenguaje de la televisión abierta, cuyo vocabulario no debe exceder las 500 palabras, interjecciones e idiotismos incluidos. No me asustan las llamadas malas palabras: me apena que con ellas se sustituya la falta de vocabulario, de cultura mínima. El filósofo Ludwig Wittgen- stein decía que el capital lingüuístico de una persona determina su horizonte mental. Pensemos en las nuevas generaciones, que no leen y son adictas a la televisión.....

 Hugo Gambini


Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 5 de marzo de 2005.






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