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Asunto:NoticiasdelCeHu 257/05 - "Reformas profundas; crecimiento pésimo" (El 'más allá de los noventa' de Ricardo Hausmann)
Fecha:Domingo, 27 de Febrero, 2005  03:37:01 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 257/05


 

Ricardo Hausmann, más allá de los noventa

 

"Reformas profundas; crecimiento pésimo"


 

¿Podría ser el gobierno la solución para los problemas de crecimiento en Latinoamérica?

Bob Davis
The Wall Street Journal


En 1989 un joven economista venezolano, Ricardo Hausmann, viajó a Washington para reunirse con otros economistas y ultimar una serie de propuestas para reconstruir América Latina.

El manifiesto económico, conocido como el "Consenso de Washington", identificaba al gobierno como un obstáculo a la prosperidad e hizo un llamado a desmantelar las barreras comerciales, eliminar los déficit fiscales, privatizar las empresas estatales y abrir las economías latinoamericanas a la inversión extranjera.

América Latina siguió la receta y en la década siguiente abandonó muchas de sus prácticas proteccionistas. De todos modos, la región quedó aún más rezagada en relación con Asia y los países industrializados, mientras que la pobreza siguió siendo alta.

"Reformas profundas; crecimiento pésimo", dice Hausmann, que ahora se encuentra en la Universidad de Harvard. "Algo tiene que andar mal con las teorías de crecimiento".

Hausmann y un puñado de economistas especializados en desarrollo se están replanteando la ortodoxia del libre mercado para América Latina. Sostienen que el gobierno dejó de ser el principal lastre para el crecimiento; de hecho, a menudo éste puede ser la solución. Aconsejan que los gobiernos que subvencionen proyectos empresariales en toda la región, con la esperanza de desarrollar nuevos negocios e impulsar el crecimiento. Dado el largo historial latinoamericano de subvenciones que terminan en los bolsillos de los ricos, están ideando políticas que ayuden a los gobiernos a limitar la influencia política.

Hasta la restricción del libre comercio es para ellos una opción. "El desarrollo industrial de los últimos 200 años ha involucrado el uso selectivo de la protección comercial y no era presa de intereses especiales", dice Joseph Stiglitz, economista de la Universidad de Columbia University y ganador del premio Nobel.

El nuevo enfoque, que Hausmann denomina "autodescubrimiento' económico, ha sido atacado como ingenuo y algo pasajero por economistas que insisten que América Latina requiere de otra ronda de reformas.

No se trata de un mero debate académico. Si las ideas de Hausmann empiezar a ser aceptadas en los círculos del desarrollo, podrían influir en la distribución de miles de millones de dólares en préstamos así como en las políticas de la región.

El Banco Mundial está trabajando con Hausmann y dos colegas de Harvard para evaluar las economías de 11 naciones pobres. El Banco Interamericano de Desarrollo les encargó la redacción de un programa de desarrollo para el nuevo gobierno izquierdista de Uruguay. Una agencia para el desarrollo privada de El Salvador está instando al gobierno salvadoreño a que comience un programa de subvenciones siguiendo las recomendaciones de Hausmann.

Los ricos recursos naturales de América Latina y sus vastas tierras cultivables han alentado la esperanza de que la región se desarrollaría hasta convertirse en una potencia industrializada. En los 70, los países de América Latina cerraron sus fronteras para proteger las industrias nacionales, pero en gran parte produjeron firmas infladas e ineficaces.

La región sufrió estragos tan devastadores durante la crisis de deuda de los 80, que una nueva generación de economistas y funcionarios del gobierno, con frecuencia educados en EE.UU., convencieron a líderes escépticos a emprender profundas reformas estructurales.

Tras recibir su doctorado en economía en la Universidad de Cornell, Hausmann, ahora de 48 años, regresó a Venezuela y criticó los planes del gobierno para subvencionar la expansión de la industria de aluminio. El gobierno siguió adelante de todos modos y acumuló pérdidas abultadas. Pero las reformas orientadas al mercado seguían siendo polémicas. Hubo disturbios callejeros cuando un gobierno reformista llegó al poder en 1989 y se comprometió a recortar el déficit fiscal aumentando los precios de la gasolina. Hausmann sirvió como ministro de Planificación de Venezuela en 1992, desde donde impulsó medidas reformistas.

En 1994, se convirtió en el primer economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo y presionó a las naciones latinoamericanas para que acogieran las reformas pregonadas por el Consenso de Washington. También instó a los países de la región a adoptar el dólar como moneda.

Eso, pensó, quitaría a los gobiernos latinoamericanos el control de la política monetaria, atacaría la inflación y facilitaría el pago de deudas externas gigantescas.

Argentina no llegó tan lejos, pero vinculó el peso estrechamente con el dólar, con resultados desastrosos cuando su moneda se apreció y las exportaciones fueron poco competitivas. Hausmann cambió repentinamente de curso e instó a Buenos Aires a establecer una cesación de pagos sobre su deuda en dólares y a cambio repagarla en pesos para estabilizar la economía.

Domingo Cavallo, entonces ministro de Economía argentino, dice que los argumentos de Hausmann tuvieron un "efecto desestabilizador" porque fueron acogidos por los grupos industriales y las elites de los medios de comunicación que simplemente querían deshacerse de sus deudas en dólares.

Argentina rechazó los consejos, pero de todas formas cayó en cesación de pagos en diciembre de 2001, y aún está tratando de salir del caos financiero. Hausmann defiende su cambio de opinión. "El papel de un científico no es comprometerse con la consistencia, sino con la percepción de la verdad", dice.

Por la misma época, Hausmann está reconsiderando muchas de sus otras recomendaciones. Cuando se preparaba para una sesión sobre las perspectivas de crecimiento a largo plazo para América Latina en 2001, los hechos lo hicieron caer en cuenta de algo.

Una década de reformas no logró producir crecimiento; de hecho, América Latina creció más en los años proteccionistas entre 1950 y 1980 que en los años de reformas de los 90. "Nuestra teoría era que el obstáculo al crecimiento era la falta de reformas", relata. "Las reformas llegaron y los resultados fueron decepcionantes".

Tras dejar el BID a fines de 2000, selló una alianza con otro economista de un país en desarrollo educado en EE.UU., el turco Dani Rodrik. Pero Rodrik era un detractor de las reformas de mercado que Hausmann había promovido y era reconocido en los círculos de libre comercio por un estudio que había hecho que cuestionaba la conexión entre liberalización comercial y crecimiento.

Los dos coincidieron en que lo más necesario para el desarrollo de los países no era una liberalización de los mercados, sino la inversión empresarial. Los subsidios estatales, créditos y donaciones gubernamentales podrían impulsar este tipo de inversión. "Es una política desordenada", reconoce Rodrik. "Pero no es más desordenada que otras políticas que emprendemos", como la liberalización comercial, que requiere cambios en las leyes laborales y en las regulaciones financieras para que sea efectiva.

En la búsqueda de nuevas fuentes de crecimiento, Hausmann y Rodrick produjeron una serie de estudios con resultados poco ortodoxos. Por ejemplo, menos del 20% de los episodios de crecimiento económico sostenido entre 1957 y 1992 podrían atribuirse a programas de reformas económicas, calcularon.

En El Salvador encontraron que el principal impedimento para el crecimiento eran los empresarios apáticos. Su solución: subsidios para ayudar a financiar nuevos proyectos.

En Uruguay hallaron que el problema eran los ineficaces programas de inversión gubernamentales. Su solución: dejar al presidente o vicepresidente del país a cargo de un amplio esfuerzo de subsidios.

Los dos dicen que la ortodoxia económica no deja ver a los economistas el gran papel que los planificadores gubernamentales jugaron en el éxito de China, Corea del Sur y Taiwan. ¿Por qué América Latina no podría beneficiarse también de una ayuda de este tipo?

Añaden que incluso Chile, reconocido como un modelo de libre comercio, se benefició de políticas gubernamentales para construir una industria del salmón y estimular la producción de frutas y verduras. También les preocupa que los acuerdos firmados en la Organización Mundial del Comercio limiten la capacidad de las naciones para subsidiar empresas.

Moisés Naím, ex ministro de Industria de Venezuela y actuar editor de la revista Foreign Policy, dice que ese tipo de recetas son ingenuas. "En América Latina, escoger sectores para desarrollar tiene un historial muy triste de crear pobreza, desigualdad y corrupción", dice.

Asia oriental también tiene negocios y funcionarios corruptos, responden Hausmann y Rodrik, pero la política industrial funcionó debido a que el gobierno obligó a las empresas a exportar y competir contra las compañías más productivas del mundo.


Fuente: www.wsj.com/Américas, 22 de febrero de 2005.






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