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Asunto:NoticiasdelCeHu 228/05 - "La nueva Europa está en marcha" (Entrevi sta a Dominique Moïsi)
Fecha:Miercoles, 16 de Febrero, 2005  14:07:41 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

 

 

NCeHu 228/05


Dominique Moïsi : Europeo y Atlantista


"La nueva Europa está en marcha"

 

Defiende el proceso de unidad continental

PARIS.– “¿«Condi» Rice por la tarde? Quedemos así en principio y se lo confirmo luego. Estoy en el medio de una entrevista.”

Dominique Moïsi cuelga el teléfono y vuelve a las preguntas, sonriendo como si nada. Considerado el mayor especialista francés en relaciones internacionales, para él no era algo fuera de lo común que los asistentes de la secretaria de Estado norteamericana le avisaran que, en las pocas horas que su célebre jefa se disponía a pasar en París, hubiera querido encontrarse a solas únicamente con Jacques Chirac... y con él.

Consultor especial del IFRI (Instituto Francés de Relaciones Internacionales), profesor en el Instituto de Estudios Políticos de París, en Harvard y en la Universidad Europea de Varsovia, y uno de los columnistas más prestigiosos de Financial Times y el Internacional Herald Tribune, Moïsi es también una rareza entre los intelectuales franceses: es abiertamente pro norteamericano. Pero, por sobre todo, es una de las voces más fuertes en favor de la unidad europea.

"Yo aprendí los números leyendo los que mi padre tenía tatuados en el brazo", dice este hijo de un deportado francés a quien un compatriota denunció como judío y que, por lo tanto, terminó en Auschwitz. A la vez, otro francés, de la Resistencia, salvó a su madre.

"Así que la historia de mis padres es un sumario emblemático de ese trágico período de nuestra historia, con el pecado y la redención ocurriendo en simultáneo -explica a LA NACION con la voz tranquila y el ademán inalterable que lo acompaña aun en los debates más calientes de la TV francesa-. Esa herencia me trajo una mezcla de vulnerabilidad y fuerza, pero por sobre todo me dio un profundísimo compromiso en favor de una Europa unida, porque es la única manera de que la historia no se repita."

Moïsi vive en un departamento al lado de la embajada norteamericana, en la cuadra más exclusiva de París, rodeado de libros, discos de música clásica y antigüedades. El lugar de honor en su estudio es sólo para una pieza: una delicada fragata en miniatura.

"Es la nave de La Perouse, uno de los grandes navegantes franceses. Simboliza el iluminismo del siglo XVIII, porque es una nave de descubrimiento, no de guerra. Aunque, claro, lleva cañones?.", aclara.

-Lo cual inevitablemente me lleva a consultarlo por la guerra en Irak, ya que en un principio fue de los poquísimos intelectuales franceses que la apoyaron.

-Si lee con cuidado mis artículos de entonces, notará que yo apoyaba la guerra, pero con muchas reservas. Pero comparé los análisis de los franceses y de los norteamericanos y me decidí. El razonamiento de los norteamericanos estaba mal, pero la conclusión a la que llegaban era la correcta: había que sacar a Saddam. Por el contrario, el razonamiento de los franceses era impecable: no a la doctrina de guerra preventiva, apoyo a la ley internacional, a las organizaciones internacionales, a las Naciones Unidas? Pero al final todo eso llevaba a que Saddam permaneciera en el poder. Nunca agonicé tanto por una decisión. Había apoyado, sin dudarlo, las guerras en Kosovo, Bosnia y Afganistán, y la primera intervención en Irak. Pero esta vez estuve, y estoy, profundamente dividido, porque a pesar de las elecciones nada está muy claro todavía.

-¿No es optimista respecto del futuro de Irak?

-Sí, lo soy. El proceso electoral fue un éxito para los norteamericanos y para los iraquíes. Aun así, los problemas más difíciles todavía quedan por delante, porque las elecciones no son suficientes para crear estabilidad o democracia. Estamos en un punto temprano del proceso democrático que puede o no funcionar, pero ésta fue, claramente, una batalla ganada, lo cual obviamente es una gran alegría. Pero la guerra por la estabilidad y el orden está lejos de haber terminado.

-¿Por qué los intelectuales franceses son tan antinorteamericanos?

-Hay un elemento de esto que usted dice, particularmente, en París, donde hay un sentimiento muy fuerte anti-Bush, que para muchos se traduce en antinorteamericanismo. En mi caso, siempre he sido pro norteamericano, pero, por divisiones dentro de la política interior de los Estados Unidos, también he sido anti-Bush.

-Usted escribió, sin embargo, que para los franceses un triunfo de Bush era una bendición oculta, ya que con Kerry en el poder hubiese sido difícil decirle que no al presidente si les pedía tropas para Irak.

-Si Kerry hubiera ganado, habría sido muy difícil para los franceses decirle que no al inevitable pedido de tropas internacionales en Irak, sobre todo porque Alemania inmediatamente habría dicho que sí. Ahora la situación es completamente distinta: los norteamericanos no nos están pidiendo que enviemos tropas, pero el nuevo gobierno iraquí que emerja del proceso electoral va a pedir a la comunidad internacional ayuda en la reconstrucción de la democracia. Va a ser, entonces, difícil para los franceses, nuevamente, negarse a ayudar. No sólo vamos a contribuir financieramente, sino con expertos, que posiblemente incluyan entrenadores para la policía e incluso para las fuerzas especiales.

-¿Le sorprendió que Condoleezza Rice visitara París después de la hostilidad abierta hacia su jefe?

-Su gira fue perfectamente natural. Después de una elección, se presenta a sí misma y presenta la forma de pensar de su presidente, preparando el camino para él. Es lo que se espera de un secretario de Estado. En Francia hay una enorme fascinación por ella. Tiene toda la atención de los medios: es mujer, joven, negra, bastante atractiva y, claro, es interesante que haya elegido París para el gran discurso. ¿Fue una señal de acercamiento o de provocación? "Vengo a París, justamente, y hablo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y de la integración atlántica?" Se puede interpretar de ambas maneras, y ambas son correctas. Además, ahora, en Francia se está dando una situación paradójica. Los franceses esperan que la segunda presidencia de Bush sea más moderada que la primera, en términos de política exterior. Pero Colin Powell, el hombre que encarnaba la política internacional en la primera presidencia de Bush y que era visto como un moderado y era apreciado por los franceses, ya no está. En su reemplazo está Condoleezza Rice, que no tiene, justamente, la imagen de moderada. Así que si bien estamos esperando una administración más moderada, su encarnación es más robusta, por decirlo de alguna manera.

-Hace poco usted publicó un artículo muy emotivo por el aniversario de la liberación de Auschwitz, recordando a su padre. El hecho de ser hijo de un deportado francés, ¿cómo lo afectó en su visión internacional?

-Me hizo más trágicamente europeo. Llevo cicatrices indirectas de la peor tragedia de tiempos recientes, y por eso fue natural para mí involucrarme en el proceso de la reconciliación europea, el proceso de una Europa unida. Mi sentimiento más íntimo es que en una Europa unida las razones que llevaron a la barbarie no se reproducirían. Para mí la integración europea es un proceso natural de amor tortuoso: se trata de un continente que se comportó espantosamente mal, pero que ha logrado reconstruirse muy bien.

-¿Es optimista sobre el futuro de Europa?

-Básicamente, sí. No sé cuáles van ser su geografía, sus instituciones, su dinámica económica y, sobre todo, su demografía, pero veo que una nueva Europa está en marcha. Yo enseño con enorme placer en Polonia, en un curso de posgrado donde hay estudiantes de todas las naciones del continente, y veo cómo quieren desesperadamente salir adelante, triunfar. Miro a España, por ejemplo, y digo: ¡qué milagro, fue el ultimo país con dictador de la Vieja Europa y tiene hoy una sociedad abierta y dinámica!

-¿Turquía debe ser admitida en la Unión Europea?

-Turquía es el desafío más difícil para Europa. Nos hace reevaluar nuestra identidad. ¿Somos un club cristiano? ¿Un club democrático? ¿Un club de enconomía de mercado? Así como la guerra en Irak, es un tema extremadamente difícil. Personalmente tiendo a estar más a favor de la incorporación de Turquía que en contra, por razones de principios: prefiero vivir con esperanza antes que con temor. Pero también me doy cuenta de que la Europa que queríamos construir alrededor de la parejita franco-alemana no va a ocurrir. No se le puede decir que no a Turquía en nombre de una idea de Europa que hoy ya es inviable. El riesgo de que se diluya la idea de Europa es muy real, pero el mensaje geopolítico de decirle que sí a Turquía es importante. El riesgo de decirle que no a Turquía es mayor que el costo de decirle que sí. Con reservas, con prudencia, y reconociendo que el actual gobierno turco no ayuda, le diría que sí a Turquía.

-¿Qué opina de la prohibición del velo islámico en las escuelas francesas?

-En su momento yo no estaba demasiado a favor de su imposición. Yo creía, y sigo creyendo, que el velo islámico no era el problema. Entonces, prohibirlo no era la solución. El velo islámico era la manifestación de un problema: la búsqueda de identidad de la mayor parte de los musulmanes que viven en Francia. Para algunos, era una provocación contra el Estado, pero para otros era una manifestación de su identidad al no estar seguros de sentirse franceses. Ya no eran algerianos, ya no eran marroquíes, pero ponerse el velo islámico o hacer que sus mujeres se lo pusieran era una forma de decir: "Pero sí seguimos siendo musulmanes y estamos orgullosos de ello". Si el Estado hubiese sido fuerte, habría dado lugar para la manifestación de la identidad religiosa y sólo lo habría prohibido cuando estuviera acompañado de comportamientos peligrosos o cuando usarlo pusiera a las chicas en desigualdad con sus compañeras de escuela. Por ejemplo en las clases de gimnasia o natación. Pero Francia tiene su propia religión: la religión de la laicidad, que ningún otro país europeo tiene. La prohibición del velo islámico fue un acto de afirmación de nuestra propia religión sobre cualquier otra, que se entiende en el contexto no sólo de ser el país de Europa con mayor cantidad de musulmanes, sino porque los árabes en nuestras calles son un recuerdo constante de un pasado colonial

Juana Libedinsky  


Fuente: Diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 16 de febrero de 2005.

 







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