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Asunto:NoticiasdelCeHu 23/05 - Perú, más allá de los noventa ( I ): Isaac Biggio; Carlos Aznárez; Javier Campos Vidal.
Fecha:Jueves, 6 de Enero, 2005  13:49:09 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 23/05
 
                                          Perú, más allá de los noventa ( I )
 

 
El motín de Humala en Andahuaylas

Isaac Biggio
 
El primer día del año un grupo de ex-militares comandados por el mayor (r ) Antauro Humala tomó una comisaría en Andahuaylas (Perú). Dicha acción se dio en la misma región que hace 25 años se insurreccionó el senderismo y en la misma fecha en que 11 años atrás se levantaron los zapatistas en Chiapas.

Las tres sublevaciones tienen en común el haberse producido en zonas muy deprimidas, abandonadas y con una alta concentración de campesinos de raza y habla indígenas. Los tres movimientos, si bien plantean defender a los pobres, tienen estrategias y bases sociales disímiles.

El senderismo fue el último movimiento armado latino americano de cierta envergadura que planteó la toma del poder o nada. Atacó a todo el resto de partidos así como a organizaciones sindicales y comunitarias que no se le subordinasen. Esto le enajenó apoyo popular y permitió que Fujimori se fortalezca polarizando al país entre su dictadura ‘constitucional’ y lo que denominada el ‘terrorismo’. Poco después de la caída de Guzmán en 1992, el jefe maoísta dio un viraje de 180 grados demandando un ‘acuerdo de paz’ a cambio de mejores condiciones carcelarias y de una probable amnistía.

El zapatismo ha declarado no querer formar un partido ni querer tomar el poder. Su meta es utilizar la sublevación para presionar a un cambio de la constitución y una mejoría de la situación de los indios y marginados. Se auto-proclama como más democrático y estar basado en asambleas comunitarias.

El motín de Andahuaylas ha sido hecho no por un movimiento de origen marxista sino por un sector de ex-soldados descontentos. Los hermanos Humala anteriormente se levantaron en Tacna para pedir la renuncia de Fujimori y hoy han vuelto a demandar lo mismo con respecto al presidente Toledo.

Los Humala se inspiran en la experiencia ecuatoriana y venezolana en la cual un ala militar golpea reivindicando a clases y razas subyugadas pero que, al final, busca llegar a palacio por la vía de las urnas y no de las armas. Chávez, Gutiérrez y el panameño Torrijos llegaron a la presidencia con amplia votación queriendo capitalizar el descontento ante gobiernos liberales de derecha mostrando la herencia o las ventajas del nacionalismo populista castrense.

A diferencia de Chávez y Gutierrez los Humala no han logrado apasionar a la población y no han tejido una alianza con las principales organizaciones sindicales o campesinas. Su discurso es más duro y chauvinista. Plantean una nueva república que fusile a los ‘traidores’ y una campaña armamentista anti-Chile.

La ideología que propugnan los humalistas es el auto-proclamado ‘etno-cacerismo’. Un movimiento étnico se entiende como uno que defiende a un grupo humano que tiene una lengua, raza o cultura diferenciadas. En el Perú hay quechuas, aymaras y otras etnias indias pero Cáceres no es una etnia sino el nombre de un mariscal que inicialmente peleó contra Chile pero que también se enfrentó a sus propias montoneras indias, que él mismo inicialmente alentó para resistir a la ocupación mapochina.

Sus principales propuestas son reconstituir el incario, promover una fuerte Chile-fobia, liberalizar la producción de la coca y reivindicar a la junta militar de 1968-75, aunque sin llegar a promover las nacionalizaciones o el discurso socialista que ésta tuvo.

El ‘etno-cacerismo’ ha sido tildado en diversos medios de la izquierda y derecha peruanas como una forma de ‘fascismo cholo’. El motín de Andahuaylas sería, según esta versión, la versión criolla del ‘Pustch’ de Munich tras el cual Hitler fue a la cárcel como antesala de volverse en un líder de masas.

Esta caracterización se debería a que sus militantes usan uniformes (que no son camisas negras sino parodias del ejército peruano), a su discurso ultra-nacionalista y racial y a sus proclamas autoritarias.

El peronismo argentino, el APRA peruano, el MNR boliviano o el chavismo venezolano han llegado a ser erróneamente catalogados como ‘fascistas’ debido a ciertos rasgos que sus críticos decían que éstos tenían con respecto al fascismo.

Sin embargo, un rasgo esencial del fascismo es que es un movimiento que impulsa un sector del empresariado que desea aplastar la belicosidad sindical y el ascenso de la izquierda.

Este no es el caso del humalismo. Los sindicatos y la izquierda peruanas están debilitados y no son mayor peligro para las grandes compañías y la casi totalidad de los inversionistas privados es muy dura frente a los ‘etno-caceristas’.

No existen tampoco posibilidades para que en la actualidad se genere un movimiento fascista de masas en América Latina. Lo que el humalismo expresa es un descontento frente a regímenes electos que se tornan impopulares y están llenos de acusaciones de ser ‘corruptos’ o ‘vendidos’ a capitales extranjeros. Ellos tratan de canalizar esa protesta reivindicando la tradición de caudillos militares como Cáceres y Velasco.

Los nuevos levantamientos armados en América Latina tienen un nuevo carácter desde los 1990s, cuando sucumbió el bloque soviético, fracasó Guzmán y se consolidaron las democracias liberales en la región. Ya no se han venido dando para tomar el poder mediante un cuartelazo o una revolución, sino para presionar, renegociar y eventualmente querer llegar electoralmente al gobierno.

Chávez y Gutiérrez hicieron sus putschs como antesala para llegar a palacio por la vía de las urnas y no de las armas. Humala se inscribe en dicha tendencia.



 
Entrevista realizada al líder de la rebelión indígena peruana en marzo de 2004

¿Quién es Antauro Humala?

Carlos Aznárez

 
"Resumen Latinoamericano" estuvo con Humala en marzo del 2004 y logró reunir datos sobre este hombre que hoy se ha convertido en noticia en Perú. De firmes convicciones nacionalistas, solidario con los indígenas de su país, polémico en sus comentarios y acérrimo enemigo de la oligarquia, el fujimorismo y el actual presidente Toledo, Humala impresiona como un militar cansado de que las armas de la institución apunten siempre al pueblo. Estas son sus opiniones

Algo nuevo se mueve en Perú. Por un lado, el resurgir de la rebeldía campesina protagonizada por la gigantesca marcha hacia Lima de miles de cocaleros, exigiendo al gobierno de Alejandro Toledo que dé marcha atrás en su idea de erradicar los cultivos de coca, y por el otro, se hace cada vez más visible el crecimiento del Movimiento Nacionalista Peruano (MNP) y del carisma del líder de esa organización, el Mayor (r) Antauro Humala. ¿Quién es este hombre que recoge adhesiones en los sectores más pobres de las zonas urbanas y también cuenta con el apoyo de las franjas mayoritarias del indigenismo peruano? Nada menos que aquel militar que en octubre del 2000 se levantó en armas, junto a su hermano, el teniente coronel Ollanta Humala, contra Alberto Fujimori, cuya gestión agonizaba en medio de un escándalo de corrupción.

En ese momento, los hermanos Humala recorrieron buena parte de las sierras de la zona sur del país, rebelando pueblos para terminar reuniendo a su alrededor a casi 600 reservistas. Después de varios días de resistencia fueron apresados, pero después de la caída de Fujimori, el presidente interino Valentín Paniagua los rehabilitó. Ollanta volvió al ejército y hoy es agregado militar en la embajada peruana en París, y Antauro se volcó de pleno a la carrera política, demostrando que su discurso, tan llano y agresivo "como habla nuestro pueblo", ha ido consiguiendo muchos adeptos. Amigo de los indígenas ecuatorianos de la CONAIE, pero también de Evo Morales y Felipe Quispe, en Bolivia, "me considero hermano de ideas de Hugo Chávez", dice y admirador de "la lucha nacionalista de la Revolución Cubana", Humala ha ido construyendo una organización que se define como antiimperialista, etnocacerista  y enemiga acérrima de la oligarquía peruana y del actual presidente Alejandro Toledo.

Los militantes del MNP recorren las barriadas obreras y más golpeadas por el hambre y suelen trabajar en tareas de alfabetización y "concientización política sobre los males que aquejan a América Latina". Son los reservistas de Humala, vestidos con ropa militar de fajina (como cuando siguieron a su jefe en el "levantamiento heroico"), y muy al contrario de lo que ocurre con los generales de Toledo, la gente los recibe con abrazos y ovaciones. Allí precisamente, entre esa gente "golpeada por el liberalismo", al decir de Humala, es que "está creciendo la nueva Revolución que dará vuelta las viejas y caducas estructuras del Perú".

Sus enemigos -sobre todo las campañas mediáticas que éstos vehiculizan- acusan al ex Mayor de "no respetar las reglas de juego mínimas para una convivencia pacífica". Sin embargo, Humala le dijo que "no es la gente la que me ve así, sino los politiqueros y periodistas a sueldo de éstos. Son una minoría extraterrestre que existe en el Congreso y en muchos ministerios, hacen bien en estar preocupados. Yo los desprecio como lo hace el 90% de la población".

A Humala no le gusta que le hablen de "democracia" ya que sostiene que lo que se conoce con ese nombre en Perú, es una verdadera "timocracia", un "gobierno de los timadores o en todo caso democracia prostituida". Para el líder nacionalista, "en mi país hay que dar un giro total en su política económica y obviamente eso no lo va a hacer Toledo porque se trata de un gobierno hipotecado a los intereses extranjeros, vale decir a la Carta de Intención del FMI, o sea al neoliberalismo".

En cuanto a qué puede ocurrir con las elecciones planteadas para el 2006 (ya hay algunos rumores de que Toledo estaría dispuesto a adelantarlas), el jefe nacionalista no cree que sea una solución mover el calendario. "Si se adelantan competirían los mismos de siempre que ahora están sentados en el Congreso. Eso sería cambiar mocos por babas", señaló. Para su Movimiento, la salida se vislumbra a través de una Asamblea Constituyente, donde estén representadas todas las fuerzas vivas: Reservistas, cocaleros, SUTEP, jubilados, Construcción Civil, asociaciones de despedidos, gremios agrarios, sindicatos obreros. Algo así como una suerte de Estados Generales de la Francia Revolucionaria, con rodamientos de cabezas inclusive.

El tema de resolver "la crisis de corrupción y entrega del patrimonio nacional" por vía expeditiva "si hay que fusilar a unos cuantos generales no nos debe temblar el pulso"-, es otro aspecto con el que Humala pone nerviosos a sus oponentes. "Parece que muchos no han leído la Constitución vigente ni las pasadas. En todas ellas dice pena de muerte para quienes cometen delitos graves contra el país. También lo estipulan los códigos militares de todos los ejércitos del mundo. Acá simplemente prostituyen los términos: democracia es equivalente a elecciones, alfabetizar a castellanizar, religión a catolicismo y pena de muerte a asesinato".

LAS FRONTERAS SON VERTICALES

El Movimiento Nacionalista Peruano encara con mirada polémica aspectos claves que hacen a la soberanía y a ciertas debilidades que los países del continente tienen frente a los patrones coloniales. Así es que Humala viene afirmando en sus charlas públicas y ahora lo repite en este entrevista un particular concepto sobre las fronteras, "eso afirma- de lo que tanto le gusta hablar a los militares"

Sobre el particular, el ex Mayor nacionalista dice: "Según el criterio importado de la doctrina de la Escuela de las Américas, las fronteras son simplemente horizontales. Y eso es un error, ya que las fronteras, a nuestro entender, son verticales, puesto que el espacio aéreo es también territorio peruano, por donde van las líneas aéreas extranjeras o las ondas que permiten que veamos televisión. Todo eso circula por territorio patrio y se da la paradoja de que los grandes empresarios privados que tergiversan la información, utilizan ese territorio nacional en forma injusta y violatoria de nuestros derechos. El suelo es también parte importante de la Nación, el agro no puede estar en manos extranjeras, el oro, la plata, el zinc, son nuestros. El mar es también parte de la Patria y no podemos privatizarlo permitiendo a barcos extranjeros que se lleven todas nuestras riquezas.

Por allí hay que arrancar la visión para definir el nuevo rol de las Fuerzas Armadas del continente. Tenemos que tener presente y yo siempre se los digo a mis compatriotas en el Perú, de que arranquemos de la premisa y en esto obviamente excluyo hoy a Cuba y a Venezuela- de que seguimos siendo colonia.

Voy a ser más polémico aún: en el caso peruano, boliviano y ecuatoriano, que son pueblos étnicamente hermanos, la gesta de emancipación de 1821, que proclamó la independencia de esos países, fue un acto de liberación sí, pero para los sectores criollos y minoritarios. Los cholos de los tres países siguieron siendo tributarios de las castas blancas y los de origen africano continuaron siendo esclavos. Era una independencia virtual, un separatismo criollo de los españoles, pero para nosotros, los que estamos al lado de los pueblos originarios, la colonia ha cambiado de amo. La relación de sumisión que ayer teníamos con Madrid hoy se da con Washington"

"Contra toda esta hipocresía nos hemos levantado en el Perú", dice y enseguida añade a manera de conclusión: "Una persona agoniza en horas o días; un gobierno lo hace en semanas o meses (Fujimori demoró casi un año); y una República en años o décadas. Así son los procesos históricos. Toledo ya es cadáver, el Gobierno agoniza, pero la Republiqueta Criolla aún da coletazos, por más herida que esté. Por algo no lleva a cuestas, a manera de "banderillas", 14 constituciones con olor a gas lacrimógeno".

EL ETNO-CACERISMO DE HUMALA

Como el mismo Antauro Humala lo explicó en ocasión del histórico levantamiento que protagonizó contra Fujimori y Wladimir Montesinos, su movimiento nacionalista reivindica la doctrina etno-cacerista. Etno porque viene de etnia, teniendo en cuenta que en Perú -pero lo mismo se da en Bolivia y Ecuador- la población mayoritaria es indígena. De allí la estrecha relación de Humala con movimientos como el que llevan adelante Felipe Quispe con la población aymara en el territorio boliviano al que desconocen como propio.

En el caso de Perú, para los etno-caceristas pesa mucho la tradición cultural incaica y anteponen la lucha indígena por sus reivindicaciones por encima incluso de la lucha de clases.

Andrés Avelino Cáceres fue un Mariscal que como tantos otros caudillos del continente se puso al frente de un ejército de indígenas y guerrilleros para luchar contra los oligarcas de adentro y los conspiradores que venían del exterior. En 1879 llevó adelante la conducción de su ejército contra Chile, que intentaba instalar un protectorado en suelo peruano. Lo particular de este jefe militar que luego fue proclamado Presidente- era que todas las instrucciones de formación y disciplina se inspiraban en la cultura de los jefes Incas, así como las voces de mando se formulaban en quechua, rechazando de plano toda "infiltración del lenguaje centro-europeo", como predominaba en los ejércitos de esa época.

Humala recoge estos principios y se planta con sus seguidores contra toda intromisión occidental y reivindica una especie de socialismo indígena que si bien coincide con el movimiento de rebeldía bolivariana que atraviesa el continente, se distancia de ciertos conceptos que esgrime un sector de la izquierda continental que ignora el peso de los pueblos originarios en el quehacer nacional.



 
El fracaso de Humala


Javier Campos Vidal
 
Un puñado de indígenas toman una comisaría al sur de Perú. Son gentes sin preparación, venidas de las capas más bajas de la sociedad, sin nada que dar.

Van liderados por un ex-militar que les exalta con proclamas sobre la raza, sobre su pasado. No tienen nada más que eso: el recuerdo de un pueblo que una vez dominó esas alturas, antes de que llegaran invasores de otras tierras, de otro color, a usurpar su patria. Humala afirma que todo lo que necesita Perú y Latinoamérica es invertir nuevamente la escala racial creada tras la colonización. Se equivoca.

Tiene razón en cuando dice que las clases más empobrecidas de ese continente son los pueblos originarios junto con los negros. Esa pirámide se gestó en el momento en que las primeras armas de fuego, y los primeros virus de la viruela, y las primeras imágenes de Cristo, desembarcaron en las Antillas. La dominación tras la conquista se fundamentó en criterios de raza: europeos dominantes y negros e indígenas dominados. Esa dominación se mantuvo tras la independencia, una independencia que fue llevada a cabo por las élites comerciantes, con determinadas excepciones de intentos de acercar el poder a las clases campesinas que fueron ahogadas por los mismos independentistas: Artigas en la Banda Oriental proponía un sistema de gobierno federal basado en asambleas de vecinos y en la reforma agraria que arrancaba las tierras de los terratenientes (entre ellas la de la familia de San Martín, que liberó Chile) para entregársela a los gauchos desposeídos. En México, la insurrección del padre Hidalgo tuvo su base en las comunidades indígenas, algo que apenas se vio en el resto del continente. Estos movimientos fueron combatidos por la propia burguesía independentista, que ahogo en sangre las luchas populares durante la independencia. Otro ejemplo: Simón Bolívar no declaró la liberación de los esclavos hasta que esta se convirtió en condición para que Haití accediera a apoyar con hombres y material de guerra a los insurrectos. A la élite criolla no se le había pasado por la cabeza esa idea.

Durante los dos siglos de independencia los principales movimientos populares han buscado la alianza con los sectores indígenas: desde los precursores socialistas de mediados del siglo XIX que afirmaban que la condición del indio había empeorado desde la independencia; los análisis de Mariategui sobre el problema indígena en el Perú; los movimientos guerrilleros del siglo XX; los procesos de Venezuela y Ecuador (éste último frustrado)... Todos han tratado de ir de la mano del movimiento indígena. Pero estos movimientos no han olvidado la raíz del problema: no es una cuestión puramente étnica. No se soluciona el problema simplemente con la vuelta a los ideales de sociedad precolombina.
Obviamente, en la construcción de un nuevo sistema más justo y humano para Latinoamérica, no se puede dejar de lado el legado cultural de los pueblos indígenas, sus formas comunitarias de producción y sociedad. Las formas de vida de muchos de los pueblos indígenas, basadas muchas de ellas en un sistema de gobierno mucho más horizontal e igualitario (principalmente los pueblos de Centroamérica), han dejado una honda imprenta en sus descendientes, muchos de los cuales mantienen a duras penas las mismas formas de organización social.

La cuestión indígena ha de verse desde las condiciones socioeconómicas que han llevado a que la mayoría de la población india se encuentre sumida en la pobreza, es decir, a las escalas sociales heredadas de la colonia española. A la división étnica del trabajo en Latinoamérica desde hace 500 años. Tras la conquista el índio quedaba atado al latifundio, desposeído de la tierra que se veía obligado a trabajar. La independencia no cambió esto, es más, lo acentuó con el reparto de las tierras de la antigua nobleza española entre los criollos terratenientes. Las leyes en defensa de los pueblos indígenas quedaban anuladas por la práctica de la élite rural a la vez que el liberalismo ilustrado trataba de desbaratar las comunidades indígenas tradicionales mediante la división de la propiedad de la tierra. El éxodo hacia las ciudades, que por supuesto no vino acompañado de un desarrollo industrial capaz de absolver la mano de obra entrante, pauperizó aun más la condición de estas gentes.

Ésta es la realidad de los pueblos indígenas. Éstas son las condiciones, sociales y económicas, que han llevado a que los pueblos indios sean los más perjudicados socialmente en el sistema actual en Latinoamérica. Sin un cambio radical de estas condiciones ninguna mejora será posible. Éste es el error de Humala: basar en la estirpe su intento de cambio, no en las condiciones.


Extraído de www.Rebelión.org .




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