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Asunto:NoticiasdelCeHu 1979/04 - China y EE.UU.: encontradas estrategias geopol íticas ( Immanuel Wallerstein)
Fecha:Domingo, 19 de Diciembre, 2004  16:51:05 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 1979/04


China y EU: encontradas estrategias geopolíticas

Immanuel Wallerstein


Desde que Richard Nixon fue a China, el 21 de febrero de 1972, a visitar a Mao Tse Tung, las alineaciones geopolíticas mundiales nunca fueron las mismas. La reunión significó un viraje espectacular en las hostilidades geopolíticas del periodo posterior a 1945. La consecuencia más importante fue que China y Estados Unidos cesaron de actuar como si uno y otro fueran su principal enemigo, y actuaron, ambos, como potenciales colaboradores uno del otro en el escenario mundial. Colaboradores, que es menos que aliados. Cada uno ha sido cuidadoso en no hacer nada que los haga recaer en las condiciones imperantes en el periodo previo a 1972, cuando había guerra abierta en Corea y peroratas retóricas de un lado al otro del mundo. Esta relación prudente, hasta precavida, continúa hoy y ha sobrevivido intacta incluso durante la era de política exterior neoconservadora agresiva que caracteriza a George W. Bush.

Inicialmente, lo que hizo que ambos países se acercaran fue el deseo de frenar, incluso disminuir, el poderío de la Unión Soviética. Pero pronto descubrieron que cada uno podía recibir importantes ventajas económicas de una relación menos antagonista. Y cada cual tenía visiones de largo plazo que ambos pensaron que podían impulsarse con este curioso arreglo bilateral. Estados Unidos buscó domesticar a China, sacarla de su capullo maoísta al torbellino mercantil de la economía-mundo capitalista. China buscaba comprar tecnología, oficio y sobre todo tiempo para fortalecer su economía y su ejército, y que le permitiera convertirse en una superpotencia. En cierta medida, cada uno lo hizo bien en los términos de lo que buscaba lograr.

Pero conforme nos movemos por el siglo XXI, empieza a ser claro que cada uno persigue una estrategia geopolítica muy diferente en esta semiamistosa pero intensa competencia con el otro. Cualquiera de las potencias principales en el sistema interestatal tiene cuatro diferentes cartas qué jugar en su búsqueda de poder y preeminencia: la económica, la política, la militar y la cultural-ideológica. Por supuesto, las cartas con que cada uno cuenta no son igualmente fuertes, y la decisión de política exterior es siempre cuál o cuáles enfatizar.

Estados Unidos es una potencia hegemónica en declive. Su carta económica va de caída desde hace casi 40 años. La increíble expansión de la deuda nacional que produjo Bush ha hecho la situación económica estadunidense mucho peor de lo que era hace tan sólo cinco años. Las manufacturas estadunidenses son casi, en su mayoría exportaciones sentenciadas, y ahora nos enteramos de que Brasil puede desplazar a Estados Unidos como exportador agrícola -una de las últimas ventajas con que contaba la producción estadunidense en el escenario económico mundial. La caída de la fuerza económica de Estados Unidos ha disminuido su fuerza política, particularmente en Europa, pero no sólo en ella, pues el fiasco de Bush en Irak intensifica los sentimientos negativos en forma considerable. En cuanto a la fuerza cultural-ideológica estadunidense, el colapso de la Unión Soviética deshizo el principal argumento que utilizaba para concitar respaldo por todo el mundo. Sus esfuerzos por usar "la guerra contra el terrorismo" como sustituto ideológico han resultado ser muy planos.

Así que Estados Unidos tuvo que recargarse en la única carta fuerte que le queda -la carta militar. Sin embargo, aun en este rubro no le va tan bien como se supondría. En Irak se muestra, de nuevo, que es básicamente incapaz de lidiar con la insurgencia nacionalista. Todavía mantiene un margen increíble de infraestructura militar y vierte una inmensa porción de su riqueza nacional para mantener y expandir este margen.

La clave de la superioridad militar estadunidense sigue siendo el armamento nuclear, lo que explica por qué continúa con su preocupación histérica por la proliferación nuclear. Sin embargo, está quedando claro, aun para el gobierno de Bush, que va a ser incapaz de impedir que una serie de países obtengan armas atómicas. Corea del Norte e Irán pueden encabezar la lista, pero ésta es muy larga y calladamente (y no tan en silencio) otros brincan al carro. Cuando Estados Unidos se topa con que ni siquiera Gran Bretaña se alinea a su lucha por mantener a raya a Irán, se halla en muy mala condición política.

Esto no significa que Estados Unidos abandone su esfuerzo por mantener indisputable su delantera militar. Se mueve a toda velocidad para desarrollarse en lo que se conoce como mini-nukes. Es decir, bombas nucleares relativamente poderosas. Tienen la potencia de las que se usaron en Hiroshima y Nagasaki. Sin embargo, hay dos rasgos que las hacen diferentes: pueden enterrarse profundamente en el suelo (y como tal en los refugios enemigos), y ocasionan menos daños colaterales, lo que supuestamente las hace menos objetables políticamente. Estados Unidos procede a producirlas en Los Alamos, y es probable que las someta pronto a prueba. No se supone que estas mini-nukes sean disuasivas: su uso es prioritario. Si Estados Unidos no logra hacer viables las mini-nukes, podemos esperar que surja una nueva carrera armamentista mundial para intentar contrarrestar esta ventaja estadunidense.

Entre tanto, China se enfila por un rumbo diferente. Es seguro que intenta fortalecer su aparato militar. Pero tardará un tiempo antes de que China pueda, en cualquier sentido, emparejarse con Estados Unidos en este frente. China mantiene también un bajo perfil político en el escenario mundial. Consiste sobre todo en cultivar mejores relaciones con prácticamente todos. Pero China no está todavía lista para ser un jugador político importante. Es más, su postura ideológica es, por decir lo menos, confusa. Es un "Estado socialista de mercado" -lo que nadie está seguro qué quiere decir. A veces nos recuerda su posición de los viejos días de la conferencia de Bandung, como líder del Tercer Mundo, pero casi todo el tiempo se mantiene relativamente callada en asuntos Norte-Sur.

La principal carta de China actualmente es su carta económica. Es una potencia económica en ascenso. Qué tan poderosa puede llegar a ser no se sabe con certeza. Pero expande su papel con paciencia. Una firma china acaba de comprar la división de computadoras personales de IBM y es hoy la tercera firma más grande del mundo. China es un garante del dólar por invertir en bonos del tesoro estadunidense. Esto le otorga a China más control sobre Estados Unidos que viceversa, ya que una retirada de estas inversiones o aun una rápida disminución de su amplitud podría ocasionar estragos económicos en Estados Unidos. China cultiva excelentes relaciones con Irán, lo que aumenta su necesario acceso a petróleo.

Lo más interesante de todo es que el 29 de noviembre de 2004, China selló un trato con la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (Asean, por sus siglas en inglés), que se ha venido anunciando como "histórico" porque su fin es establecer un bloque comercial que rivaliza con aquellos de Estados Unidos y la Unión Europea. Este acuerdo crea una zona de mercado de 2 mil millones de personas, y lo acompañan nuevos vínculos carreteros y de ferrocarril entre China y el sureste asiático. Lo que China requiere para completar esta sólida base es lograr un acuerdo económico con Japón. Este es un objetivo que se ha complicado por las preocupaciones políticas y militares de ambas partes. Pero parece económicamente tan ventajoso para China y Japón en el largo plazo, que es difícil pensar que no habrá de ocurrir.

El énfasis estadunidense en la carta militar tiene el sabor de la desesperación. El énfasis chino en levantar lentamente su base económica parece ser, en contraste, un acto de paciencia. Tal vez esta es la historia de la tortuga y la liebre.

Traducción: Ramón Vera Herrera


Fuente: Diario La Jornada, de México D.F., México; 19 de diciembre de 2004.



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