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Asunto:NoticiasdelCeHu 1885/04 - Nueva ruralidad y nueva urbanidad
Fecha:Jueves, 2 de Diciembre, 2004  01:25:22 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

NCeHu 1885/04
 

Nueva ruralidad y nueva urbanidad. El caso de Puerto Montt, Chile.

 

 

 

 

Adriano Rovira Pinto

Instituto de Geociencias

Universidad Austral de Chile

Valdivia, Chile.

 

 

La ciudad de Puerto Montt es una de las que ha registrado el mayor crecimiento demográfico en la última década, impulsada por el desarrollo de la actividad pesquera y de producción salmonera que se registra en su hinterland. Es además la ciudad capital de la Región de Los Lagos, lo que le reporta el ser asiento de una variedad de servicios desconcentrados y descentralizados del poder nacional, lo que ha contribuido a incrementar su poder concentrador y generando importantes ventajas de aglomeración.

 

Puerto Montt está emplazada en un anfiteatro constituido por un sistema de cuatro terrazas de origen fluvio-glacio-marino, lo que le impone un sitio muy limitado por sus condiciones topográficas. Ello se ha transformado en una barrera para la configuración de una ciudad más extensa de lo que es ahora. De esta manera, la ciudad en sí alberga solo una parte del total de población que efectivamente participa directamente de sus actividades diarias. En efecto, Puerto Montt ha dispersado parte de su población en un conjunto de centros urbanos menores, que se encuentran a no más de 30 minutos de distancia y que además ofrecen mejores condiciones ambientales y paisajísticas que la capital regional. Por ello además se presenta una diferenciación social importante entre los centros poblados que conforman lo que en realidad debe ser considerada como la ciudad de Puerto Montt, difusa espacialmente y segregada socialmente.

 

Antecedentes teóricos

 

Uno de los temas centrales de análisis y discusión en los últimos años en relación con las ciudades y el proceso de urbanización que caracteriza al mundo contemporáneo, lo constituye la problemática de la formación de nuevas periferias urbanas, distintas a las que tradicionalmente formaban las coronas que rodeaban a las ciudades. Estas nuevas periferias corresponden a procesos complejos de suburbanización, contraurbanización y expansión de los modos de vida urbanos sobre los espacios rurales ( Aguilar, 2002; Monclús, 1996; Dematteis, 1996).

 

Estos procesos originan lo que Monclus (1996) caracteriza como “la eventual disolución de la ciudad compacta tradicional en una ciudad cada vez más dispersa y fragmentada”. Se presenta una suerte de explosión de la ciudad sobre la región (Ferrás, 2000), dando forma a una urbanización de base regional en la cual la ciudad ejerce su influencia en un radio cada vez mayor, mostrando un alcance territorial mucho mas extenso que cuando se trataba de una urbanización de base urbana, en la cual los procesos de expansión se generaban en el marco del espacio urbano propiamente tal. De esta manera se asiste a una nueva situación en la cual los límites entre lo urbano y lo rural son cada vez más difusos y en que las actividades industriales denotan una desconcentración hacia las áreas periféricas de la ciudad  (Aguilar, 2002).

 

La aparición de estas nuevas formas urbanas llevó a algunos autores a plantear visiones de tipo apocalípticas, anunciando la desaparición o el fin de la ciudad como fenómeno espacial y social. Borja y Castell (1997) por ejemplo planteaban que la revolución informacional y la globalización de la economía conducen hacia la desaparición de las ciudades. La globalización, la informacionalización y la dispersión urbana son responsabilizados como los procesos que conducen a esta desaparición de la ciudad y hacia un mundo sin ciudades. Un mundo, dicen Borja y Castell (1997), “organizado en torno a grandes aglomeraciones difusas de funciones económicas y asentamientos humanos diseminados a lo largo de vías de transporte, con zonas semirurales intersticiales”. Se daría así la paradoja de un mundo en el que la urbanización ha alcanzado su climax histórico, pero en el cual las ciudades han desaparecido, por lo menos en la forma en que las concebíamos hasta unos años atrás.

 

Sin embargo, señala Monclús (1996), las ciudades muestran una condición de notable vitalidad. Antes que eso, este autor propone hablar de un “nuevo tipo de ciudad descentralizada coherente con los nuevos procesos sociales, económicos, tecnológicos y culturales”. Parece que  en un momento de gran crisis, la mayor de su historia, la ciudad ha renacido, o más bien, se ha reinventado  al decir de Velásquez y Zunino, 2001.

 

Se trata entonces de un fenómeno de cambio social que se puede referir como una urbanización postindustrial (Ferrás, 2000), asociado a la difusión, sobre el territorio, de los modos de vida y de la cultura urbana. Este cambio de tipo social se puede relacionar directamente con el proceso de globalización y la consecuente introducción de una nueva dinámica territorial de tipo centrífuga. Se trata de la dispersión territorial de las actividades económicas típicamente urbanas, que se ve facilitada por el desarrollo en las tecnologías de comunicación y que contribuye a una suerte de expansión por dispersión, de las funciones centrales (Aguilar, 2002).

 

Así, señala Ferrás (2000), este fenómeno de urbanización dispersa se puede relacionar íntimamente con la sociedad postindustrial y con la denominada Tercera Revolución Tecnológica, que han conducido a una disminución relativa de las economías de aglomeración. Son estos adelantos tecnológicos los que permiten “habitar la distancia” al decir de Ferrás (2000) conduciendo el proceso de desvinculación del lugar de trabajo con el lugar de residencia.

 

No obstante, es necesario tener presente que se trata aún de la ciudad, de la concentración urbana que ahora se dispersa en un radio mayor y con nuevas formas arquitectónicas y espaciales. Son las nuevas condiciones provistas por la automovilización o motorización de las familias, lo que les otorga una capacidad de desplazamiento que hace que los actuales movimientos demográficos que se producen en este mayor radio de acción de la ciudad, sean equivalentes a los antiguos movimientos entre barrios de un mismo centro urbano (Dematteis, 1996). Así resulta no adecuado referirse a estos procesos como contraurbanización o desurbanización, puesto que la decadencia de un centro junto con el crecimiento de otros, es parte de un mismo sistema territorial y debe ser atribuido a la región urbana en su conjunto (Dematteis, 1996), de la misma forma en que en la ciudad tradicional, mientras unos barrios se valorizan, otros se deterioran.

 

Considerada como región urbana, la ciudad dispersa también es el escenario de una reconcentración de funciones de alto rango, tales como el control de operaciones y de toma de decisiones en los procesos productivos, en el núcleo metropolitano tradicional, como producto de las economías de aglomeración que mantienen su importancia, particularmente en el campo de las innovaciones tecnológicas (Aguilar (2002).

 

De esta manera, las transformaciones que se aprecian en la ciudad de hoy, están referidas a nuevas relaciones espaciales al interior de una región urbana, reemplazando la tradicional estructura de tipo concéntrica o sectorial, por un área central en que se concentran las funciones de alto rango. Pero estas modificaciones no solamente se refieren a los nuevos desarrollos que se manifiestan en los espacios pequeños, a pequeña escala. Se desarrollan también nuevas centralidades en el exterior de las áreas tradicionales de la ciudad, en lugares nuevos “aislados en el espacio suburbano, o incluso en la exurbia” (Janoschka, 2002).

 

Todas estas mutaciones de la ciudad que se están manifestando, no sólo son estructurales, se trata fundamentalmente de un fenómeno cultural. La imagen virtual de los valores culturales relativos a lo urbano y lo rural, están a la base de la producción de las nuevas ciudades dispersas (Velásquez y Zunino, 2001; Ferrás 2000).  El deseo de vivir en una casa unifamiliar que se instala en las familias, de una vida en medio de espacios verdes, de un ambiente tranquilo, se asocia a la visión idealista de lo rural. Las familias buscan este ideal y las empresas inmobiliarias se esfuerzan en satisfacer este deseo que ellas mismas se han encargado de incentivar. Pero a estas formas de vida asociadas a lo rural, se agrega la necesidad de mantener una buena comunicación con la ciudad por medio de amplias autopistas (Ferrás, 2000).

 

La nueva forma urbana, la ciudad dispersa, contiene algunas contradicciones importantes. Ferrás (2000) señala por ejemplo que desde el punto de vista social provoca una polarización territorial que separa a ricos y pobres, generando así desigualdades de gran magnitud. Al mismo tiempo, en el orden territorial, la dispersión urbana produce una desjerarquización de los sistemas urbanos, una fuerte ineficiencia funcional y un elevado riesgo de impactos ambientales. Por  esta razón el fenómeno de la dispersión urbana se levanta como uno de los mayores desafíos para la planificación urbana y el ordenamiento territorial

 

Un aspecto relevante de estas referidas contradicciones lo constituye el incremento de las desigualdades sociales. Janoschka (2002) señala que uno de los fenómenos que se manifiestan con fuerza en las ciudades postmodernas es la fragmentación del espacio urbano en áreas parciales independientes.

 

 

 

El caso de Puerto Montt

 

La ciudad de Puerto Montt es la capital de la Región de Los Lagos, lo que le confiere una jerarquía administrativa de alto rango en el sistema regional, que además se ha visto reforzada por la concentración de funciones de diverso tipo. Este fenómeno que ha venido ocurriendo desde mediados de la década de los años setenta, ha generado un profundo cambio tanto al interior de la ciudad, como en el sistema urbano regional.

 

La Décima Región de Los Lagos tiene la característica particular de poseer un sistema urbano tri-cefálico compuesto por las ciudades de Valdivia, Osorno y Puerto Montt, todas con tamaños demográficos relativamente equivalentes, entre 120 y 160 mil habitantes. Como muestra la figura 1, las tres ciudades han tenido una evolución bastante similar, tendencia que se ha visto notoriamente modificada según las cifras del reciente censo de población realizado en el año 2002.

 

 

 

 

 

Figura 1. Evolución demográfica de las tres ciudades principales de la Región de Los Lagos.

 

 

 

 

Esta situación se ve reflejada en la estructura de la relación rango tamaño de la región, en la cual se ha producido un significativo cambio en los últimos veinte años (figura 2). En 1982 el orden de relación de las tres primeras ciudades era Valdivia, Osorno, Puerto Montt; ya en 1992 la ciudad de Osorno pasó al primer lugar, mientras Valdivia se vio relegada al segundo lugar manteniendo Puerto Montt la tercera posición. El año 2002 es la ciudad de Puerto Montt la que pasa a ocupar el primer lugar de la jerarquía, quedando Osorno en el segundo lugar y Valdivia retrocede al tercer lugar, después de haber ocupado la primera posición durante casi todo el siglo veinte.

 

 

 

 

 

           

 

Figura 2. Curva rango – tamaño de las ciudades de la Región de Los Lagos. 1960 – 1992.

 

 

En la actualidad la ciudad de Puerto Montt cuenta con 155.895 habitantes, registrando un crecimiento del 35,4% en los últimos diez años.  Este crecimiento demográfico se ha traducido en una fuerte expansión del área urbana construida de la ciudad, que ha llegado a ocupar las terrazas más altas del sistema topográfico que forma este anfiteatro.

 

Las observaciones directas del comportamiento al interior de la ciudad de Puerto Montt sugieren la existencia de flujos muy superiores a los que corresponderían a su tamaño demográfico, lo que llevó a cuestionar las reales dimensiones de esta ciudad. Para este propósito se realizó un levantamiento de terreno que permitió definir los límites de la ciudad compacta, además de registrar las instalaciones propiamente urbanas que se extienden de manera dispersa, a lo largo de las vías de comunicación que unen a Puerto Montt con el resto de los centros urbanos de sus alrededores.

 

Entre estas instalaciones urbanas dispersas en el medio rural se encuentran áreas residenciales, en patrones dispersos o en pequeños grupos en forma de condominios; áreas industriales, tanto en forma de barrios industriales como instalaciones aisladas; bodegas de almacenamiento y moteles. Todos estos establecimientos se estima que pertenecen y se asocian y explican a partir de la dinámica de la ciudad de Puerto Montt, lo que motivó que se les considerara como partes constitutivas de ella.

 

De esta forma fue posible establecer el radio hasta donde se expanden las actividades propiamente urbanas, aun cuando no se presentan en la tradicional forma compacta que se asocia a los hechos urbanos. Para el caso de Puerto Montt, este radio de acción llega, en promedio, a 12 kilómetros desde el centro de la ciudad. Dependiendo del medio de transporte utilizado y de la calidad de las carreteras, estas distancias pueden corresponder a entre 10 y 30 minutos, aproximadamente.

 

Además de la constatación de este patrón de crecimiento de la ciudad de Puerto Montt en forma de islas dispersas en el paisaje rural, asociado a fenómenos descritos en la literatura como proceso de  suburbanización,  esta ciudad presenta un interesante proceso de conurbación funcional con otros centros urbanos de menor tamaño que se encuentran en las cercanías. Esto queda de manifiesto con la existencia de servicios de buses que cubren todos los trayectos entre Puerto Montt y estos otros asentamientos poblados con frecuencias de entre cinco y diez minutos, lo que denota la densidad de flujo de pasajeros que existe en estas vías de comunicación.

 

Los centros urbanos que interactúan más fuertemente con Puerto Montt son Puerto Varas, Llanquihue y Frutillar, todas localidades emplazadas en la ribera del Lago Llanquihue y a lo largo de la ruta 5 que conecta a Puerto Montt con el centro y norte del país. Con el propósito de analizar las relaciones que se presentan entre estas ciudades se analizó la información disponible del último censo de población y vivienda, realizado en el año 2002.

 

El primer hecho que resulta destacable es que estas ciudades registran los mayores crecimientos intercensales de población. Así entre 1992 y 2002, Puerto Varas creció en un 24,1%, Llanquihue en un 13,6% mientras Frutillar lo hizo en un 18,4%. Agregando a esto el crecimiento de un 35,4 registrado por Puerto Montt, resulta que las cuatro ciudades en cuestión crecieron, en conjunto,  a un ritmo de un 30% en los diez años. Esto debe contrastarse con la tasa de crecimiento de la Región de Los Lagos como un todo que llegó a un 13,1%.

 

La figura 3 presenta a modo de ejemplo la evolución de las ciudades de Puerto Varas y Frutillar en los últimos 40 años. En ella se puede apreciar la inflexión que sufren las curvas a partir del año 1992.

 

           

 

Figura 3. Evolución demográfica de las ciudades de Puerto Varas y Frutillar..

 

 

 

Es posible entonces suponer que la dinámica de crecimiento de estas cuatro ciudades se encuentra relacionada. Es decir que la expansión demográfica de Puerto Montt se ha difundido hasta comprometer a las otras tres ciudades mencionadas. A modo de fuentes de explicación para esto se puede mencionar que la ciudad de Puerto Montt registra una suerte de saturación de los espacios disponibles para construcción, por lo que ha sido necesario dirigir la mirada hacia estos centros ubicados a no más de 20 kilómetros y a unos 30 – 40 minutos de distancia.

 

La ciudad de Puerto Montt, debido a los ciclos económicos a que se vio sometida desde su fundación en 1853 hasta comienzos de la década de 1970 , no posee barrios que puedan calificarse como de clase alta. Se trató de una ciudad que evolucionó bajo la forma de una ciudad portuaria de menor jerarquía, posicionada dentro de los circuitos de cabotaje y cumpliendo funciones de un centro menor de servicios para los habitantes de los archipiélagos cercanos, abarcando hasta Chiloé. Por esta razón fue una ciudad predominantemente de clase media y media baja, lo que impidió la formación de barrios  exclusivos de alto estándar (Rovira 2000).

 

La situación descrita hace que cuando llegan a la ciudad, nuevos habitantes con características socioeconómicas de mayores ingresos, no encuentren lugares apropiados para satisfacer su demanda al interior de la ciudad. Esto ocurre con los funcionarios de la administración superior del Gobierno Regional y con los ejecutivos de las empresas industriales que se instalan atraídas por la actividad productora de salmones.

 

La ausencia de una oferta de alto estándar en Puerto Montt induce a estos grupos a instalarse en las ciudades ribereñas del Lago Llanquihue, principalmente en Puerto Varas, donde encuentran el espacio necesario para la instalación de sus viviendas y en un medio de gran belleza escénica. Surge así un paisaje de parcelas agroresidenciales en las periferias de estas ciudades, junto a construcciones en altura en el interior de ellas, para ser ocupadas por estos nuevos habitantes.

 

Las ciudades de las riberas del lago Llanquihue se transforman así en centros de residencia para importantes grupos de personas que desarrollan sus actividades en Puerto Montt. Según el censo de población, en el caso de Puerto Varas se constató que poco más de 1.100 personas declaran trabajar o estudiar en Puerto Montt, cifra que debe ser contrastada con el total de 24.309 habitantes que constituyen la ciudad de Puerto Varas. Existe pues un número importantes de habitantes de esta ciudad que viajan diariamente a Puerto Montt, sólo por motivos de estudio y trabajo. Si a ellos se agrega el flujo de personas que van a satisfacer otras necesidades, como las asociadas a la atención especializada de salud, viajes a comercios de mayor especificidad o calidad y por razones de trámites administrativos, es posible tener una explicación para la frecuencia de viajes que se mencionó en el caso de buses interurbanos. Estos buses interurbanos, en realidad se comportan como buses urbanos, ya que transportan pasajeros que en la práctica, se desplazan desde sus lugares de residencia a los lugares en que cumplen sus funciones o satisfacen sus necesidades más inmediatas. Es posible estimar que las ciudades de Llanquihue y Frutillar tengan comportamientos similares, aun cuando el volumen de los flujos puede ser menor, dado su también menor tamaño demográfico y la mayor distancia que las separa de Puerto Montt en comparación con Puerto Varas.

 

De esta manera entonces es de suponer que la ciudad de Puerto Montt no sólo está constituida por su área compacta y la franja de dispersión a que se hizo alusión anteriormente, sino también por estos otros centros urbanos que interactúan tan profundamente, que llegan a configurar un aglomeración de poco más de 200.000 habitantes. Este volumen de población puede explicar el aparecimiento de problemas y elementos urbanos propios de ciudades mayores, como es la congestión vehicular, la instalación de servicios comerciales de alto rango y la proliferación de servicios de salud y educación.

 

Es necesario agregar a todo lo planteado, el hecho de que el Gobierno Regional decidió impulsar un ambicioso proyecto para crear una “ciudad satélite” a partir del pueblo de Alerce ubicado en una ruta secundaria que une a Puerto Montt con Puerto Varas (figura 4. Esta ciudad satélite implica la construcción de grandes conjuntos de viviendas de tipo social, construidas por encargo del Ministerio de la Vivienda y que son objeto de subsidio por parte del Estado. A ellas se agregan otras viviendas construidas por empresas inmobiliarias privadas, orientadas a un mercado de clase media baja. Se conforma así, en un comienzo, una ciudad de trabajadores que parece cumplir el propósito de evitar la extensión de la mancha urbana continua de Puerto Montt.

 

El proyecto Alerce contempla además de las viviendas que se encuentran ya habitadas y aquellas en construcción, la dotación de equipamiento de salud y educación, barrios comerciales y sectores destinados a talleres e industrias no molestas. Se espera además que una vez que la ciudad se encuentre en la fase madura de evolución, se comiencen a localizar conjuntos habitacionales para grupos de ingresos medios y medio altos.

 

En la actualidad, la proximidad entre la ciudad de Puerto Montt y Alerce, separadas por no mas de ocho kilómetros, está evolucionando hacia una unión física, siguiendo el trazado de la antigua ruta que fue mejorada en su trazado y pavimentada, constituyéndose así en un importante eje de expansión, a la vez que una muy buena alternativa para el viaje entre Puerto Montt y Puerto Varas, evitando la ruta 5 (Carretera Panamericana) que cuenta con sistema de cobro de peajes.

 

           

 

            Figura 4. Puerto Montt y los centros poblados de las inmediaciones.

 

 

Se está en presencia entonces de un proceso de configuración de una ciudad difusa en el espacio, constituida por un conjunto de asentamientos de carácter urbano, separados por áreas de paisajes rurales, pero con implantaciones urbanas dispersas. Es una ciudad dispersa en un territorio que va más allá de lo que serían sus límites tradicionales y que requiere de estudios intraurbanos para definir claramente los alcances espaciales que tiene.

 

Se trata también de una ciudad que a la vez que se dispersa y difunde en el territorio, va desarrollando una fragmentación y segregación socio residencial inédita para ciudades de este tamaño. Mientras Puerto Montt concentra las poblaciones de tipo popular, los grupos de clase media y media baja, Puerto Varas presenta rasgos de mayor estándar, concentrando grupos de ingresos superiores. Por su parte, la ciudad de Alerce surge, como ya se ha señalado, como una ciudad para los trabajadores, formada por conjuntos habitacionales de tipo social y de viviendas objeto de subsidios estatales, que las dejan al alcance de la población de ingresos bajos y medio bajos.

 

Bibliografía

 

Aguilar, Adrián, 2002. Las megaciudades y las periferias expandidas. Ampliando el concepto en Ciudad de México. EURE (Santiago). [online]. dic. 2002, vol.28, no.85 [citado 24 Junio 2003], p.121-149. Disponible en la World Wide Web: <http://www.scielo.cl/scielo

 

Borja, Jordi y Castells, Manuel. 1997. Local y global. La gestión de las ciudades en la era de la información. UNSH – Santillana Taurus. Madrid. 418 pág.

 

Dematteis, Giuseppe. 1996. Suburbanización y periurbanización. Ciudades anglosajonas y ciudades latinas.   Seminario  "La ciudad dispersa. Suburbanización y nuevas periferias" Centre de Cultura Contemporánea de Barcelona, febrero y abril de 1996. Tomado de www.cccb.es

 

Ferrás Sexto, Carlos. 2000. Ciudad dispersa, aldea virtual y revolución tecnológica. Reflexión acerca de sus relaciones y significado social. Scripta Nova.
Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales.
Nº 69 (68), 1 de agosto de 2000. Número extraordinario dedicado al II Coloquio Internacional de Geocrítica

 

Janoschka, Michael. 2002. El nuevo modelo de la ciudad latinoamericana: fragmentación y privatización. . EURE (Santiago). [online]. dic. 2002, vol.28, no.85 [citado 24 Junio 2003], p.11-20. Disponible en la World Wide Web: <http://www.scielo.cl/scielo

 

Monclús, Fco Javier (ED) 1996 Suburbanización y nuevas periferias. Perspectivas geográfico-urbanísticas.  Seminario  "La ciudad dispersa. Suburbanización y nuevas periferias" Centre de Cultura Contemporánea de Barcelona, febrero y abril de 1996. Tomado de www.cccb.es

 

Rovira, Adriano. 2000. Puerto Montt:  el paso de ciudad menor a centro de desarrollo interregional de una ciudad del sur de Chile. Revista Espacio y Desarrollo (Lima, Perú). Nº 12: 85 - 101

 

Velázquez, Maximiliano y Zunino, Dhan. 2001. Notas sobre la Ideología Urbana. Una mirada crítica sobre el habitar en los tiempos posmodernos del capitalismo emergente. III Seminario Internacional de Estudios Urbanos. “La Ciudad Habitable". Valdivia - 16, 17 y 18 de mayo de 2001


Ponencia presentada en el Sexto Encuentro Internacional Humboldt. Villa Carlos Paz, Argentina. Setiembre de 2004.

 

 


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