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Asunto:NoticiasdelCeHu 1817/04 - AMERICA LATINA: perspectiva y posibilidades de inserción en el contexto global
Fecha:Martes, 16 de Noviembre, 2004  10:06:45 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

NCeHu 1817/04
 

AMERICA LATINA :

 perspectiva y posibilidades de inserción en el contexto global

  

María Rosa Lecarotz

Mg en Ciencias Sociales

Lic. Ciencias Políticas

Jefe de Trabajos Prácticos

Cátedras: Geografía Política y Sociología

 Facultad de Humanidades

Universidad Nacional de Mar del Plata

ARGENTINA

 

 

INTRODUCCIÓN

La utilización del espacio, su planificación y apropiación , siempre ha estado en estrecha vinculación con las relaciones de producción, y con aquellos que enmarcados en las mismas, poseen el  poder suficiente para imponerse sobre los demás sectores sociales.

 

            Diversas han sido las estrategias implementadas desde la remota antigüedad, para apoderarse del mismo. Cada momento de la historia, plasma empíricamente en el espacio,  los diferentes modos de producción existente, como también las coaliciones que se forman para que, de acuerdo al poder que poseen, ejercer la presión suficiente en la puja distributiva de la riqueza.

 

Pero es a partir del capitalismo, donde se profundiza la disputa, especialmente entre las naciones más desarrolladas, en el avance hacia la incorporación de todo el planeta, a un modelo de acumulación que tiene sus raíces en un número muy limitado de países, los cuales trasladan al ámbito geográfico, la diferenciación social existente, donde “el espacio es, entonces, un verdadero campo de  fuerzas cuya aceleración es desigual”  (Milton Santos, 1990).

 

Nada escapa a la voracidad depredadora de aquellos que en pos de consolidar su proceso productivo industrial, articulan y se apropian de los diferentes circuitos mercantiles, donde en la mayor parte de las veces, sus primitivos habitantes son convidados de piedra o simplemente están ausentes. El reparto de Africa, a través del Congreso de Berlín a mediados de la década de 1880; la apropiación de los circuitos comerciales entre India y China;  son algunos de los ejemplos más ilustrativos.

 

América Latina, al igual que las otras regiones señaladas anteriormente queda inmersa en dichas estrategias de planificación y utilización del espacio, a través de una división del trabajo que, dirigida en un primer momento por Inglaterra, la asigna de acuerdo a sus ventajas comparativas ser la proveedora de materias primas, que permitan mantener a bajo costo el alimento de los obreros ingleses, para que al aplicar la teoría ricardiana,  no peligre la reproducción de la fuerza de trabajo, manteniendo así bajo los costos de su alimentación y por ende su salario, y en definitiva no entorpecer el normal desarrollo de la acumulación de capital.

 

Se conforma de esta manera un complejo esquema de poder, a través de lo que Wallerstein denomina  economía-mundo donde ésta......”es la entidad que se basa en el modo de producción capitalista. El criterio por el que se rige la producción es la obtención de beneficios y el incentivo fundamental del sistema es la acumulación del excedente en forma de capital. No hay una estructura política dominante, ya que el mercado es, en definitiva, quien controla con frías riendas la competencia entre las diversas unidades de producción, por lo que la regla básica consiste en acumular o perecer. Así, en este sistema las unidades eficaces prosperan y acaban con las menos eficaces vendiendo más barato en el mercado. Este modo de producción es el que define la economía - mundo” (  Taylor, P. 1994).

 

De este modo, la actual “globalización” – que como podemos observar nace hace quinientos años - cierra por el momento una división del trabajo a escala planetaria, donde a la asimétrica condición social, le corresponde una similar connotación espacial. A pesar de utilizar diferentes estrategias, los diseñadores de cada uno de los modelos observados, en lo que denominaríamos Darwinismo Espacial; Descolonización y Acuerdos Bilaterales; Globalización;  pretenden un orden mundial, donde la utilidad obtenida del territorio y todo lo que él contiene, sea funcional a cada modelo de acumulación aplicado por los países centrales.

 

América Latina y los diferentes modelos de acumulación

 

a)      agro exportador:

 

La incorporación de  América Latina al mercado mundial está en cierta forma,  enmarcada en un patrón de comportamiento diferente al de los restantes continentes colonizados. Como sostiene Halperín Donghi, “lo que se busca en Latinoamérica son sobre todo desemboques a la exportación metropolitana, y junto con ellos, un dominio de los circuitos mercantiles locales que acentúe la situación favorable a la metrópoli” (Alonso, 1988).

 

Pero si bien no se impuso un sistema colonial, los Estados-Naciones que se fueron conformando –luego de su independencia de España y Portugal, y sucesivas  guerras civiles – respondieron al sistema liberal de dominación existente. Su espacio se diagramó de acuerdo a las exigencias de las imposiciones establecidas en la primera división del trabajo; nada podía alterar la misma. La creación de estados independientes en los diferentes espacios que sacudían el yugo colonial , implica un proceso que si bien no encuadra en un imperialismo formal, subsume la producción a una estrategia planificada desde el exterior, básicamente Inglaterra.

 

            Esto determina en cierta manera, la construcción de una infraestructura desarrollada a espalda de las necesidades locales, donde el poder es monopolizado por aquellos que logran apropiarse de los elementos fundantes del proceso productivo a través del control de los mercados nacionales (productos agropecuarios) o mediante economías de enclave productivo (minerales, frutícolas, maderas, etc). En ambos casos, los excedentes generados son apropiados por latifundistas y/o burguesías nacionales, en total connivencia con los sectores externos. De esta forma, el orden jurídico y cultural que se elabora paulatinamente, convalida dicha acumulación de capital.

 

            No obstante la hegemonía inglesa, se ve  perturbada por la injerencia de Estados Unidos en un espacio geográfico, que consideraban en cierta forma de su pertenencia, especialmente América Central y el Caribe. Las intervenciones militares a Cuba y la posterior aplicación de la enmienda Platt, como también la construcción del Canal de Panamá y la creación arbitraria de dicho país, para garantizar acuerdos que convaliden la dominación y explotación de dicho canal, prefiguran un escenario y una estrategia que se prolongará en años sucesivos.

 

b)     Substitución de importaciones:

 

El colapso financiero de 1930, conjuntamente con los conflictos bélicos, permiten replantear la situación existente, dando origen a un proceso industrializador, denominado “sustitutivo de importaciones”, que si bien produce cierto desarrollo, no logra desde lo económico/social, quebrar la dependencia externa –esta vez de EE.UU.- y desde lo espacial revertir la asimetría existente entre el interior y las ciudades puerto.

 

A pesar del proceso de nacionalización de los sectores productivos estratégicos, en países como Méjico, Argentina, Brasil, Venezuela, etc., a través de gobiernos populares que,  en cierta forma, logran una redistribución más equitativa de la riqueza, con la inclusión de amplios sectores de la población, fundamentalmente su masa asalariada y la aplicación de políticas sociales que apuntan a una mejora en la reproducción de la fuerza de trabajo y en las condiciones de su calidad de vida,  sus burguesías nacionales no logran, a pesar de la protección estatal, crear procesos productivos autónomos.

 

Si bien ciertos países se encuadran en la Tercera Posición o Países No Alineados, pretendiendo ser equidistantes de los polos hegemónicos de poder, su vulnerabilidad económica, especialmente de EE.UU., no les permite contrarrestar los efectos de las políticas aplicadas por dicha potencia, especialmente  a través de diferentes estrategias que, como   la Alianza para el Progreso,  profundizan el deterioro de los términos del intercambio, en perjuicio de las economías latinoamericanas. No obstante se observa, que la caída de diferentes gobiernos populares, es celebrado y apoyado, por burguesías que caen pronto en sus propias trampas: los gobiernos que se suceden – en muchos casos militares – pronto permiten el ingreso de productos extranjeros (básicamente norteamericanos) que compiten con los propios.  Una vez más la lucha de clases, queda encubierta en falsas antinomias.

 

c)      apertura y globalización:

 

            Mientras América Latina, se debate entre profundizar su industrialización o sucumbir en cierta forma a recetas desarrollistas – con amplia injerencia de los capitales norteamericanos que dirigen los procesos productivos industriales - el reordenamiento espacial, provocado por acontecimientos tan importantes como la ampliación y consolidación del mundo comunista, conjuntamente con el proceso de descolonización, crea un escenario diferente, donde la transformación cartográfica es inevitable. La relación de fuerzas entre ambas potencias, en el marco de la guerra fría, se modifica sustancialmente a partir del resurgimiento de una Europa, que, a su pacificación política, le sucede – con gran esfuerzo – su recuperación económica.

 

            Vietnam, sin duda, asesta un duro golpe a la ambición de hegemonía norteamericana donde  “paridad militar y multipolaridad política obligan, por lo tanto, a Estados Unidos y a la Unión soviética hacia un acuerdo general que, más allá de las variables de una situación internacional cada vez más compleja, fijase las condiciones de una sustancial estabilidad” (Mammarella,  1990). En ese equilibrio en cierta forma consensuado  por ambas potencias, América Latina, comienza a perder importancia en el comercio internacional.

 

             Diferentes acontecimientos ocurridos fuera de los espacios geográficos hegemónicos (EE.UU., Europa, Rusia) alteran no obstante las relaciones entre ellos pues los conduce a realizar diferentes estrategias, para mantener mayor peso en la relación de fuerza. Uno de los más importantes es el conflicto de Medio Oriente, donde la guerra de Yom Kippur deja al descubierto los intereses existentes alrededor del petróleo, y como éste es utilizado por los países proveedores del mismo para presionar a aquéllos que han apoyado a Israel en dicho conflicto.

 

            Pero, más allá de la presión política, esta crisis deja al descubierto la vulnerabilidad de las economías desarrolladas de  occidente con respecto a un insumo vital que en muchos casos no poseen; esta situación deja las manos libres a la OPEP para ordenar disminución en los suministros, como también realizar los extraordinarios aumentos que se producen en reiteradas oportunidades, obligando a un replanteo en las pautas de consumo de las naciones desarrolladas.

 

            La existencia de petrodólares si bien “contribuía a crear las condiciones para un relanzamiento de la producción y unía a los inversores árabes a la suerte de la economía occidental, por la otra creaba un nuevo elemento de desestabilización monetaria, en especial en las inversiones a breve plazo de carácter especulativo que significará enormes masas de dólares fluctuando entre los mercados europeos y los estadounidenses, creando graves problemas de equilibrio para los bancos centrales” ( Mammarella,  1990).

 

            Esta coyuntura internacional hacia 1970, que encubre uno de los momentos de mayor debilidad en el crecimiento interno de la economía de EE.UU., fue revertido a través del cambio de paradigma tecnológico por un lado, y por la conformación de un extraordinario mercado de capitales por el otro. Lo primero, tiende a transformar el mercado de trabajo, quebrando el poder de los sindicatos y una forma de producción, donde el “colectivo formado a través de las organizaciones sindicales” ponía de relieve las reivindicaciones de los trabajadores que si bien no apuntaban al cambio del modelo de producción, constituían una amenaza en la acumulación del capital. Lo segundo, permite a EE.UU., a través de diferentes presiones ejercidas sobre determinados sectores del FMI, captar – a través de sus propios bancos - esa extraordinaria masa financiera.

 

De esta forma, las bases para la globalización, están dadas, solo falta aplicarlas a escala planetaria, contando para ello – especialmente en los países periféricos – con sectores productivos y políticos que estén dispuestos a realizar las extraordinarias modificaciones que el capital financiero, y sus respectivos estados naciones, exigen. Para convalidar este proceso, nada mejor que legitimarlo a través de gobiernos democráticos, cuyos congresos promulguen y elaboren las leyes necesarias. El poder de las corporaciones, se transforma en    autoridad de los diferentes estados naciones” , a través de un orden jurídico, surgido por los representantes políticos, que ungidos por el  voto popular, traicionan su mandato en beneficio propio y de los grandes grupos concentrados de la economía.

 

En el caso particular de América Latina, las reformas exigidas por los grandes grupos económicos (extranjeros y nacionales) son puestas en prácticas, no por dictaduras militares (gobiernos de facto) que hubiesen deslegitimado dicho proceso, sino por gobiernos democráticos, cuyos representantes populares, recibiendo el “ peaje “ (Basualdo, 2001) correspondiente, completaron el proceso de apertura iniciado por las dictaduras militares de la década del setenta. Importantes reformas legislativas, culturales y sociales, permitieron la entrada irrestricta del capital financiero que, atraído por los negocios de las empresas estatales a privatizarse, además de una mano de obra que se iba empobreciendo y desregulando, asegurase una extraordinaria acumulación de capital.

 

Las políticas sociales que, desde la década del cuarenta y cincuenta, colocaron a muchos países de este continente a la vanguardia de un proceso redistributivo, casi en paralelo con el mundo industrializado, fueron las primeras en sufrir las consecuencias de las modificaciones aplicadas. En nuestro país la Reforma Educativa, que a la sombra de discursos grandilocuentes,  instrumenta definitivamente desde lo superestructural, un cambio cualitativo en su composición,  permite y acompaña el deterioro y la desintegración más profunda de la sociedad argentina, donde el conflicto de clases, no solo es oculto y deformado por los grupos hegemónicos del poder económico y las elites que los representan, sino también por los propios sectores populares, y lo que es más grave aún, por importantes sectores de la educación que, obnuvilados  por su falsa conciencia propician el modelo desnacionalizador actual.

 

      En el escenario mundial, el  siglo XX finalizó en lo militar con la hegemonía norteamericana – instrumentada a través de la OTAN – y en lo económico con grandes bloques, dispuesto cada uno a prevalecer sobre los otros, sin poder controlar, no obstante el poder que poseen, el mercado financiero internacional. Desde la perspectiva espacial, la importancia del heartland europeo sigue vigente; la disgregación de la URSS, Checoslovaquia, Yugoslavia, etc., abre la perspectiva para las grandes corporaciones, de un mercado cuya economía aun no se ha liberalizado totalmente: China.

 

      Sin embargo los sucesos del 11 de setiembre de 2001 (en E.E.U.U), le permiten a la nación hegemónica, visualizar un nuevo enemigo en el contexto geopolítico mundial: el ” terrorismo”. Más allá del escenario geográfico, social o ideológico en que se hallen – son el pretexto actualizado – para las nuevas intervenciones del estado imperialista, esta vez sin el contrapoder que significó en su momento la Unión Soviética. La explotación de un insumo tan vital como el petróleo, el gas, o el agua, conlleva a una intervención armada, donde el consenso de los supuestos aliados (especialmente Inglaterra, España,  Israel), permitiría una nueva diagramación espacial que, oculta una vez más el siempre vigente conflicto de la lucha de clases.

 

            A la luz de este escenario es donde debe observase la funcionalidad del ALCA para EE. UU., en general y para América Latina en particular.

 

  AMERICA LATINA Y EL ALCA: una nueva estrategia de dominación

 

En el caso de América Latina, una nueva estrategia de " integración ", se está desarrollando, hegemonizada una vez más por EE.UU.: el ALCA (Acuerdo Libre Comercio Americano); el cual tiene un  " objetivo declarado: EL LIBRE COMERCIO y otro encubierto, que consiste en estructurar la primacía de EE.UU. a nivel continental.  Plantea primero la finalidad económica: América entera como territorio de libre circulación de bienes, servicios y capitales, pero no de personas; el dólar adoptado como moneda de todos los países (si fuera posible con exclusión de la moneda nacional); apertura externa irrestricta, disminución de las funciones del Estado; privatización de los servicios públicos y desregulación de la actividad económica (Le Monde Diplomatique, 2001).

 

      De consolidarse esta estrategia, desaparecerían los acuerdos regionales como el Mercosur, y la escasa viabilidad de soberanía nacional. Pero esta acción económica, tiene su correlato en el plano militar: el Plan Colombia, cuyo objetivo explícito es la erradicación del narcotráfico, en tanto que el implícito, persigue la aniquilación del grupo guerrillero FARC, cuya dominación sobre el territorio, abarcaría un cuarenta por ciento del mismo. Una vez más la reactualización de los códigos geopolíticos legitiman las variaciones en el modelo de acumulación vigente.

 

      La coherencia en la política internacional de EE. UU., trasciende la alternancia en el poder de las diferentes administraciones demócratas y/o republicanas, "controlar al vecino" está en la agenda de todas las gestiones, más allá de sus supuestas controversias y enfrentamientos, ya se trate de la doctrina “Monroe” (1823), o del Gran Garrote" (Roosevelt, T.), como de la diplomacia del Dólar, o la Política del Buen Vecino, etc., la presencia norteamericana siempre está vigente.

 

      Superada la “Doctrina de la seguridad nacional”, pareciera reactualizarse la Alianza para el Progreso, en un escenario donde la bipolaridad y la guerra fría, han desaparecido, y donde el enemigo común para América es el narcotráfico que junto con el “terrorismo” son los nuevos ejes del mal  contra los que debe luchar la nación del destino manifiesto. Para el primero es necesario su rápida eliminación, no en el campo del consumo, sino en el escenario de la producción y la comercialización. El consumo queda inmerso en lo individual (sicológico), lo segundo en lo militar, es un asunto de "defensa" del continente.  Para enfrentar lo segundo (terrorismo) y especialmente después de lo acontecido en setiembre de 2001 en EE.UU., todo recurso es válido: la reciente invasión a Irak es una prueba incontrastable.

 

      Si el conflicto Este – Oeste, pudo encubrir la explotación y saqueo del sur (periférico)  por el norte industrializado (centro), la lucha contra el terrorismo actual, pretende encubrir la concentración de la riqueza por unos pocos, en desmedro de millones marginados y excluidos.

 

Afganistán y las atrocidades cometidas en su geografía, y en su sociedad, cuentan con el aval explícito de las Naciones Unidas,  de la mayor parte de países desarrollados y de los que pretenden serlo, especialmente los más pequeños surgidos de la desmembración de la ex – Unión Soviética. Espacios  tan distantes y diferentes como Afganistán, Irak y Colombia, tienen un destino común: figuran en los códigos geopolíticos norteamericanos como prioridades en su agenda.

 

 Uno permite – una vez destruida toda oposición – el reaseguro a la explotación gasífera y petrolera, el otro erradicar las guerrillas FARC y junto con ello, quebrar en América Latina, todo intento de vías alternativas a la hegemonía norteamericana, especialmente en este momento donde pareciera surgir una línea de enfrentamiento liderada básicamente por Brasil.

 

¿ Cuál es la razón de la urgente necesidad de firmar el ALCA, más allá de los últimos reveses en los diferentes encuentros, en especial con el tema de los subsidios agrícolas aplicados por EE.UU?. Diferentes razones apuntan a ello:

 

En primer lugar, como sostiene Arceo el  “ libre acceso a los mercados sobre la base del principio de trato nacional para las mercancías y los capitales afecta, junto con el principio de seguridad total, al conjunto de las políticas estatales”  (Arceo, 2002), con lo cual la debilidad creciente de los estados nacionales latinoamericanos, se profundizará.

 

Estados Unidos, necesita consolidar a nivel continental – a través de la ampliación del NAFTA – un PBI, que supere al de los otros bloques económicos continentales y de esta forma, enfrentar y/o negociar a escala planetaria la creciente producción de China, cuya economía de acuerdo a los últimos indicadores aumenta considerablemente.  Una vez más: petróleo y agua, convergen en  Medio Oriente y América Latina, de acuerdo a  la estrategia norteamericana.  Economía, espacio y política se entrelazan, para permitir que sus corporaciones consoliden una posición hegemónica, que su crecimiento interno – por sí solo – no le permitiría.

 

Si bien por origen geográfico dentro de las primeras quinientas firmas mundiales, de acuerdo a su capitalización – según Arceo – el 43,8% son norteamericanas, en tanto que las veinte marcas según su valor en millones de dólares hacia 1999, también lo son, no ocurre lo mismo en cuanto a empresas con mayores inversiones en el exterior, donde la competencia con las de otras naciones desarrolladas como Holanda, Reino Unido, Suiza, Alemania, Japón, etc., dejan al descubierto ciertas debilidades de la economía norteamericana.

 

Por otra parte, los alcances, objetivos y contenidos plasmados en las comisiones formadas en los diferentes encuentros:

§         Acceso a los mercados; Procedimientos aduaneros y normas de origen ; Inversión, Normas y barreras técnicas al comercio; Medidas sanitarias y fitosanitarias; Subsidos, Antidumping y derechos compensatorios ; Economías más pequeñas; Compras del sector público; Propiedad intelectual; patentes; Servicios y política de competencia;  Solución de controversias, etc.,

 demuestran, en cada uno de los capítulos desarrollados, que las exigencias de los acuerdos comerciales, no tienen el mismo alcance y significado para todas las partes que lo firmarían. Pues, por un lado,  EE.UU. sigue reservándose el derecho de anteponer su constitución a las demás normas jurídicas implementadas en el ALCA, y por el otro, los subsidios a su producción agrícola no  desaparecen sino que, por el contrario,  en la actualidad, parecen incrementarse.

 

Estrechamente relacionado con lo anterior, esta supremacía continental del ALCA, va en detrimento por un lado de los acuerdos regionales, fundamentalmente  el Mercosur, cuyos gobiernos más allá de las intenciones expresadas públicamente y de las designaciones efectuadas para consolidarlo, no logran revertir sus propios enfrentamientos internos, en lo que respecta a aranceles, cupos comerciales, etc., y por el otro profundizaría la desigualdad de los términos de intercambio, al deteriorar aún más la producción con valor agregado de América Latina, pues como nos demuestra Arceo (2001)

 

Composición de las Exportaciones Mundiales (%). 1913-1990

 

1913

1963

1973

1990

Productos Primarios

64

45

38

30,7

Agrícolas

50

29

21

17,8

Minerales

-

6

6

1,5

Combustibles

-

11

11

9,3

Manufacturas

36

55

62

69,3

Total

100

100

100

100

Fuente: UNCTAD, Handbook of Statistics, 1995, en Arceo 2001

 

mientras que la producción de productos primarios (típica de nuestros países) ha decrecido en la composición de las exportaciones mundiales, sucede lo contrario con la de manufacturas. En definitiva el proceso de reprimarización de nuestro continente, iniciado a partir de las dictaduras militares de la década del setenta y continuado por los gobiernos democráticos, se vería acentuado.

 

Perjudicando especialmente a países como el nuestro, pues  al interior de sus economías, si bien todos se han incorporado al proceso globalizador,  han aplicado estrategias en cierta forma diferente. Mientras que algunos como Brasil han mantenido “ una política persistente de industrialización y promoción del cambio técnico” , Argentina, Perú, Bolivia, Paraguay (por citar unos pocos) en cambio, desde la dictadura militar hasta la fecha  han “iniciado una extraordinaria política de desmantelamiento del aparato industrial, destrucción de sus bases científico-tecnológicas y endeudamiento externo”  (Ferrer,  2001).

 

El comercio intraregional refleja esta situación ... “ el predominio de los productos primarios y energéticos en las exportaciones argentinas frente al de las manufacturas en las brasileñas, es revelador de la formación de un régimen centro periferia” (Ferrer,  2001). Esta situación a nivel del ALCA, sería aún más grave para Argentina, inmersa en los últimos años en una política que la condena más a la dependencia y a la marginación, ya no de los circuitos internacionales sino de los propios regionales.

 

La consolidación de los acuerdos regionales, implica la posibilidad de un comercio intrabloques de productos con cierta diversificación productiva, donde la capacidad de producir bienes industrializados tiene perspectivas de desarrollo, en tanto y en cuanto haya voluntad política de realizarlo. La existencia de materias primas, con la posibilidad de incrementarles el valor agregado, no solo permitiría ampliar la estructura productiva de nuestros países, y su complementación, sino también demandar la utilización de  más fuerza de trabajo. En oposición a esta perspectiva, el ALCA  supedita todo el proceso productivo de América Latina, su  naturaleza y alcance a las exigencias de las estrategias de las grandes corporaciones norteamericanas, que se reservan para sí el desarrollo de la producción industrial y de servicios.

 

Esta división del trabajo, reserva para nuestro continente,  desde lo político y económico,  una total supeditación a las exigencias de la nación imperio, y tal como ya lo demuestra México en el Nafta, no solo se observa deterioro ambiental, sino también social. La naturaleza del trabajo, utilizado en la  maquila, desvaloriza  continuamente el salario, como una estrategia de disminuir los costos, ante la necesidad de atraer capitales. La funcionalidad del Estado – Nación,  hacia los grupos concentrados de poder, demuestra una vez más que,  al ser la instancia articuladora de las demandas  y conflictos sociales, los dirime en función de las exigencias del capital.

 

El espacio geográfico latinoamericano, sostén del proceso productivo y comercial, es  actualmente un escenario más  de la lucha intercapitalista a nivel global entre  corporaciones de los bloques económicos más importantes: EE.UU., UE., y  Japón. Con la aplicación del ALCA y su reglamentación en cuanto a comercio de bienes, movimientos financieros, compras del  sector público ( en todas sus jurisdicciones), subsidios, antidumping y derechos compensatorios, como también solución de controversias, con la utilización de los principios básicos que orientan dichas reglamentaciones:  “ trato nacional, trato de nación más favorecida y transparencia” (Arceo, 2002)., sin duda la exclusión de los bloques extracontinentales, especialmente la Unión Europea, será evidente.

 

Esto significa una limitación más para América Latina, pues su capacidad – ya limitada por cierto – de poder realizar estrategias en las relaciones de poder a escala mundial, será mínima. Si se desperdicia una nueva oportunidad de " autodeterminación ", y sus dirigencias políticas, militares y empresariales, aceptan una vez más, alternativas planificadas desde escenarios mundiales, radicados en el mundo desarrollado, que ponen en evidencia la total asimetría de este supuesto proceso de integración, como queda demostrado en las disparidades del producto per cápita al interior de los bloques existentes en la actualidad:

 

 Producto per cápita de 1997, calculado sobre la base de paridad de poder de compra.

UNIÓN EUROPEA

 

MERCOSUR

 

ALCA

 

Austria

22.070

Argentina

10.300

Estados Unidos

29.010

Portugal

14.270

 

Paraguay

3.980

Haití

1.270

Ingreso más bajo respecto al más alto

1,5

 

2,6

 

22,8

 Fuente: Instituto de la CTA a partir de datos del Banco Mundial (Arceo, 2002)

 Son por lo tanto los pueblos de América Latina,  los que tienen el derecho irrenunciable de impedir la concreción de acuerdos que subsumen una vez más  a este continente en la desesperanza, especialmente cuando la visión geopolítica de los EE.UU., es profundizar su intervención, en lo que siempre consideró su zona de influencia directa.

 

 Construir una alternativa nacional y regional, que priorice las necesidades de sus pueblos,  ofreciendo una estrategia desde su propia historia al imperialismo  norteamericano, es una obligación y un deber MATERIAL Y MORAL para consigo misma y para las generaciones venideras.

 

Pero ello significa no solo enfrentar el mandato de los centros de poder desarrollado y la producción y comercialización extraterritorializada de sus corporaciones sino dirimir los propios conflictos intraregionales, algunos de los cuales son verdaderas vallas contra la integración:

 

a)      Histórica situación de límites entre Chile y Bolivia, donde si bien el  problema  es de larga data (Guerra del Pacífico: 1879-1883 y posterior acuerdo en 1904), resurge enmarcado en diferentes posturas nacionalistas que agravan la situación, en vez de permitir una salida negociada que posibilite a Bolivia recuperar su salida al mar (mapa Nº 1: Pérdidas territoriales de Bolivia)

 

b)      fuerte presencia en muchos países, de importantes sectores aborígenes  y sus recurrentes y desoídos reclamos que, no solo pone en el escenario de la política latinoamericana nuevos articuladores en los reclamos populares, sino que como movimientos sociales de vieja data, conservan rasgos identitarios que los define por sí mismos. Pueden presentar diferencias entre sí: Evo Morales, Felipe Quispe ( bolivianos), como Nina Pacari y Luis Macas (ecuatorianos), o el zapatismo (mejicano), pero poseen en común un grito de rebelión por  ser naciones esquilmadas históricamente no solo por el proceso de conquista y colonización, sino también por los gestores de los diferentes modelos de acumulación instaurados por el modo de producción capitalista, a través de los estados naciones que se conformaron (mapa Nº 2: Cantidad e Identidad)

 

Y que en la actualidad no solo son explotados por las corporaciones que extraen sus productos naturales,  minerales, y forestales, sino que además sus ejércitos son convocados por   EE.UU., para  poner en práctica desde 2001 la INICIATIVA REGIONAL ANDINA: cuyo supuesto objetivo es apoyar las instituciones democráticas y respaldar el esfuerzo antidrogas:

c)      diferentes estrategias en la administración de la Amazonia, y el objetivo de EE.UU., apuntando a su internacionalización.

 

d)      Terminar de dirimir la situación de límites entre Argentina y Chile.

 

Reclamos que pueden parecer menores, pero que deberían zanjarse de una manera u otra, para posibilitar dicha integración: Ecuador ha reclamado su salida directa al Amazonas y que Perú le entregue el norte de Loreto. Bogotá tiene pleitos territoriales alrededor de los pozos de la frontera con Venezuela o con Nicaragua por las islas San Andrés. Venezuela reclama dos tercios de Guyana y Guatemala todo Belice. La lista en sí puede continuar e incluir rencillas por el subsuelo o el mar.

 

Posibilidades que permitan su integración y posterior inserción al mercado mundial:

 

a)      Extraordinaria heterogeneidad y riqueza de productos naturales, que la tornarían autosuficiente en el abastecimiento de los insumos necesarios para reactivar la producción

b)      Fuerza de trabajo altamente calificada en gran parte de los países que la componen, lo cual permitiría la implementación del valor agregado necesario al insumo natural

c)      Capacidad ociosa que puede ser de inmediato incorporada a nuevos procesos productivos

d)      Oportunidad para aprovechar la creciente multipolaridad, especialmente con la Unión Europea y el Sudeste Asiático, donde estos bloques de poder, juegan también su propia estrategia de enfrentamiento con Estados Unidos, como quedó demostrado con la solución hacia el terrorismo, en cualquiera de los escenarios donde éste se presente.

 

 

CONCLUSION

                     La disputa entre los diferentes bloques económicos, compromete aun más las posibilidades de las soberanías nacionales de los países periféricos,  transformadas en continuos soportes de las decisiones internacionales inmersas en las sucesivas divisiones del trabajo, en la cual ocupan siempre un lugar totalmente dependiente, sin posibilidades de un desarrollo industrial que reafirme su condición de nación y donde sus propios acuerdos de integración regional, se ven continuamente socavados por sus debilidades estructurales y por los imperativos de quienes  concentran el poder, especialmente económico.

 

América Latina, tiene ante sí una nueva oportunidad histórica ante esta nueva alternativa: integrarse al ALCA o reafirmar y consolidar el MERCOSUR; la primera significa una vez más la total sumisión hacia quien controla la mayor parte de los circuitos comerciales; la segunda la viabilización hacia un proceso de industrialización, que más allá de sus propias contradicciones, fortalezca la diversificación productiva, con control de los circuitos productivos y comerciales. No obstante el Mercosur al que hacemos referencia, no es el forjado para Brasil o la dominación capitalista, sino aquel que permita la recreación de nuevas estrategias de integración regional y social.

 

 Una vez más son sus grupos endógenos los que tienen la posibilidad de insertarse en una u otra alternativa, del lado de los grandes grupos económicos y en detrimento de los intereses nacionales, o junto al pueblo, defendiendo una estrategia que posibilite el continuar siendo una nación soberana, donde su moneda al igual que los símbolos que la identifican, no queden subordinados a la nación hegemónica continental. No obstante, un nuevo escenario se presenta con la irrupción de aquellos sectores que si bien son históricamente ignorados,  tienen presencia en la cotidianeidad latinoamericana.

 

Ya sean sus poblaciones aborígenes, incluidas las del Caribe,  como los movimientos de desocupados, o “los sin tierra”, como también aquellos que implementan  otras prácticas en la construcción de nuevas posibilidades para sus fuerzas de trabajo  ( fábricas tomadas) , los que presentan en definitiva,  alternativas a un modelo de acumulación. Es un imperativo latinoamericano, recuperar América Central, convertida primero en una economía de enclave  y actualmente en un espacio de maquilas, para reinsertarla en un proyecto conjunto, superador del recuerdo de los escuadrones de la muerte en Honduras, del pesticida que hiere los ojos de la fuerza de trabajo flexibilizada al extremo en Guatemala, como también de las manos infantiles curtidas por la cosecha del café.

 

            En definitiva como sostiene Feinmann (2004). “América latina tiene que construir un sujeto fuerte, una centralidad, una totalidad no totalitaria, pero, al menos, regional”.

 


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ABSTRACT:

 América Latina, al igual que todos los espacios geográficos a escala planetaria que, fueron incorporados al modo de producción capitalista, a través de la estrategia del imperialismo forma e informal, llega a la actual globalización, inmersa en una dependencia económica y política que, profundiza su deterioro social.

 De los 530.242.000 millones de habitantes existentes en América Latina y el Caribe, un 44% está inmerso en la pobreza total y un 20% en la indigencia.

 Incorporarnos al ALCA es seguir aceptando que la distribución del ingreso aumente ese 60% de lo socialmente producido entre el 20% de los Hogares más ricos, en tanto  que el 40% de los Hogares más pobres recibe solo el 10% del mismo. La respuesta debe ser la urgente unión latinoamericana y el Caribe, pero a través de políticas enmarcadas en nuevas prácticas que confronten las existentes del capitalismo y sus diferentes modelos de acumulación. Para ello, otros escenarios conformados por poblaciones aborígenes,  movimientos sociales de piqueteros, zapatistas, los sin tierra, obreros de fábricas tomadas, etc.,  deben recrear nuevas estrategias de integración regional y social, donde el poder popular logre una redistribución equitativa de la riqueza socialmente producida.


Ponencia presentada en el Sexto Encuentro Internacional Humboldt. Villa Carlos Paz, Argentina. Setiembre de 2004.


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