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Asunto:NoticiasdelCeHu 1697/04 - Un salvavidas para América Latina (Fran Araújo)
Fecha:Miercoles, 20 de Octubre, 2004  13:05:57 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

NCeHu 1697/04

REMESAS
Un salvavidas para América Latina
Fran Araújo
CCS. España
octubre del 2004

 
Las remesas de dinero enviadas por los emigrantes latinoamericanos ya sobrepasan el valor combinado de la inversión extranjera directa, la ayuda multinacional, e incluso, en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, el monto del pago de los intereses de la deuda externa. En el 2003, la cantidad ascendía a 38 mil millones de dólares, aunque esta cifra es difícil de contabilizar debido a la naturaleza informal de muchos envíos. En varios países de la región, el dinero enviado representa más del 10% del ingreso nacional. En México, las remesas superan a los ingresos por turismo y suponen dos tercios del valor de las exportaciones de petróleo y, en El Salvador, equivalen a la mitad del valor de las exportaciones.
Casi tres cuartas partes de este dinero provinieron de Estados Unidos, donde más de 10 millones de latinoamericanos envían dinero periódicamente a casa, según datos del FOMIN (Fondo Multilateral de Inversiones). Le siguen Japón, España y Canadá.
Uno de los aspectos más positivos de estas remesas es que representan una ayuda directa porque son los receptores los que deciden en qué gastan el dinero. Se evitan así los problemas derivados de la cooperación internacional en donde el dinero llega a los Gobiernos, muchas veces corruptos, y no se distribuye de forma eficiente, como sostiene Richard Adams, investigador de políticas de desarrollo del Banco Mundial.
En segundo lugar, favorecen el desarrollo de regiones deprimidas con pocas expectativas de enriquecimiento sin una inversión previa. Así, son sus habitantes los que invierten en su propio desarrollo. También se adaptan a las necesidades y a los ciclos financieros, ya que los envíos son constantes y tienen un efecto de contrapeso económico en momentos de crisis como durante las malas cosechas.
Las remesas tienen una contrapartida preocupante para Latinoamérica. Además de los dramas familiares y del desarraigo que provoca la emigración, muchos de los emigrantes son trabajadores cualificados que abandonan el país. Esto, lejos de favorecer el desarrollo nacional, desestabiliza el mercado laboral y supone la pérdida de la inversión estatal en su educación. De este modo, los países desarrollados se aprovechan de una mano de obra joven, con estudios que no han tenido que costear y por un sueldo muchas veces inferior al de los demás ciudadanos.
Por otra parte, generan dependencia en las familias y comunidades receptoras que se acostumbran a esos envíos mientras los jóvenes sueñan con emigrar también. Según estudios de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) alrededor de 80% de las remesas que se reciben en El Salvador, Guatemala y Nicaragua se usa para comprar alimentos y para invertir en la vivienda. Por eso los gobiernos deberían ayudar a que este dinero se invierta en generar riqueza para el país fomentando la modernización de la agricultura y la pequeña industria.
Hace cuatro o cinco años, enviar dinero a Latinoamérica podría costar un promedio de 12% a 15% del total enviado. Hoy, el costo ha caído a la mitad pero aún resulta caro, mientras que se convierte en un descomunal negocio para los intermediarios que no arriesgan nada. En EEUU, principal origen de las remesas, los envíos se graban con el 6% y el dinero permanece bloqueado durante una semana en la que las entidades bancarias multiplican su valor en especulaciones y movimientos financieros de beneficio rápido. Como la inversión en el interbancario, la gran fuente de beneficios de los bancos.
El 80% de los inmigrantes latinoamericanos que están en España utiliza las empresas de envío rápido porque las consideran "seguras, rápidas y de confianza". Existen otros sistemas de envío informal como la hawala árabe que evita el pago de tasas y que no deja huellas. Una salida para la incoherencia de poner barreras al dinero que sale de los países desarrollados pero no al que entra.
Las remesas son, cada vez más, un salvavidas para muchas familias latinoamericanas. Sin embargo, no hay que olvidar que los salvavidas son exclusivamente una medida de emergencia, lo importante es que los barcos no se hundan. Los hispanos en el exterior están cumpliendo el papel que corresponde a los gobiernos, como financiar la salud, la educación y las necesidades básicas de millones de personas en América Latina, así como aliviar la economía nacional. Hace falta tomar medidas a largo plazo para que no sea necesaria la salida del país de origen de tanta riqueza humana, y para no ver en las remesas un sustituto de los fondos para el desarrollo.


Gentileza de Marie-Christine LACOSTE, CNRS, Information Scientifique .Coordinadora de "RUMBOS"