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Asunto:NoticiasdelCeHu 1675/04 - La historia está de nuestro lado (Donald H.R umsfeld)
Fecha:Martes, 19 de Octubre, 2004  02:14:31 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

NCeHu 1675/04


La historia está de nuestro lado

 Donald H. Rumsfeld


WASHINGTON
El mes pasado conmemoramos el tercer aniversario del día que nos hizo tomar conciencia de que el mundo había cambiado. El día en que unos extremistas mataron a miles de inocentes en territorio norteamericano. El 7 de este mes se cumplieron tres años del inicio de la Operación Libertad Duradera; el día en que Estados Unidos resolvió luchar directamente contra los extremistas y atacamos a los talibanes y a Al-Qaeda en Afganistán.

A tres años de guerra global contra el terrorismo, algunos preguntan, con todo derecho, si Estados Unidos está más seguro y si la situación mundial ha mejorado.

Comencemos por establecer cierta perspectiva histórica. Se ha dicho que esta guerra mundial contra el extremismo ocupará a toda una generación, que podría ser un caso bastante parecido al de la Guerra Fría, que duró varias décadas.

Vista desde la perspectiva actual, la Guerra Fría fue una gran victoria de la libertad. Pero nada en ella fue indudable o preestablecido. Aquel medio siglo de batallas heroicas entre el mundo libre y el imperio soviético estuvo lleno de discordias, incertidumbres, vacilaciones, reveses y fracasos. Hasta disputamos con nuestros aliados sobre diplomacia, despliegue de armamentos y estrategias militares. En los 60, Francia se retiró por completo de la organización militar de la OTAN. En Estados Unidos, los periodistas cuestionaron las políticas nacionales. Incluso hubo casos en que la ciudadanía norteamericana los vio tildar a su propio gobierno de agresor o fomentador de la guerra.

Aun así, año tras año, Estados Unidos (con presidentes demócratas o republicanos) y sus aliados mostraron firmeza y tesón. Las estrategias variaron desde la distensión hasta el enfrentamiento. Nuestros líderes siguieron oponiéndose a un enemigo que muchos creían invencible. Pero el régimen soviético se colapsó.

La humanidad ha tenido que aprender esta lección una y otra vez, en todas las épocas. La debilidad provoca. Rehusarse a afrontar riesgos puede acrecentar los peligros futuros, en vez de reducirlos. En última instancia, sólo triunfan los que persiguen decididamente un fin determinado.

Desde el principio del conflicto actual, fue obvio que nuestra coalición tenía que tomar la ofensiva contra un enemigo sin patria ni conciencia. Hace poco más de tres años, Al-Qaeda ya constituía un peligro creciente. Su líder, Osama ben Laden, estaba en su refugio afgano, a buen resguardo. Su red se extendía por el mundo entero y llevaba años atacando los intereses norteamericanos.

Tres años después, más del 75 por ciento de los miembros clave de Al-Qaeda y sus asociados están prisioneros o muertos. Ben Laden es un fugitivo. Sus líneas de apoyo financiero se han visto reducidas.

En Afganistán, otrora dominado por los extremistas, hoy gobierna Hamid Karzai, un hombre que está a la vanguardia de los esfuerzos mundiales por ayudar a los moderados en su lucha contra los extremistas. Los estadios de fútbol, donde los talibanes ajusticiaban a sus adversarios, han recuperado su uso original. Más de 10 millones de afganos -el 41 por ciento, mujeres- se empadronaron para votar.

Libia dejó de patrocinar a terroristas y buscar subrepticiamente un potencial nuclear para convertirse en una nación que ha renunciado a sus programas de armamentos ilícitos. Hoy se declara dispuesta a reingresar en la comunidad civilizada.

La red de proliferación de armas nucleares letales montada por el científico paquistaní A.Q. Khan -que ayudaba a Libia, Corea del Norte y otros países- fue desenmascarada y desmantelada. En verdad, durante la presidencia de Pervez Musharraf, aquel Paquistán que simpatizaba con Al-Qaeda y los talibanes ahora es un aliado contra el terrorismo.

La OTAN comanda la Fuerza Internacional de Asistencia en Seguridad, en Afganistán. También ayuda al entrenamiento de las fuerzas de seguridad iraquíes (una nueva e importante responsabilidad "extraterritorial"). La ONU colabora en la organización de elecciones libres en ambos países. Más de 60 naciones actúan para frenar la proliferación de armas de destrucción masiva.

Hace tres años, en Irak, Saddam Hussein y sus hijos gobernaban en forma brutal un país del corazón del Medio Oriente. Por rutina, Saddam intentaba matar a los aviadores norteamericanos y británicos que hacían respetar las zonas aéreas vedadas. Premiaba con 25.000 dólares a las familias de terroristas suicidas. Y desestimó 17 resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.

Tres años después, Saddam está preso y será juzgado. Sus hijos han muerto. La mayoría de sus cómplices está entre rejas. Irak tiene una constitución provisional que incluye una declaración de derechos y un Poder Judicial independiente. Casi todas las ciudades, pueblos y aldeas tienen su ayuntamiento o autoridad local. Ahora, los iraquíes pueden decir, escribir, mirar y escuchar lo que se les antoje.

Por supuesto, ha habido reveses. Pero el enemigo no puede vencernos militarmente. Sus armas son el terror y el caos. Intenta desalentarnos atacando cualquier esperanza o progreso. Sabe que si logra vencernos en el campo de las percepciones, perderemos el ánimo y nos iremos.

Vivimos tiempos difíciles. Desde Manhattan y Washington hasta Bagdad, Kabul, Madrid, Bali y Filipinas ha resonado un llamamiento a las armas. El resultado de esta lucha determinará cómo será nuestro mundo en las próximas décadas.

Hoy, como ayer, la tarea histórica más ardua recae en Estados Unidos, en nuestra coalición, en nuestro pueblo. Podemos realizarla porque sabemos que la historia humana avanza impetuosamente hacia la libertad. Y eso está de nuestro lado. 

Traducción de Zoraida J. Valcárcel

 Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 18 de octubre de 2004.