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Asunto:NoticiasdelCeHu 1667/04 - Argentina, un despertar tardío
Fecha:Domingo, 17 de Octubre, 2004  10:54:29 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

NCeHu 1667/04
 

                    Argentina, un despertar tardío

 

                                                            

Alfredo César Dachary

 

En América del Sur hay tres países alineados geográficamente e ideológicamente respecto a su población; se trata de Argentina, Chile y Uruguay, tres países con una fuerte inmigración europea ocurrida a partir de fines del siglo XIX.

En los tres, el mundo indígena no ha sido un tema central en la construcción de la historia y la identidad moderna; de diferentes maneras, todos han dejado un vacío en esta parte fundamental de sus orígenes.

En el caso de Argentina, la inmigración comenzó como un fenómeno masivo en las últimas décadas del siglo XIX, coincidiendo con dos hechos opuestos: la crisis rural y hambre en la Europa industrializada y una nueva perspectiva de lo que se denominó el “progreso” enarbolada por la generación del `80, profundamente antinacional y por ende, pro-europea.

Este hecho fue el comienzo de un nuevo imaginario que dominará al argentino del siglo XX, y que lo hace pensar que es un europeo en América, rodeado de criollos e indígenas, culturas frías que no estaban para reventar sus espaldas en las fábricas y frigoríficos y, mucho menos, para caer en la rutina de un capitalismo salvaje.

Así se construyó la imagen del vago pendenciero, del criollo, que se amplía al indígena y que justifica inicialmente la persecución y masacre de estos pueblos originarios iniciadas por un gobernador de Buenos Aires, Rosas y llevada a su cenit por el que luego sería presidente como premio al genocidio, el general Julio Argentino Roca.

Los europeos que arribaron eran más pobres que los gauchos, la mayoría llegaban por necesidad y otros engañados, y en realidad, no hicieron la América sino ayudaron a que un grupo importante de latifundistas y emergentes burgueses lograran hacer un gran capital, que puso al país en un lugar privilegiado de las naciones emergentes a comienzos del siglo XX.

Mientras estos hijos de la revolución industrial, trabajadores y acumuladores por el hambre que habían pasado se iban haciendo un pequeño lugar en la sociedad argentina, el indígena desaparecía de la escena nacional aislado en los lugares más alejados e inhóspitos de esa época.

El ejército argentino, cuya foja de servicio está manchada de sangre en todo el largo de su corta historia, masacró miles de indígenas en lo que se llamó, en forma eufemística, “la campaña al desierto”, que está lleno de gente según la capacidad que tenía para sostenerla, y en el siglo XX siguió con nuevas campañas masacrando en el norte desde el Chaco hasta Salta en lo que se denominó la segunda campaña al desierto.

Pero la visión europeísta de los argentinos comenzó a cambiar en los últimos años, ya que cuando el país entró en la crisis del 2001, los primeros que llegaron a cobrar a cualquier precio, incluido el profundizar la crisis de una nación agonizante.

Se dio un choque entre los hijos de los primeros inmigrantes que se sentían europeos y que al llegar a España, Italia y otros países no eran bien recibidos y los propios europeos, parientes directos de ellos, que se habían olvidado todo lo que se había hecho por ellos, primero al recibirlos como prófugos del hambre a fines del siglo XIX y hasta los años 40’s y más; y segundo, que en la segunda posguerra y la caída de la República en España, Argentina les dio alimentos sin cobrarles.

Algunos descendientes de europeos que tienen en Buenos Aires sus propios partidos políticos de su viejo país, aún no han entendido que están en otro, no han podido digerir lo que significa la inmigración y cuando un país les abre las puertas sin más límites que trabajen. Pero hay otros que ya han comenzado a verse en el verdadero espejo de lo que son: sudamericanos o “sudacas”.

En este marco particular de Argentina y de la crisis general de América no era de extrañar que los pueblos originarios de este continente comenzaran a luchar por reivindicar sus derechos, su historia, sus tradiciones, a ser reconocidos como las bases de los nuevos países.

En México hay una larga tradición de lucha, un grupo armado en las sombras de las selvas de Chiapas aguarda una ley que los reconozca como tales, frente a la intransigencia de una derecha racista.

En Centroamérica, desde los mayas que están oprimidos por la minoría blanca, muchos de ellos alemanes en Guatemala, a los garífonas que están entre Belice y Honduras y que pretenden ser despojados de sus tierras, pasando por los indígenas de Nicaragua, misquitos, ramas, sumos y la población negra que dejó como material sobrante la construcción del canal de Panamá en Puerto Limón, Costa Rica y parte de Panamá, todos están en pie de lucha.

En América del Sur, los pueblos indígenas de Ecuador, primera mayoría del país, lo mismo que los de Perú, han generado importantes alzamientos en esta década, incluida la larga resistencia de los aymaras y la guerra  del gas en la mediterránea Bolivia.

Las reivindicaciones de los pueblos del Amazonas, tan alejados pero no menos combativos que los Mapuches en Chile, son en ambos casos por sus tierras ancestrales, hoy botín de las grandes corporaciones mundiales.

Argentina no podía quedar fuera de este despertar reivindicativo de los pueblos originarios y, aunque el orgullo blanco lo niegue, es el país con mayor mestizaje proporcional en la última década, ante la masiva llegada de vecinos y el alto número de nacimientos que estas comunidades inmigrantes generan.

La lucha por la tierra atraviesa importantes zonas de Argentina, desde el noreste, en la provincia de Misiones, donde los guaraníes tienen tomada la plaza central de la capital provincial, Posadas, en demanda de justicia desde hace un mes y medio, sin que gran parte de los políticos y la propia sociedad les preste atención, al sur del país donde aún la injusticia prima, por ser un territorio bajo el control de los grandes grupos extranjeros.

El caso más violento de la historia moderna fue la lucha entre el gigante de la moda Bennetton, empresa italiana y una familia mapuche de apellido Fermín, quienes estaban en su predio viviendo por generaciones y esta firma al comprar por medios ilícitos todas las tierras de la región sumando miles de hectáreas incluye a ésta, que con ayuda de la “Justicia” argentina condena a la familia mapuche a abandonar su predio.

La demolición de su casita por parte de la policía en forma brutal, innecesaria y humillante forma parte de una historia que viene desde la semana trágica a la matanza de los rebeldes en la Patagonia, un viejo modelo de alianza entre la fuerza policial y militar y la justicia local que mantiene hasta hoy los despojos de tierra en contra de los pueblos indígenas.

Poco tiempo antes, en la misma provincia de Chubut, en el paraje Vuelta del Río, la policía había expulsado y destruido otras propiedades que reivindicaban terratenientes, haciendo realidad una vez más la política de Roca de tierra arrasada con los indígenas.

Volviendo al norte, en la provincia de Formosa limítrofe con el Paraguay, la etnia wichi denuncia que los comerciantes de la zona les retienen los documentos para poder cobrar todos los meses un pequeño emolumento que se les da a los marginales, para hacerlos votar por sus caudillos, para quedarse con sus pensiones; son los mismos comerciantes que les dan alcohol y cerveza a los niños wichi y que hacen de ellos alcohólicos jóvenes.

Según un importante periódico argentino, “Página 12”, el 70% de las comunidades indígenas no tiene papeles sobre las tierras que están, lo cual  afecta a los 22 pueblos indígenas que están distribuidos en 860 comunidades y agrupan un total aproximado de dos millones de ciudadanos.

En la provincia del Chaco junto a la de Formosa, las comunidades de los indios tobas piden tierras otorgadas por el estado en 1924, sin que hasta hoy se les haga justicia.

En este marco de guerra de los indígenas por sus derechos, de los criollos y mestizos por los propios, estos últimos como los “piqueteros”, Argentina enfrenta una larga lista de reivindicaciones para un país donde la pobreza alcanza al 50% de la población.

Así se llegó al 12 de octubre, el día de la raza, muchos se preguntan ¿de qué raza hablan, de la raza blanca que los oprimió o de los pueblos oprimidos?

El contra festejo en Argentina ha llegado un poco tarde, pero nunca fuera de tiempo para reivindicar su pasado y reflotar la parte olvidada exprofeso de su historia. En Argentina hay más de dos millones de indígenas luego de un genocidio similar al que se realizó en América del Norte, quiere decir, que aunque se pretenda ocultar los indígenas eran una gran mayoría.

Pese a que han pasado 512 años desde el desembarco de Colón en América, los pueblos indígenas aún tienen mucho por reivindicar, desde el derecho a su autonomía, a su cultura e idioma y a sus tierras para poder así vivir dignamente.

El 12 de octubre tomó otro significado y las danzas tradicionales de los pueblos indígenas invadieron la plaza del Congreso en Buenos Aires, como un recordatorio que más de dos millones de ciudadanos no tienen todos sus derechos, y que ellos son una parte fundamental en nuestro continente.


adachary7@hotmail.com