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Asunto:NoticiasdelCeHu 1612/04 - Geografía moral
Fecha:Miercoles, 13 de Octubre, 2004  10:16:38 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

NCeHu 1612/04
 

Geografía moral

 

Pbro. Dr. Gabriel F. Bautista

Comisión de Defensa Ambiental y Ecología

del Arzobispado de Buenos Aires

 

I

Aproximación

 

Lo moral es una reflexión sobre el sistema de valores y bienes que los expresan, articulando la vida de una sociedad. En el caso de la geografía moral es una reflexión y toma de conciencia sobre el sistema de valores que articula a la sociedad en su relación con el territorio. Siguiendo la definición que daba Rey Balmaceda, la geografía es moral porque es el estudio de la tierra como morada del hombre. La morada es el modo en que una sociedad construye, desenvuelve y aspira utópicamente a realizar su vida en un país, una región, un lugar, una ciudad, un paraje. La utopía parece estar al final, pero en realidad está al principio porque es la causa final que informa todo el proceso de la actividad humana, cuyo sentido y significación es teleológico. La morada es la manera de relacionarse entre sí y relacionándose entre sí va construyendo su hogar. Saint-Exupery lo expresa poéticamente en Ciudadela y en el capítulo 21 de El Principito[1].

En general, tanto moral como ética pueden usarse como sinónimos. Sin embargo, lo moral tiende a ser más abarcativo. La ética supone una noción de límite, de lo que está bien y de lo que está mal, de lo que favorece a unos y perjudica a otros. La geografía moral es una reflexión sistemática sobre esto y sobre las consecuencias inmediatas y mediatas de los valores que informan la toma de decisiones. Esto está bien claro en la planificación regional, en las zonificaciones, en las excepciones a los códigos.

La palabra moral se usa en el sentido de filosofía moral, que abarcaba a la ética, la política y la economía –a lo cual podría añadirse la estética, si consideramos la belleza como bien social[2]. De este modo, el Adam Smith de La riqueza de las naciones era considerado un filósofo moral, lo mismo que el Juan B. Alberdi de El crimen de la guerra. ¿Significa esto de introducir una división más en el conjunto de saberes sobre lo social y lo natural? Parece que se trata más bien de enfatizar un aspecto de la geografía humana, siguiendo la clásica división entre la geografía que se ocupa más de lo social y la que se ocupa del aspecto físico. Estrictamente hablando, la geografía moral es una dimensión de la geografía que está desarrollando el diálogo con la ética, lo cual abarca además la ética profesional o deontología, la ética aplicada, la ética normativa, y la metaética. El énfasis está puesto de un modo consciente y sistemático.

Los geógrafos anarquistas desde Reclus y Kropotkin hasta Pattrick Geddes y Lewis Mumford también exploraron la moralidad –como construcción de la morada-  de la sociedad reflejada, por ejemplo, en la dialéctica campo-ciudad o urbano-rural. También lo hicieron los sociólogos, como Tonnies con su concepto de Gemeinschaft –comunidad- y Gessellschaft –sociedad. La geografía humana casi siempre se ocupó de problemas morales, es decir, de cómo los seres humanos, grupos sociales, razas, clases dominantes, género dominante, y culturas establecían su vínculo con el territorio y entre sí. Un paisaje, una ciudad, el campo, los parques nacionales, la localización industrial, el modo de ver y evaluar el desarrollo, la actividad económica, la articulación del territorio nacional, la planificación regional, la evaluación de impacto ambiental, son todas tareas morales, es decir que establecen un vínculo objetivo entre la construcción social del espacio y el sistema de valores que dicha construcción refleja.

También expresa una relación entre el sistema de valores que se puede leer en una ciudad, un sistema urbano, un paisaje rural, o la ocupación de un territorio y el sistema de valores al cual se aspira; la moralidad estaría indicando la distancia entre la utopía, la visión a la que se tiende y lo que realmente se está dando. En este punto hay que evitar la división tajante que instauró Hume entre metafísica y ética, entre lo que las cosas son y lo que deben ser. Una tarea por delante es la de ir restaurando la integración entre el ser y el obrar, sabiendo que el obrar sigue al ser y viceversa.  

Todo esto implica un alto grado de conciencia de los valores que configuran la construcción social del territorio. Además, implica un alto grado de conciencia con respecto a cómo se enseñan esos valores en el nivel primario, secundario y universitario; de qué manera se transmiten, por qué y para qué. La dimensión moral de la geografía también está en relación con su condición de formadora de conciencia social. Ya sea enseñando, ya sea planificando, en los despachos profesionales y en los gabinetes de investigación, la geografía siempre está en un plano moral. ¿Y qué hay con respecto a la geografía física? Aquí el aspecto de moralidad está dado por el modo de abordar el objeto de estudio y la responsabilidad que ello implica. Bachelard decía que cuanto mayor es la precisión en la ciencia –además, porque una medida significa un tupido desarrollo social previo- tanto mayor es la socialización[3].

 

II

El contexto actual

 

David Smith, geógrafo británico del Queen Mary College es el que se está ocupando de esto de un modo sistemático. También Robert Sack y Yi-Fu Tuan. Estos son los tres autores básicos por los cuales habría que empezar el estudio sistemático. Pero sin duda que esto de la moralidad ya estaba arraigado en el paso de una geografía cuantitativa a una geografía radical en la década del setenta. Harvey ocupa un lugar prominente en estos dos momentos con su trabajo positivista sobre la explicación en geografía y después con el trabajo sobre la justicia en la ciudad.

El texto más básico, por el momento, me parece que es el David Smith[4]. Al hablar de geografías morales en un mundo de diferencias aspira a cuestionar la universalización en un tono deconstructivista y a refrendar el multiculturalismo. No obstante, Smith revitaliza la ética del cuidado (care; que yo relaciono con la categoría heideggeriana Sorge; el ser humano está en el mundo abierto al mundo y es capaz de cuidado, en el sentido de ocuparse y preocuparse) y de lo comunitario. En el capítulo 1, Smith traza el recorrido de los valores morales en geografía.

            Sitúa los comienzos en la geografía radical de la década del setenta, con un trabajo suyo de 1971 y otro de Peet en 1977[5]. Menciona también la dimensión ética de los debates en torno a la cuestión del desarrollo y, más adelante, la de la sustentabilidad. Menciona a David Harvey y su Social Justice and the City, de 1973 y el aporte de la geografía humanista de Buttimer en 1974. En esta misma línea cita los trabajos de Yi-Fu Tuan como importantes en la apreciación de lo moral en geografía. Tuan vincula ya de un modo muy explícito el tradicional interés de la geografía por cómo una sociedad va forjando su lugar en el mundo con el sistema ético-moral de esa sociedad, por ejemplo, en Morality and Imagination[6]. La noción de paisaje es muy importante al respecto. Ya al comienzo de la década del noventa, la reflexión sobre los valores en geografía, dice Smith, aumentó en varias direcciones: geografía urbana, geografía radical, consideraciones sobre el espacio y la planificación. Es de destacar la serie sobre filosofía y geografía[7].

Se consolidan los estudios sobre racismo, género, globalización, marginalidad y exclusión. La apreciación por lo normativo se da en todo el campo de las ciencias sociales: antropología y economía, por ejemplo en Amartya Sen. Luego de destacar el trabajo de Sack, Homo Geographicus[8], Smith repasa también los sistemas éticos. Me parece importante, desde Latinoamérica, tener en cuenta los aportes de Enrique Dussel[9] y los trabajos que se vienen realizando en torno al desarrollo local, que invariablemente están considerando valores y decisiones éticas.

 

III

Mirando hacia delante

 

La interfase entre geografía y lo moral parece ser significativa en el mundo actual de pobreza, pauperización y acumulación de capital[10]. En mi tesis doctoral[11], tomando como categorías normativas intimidad y alienación con respecto al paisaje natural, rural y urbano, integro en un nivel de análisis mundial –siguiendo el concepto de frontera como proceso- y en tres ciclos temporales (1500-2000; 1800-2000; 1960-2000) la ética ambiental, la ecología política y la economía ecológica. Aplicado al caso de Argentina, considero la relación campo-ciudad tomando el proceso de sojización y el de la suburbanización de las elites en la región metropolitana. La filosofía moral tradicional consiste en la ética, la política y la economía. Es posible hablar de una geografía moral en un sentido superior porque en el ámbito de lo ecológico, de la morada que realizan los hombres en la tierra, la ética es también ética ambiental, la política es política ambiental y política ecológica y la economía es ambiental y ecológica, más allá de las diferencias conceptuales que el término ambiental y ecológico le asigna a cada una de ellas.

            Con respecto a la cuestión ambiental, Smith dice que

there is also the perennial geographical problem of scale. Should an environmentally caring communitarianism operate in a decentralized, local manner, along lines of bioregionalism, or should it (could it) be global? If it is to work in practice it must be contextual, attending to local and particular details of complex processes. But external and spatially extensive linkages must also be recognized. It is in addressing this kind of question that geographical analysis (human and physical) and environmental science must consort with ethics if actual problems are to be addressed and possibly solved[12].

                              

Debido al proceso de globalización y la erosión de las tradiciones culturales, la geografía moral puede atender tanto a lo global como a lo local al mismo tiempo. Yi-Fu Tuan lo enfatiza de este modo:

To perceive truly, which I take to mean the same as perceiving justly or morally, seems to call for the power of attending to both the particular and the universal. In our day-to-day affairs we are able to see well enough the detailed things at hand as well as their context, which is rarely large and does not have to be. If, however, we aspire to grow beyond our small world and its routines, what should we do? Is it better to attend to the things closest to us –family, friends, our own home- and move from such direct intimate experiences to the general and the universal, or is it better to start with a grasp of universal principles and values –with the distant, the grand, and the inspiring- and from that superior plane move down to concrete instances?[13]

 

Los paisajes naturales, rurales y urbanos están siendo redefinidos y resignificados por el actual modelo mundial. Ciudades globales y agronegocios sumados a políticas ambientales y de areas protegidas o desprotegidas resultan en una homogenización, exclusión y pérdida del vínculo con el lugar en el mundo al cual se pertenece, acentuando las rupturas de los entramados vitales que permiten la producción y reproducción de la existencia. Quizás más que nunca, dado que la morada corre riesgos de convertirse en tierra yerma (para traer a la memoria el poema de T.S. Elliot), se hace necesaria la participación democrática en decisiones de largo alcance y al mismo tiempo la dominación del capital tendrá que ser equilibrada por la globalización de la solidaridad, la movilidad migratoria y la ciudadanía global para transparentar la libertad de movimiento, no solo para los inversores y los turistas, sino también para los pobres. Esta participación local y global apoyada por la educación y la cultura proveerá la mejor base para seguir resistiendo.


 



[1] Isaacson también recopila la poética sobre la Argentina como morada tal como se expresa en poesía a través de cuatro siglos. Ver ISAACSON, José: Geografía lírica argentina. Cuatro siglos de poesía. XVII-XVIII-XIX-XX. Buenos Aires, Corregidor, 2003.

[2] De más está decir que esto no tiene que ver con lo cosmético ni con los cánones de lindo o feo que son generados por los manipuleos sociales y políticos de la imagen.

[3] BACHELARD, Gaston. La formation de l’esprit scientifique. París, Vrin, 1967. Op. cit. por GELTMAN, Pedro. Gastón Bachelard. La razón y lo imaginario. Buenos Aires, Almagesto, 1996: 19. 

[4] SMITH, David M.(2000): Moral Geographies. Ethics in a World of Difference. Edinburgh: Edinburgh University Press.

[5] SMITH, David M.(1971): Radical geography: the next revolution? Area, 3, 153-7. PEET, R.(1977): Radical Geography: Alternative Viewpoints on Contemporary Social Issues, London: Methuen.

[6] TUAN, Yi-Fu. Morality and Imagination. Paradoxes of progress. Madison, The Wisconsin University Press, 1989.

[7] LIGHT, Andrew y SMITH, J.M. eds. (1997): Space, Place, and Environmental Ethics: Philosophy and Geography I, London: Rowman & Littlefield.

[8] SACK, Robert D. Homo Geographicus. A Framework for Action, Awareness, and Moral Concern. Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1997.

[9] DUSSEL, E. (1998): Etica de la liberacion en la edad de la globalización y de la exclusión. Madrid: Trotta. Ver también del mismo autor Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres, Madrid, Trotta, 1997.

[10] AMIR, Samin (2003). World Poverty, Pauperization & Capital Accumulation. Monthly Review, Vol. 55, num. 5

[11] BAUTISTA, Gabriel F. (2003). Intimacy with the Natural World: a humanistic perspective. Durham, University of New Hampshire.

[12] Smith, op. cit.: 195. 

[13] Tuan, op. cit.: 177 in Smith, op. cit.: 20.