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Asunto:NoticiasdelCeHu 1534/04 - ¿Crecer o controlar la inflación? Brasil pondera las alternativas (Geraldo Samor)
Fecha:Miercoles, 29 de Septiembre, 2004  19:41:06 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

 

NCeHu 1534/04


 

¿Crecer o controlar la inflación? Brasil pondera las alternativas

Geraldo Samor
The Wall Street Journal


RÍO DE JANEIRO — La recuperación económica de Brasil ha revivido un viejo debate entre los políticos y economistas de ese país: ¿Deben concentrarse las autoridades en las medidas que promueven la estabilidad económica o en las que pueden impulsar un crecimiento económico más acelerado?

La economía brasileña creció a su nivel más vertiginoso en ocho años en el segundo trimestre de 2004, expandiéndose a un ritmo del 5,7%. A pesar de ello, no todos están satisfechos en Brasil. Desde los agitados sindicatos hasta algunos funcionarios públicos, muchos brasileños consideran que el gobierno sacrificará el crecimiento en aras de la ortodoxia económica.

Esos temores ponen de relieve el choque de opiniones que tiene lugar aun dentro del partido del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el Partido de los Trabajadores, así como la lucha del país sudamericano por implementar una mezcla de políticas que tengan como resultado un crecimiento económico a largo plazo, a diferencia de las series de expansiones y recesiones que con anterioridad la nación ha experimentado a menudo.

Las políticas económicas de Brasil, ampliamente aplaudidas por Wall Street, son ejecutadas por el grupo de los llamados halcones fiscales, es decir, los encargados de la toma de decisiones cuya prioridad es mantener la estabilidad de precios por encima de cualquier otra política.

A pesar de que se acercan las elecciones municipales, el Banco Central optó la semana pasada por elevar las tasas de interés, como reacción ante las nuevas señales inflacionarias, una medida impopular.

Muchos empresarios brasileños consideran que las tasas de interés ya son de por sí demasiado altas. Ciertamente, las reuniones del comité de política monetaria del Banco Central son tan anticipadas que el presidente Da Silva dijo hace poco en broma que algunos de sus compatriotas padecen de lo que llamó TPC, es decir, "tensión precomité".

El Banco Central no es el único que toma esta línea dura. El gobierno federal también se está sometiendo a una rigurosa dieta. La semana pasada, el Ministerio de Finanzas elevó su objetivo para el superávit primario de Brasil, que mide los ahorros del gobierno antes del pago de intereses de su deuda, de 4,25% a 4,5%. Ésta es la segunda vez que el gobierno de Da Silva aumenta su objetivo de manera voluntaria.

Hasta el momento, los halcones pueden decir que han tenido éxito. La economía generó 1,5 millones de empleos en agosto, mientras que las agencias de crédito han mejorado sus calificaciones de la deuda soberana del país.

Sin embargo, aunque las exportaciones van en aumento y los mercados financieros están reaccionando positivamente, el brasileño promedio aún gana alrededor de un 10% menos de lo que generaba en diciembre de 2002, un mes antes de que Da Silva, un ex dirigente sindical radical, subió al poder. Este fenómeno también está llevando a los trabajadores sindicalizados de los bancos brasileños a declararse en huelga en demanda de un aumento salarial.

Esta recuperación tan desigual ha alentado a un número creciente de voces, algunas incluso dentro del mismo gobierno, que afirman que la agenda de estabilidad está caduca.

Los que apoyan el cambio reconocen que la ortodoxia económica era esencial hace 18 meses, cuando el gobierno de izquierda recién electo necesitaba ganarse la confianza de los inversionistas.

Pero opinan que ha llegado el momento de que Brasil sea menos estricto con la inflación, y que debería invertir en infraestructura, como carreteras y puertos, a fin de eliminar los cuellos de botella de la economía.

Algunas voces ajenas al gobierno coinciden en esto.

"El crecimiento debería ser la principal prioridad para Brasil, no la inflación", dijo Walter Molano, jefe de investigación de BCP Securities, con sede en Greenwich, Connecticut, en una carta enviada recientemente a ciertos inversionistas. "Ya es hora de que Brasil cambie de rumbo, que deje de perseguir metas inflacionarias ridículas, y que se concentre en crecer".

El propio secretario de la Presidencia de Da Silva, José Dirceu, se perfila como vocero de una nueva agenda, reflejando lo que muchos, o la mayoría, de los miembros del Partido de los Trabajadores opinan. Dirceu, el miembro más poderoso del gabinete del presidente Da Silva, alterna la crítica a la política macroeconómica del gobierno federal, lo que pone frenéticos a los mercados financieros, con sus pronunciamientos en apoyo del ministro de Finanzas, Antonio Palocci.

El hecho de que Brasil esté debatiendo la calidad de sus políticas económicas es muestra de lo lejos que ha llegado esta nación durante la última década, cuando un plan económico introducido por la administración anterior consiguió frenar un nivel inflacionario anual de cuatro dígitos.

Además de proponer un aumento en el gasto público, lo que quieren los que propugnan la llamada nueva agenda para el crecimiento sigue siendo incierto.

Para algunos de ellos significa conseguir que los empresarios y trabajadores se sienten a negociar y acuerden concesiones de precios y salarios para que la inflación permanezca bajo control y que el Banco Central pueda reducir las tasas.

Por su parte, los defensores de la política económica actual consideran que los que abogan por la agenda para el crecimiento están totalmente errados.

Renato Fragelli, un profesor de la escuela de economía de la Fundaçao Getulio Vargas, dice que el crecimiento no va a ocurrir como resultado de reducir las tasas de interés de manera arbitraria, sino más bien de la puesta en práctica de una serie de reformas microeconómicas que el gobierno necesita emprender, como conseguir que los mercados crediticios y laborales se flexibilicen.


Fuente: www.wsj/com.Américas , 28 de septiembre de 2004.