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Asunto:NoticiasdelCeHu 1469/04 - Terrorismo geopolítico sobre Rusia (Maravili a Carrasco)
Fecha:Miercoles, 22 de Septiembre, 2004  20:34:37 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

NCeHu 1469/04

Los análisis de Alfredo Jalife-Rahme son habituales en NCeHu. Veamos en esa misma línea a una compatriota del columnista de La Jornada, Marvilia Carrasco

 

Terrorismo geopolítico sobre Rusia

La responsabilidad del ataque genocida apunta a los anglosajones, según el MSIa

Nuestra colaboradora Marivilia Carrasco nos ha dirigido un análisis elaborado por el Movimiento de Solidaridad Iberoamericana sobre el ataque genocida lanzado por terroristas chechenos y árabes contra un centro escolar ruso. Según el MSIa todo señala a los anglosajones como responsables.



 

Tropas rusas rescatando a niños osetas  de la masacre en la escuela en Beslan perpetrado por terroristas chechenos. - 48.7 KB

Tropas rusas rescatando a niños osetas de la masacre en la escuela en Beslan perpetrado por terroristas chechenos.
Foto Itar-Tass

La comparación ha sido inevitable. En las vísperas del tercer aniversario de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, la Federación Rusa enfrenta su «3 de septiembre», un mega-ataque terrorista planeado para provocar el máximo efecto de horror, no sólo en el país atacado, sino en todo el mundo. De la misma manera que en los ataques del 2001 es fundamental que la dinámica del llamado «terrorismo internacional» sea entendida en su propio contexto, el atribuido a radicales islámicos o de cualquier otro signo.

En realidad estamos presenciando un vasto reacomodo estratégico global, en el que el control y dominio de la región del Cáucaso-Asia Central y sus reservas energéticas juega un papel fundamental entre los participantes del ajedrez geopolítico y en el que el terrorismo raramente actúa como un factor independiente.

En el libro Terror contra el Estado nacional, publicado en diciembre de 2001 por el equipo editorial de esta Reseña Estratégica, los objetivos de los ataques del 11 de septiembre fueron descritos así:

(...) La operación (tiene) dos propósitos inmediatos. El primero sería producir una especie de «efecto Pearl Harbor», induciendo a pre-condiciones para justificar una operación geopolítica de gran escala, involucrando al Oriente Medio y la región de Asia Central donde Afganistán ocupa una posición estratégica. La idea básica sería provocar un «choque de civilizaciones», según la línea definida por ideólogos del Establishment, y promovida por los hermanos siameses del mal Zbigniew Brzezinski y Henry Kissinger. Con este enfoque. Se produciría una reacción en cadena de Occidente contra el mundo musulmán. En realidad sería una tentativa de reedición del «Gran Juego», tramado por el Imperio Británico en el siglo 19, para disputar con Rusia el dominio de Asia Central, siempre con Afganistán ocupando una posición destacada en el escenario estratégico.

En segundo lugar, los ataques proporcionarían el pretexto para el establecimiento de un régimen de «manejo de crisis» en la cúpula del Gobierno de Washington, en el que se destaca la implementación de una serie de restricciones a los derechos civiles, que podrían ampliarse para configurar una auténtica dictadura interna, que sería aceptada por una población en un estado de pánico inducido.

Ahora, la escalada de actos terroristas ocurrida en la Federación Rusa las últimas semanas, que culminó con las atrocidades de Beslán, en Osetia del Norte, se encuadra en el contexto de las acciones de Vladimir Putin, no solamente para reestablecer el control del Estado ruso sobre los recursos estratégicos del país, sino también su influencia entre los países de la extinta URSS, como parte de una estrategia para posicionar a Rusia como pivote de un amplio eje de cooperación euroasiática.

Entre las iniciativas de Putin que han incurrido en el desagrado de Occidente, se destaca su ofensiva contra los llamados «oligarcas» rusos, personificada en la acción judicial contra el controlador de la empresa petrolera Yukos, Mikhail Jodorkowsky

Todo esto fue explicado en el diario del Ministerio de Defensa ruso, Krasnaya Zvezda, por Mikhail Alexandrov, especialista del think-tank moscovita Instituto CIS. Según el analista «la situación en Osetia del Norte precisa ser vista en el contexto de la creciente batalla por el control del Transcáucaso entre Rusia y las potencias anglosajonas. Los anglosajones requieren expulsar a Rusia del Transcáucaso y, para hacer esto, precisan desestabilizar la situación en el norte del Cáucaso y en Rusia en general».

«Ahora condicionado por las restricciones externas del cargo de jefe de Estado, Putin apretó la misma tecla. En sus visitas al hospital de Beslán, la mañana del sábado 4, enfatizó que «uno de los objetivos de los ataques terroristas era sembrar un desencuentro entre las nacionalidades y hacer explotar el norte del Cáucaso».

Posteriormente en un comunicado a la nación afirmó: «Lo acontecido ahora es un crimen terrorista inhumano e inusitadamente cruel. No es un desafío al presidente, al parlamento o al Gobierno. Es un desafío a toda Rusia. A todo nuestro pueblo... Lo que enfrentamos ahora no son actos individuales de intimidación con ataques terroristas aislados. Lo que enfrentamos es una invasión directa a Rusia por el terror internacional».

La desestabilización de Rusia por la manipulación de tensiones políticas entre las poblaciones islámicas de las republicas de la Federación y de los países del Cáucaso-Asia Central está en la pauta de los círculos hegemónicos del eje Londres-Washington-Nueva York desde el tiempo del Gobierno de Jimmy Carter, en el que, bajo la inspiración del consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, y del orientalista británico Bernard Lewis (autor del conocido «arco de crisis»), la inteligencia anglo americana fue instrumento de la manipulación de los eventos que contribuyeron a propiciar la catastrófica invasión del ejercito soviética de Afganistán en 1979-89.

Vale recordar que Afganistán fue el «campo de entrenamiento» de las redes de guerrilleros mujahidin, organizada, financiada, entrenada y alimentada por los servicios de inteligencia de EU, Gran Bretaña y Pakistán, de donde provienen gran parte de los «terroristas islámicos» que ahora aterrorizan al mundo sobre la denominación genérica de Al-Qaida.

El proyecto hegemónico de los «neoconservadores» que dominan el Gobierno de George W. Bush y sus aliados en Londres no han hecho más que «actualizar» tales planes, como se desprende de documentos como el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano (PNAC, por sus siglas en inglés), o Rebuilding America’s Defences: Strategies, Forces and Resources for a New Century y (Reconstruyendo las Defensas Estadounidenses: Estrategias, Fuerzas y Recursos para un Nuevo Siglo).

El propio Brzezinski publicó en 1997 una actualización de sus ideas en el libro The Grand Chessboard: American Primacy and its Geostrategic Imperatives (El Gran tablero de Ajedrez: la Supremacía Estadounidense y sus Imperativos Geoestratégicos), en el cual afirma que el interés primario de EEUU como primera potencia verdaderamente global, es «asegurar que ninguna potencia rival llegue a controlar Eurasia».

Los acontecimientos en Rusia y en su entorno configuran una segunda, y más peligrosa fase de una estrategia de neutralización del país como actor global en el periodo post-URSS, en el que no puede descartarse la perspectiva de un conflicto generalizado, lo que dependerá, en gran medida, de la reacción de Putin y sus círculos y, también, según The Grand Chessboard: American Primacy and its Geostrategic Imperatives, del entendimiento de esa realidad en los demás países.

En conversación con Reseña Estratégica, un veterano insider de Washington hizo los siguientes comentarios útiles sobre los recientes ataques terroristas en Rusia:

Me parece que se puede asumir con seguridad que hay elementos externos involucrados en la acción terrorista en Ossétia del Norte, con los siguientes objetivos:

1) Provocar a Rusia para que lleve a cabo agresivas acciones contra terroristas, militares, diplomáticas correlacionadas, que debilitarán su todavía frágil alianza con Alemania y Francia, al mismo tiempo en que la acerca a una reconciliación con los Estados Unidos e Israel;

2) Preparar el terreno para acciones terroristas posteriores contra Rusia, si Moscú rechaza esa amenaza y oferta simultanea;

3) Al mismo tiempo, restaurar la alianza «atlanticista» contra Rusia, manipulando la reacción europea a las acciones rusas contra el terrorismo.

«El objetivo general busca debilitar tanto a Europa como a Rusia, lanzando a una contra la otra y reduciendo la capacidad de ambas de coordinar una resistencia efectiva a las operaciones estadounidenses y británicas en el Medio Oriente y en otros lugares».

Creo que ciertos estamentos en Rusia también ven eso como una buena oportunidad para reconstruir sus capacidades militares y estratégicas, movilizar a la población y debilitar la ofensiva de propaganda externa contra el país. Desde luego, no se puede descartar que estos sectores hayan apoyado, o por lo menos no estorbaron a los planes de los terroristas. Existen elementos -sobre todo los vinculados a los oligarcas-- dentro de Rusia que puedan cooperar con elementos externos para perpetuar una operación destinada a debilitar a debilitar a Rusia. A propósito, hay que observar los siguientes antecedentes:

1) La exigencia deliberadamente provocadora del canciller holandés (Bernard Bot), de que Rusia diera explicaciones (sobre el horrendo desenlace del ataque en Beslán), con el propósito claro de debilitar la cooperación ruso-europea, desatando un dimes y diretes por medio de la prensa, etcétera.

2) Los elogios a Putin de Israel y del campo «neoconservador», casi aislados, mientras la prensa y gobiernos del resto del mundo, se lanzaron contra Rusia. Por ejemplo, la maquinaria de Daniel Pipes en Filadelfia, el Foreing Policy Research Institute, salió inmediatamente con un fuerte apoyo a Putin, al mismo tiempo en que condenaba al New York Times por referirse a los chechenios como militantes, en lugar de terroristas.

Llama bastante la atención el hecho de que los ataques más fuertes a Rusia vengan de aquellas fuerzas en Europa que se opusieron vehemente a Bush por la guerra en Irak, como el Independent de Londres, Le Monde y otros. Eso refleja una ideología liberal y, también, el hecho de que uno de los eslabones más débiles de la conciliación ruso-europea es que algunos europeos, especialmente entre los liberales, quieren reducir a Rusia a la condición de una colonia surtidora de materias primas, o, por lo menos, un aliado subordinado cuyo poderío militar pueda ser usado por Europa para ampliar su dominio estratégico.

En consecuencia, la frágil cooperación entre Europa y Rusia puede ser resquebrajada por las tensiones de los hechos actuales (esa estrategia europea es análoga al apoyo europeo a los «rebeldes» en Colombia, Perú, México. Ellos se oponen a los Estados Unidos, pero son imperialistas a su manera).

Es importante agregar que esas fuerzas europeas son las que prefieren una victoria de (John Kerry). Los antecedentes de la denominada causa chechenia son los siguientes:

1) El Cáucaso fue dominado por Rusia luego de las Guerras Napoleónicas. Los británicos se opusieron a Rusia, apoyando la resistencia de las tribus chechenias, en la persona de David Urquhart, en la década de 1830 (más tarde, él sería el patrono del violentamente anti Ruso Karl Marx). Urquhart llegó al extremo de diseñar la primera bandera chechenia.

2) A lo largo del siglo XIX los británicos hicieron todo lo posible para unir a los chechenios y otras tribus musulmanas de la región a la oposición polaca y europea oriental a Rusia. Este es el origen de lo que más tarde ocurriría en el periodo post II Guerra Mundial.

3) (El Secretario de Estado de los Estados Unidos) John Foster Dulles, entre otros, también proclamaba que esa resistencia combinada oriental y caucásica sería un importante factor en la caída de la URSS. El estratega clave en eso, especialmente en el énfasis del papel que jugarían los chechenios, fue Alexander Benningsen, de La Sorbona, y su protegido de la época, Bernard Lewis, de quien Zbigniew Brzezinski sería más tarde un vocero. Benningsen escribió varios libros sobre eso, por ejemplo, Mystics and Commissars (Místicos y Comisarios) en el que lanzó la profecía de que los chechenios ayudarían a derrumbar a Moscú.

Ellos dirigían grupos como el Frente de Liberación del Norte del Cáucaso, y otros, proveyendo la infraestructura para fuera usada por la «insurgencia» chechenia, que irrumpió al final de la década de los 1980s. El control de Washington y de Londres sobre las acciones de los grupos chechenios no se puede ocultar.

Ajedrez político en el Medio Oriente

En el tablero geopolítico del Medio Oriente hubo nuevas jugadas que no redujeron para nada la elevada temperatura política de la región:

-  Irak: Las bajas de las fuerzas armadas de los Estados Unidos se aproximan al millar (al que hay que agregar otros siete millares de heridos). El factor nuevo aquí es el retorno de los británicos luciéndose en las tramas tras bastidores de antaño, como se vio en el oportuno «viaje por motivos de salud» a Londres del gran ayatola Ali al-Sistani, -la más alta autoridad chiíta del país-, quien regresó a Irak e inmediatamente realizó varias maniobras para poner fin a la crisis creada por la insurgencia de Moqtada al-Sadr en Najaf. Luego de dar una clase a sus colegas de la coalición -fundada en siglos de experiencia imperial-, es de esperar que los británicos actúen con desenvoltura en Irak, aunque las posibles consecuencias de los acontecimientos sean difíciles de prever.

Otra lección de eficacia fue la proporcionada por la diplomacia y los servicios de información de Francia, que, con una amplia movilización política en varios países árabes, lograron impedir la anunciada ejecución de los periodistas Christian Chesnot y Georges Malbrunot, capturados por un grupo de la resistencia iraquí hasta entonces desconocido. De manera significativa, varios observadores afirman que el grupo puede ser una operación tipo «bandera falsa» (false flag) de servicios de espionaje extranjeros, de los cuales los favoritos son la CIA, estadounidense, y el Mossad israelí.

-  Irán: El país sigue sufriendo el tiroteo verbal de Washington y de Tel Aviv en contra de su programa de energía atómica. El gobierno de George W. Bush, en particular, ha ejercido fuertes presiones sobre la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIFA) para que el programa nuclear iraní se lleve a la evaluación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde espera arrancarle sanciones contra Teherán. Por otro lado, el país recibió dos importantes respaldos: el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Joschka Fischer, afirmó que Irán tiene derecho a su programa nuclear con fines pacíficos; Moscú, por su parte, reafirmó la continuación de su colaboración en materia nuclear con Irán, con lo que recalca el carácter pacífico del programa iraní.

-  Siria: Damasco también esta sometida a fuertes presiones de parte de los Estados Unidos y de Israel. El Congreso de los Estados Unidos aprobó a finales de agosto la Ley de Responsabilidad de Siria que autoriza al gobierno a imponer sanciones al país usando varios pretextos: su respaldo al terrorismo, su presencia militar en Líbano, su cooperación con Irak e Irán y, finalmente la construcción de Armas de Destrucción de Masas (ADM). A su vez, las autoridades israelíes amenazaron con emprender actos militares contra Siria, como la posible venganza del ataque suicida de Hamas que mató a 16 personas en Ber-Sheba el 31 de agosto.

Ante la fuerte indignación internacional, principalmente de la Unión Europea, el jefe de los servicios de información militar de Israel, el general Aarón Ze’evi, tuvo que asegurar en público que la participación siria en el atentado no se había considerado.

-  Líbano: el jueves 2 septiembre, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó por el margen mínimo de votos la Resolución 1559, que advierte «contra la interferencia extranjera» en Líbano y pide la retirada de todas las tropas extranjeras. Sin embargo, el texto no menciona que el objetivo de la resolución es Siria, que mantiene a cerca de 20.000 militares en Líbano desde la década de 1980. La resolución, elaborada por presiones de los Estados Unidos con el respaldo de Francia, se destina a presionar al parlamento libanés para que no apruebe una enmienda constitucional que permitiría la reelección del presidente Emile Lahoud, de inclinaciones pro sirias (la enmienda fue aprobada horas después de la Resolución).

El canciller ruso, Sergei Lavrov, presente en Beirut, dijo a la prensa: «Como ustedes saben, nosotros y otros cinco países registramos nuestra objeción a dicha resolución. La posición de Rusia es de respeto a la soberanía de todos los países de la región y tiene el deseo de que cada uno de esos países vivan en paz y seguridad con sus vecinos». Además de Rusia, China, Brasil, Argelia, Pakistán y Filipinas se abstuvieron.

-  Rusia: Moscú vuelve a ser de nuevo un protagonista activo en la región. El canciller Sergei Lavrov acaba de hacer visitas a Siria, Líbano, Israel y Egipto, que resultaron, por ejemplo, en un acuerdo contra el terrorismo firmado con Israel y una futura visita del presidente sirio Bashar al Assad a Moscú. Asimismo, esta semana, el presidente Vladimir Putin debía visitar Turquía, pero el ataque terrorista de Beslán le obligó a posponer el viaje.

Marivilia Carrasco
Analista mexicana de asuntos internacionales. Directora de Reseña Internacional, órgano del Movimiento de Solidaridad Iberoamericana. Escribe además una columna fundamental en Voces del Periodista, órgano quincenal del Club de Periodistas de México.

Reseña Estratégica es elaborada por un equipo de analistas del Movimiento de Solidaridad Iberoamericana (MSIa). Publicación: Capax Dei Editora Ltda., Rua México, 31, s. 202, CEP 20031-144, Rio de Janeiro - Brasil, telefax 55-21-2532-4086; correo electrónico: ocomplo@terra.com.br, maricarr@prodigy.net.mx


Fuente: www.redvoltaire.net , 19 de septiembre de 2004.