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Asunto:NoticiasdelCeHu 1421/04 - América Latina : De polvos y lodos
Fecha:Jueves, 9 de Septiembre, 2004  11:48:43 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

 
 
NCeHu 1421/04
 

Los gobiernos y el PIB en América Latina

Hedelberto López Blanch

Resulta innegable que el aumento anual del Producto Interno Bruto (PIB) es un objetivo fundamental para que los gobiernos puedan resolver los múltiples gastos que se acarrean en los países y a la par tratar de solventar las necesidades de las poblaciones, ¿pero esa es la realidad que viven hoy numerosas naciones del llamado Tercer Mundo? Son muchos los factores que impiden dedicar parte del PIB a resolver los apremiantes problemas que presentan millones de personas en el mundo, las cuales se encuentran en la más absoluta desesperación sin que sus gobiernos les presten la ayuda necesaria. ¿Cuántos niños y niñas deambulan por las ciudades de América Latina donde con sus hambres a cuestas son presas fáciles del narcotráfico, la prostitución, el robo y de los comerciantes de órganos? ¿Cuántos millones de niños en edades escolares laboran en condiciones precarias, en fábricas clandestinas o autorizadas, poniendo diariamente en riesgo sus vidas para obtener un bocado de comida? Las cifras de hambrientos y personas en la miseria crece incontrolablemente en América Latina donde ya la cantidad se acerca a los 250 millones, mientras cientos de miles de campesinos se ven obligados a abandonar el campo y partir hacia las ciudades con el vano afán de buscar el anhelado sustento de sus familias. Bernardo Kliksberg, coordinador del área social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), informó que el 60 % de los niños en América Latina son pobres y se les puede encontrar por cantidades mendigando u ofreciendo golosinas en los semáforos o en las puertas de los restaurantes de Ciudad de México, Río de Janeiro, Bogotá, Managua, San Salvador y muchas otras.

En los últimos 20 años, con la aplicación de medidas neoliberales, 91 millones de personas entraron en las filas de los pobres en la región latinoamericana. La proliferación de esos sistemas motivó a que sus mismos promotores como el vicepresidente del Banco Mundial, David de Ferranti, reconociera que "América Latina y el Caribe es la región con el mayor nivel de desigualdad no solo en el ingreso, sino también en servicios como educación, salud y telefonía, que incluso superan a los de Europa del Este y gran parte de Asia". En los programas gubernamentales, (en los papeles) figura la lucha contra la pobreza, el analfabetismo y el desempleo, pero son muy pocos los que han tenido resultados positivos.

La corrupción ha corroído a numerosos gobiernos de la región cuyos presidentes y ministros se han enriquecido sin importarles la pobreza de sus coterráneos. Por citar algunos se pueden nombrar a los ex presidentes Carlos Saúl Menem, de Argentina; Arnoldo Alemán, de Nicaragua; Carlos Andrés Pérez, de Venezuela y Luis González Macchi, de Paraguay. Los enriquecimientos por corrupción van desde el robo al erario público hasta facilidades a compañías extranjeras para adquirir terrenos y fábricas, siempre y cuando otorguen abundantes regalías.

Otra cuestión que atenta contra la mejor utilización del PIB es la abultada deuda externa que tiene la mayoría de los países del área.

El PIB es el valor total de los artículos y servicios producidos en el país y sus datos reales se ajustan a las variaciones de precio y temporada.

Casi todos las naciones latinoamericanas deben dedicar anualmente entre un cuarto y un tercio de su Producto Interno Bruto a cancelar sus adeudos con los organismos financieros internacionales.

Dos ejemplos, tomados al azar, son los de Bolivia y Guatemala. El primero tuvo entre 1998 y 2002 un PIB promedio de 2,1 %, mientras el segundo, en el mismo período, creció 3,5 %. Ambos son dos empobrecidos países con altos índices de desempleo, subempleo y enormes dificultades sociales. Por tanto, detrás de las cifras de crecimiento se esconden desagradables problemas que no pueden ser remediados si no existe por parte de los gobiernos una política realista y a favor de los sectores más necesitados de la población. Las políticas neoliberales no resolverán las grandes dificultades de los habitantes latinoamericanos y por tanto ya se hace inminente la adopción de otros programas que ayuden a esta empobrecida región.



Se presenta estudio del Banco Mundial

Hambre en Argentina

Maximiliano Montenegro
Página 12


Uno de cada cinco hogares y 2,6 millones de niños padecieron de hambre



 

El 18 por ciento (casi uno de cada cinco) de los hogares que sufrieron hambre después de la devaluación son familias de clase media baja. Son unas 250 mil familias que no revistan en la categoría de pobres, según las estadísticas oficiales, pero que en el año posterior a la devaluación padecieron “una sensación desagradable o dolorosa causada por la falta de alimentos”.

A esa conclusión llega un estudio del Banco Mundial titulado “Hambre en Argentina” que, por primera vez, midió a través de una encuesta específica y de manera directa la tragedia de un país líder en la exportación de alimentos. De acuerdo con el mismo informe, “habría aproximadamente un total de 2,6 millones de niños en las áreas urbanas argentinas que han sufrido hambre” tras el derrumbe de la convertibilidad.

El documento del Banco Mundial, elaborado por los investigadores Ariel Fiszbein y Paula Inés Giovagnoli, explica que en Argentina no hay ninguna estadística oficial que mida de manera directa el hambre sino que se suele monitorear el fenómeno a través de indicadores indirectos (proporción de la población que se encuentra debajo de un nivel mínimo de consumo calórico diario, o proporción de niños menores de 5 años con bajo peso), los cuales se presentan en general desactualizados.

El informe apela a una definición internacionalmente aceptada del problema: “El hambre es una sensación desagradable o dolorosa causada por la falta de alimentos. Esta falta de alimentos viene provocada por la ingesta irregular e insuficiente de comidas dada la imposibilidad monetaria de adquirirla”, sostiene.

El organismo logró incluir en una de las encuesta de hogares que releva el Indec un módulo especial que permitiera “medir el hambre en los hogares argentinos así como también conocer los factores que se encuentran asociados con el mismo”. Por lo tanto, el relevamiento cubrió a las localidades de más de 2000 habitantes y fue representativo de los centros urbanos a nivel nacional. Las preguntas de la encuesta apuntaron a identificar hogares en los cuales algún miembro de la familia “sufrió hambre durante algún momento del año por no disponer de suficiente dinero para comprar alimentos”. Y en base a las respuestas del jefe de hogar, referidas a distintos grados de privación, se confeccionó el indicador del hambre (ver aparte).

Los resultados sobresalientes del estudio son los siguientes:

- El 17,5 por ciento de los hogares argentinos sufrió hambre después de la devaluación. Esto equivale a 1,4 millón de familias.

- Entre ellas, 450.000 hogares soportó “hambre severa”. Es decir, “hay evidencias de que el fenómeno se repite frecuentemente en el hogar”.

- Casi la mitad de los hogares que padece o padeció hambre fue clasificado como indigente (no compran una canasta básica de alimentos valuada en 330 pesos) y un 33 por ciento es pobre no indigente (no llegan a adquirir una canasta básica de bienes y servicios de 730 pesos mensuales).

- El 18 por ciento restante es “no pobre”. Es decir, hogares de clase media o media baja que en algún momento de la crisis atravesaron por una situación desconocida para ellos hasta ese momento.

- En otros términos: 242 mil familias pertenecientes a la parte media de la pirámide socioeconómica conocieron el drama del hambre tras la devaluación (ver aparte).

- El 24,7 por ciento de los hogares con niños presentes (uno de cada cuatro hogares con niños) fueron clasificados como hogares donde los menores sintieron hambre.

- La escasez de alimentos se acentúa cuando menor es la edad de los niños. Un 29 por ciento de los hogares con niños menores de 6 años (casi uno de cada tres) sufrieron hambre.

- “Habría aproximadamente un total de 2,6 millones de niños en las áreas urbanas argentinas que han sufrido hambre en algún momento del año siguiente a la devaluación”, asegura el estudio.

- El porcentaje de hogares con hambre es mayor en las familias más numerosas. Por ejemplo, en hogares compuestos por más de cuatro adultos la incidencia llega al 37,6 por ciento.

- En principio, jefes de familia más educados se asociarían con hogares donde el hambre es menor. Para los hogares con jefes con pocos estudios (primario incompleto) el estigma llega al 36,6 por ciento.

- En cambio, sólo el 12 por ciento de los hogares con jefe que completaron sus estudios secundarios vivieron esa desesperante realidad.

De los datos anteriores se extrae una serie de conclusiones importantes. Es evidente que existe una fuerte relación entre la pobreza y el hambre, lo cual “sugiere que en la Argentina el hambre es fundamentalmente un problema de falta de ingresos”, destaca el documento. Esta situación es la que habría llevado a una porción de familias de clase media baja a precipitarse transitoriamente en la pobreza, no pudiendo cubrir sus necesidades alimentarias más elementales. Sin embargo, advierte, “la capacidad de transformar ingresos en alimentos que eviten el hambre está asociada a ciertas características del hogar”. En particular, el nivel educativo del jefe de hogar es un factor que contribuye de manera significativa –más allá del nivel de ingreso familiar– a enfrentar el problema. El punto no es menor porque sugiere que para combatir el hambre es imprescindible: primero, una política de redistribución de ingresos focalizada en los hogares de bajos ingresos con niños, y segundo, asistencia educativa a dichos hogares para poder optimizar el rendimiento de sus ingresos.

Curiosamente, el estudio del Banco Mundial no menciona en ningún momento el impacto que puede haber tenido el plan jefes de hogar entre los sectores más pobres. Sólo menciona que el 28 por ciento de los hogares con jefes de hogar desocupados experimentaron hambre. No obstante, da a entender que ese subsidio de 150 pesos mensuales sería insuficiente para modificar la condición de los que peor la pasan. “Para igualar la probabilidad de sufrir hambre entre un hogar con educación primaria con las probabilidades de otro hogar idéntico pero con educación secundaria completa, debería realizarse una transferencia de ingresos (desde el Estado) de más de 300 pesos”, dice el informe.



 
 
Chile: La economía crece pero más aumenta el desempleo


Ernesto Carmona
ALAI. América Latina en movimiento



El índice de desempleo aumentó a 9,7% de la fuerza de trabajo -589.000 personas desocupadas- durante el trimestre mayo-julio 2004, informó el jueves el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). El indicador del INE exhibe más desempleo que el 9,6% del trimestre abril-junio 2004 y que el 9,1% del mismo trimestre mayo-julio 2003. En buenas cuentas, el aumento de 9,1% a 9,7% significa que la tasa de desempleo creció en 6,59% en el trimestre mayo-julio de 2004 en relación a igual trimestre de 2003. Fue el peor desempeño del indicador en los últimos tres años.

El desempleo en Chile aumenta de la mano con el crecimiento económico. La producción crece, aumentan las exportaciones, ingresa más dinero a la economía, pero la gente tiene cada vez menos trabajo. El informe trimestral sobre el empleo enfrió el entusiasmo levantado por el 5% de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) durante el año que terminó en junio difundido también en agosto por el Banco Central.

"Para no creerlo" La prensa minimizó la mala noticia. "Para no creerlo", afirmó el diario La Tercera, cuyo propietario -Alvaro Saieh- fue decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile en tiempos de la dictadura militar. Los medios relegaron la noticia a un discreto tercer o cuarto plano, al contrario de la algarabía levantada por el 5% de crecimiento económico.

Chile fue el primer país de América Latina que adoptó el llamado "neoliberalismo" como "nuevo" modelo neoconservador de sociedad, pero no lo eligió voluntariamente, sino que le fue impuesto a la fuerza por la dictadura -1973-1990-. La "transición" a la democracia iniciada hace 14 años aplicó la misma receta, quizás con mayor entusiasmo y mejores resultados macroeconómicos. La justicia acaba de levantar la inmunidad que Augusto Pinochet posee todavía como "ex presidente" para que sea juzgado por algunos de los crímenes de la Operación Cóndor, uno entre muchos episodios sanguinarios perpetrados para imponer el modelo de sociedad.

La gente común y corriente poco entiende de economía. Las críticas se presentan como "interesadas" o "políticas" en una prensa que sólo publica elogios e ignora opiniones distintas, sin que jamás haya acogido un debate serio sobre el modelo de sociedad. La mayoría de los economistas chilenos fue formada por profesores como Saieh y otros profetas de la Universidad de Chicago, interesados en crear una mentalidad instrumental al "nuevo" modelo. La prensa esta disponible sólo para la propaganda del recetario neoconservador consagrado como un dogma, no para criticar racionalmente al "modelo".

La pobreza en el modelo chileno

En Chile estaría desmoronándose el basamento "teórico" del dogma neoliberal. Por primera vez el ciudadano común comienza a desconfiar en que el crecimiento económico -que más bien le resulta ajeno- termine mágicamente con la pobreza. El país del Sur sirve de nuevo como conejillo de Indias, pero esta vez el cobayo tiene la apariencia del sepulturero.

También en este mes, el gobierno dio a conocer con optimismo "la derrota de la pobreza", que disminuyó desde un 20,6 a un 18,8% con respecto al año 2000, mientras la indigencia anotó un descenso desde 5,7 a 4,7%, es decir, habría 2 millones 907 mil personas en situación de pobreza, incluidas 728 mil en indigencia.

El economista Marco Kremerman, de la Fundación Terram, cuestionó la idoneidad del método de medición, alegando que "en estricto rigor, no tenemos un 18,8% de la población en situación de pobreza, sino que bajo una línea de pobreza estadística, relacionada con las pautas de consumo de 1986 y que se arroga el título de satisfacer las necesidades mínimas de las personas". La "línea de pobreza" corresponde a un ingreso mensual de $ 43.712 [unos 70 dólares] en un país en que el transporte urbano vale medio dólar. Es decir, un viaje diario de ida y vuelta consume casi la mitad de la "línea de pobreza". "¿Usted cree que alguien que recibe $45.000 [72 dólares] mensuales ha dejado de ser pobre?, preguntó Kremerman.

"Si vamos a contar a los pobres, contémoslos bien" -propuso el economista- "para que por lo menos se tenga una idea cercana a la realidad y a la cantidad de chilenos que la está pasando pésimo". Cree "que sería un mal negocio para el gobierno reconocer como pobres a un 60% de la población [8,5 millones] que, según la encuesta CASEN [el instrumento de medición], cuenta con menos de $100.000 [160 dólares] para sobrevivir", habida cuenta de los 589 mil desempleados que no tienen ningún ingreso.

¿Cuántos pobres hay en Chile?

Para Kremerman, el problema de fondo está en la desigual distribución del ingreso, una de las más regresivas del mundo. "Si observamos la evolución de la desigualdad desde 1990 hasta la fecha, podemos concluir que el problema sigue sin solución", dijo. La diferencia entre los ingresos del quintil [20%] más rico y el más pobre en 1992 era de 13,2 veces, "bastante menor a las 14,3 veces de la actual medición", dijo.

Para el especialista, la pobreza "en el último tiempo se ha acentuado a causa de un cóctel de políticas económicas a ultranza, que han propiciado la concentración de las riquezas, llenando los bolsillos de unos pocos. Por tanto, de no mediar cambios de carácter estructural y un nuevo consenso político, el leve mejoramiento de los indicadores en materia de distribución del ingreso detectado se convertiría en un mero impacto coyuntural en los ingresos de los sectores más acaudalados, siempre más expuestos a los vaivenes de la economía internacional de la que participan de manera monopólica".

"La vergonzosa desigualdad debería ser un insumo adicional para medir la pobreza", afirmó Kremerman. "Es necesario destacar que, si bien la línea de la pobreza da cuenta -aunque de una manera irreal- de la pobreza absoluta, la pésima distribución del ingreso revela la pobreza relativa, que es evidente en sociedades fragmentadas como la chilena, en donde abunda la exclusión y la inequidad. Gracias a ella los pobres se sienten aún más pobres", sostuvo.

El economista piensa que la precariedad del mercado laboral y "la pésima calidad de vida que la mayoría debe acatar para ser funcional al sistema", genera una pregunta todavía sin respuesta: "¿Cuántos pobres hay en Chile?"

Los pobres también aumentaron en Estados Unidos, el "modelo del modelo", por tercer año consecutivo. Según los datos que dio a conocer el jueves la Oficina del Censo, 1,3 millones de estadounidenses ingresaron a la pobreza durante el año 2003. Los pobres del país más rico del mundo son casi 36 millones, el 12,5% de la población. También aumentaron en 1,4 millones las personas que no tienen asistencia medica, que suman 45 millones, o el 15,6% de la población. Estos datos se dan a conocer anualmente en septiembre, pero este año fueron adelantados, probablemente para alejarlos de las elecciones de noviembre.

El efecto de la tasa de interés

"Hubo crecimiento económico, pero responde a factores externos en 80%", aseguró el profesor Hugo Fazio, presidente del Banco Central en el gobierno de Salvador Allende y director de Cenda, Centro de Estudios Nacionales del Desarrollo Alternativo. El economista lleva años advirtiendo que el modelo hace crecer al PIB con desempleo. Dijo que el mayor aporte nacional fue mantener bajas las tasas de interés, un reflejo de la política implantada en Estados Unidos por la Reserva Federal (Fed según su sigla en ingles), equivalente al banco central).

F. William Engdhal, autor de A century of war (Anglo-American Oil Politics and the New World Order), advirtió que tarde o temprano el país del Norte deberá cerrar el ciclo de las tasas bajas de interés, que por tres años consecutivos se mantuvieron en 1% -guarismo que no se producía desde 1958-, desde que la caída de la "burbuja punto.com" después del 11/9 hasta junio 2004. En agosto aumentaron de nuevo de 1,25 a 1,50% y en julio, las ventas de casas nuevas, que sostienen la nueva burbuja inmobiliaria como motor de la economía, descendieron en 6,4%.

El mercado estadounidense pide que las tasas se sinceren para contener el peligro de la inflación, pero la Fed las mantendrá frenadas hasta después de las elecciones de noviembre, cree Engdhal, a fin de postergar la debacle. Para salvaguardar la estabilidad del dólar, inexorablemente tendrá que explotar la burbuja económica generada por el crédito barato, sea cual fuere el gobierno que se elija . El efecto afectará a toda la economía mundial, con mayor énfasis en las naciones que exportan al mercado de EE.UU.

Los factores externos que ayudaron al crecimiento chileno fueron el aumento de la demanda y los mejores precios del cobre, pero las corporaciones transnacionales que explotan ese recurso natural en Chile no pagan impuestos ni regalías. Sólo la Corporación del Cobre (Codelco), la empresa del Estado que explota el 38% del metal le otorga beneficios al país. En el primer semestre 2004 tuvo excedentes por 1.540 millones de dólares, 662% más que los 202,1 millones de dólares logrados en igual período del año anterior, dando una idea sobre las ganancias que obtienen los privados extranjeros y nacionales que explotan este recurso natural.

Entonces, ¿qué creció?

El economista y senador demócrata cristiano Alejandro Foxley, que fue ministro de Economía, explica el crecimiento económico por televisión con un discurso propagandístico del modelo, como si estuviera dirigiéndose a sus alumnos de ingeniería comercial, en la óptica de Marcel Claud, director de la Fundación Oceana. Carlos Massad, que fue presidente del Banco Central, reconoce que el desempleo más la desigual distribución del ingreso conforman "el lado oscuro de la economía chilena" y que la solución reside en mejorar la educación, porque la demanda de empleo exige cada vez más obra de mano altamente calificada. "La distribución de los ingresos en Chile está entre las peores de América Latina", escribió el domingo en La Tercera.

Massad aseguró que "el 10% de ingresos más altos en nuestro país es más de 35 veces mayor que el ingreso promedio de quienes están en el 10% de ingresos más bajos", mientras que en el paradigma EE.UU. esta relación es de 10,4 veces. Añadió que "el capital humano", la fuerza de trabajo, o el "capital variable" como diría Carlos Marx, explica "más del 50% del crecimiento de nuestra economía en periodos de alta expansión, como 1975-1981 [bajo la dictadura] y 1995-1998" (bajo la "transición a la democracia").

El crecimiento con desempleo efectivamente es "para no creer", porque entre 1986-2003 por cada 3% de crecimiento del PIB el empleo aumentaba en 1%, según los datos que aporta Massad. Un ministro de Economía de Patricio Aylwin (1990-1994), el socialista Carlos Ominami, llamó "chorreo" a este efecto. Pero el crecimiento ya no gotea hacia los pobres, quizás por el uso intensivo de tecnología que desaloja para siempre al "capital humano" y restringe la capacidad de empleo del modelo.

Según Claud, la minería y la harina de pescado, dos rubros que utilizan cada vez menos fuerza de trabajo, son los principales responsables del aumento del PIB. El economista, que también tuvo un alto cargo en el Banco Central pero renunció, dijo que en Chile existe un 1% de grandes y mega empresas que controlan el 76,1% de las ventas y el 96,1% de las exportaciones pero sólo absorben el 10,1% del empleo. El 99% restante de las empresas son pequeñas y medianas que responden por el 89,9% de la mano de obra, el 23,9% de las ventas y apenas el 3,9 de las exportaciones.

La concentración de la riqueza en Chile es tan intensa que entre el 1% de todas las empresas del país -aquellas súper corporaciones que controlan el 96,1% de todas las exportaciones-, solamente 27 manejan el 50% de las ventas al exterior. Todo esto en un país que ya tiene un indicador de "flexibilidad laboral" de 4,6, el tercero después de Hong Kong y corea, cerca del 5,8 de EE.UU. y muy lejos del 11,4 de España o el 22,8 de Colombia. En resumen, la economía en Chile crece... en beneficio de muy pocos. Y ese crecimiento es frágil porque se basa en exportaciones de recursos naturales de poco o ningún valor agregado.


 
 
 
Famélica Colombia

Juan C. Morales

Pocas cosas existen que puedan superar en patetismo el cínico asombro de que hacen gala los poderosos. Especialmente cuando “descubren” que más allá de su mezquino horizonte se abre un piélago inmenso de miseria e injusticia en cuya génesis, juran ellos, nada tienen que ver.

Semejante estupor repugna más si quienes lo exhiben integran las burguesías locales del tercer mundo. Unas elites que son, en esencia, expertas saqueadoras, falsamente cultas, verídicamente antidemocráticas, y servilmente genuflexas a los intereses transnacionales.

Un ejemplo de lo dicho tuvo lugar el pasado 18 de agosto. En la emisión nocturna de Citynoticias (1), dicho informativo reveló al país su último “hallazgo”: una familia del sur bogotano que para poder engañar al hambre consume papel periódico con agua de panela (2).

Raudamente, todo el aparto mediático se dio a la tarea de instrumentalizar esa noticia en aras de incrementar la sintonía de sus televidentes, organizar recolectas (bastante publicitadas, por cierto) para auxiliar a la familia afectada, y versar superficialmente sobre la problemática del hambre en Colombia.

Al final la “opinión pública” quedó convencida de que el hambre es un fenómeno minoritario, circunstancial y superable con la caridad de unos pocos.

Empero, la realidad de esta calamidad en Colombia es un opaco sol que no puede ocultar el establecimiento ni con todos sus dedos juntos. Lo dicho por los medios es un pálido reflejo de la situación de pobreza del país y, especialmente, del hambre que cual incansable sombra persigue, asedia y aniquila, a gran parte de sus pobladores.

En ese sentido el hambre de Colombia, obviamente, se circunscribe dentro de un entorno multifacético de miseria que nos es necesario comentar.

CONTEXTO

Si alguien quisiera reconstruir la historia de la pobreza en la Colombia republicana, tendría que comenzar por remontarse al propio surgimiento de ella; justo al momento en que tras el triunfo de la gesta libertaria, el poder y el control del Estado quedaron en manos de una reducida minoría.

En efecto, usurpado el sueño de Bolívar, el común de la gente tuvo que asimilar el hecho de que semejante lucha diera apenas por resultado un cambio en los detentadores de la propiedad y la riqueza. Los excluidos de aquel tiempo fueron precisamente aquellos que como carne de cañón combatieron por una causa de la que se les despojó sin casi darse cuenta.

Luego, de colonia a neocolonia, nuestro país no pudo escapar del lugar periférico que le correspondió en un mundo donde el capitalismo se consolidaba día a día. Destino trágico compartido por la América Latina entera y la mayoría de la humanidad.

Desde entonces las elites de siempre se han encargado con relativo éxito de que ése sino continúe inalterable; como lo desearon y lo desean los poderes imperiales de ayer y de hoy.

En tiempo más reciente, por ejemplo, la oligarquía local se empeñó en arrojar al país a la vorágine neoliberal. Tal propósito que no cesa y que por el contrario se acelera desde hace dos años, profundizó las ya vergonzosas condiciones de pobreza y de inequidad de la nación colombiana.

Apoyado en el falaz argumento postmoderno (como mendaz es todo lo suyo) de un supuesto fin de la historia, al pueblo colombiano le fue “recetado” humillarse al dios del mercado. Una deidad que ni siquiera es autónoma, como quieren hacernos creer, sino que por el contrario es manipulada a través de finos hilos por unos poderes que trascienden nuestras fronteras.

¿Y cuál es el resultado de ese paraíso recuperado (que me perdone John Milton)?; veamos:

Si en 1991 el 10% de los colombianos más ricos se adueñaba del 52% de los ingresos, en el 2000 y tras una década de ofensiva neoliberal lo hacían con el 78.4% de los mismos. La concentración se ha dado de tal forma que el Coeficiente de Gini por personas pasó de 0.54 a 0.57 en los años referenciados (3).

Si procesamos algunos datos de la Contraloría General de la República (4), eso se traduce en que el número de pobres aumentó en forma dramática desde un 53.8% de la población total en 1991 (19.2 millones de personas) a un 64.3% en el 2003 (28 millones); es decir, casi 9 millones de nuevos colombianos depauperados.

Obviamente el impacto de semejante situación sobrepasa la frialdad de las cifras y afecta todas las esferas vitales que, en teoría, deberían otorgarle a cada persona la posibilidad de vivir dignamente.

Así, por ejemplo, el 16% de los colombianos y las colombianas entre los 5 y 17 años se les viola hoy el derecho a la educación. Por si fuera poco, aquellos que sí pueden acudir a un centro educativo (especialmente si proceden de los estratos bajos) están expuestos a recibir una formación mediocre dado el deliberado abandono y persecución estatal en contra de los maestros e instituciones del sector público (5).

De otra parte, 18.5 millones de colombianos (42% de la población) no están afiliados al Sistema General de Seguridad Social y, por ende, carecen de cualquier oportunidad de atención en salud (6). La población pobre que puede hacerlo a través del régimen subsidiado es implacablemente discriminada por el sistema médico-institucional, alejados de tratamientos y tecnologías “costosos y no rentables”, y constantemente víctima de iatrogenia.

Lo descrito en gran parte es consecuencia tanto de los preceptos neoliberales “sugeridos” por el FMI orientados a la privatización del sector público (educación, salud, telecomunicaciones, energético, etc.) y la disminución del gasto social, como del interés del actual gobierno (7) por desviar los recursos del país hacia el conflicto bélico al tiempo que prohija sospechosamente una “negociaciones de paz” con el narcoparamilitarismo que, desde hace tres años, se ha hecho con el control del 40% (aproximadamente 400 millones de USD) de los recursos destinados a las Administradoras del Régimen Subsidiado (8).

Respecto al problema de la vivienda, los modestos cálculos de Planeación Nacional señalan que existe un déficit superior a los 2.3 millones de techos. Fenómeno agravado últimamente por el desplazamiento forzoso de que son víctimas cientos de miles de colombianos.

La respuesta gubernamental a esa carencia no deja de ser vergonzosa. Mientras que por un lado se ha disparado la construcción de vivienda para las clases altas (gracias a la ampliación y benevolencia de los créditos para tales estratos) al tiempo que se sobrecondicionan y restringen los dados al resto de la población; por el otro, se propicia mediante un decreto de agosto del 2004 del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo, una política de hacinamiento legalizado de los colombianos con menores recursos. En efecto, desde esa entidad fue ordenada la reducción del área mínima para la construcción de “viviendas de interés social” a 35 m².

Entretanto, los puentes, parques y alcantarillas siguen siendo la única alternativa de abrigo de los que ni siquiera pueden soñar con estos reclusorios.

Frente a toda esta emergencia social ¿es posible que el ciudadano empobrecido sobreviva honradamente? La respuesta es bastante pesimista.

De hecho, gracias al modelo neoliberal Colombia perdió un millón de puestos de trabajo en el periodo 1998-2000, lo que acrecentó la tasa de desempleo abierto a un 21% y de trabajo informal a un 60% (9). Estos números desnudan la hipócrita soflama que el presidente lanza a los colombianos: “hay que trabajar, trabajar y trabajar”.

Por obvias razones los sectores sindicales han tratado, infructuosamente, de sostener la lucha en aras de conservar los derechos que los asisten recibiendo, en contraprestación, todo el rigor del terrorismo de estado. Así las cosas, entre 1995 y el 2002, 1925 sindicalistas fueron asesinados (aproximadamente uno cada dos días) principalmente por las fuerzas paraestatales (10).

Terrible futuro el de este pueblo lanzado así a la miseria. Y deleznables, por tanto, las demostraciones de asombro de los gobernantes en relación al hambre de la nación; otra carencia más que merece un mejor análisis.

LA VORAZ HAMBRE

Resultado necesario del contexto de pobreza ya descrito, Colombia se halla en una crítica situación de inseguridad alimentaria. Como ocurre con aquélla, hay irrebatibles determinantes estructurales en el hambre del país que impiden su erradicación con las publicitadas recolectas de los medios y, mucho menos, con papel periódico y agua de panela.

Tal despojo de los mínimos vitales para la sobrevivencia de la mayoría en favor de la oligarquía de siempre, fue acelerado, como ya se dijo, por la subordinación del país al modelo neoliberal.

La imposibilidad de tanta gente para acceder a alimentos suficientes y dignos, se ve agravada aún más por el problema del narcotráfico y la violencia generalizada. Una violencia que no sólo es política sino, también, social, cultural y económica.

Así las cosas, se calcula que en este momento el narcoparamilitarismo se ha apropiado de 6 millones de hectáreas de las mejores tierras del país (11), en un continuum que supera con creces los 4 y 5 millones que se calcula ya poseían hacia 1997 y 1998, respectivamente (12).

Dicho pillaje se explica por la necesidad de ampliar las áreas de cultivos ilícitos, reinvertir las ganancias producto del tráfico de estupefacientes, y saciar la vieja pretensión de “prestigio y poder asociada con la gran propiedad” (13) que tipifica la conducta de la tradicional oligarquía terrateniente y los barones de la droga.

Por supuesto, el saqueo ocurre a costa, principalmente, del pequeño campesino al que además de despojársele de la posibilidad de acceder a los alimentos que cultivaba, también le es sustraído los propios medios de producción (tierra, herramientas, simientes, animales). Eso sin contar que gracias a ese robo masivo, al trabajador agrícola se le hace prácticamente imposible hacer uso legal de lo único que le queda y puede vender para alimentarse: su fuerza de trabajo.

El mecanismo idóneo utilizado por el narcoparamilitarismo para cumplimentar sus propósitos es la masacre, la amenaza y el desplazamiento del campesinado en verdaderos ríos humanos (14). Aquellos que se salvan de la muerte, la mutilación o la defenestración, son absorbidos como mano de obra barata por lo grandes hacendados o como cultivadores de coca, amapola y marihuana.

Cabe resaltar que ante el abandono estatal del campo y la subestimación de la producción local de alimentos, el emplearse como recolector de coca por 25000 pesos/día (aproximadamente 10 USD) le brinda mayores posibilidades de sobrevivencia al trabajador rural y a su familia.

Esta situación, en términos generales, contrasta con aquella de los territorios donde la guerrilla tiene presencia; allí, al contrario de los controlados por el paramilitarismo, los cultivadores de plantas ilícitas son perseguidos con mayor crueldad y condenados, en ocasiones, a verdaderos regimenes de hambre (15).

Hay que resaltar, además, que el narcotráfico y la lucha contra él, han alterado los equilibrios ambientales que le daban sustento al sueño estratégico de una autosuficiencia nacional alimentaria. Valga como ejemplo de lo expresado que a pesar de los millones de litros de glifosato esparcidos, los cultivos ilícitos no cesan y, por el contrario, buscan nuevas zonas de ubicación a expensas de la destrucción de las selvas y territorios vírgenes del país.

Nadie debe extrañarse, entonces, que ante la conjunción de inequidad estructural, violencia política, represión estatal, latrocinio neoliberal y narcoparamilitarismo, Colombia sufra de hambre.

Las cifras y hechos por contundentes son escalofriantes. Y más graves de lo que la estulticia folicularia quiere hacer ver.

Según el Departamento Nacional de Estadística (DANE) (16), en el periodo 1981-2000 murieron anualmente por desnutrición un promedio de 1830 personas. Más del 70% de los decesos (año 2000) fueron en la población más vulnerable (menores de 4 y mayores de 70 años).

Ahora bien, al cotejar, procesar y analizar los últimos datos de la FAO (17), encontramos que el número de hambrientos en Colombia viene en franco ascenso: alrededor de 5.7 millones para el año 2000; es decir, 700000 más que en 1996 y a razón de un incremento en la desnutrición del 14% para igual periodo.

Teniendo en cuenta los mismos parámetros y variables se devela que el crecimiento del hambre colombiana es mayor de lo que ese fenómeno se ha manifestado en toda Suramérica, Asia y el Pacífico, …… y ¡la propia África Subsahariana! (1.9%, 1.7%, 2.9%; respectivamente). Es más, supera el promedio de todos los países subdesarrollados (2.3%).

Del total de nuevos hambrientos en el mundo atrasado entre 1996 y el 2000 (18.2 millones de personas), Colombia contribuyó con el 3.8% de ellos (¡!) o, lo que es lo mismo, 21 veces más que el incremento promedio general.

Ya en el ámbito local, el pueblo colombiano es otra oveja negra en el concierto suramericano. Mientras que el continente reducía, en igual lapso, el número total de hambrientos en casi 2 millones de personas, aquí lo incrementábamos a una media de 175000 por año. Esto quiere decir que de haberse mantenido esa tendencia, al día de hoy habría en el país no menos de 6.4 millones de hambrientos; cifra que infravalora la realidad presente en la medida que los dos últimos años han significado para Colombia, una catástrofe social sin parangón histórico alguno.

El problema se manifiesta con mayor agudeza en sus zonas más lejanas y marginadas, aun cuando los grandes centros urbanos no escapan al hambre. Tal es el caso, por solo citar uno, de la capital. Allí, el programa de la Alcaldía “Bogotá sin Hambre” intenta llevar alimentos a más de 860000 personas que son el 24% de la población pobre estimada para la ciudad, y el 15% de todos los colombianos hambrientos reportados por la FAO.

Este esfuerzo contrasta con la desidia del gobierno nacional. Más empeñado en la guerra, la profundización del modelo neoliberal, la integración al Tratado de Libre Comercio y sus propias ambiciones de poder, Uribe Vélez nunca ha considerado el combate del hambre como un objetivo fundamental de su gestión. A lo sumo, a través del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), promociona como proyecto bandera un programa denominado “Desayunos Escolares” que cuenta con pocos recursos y cobertura aunque lucra a una compañía de alimentos (Cooperativa Colanta Ltda.) que, al igual que la directora del ICBF, el presidente de la república y la mayoría de sus colaboradores, es de la región colombiana de Antioquia. Valga acotar que en varias zonas del territorio nacional dicho programa es controlado por los grupos narcoparamilitares, quienes administran a su conveniencia la distribución de esa “ayuda” al tiempo que, como ocurriera durante la campaña presidencial del 2000, hacen proselitismo político a favor del actual presidente (18).

Si según cálculos de la alcaldía de Bogotá el apoyo nutricional a cada niño le significa un promedio de 520 USD/año (cifra similar a lo que le costaba al jefe paramilitar Carlos Castaño la manutención de cada uno de sus hombres en el 2002) (19), ¿por qué no se acomete desde el Estado una suficiente ayuda alimentaria a los hambrientos del país? Supóngase que los 5.7 millones de colombianos desnutridos requirieran, para escapar de las garras del hambre, 1000 USD/persona/año. ¿No se podría con los 7558 millones de USD, inicialmente estimados para el Plan Colombia, haber alimentado a casi una vez y media aquella población?

¿Acaso con los 40 millones de dólares que costará el nuevo avión del presidente no se nutrirían 77000 de los niños peor afectados por el hambre?

¿Cuántos más deben morir para que la elite gobernante continúe impasible e impune en este malhadado país?

Tras haber descrito tan lúgubre, verídico y cotidiano panorama, no deja, repetimos, de repugnar el asombro de la oligarquía local ante la situación de hambre en Colombia. Todavía más la manipulación mediática de semejante “descubrimiento”.

No sobra recordarles (y la historia está llena de ejemplos) que por más cinismo y fingida ceguera, que por más políticas represivas sean adoptadas, que por más se entregue la soberanía y las riquezas nacionales a intereses y poderes extranjeros, el pueblo hambriento tiene un límite a su angustia. De cuando en cuando los famélicos del mundo convulsionan la historia.

Rememoren la Francia de finales del S. XVIII, la América Latina de principios del XIX, la Cuba de 1959, la Venezuela de hoy.

Mientras el tiempo siempre va hacia delante, su reloj, señores, no deja de marchar hacia atrás…..y la cuenta regresiva continúa.

* Investigador independiente

NOTAS Y FUENTES

(1) Pertenece al canal privado de televisión City T.V. que, junto con la Casa Editorial El Tiempo, son patrimonio de la acaudalada familia Santos. Dueña del periódico colombiano de mayor tiraje (El Tiempo), el clan de los Santos nunca ha sido ajeno al poder; de hecho, varios de sus miembros han sido o son “padres de la patria”: Eduardo Santos (presidente, 1938-1942); Juan Manuel Santos (ex ministro de hacienda), enemigo público número uno del proceso bolivariano en Venezuela; y Francisco Santos (actual vicepresidente de la república).

(2) Extracto de melaza solidificado en bloques y fácilmente diluible en agua. El agua de panela es una bebida de alto aporte energético pero poco valor nutricional muy consumida por las clases menos favorecidas.

(3) Fenómeno terriblemente escandaloso en el área rural (de 0.504 en 1991 a 0.552 en el 2000) si se le compara con las ya desapacibles cifras de las zonas urbanas (0.527 a 0.539). La desproporción se explica por el continuo despojo de que ha sido víctima el pequeño campesino por parte del narcoparamilitarismo y la oligarquía agraria tradicional, la cual, tiene fuertes nexos con la ultraderecha armada y un inveterado control sobre el poder del Estado. Para las cifras ver: Sarmiento Anzola, Libardo. Conflicto, intervención y economía política de la guerra. En: Estrada Álvarez, Jairo (editor). Plan Colombia. Ensayos críticos. Editorial Unibiblos. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. 2001. pp: 67-69.

(4) Citados por: Guevara Gil, Jacqueline; Hernández, Amilkar. Los grandes costos de la pobreza. En: El Tiempo. Bogotá. 8/VIII/04. Sección: 1, p: 8.

(5) La privatización de la enseñanza en Colombia es tan grave, que el 30% de los cupos de primaria, el 45% de secundaria y el 75% de los de educación superior, están en manos privadas. Ver: Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo. El embrujo autoritario. Primer año de gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Editorial Antropos Ltda. Bogotá. 2003. pp: 50, 55.

(6) Ibid. p: 64.

(7) Álvaro Uribe Vélez fue uno de los adalides de la Ley 100 de 1993; verdadero engendro que puso en manos privadas nacionales y transnacionales, la seguridad social de los colombianos. Hoy día y con desparpajo, el gobierno nacional “da de baja” hospitales, centros de salud y demás instituciones hospitalarias como si de “terroristas” se tratase.

(8) Cálculos realizados con base en datos suministrados por: El expediente secreto de las ARS. En: El Tiempo. Bogotá.27/VII/04. Sección: 1, p: 7.

(9) Ver: Sarmiento Anzola, Libardo. Op. cit. No. 3. p: 67; y, del mismo libro, Libreros Caicedo, Daniel. Nuevo modelo de dominación global. p: 98.

(10) Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo. Op. cit. No. 5. p: 154.

(11) Dato suministrado por el representante Gustavo Petro (28/VII/04) inmediatamente después de la comparecencia que, ante el Congreso Nacional y a instancias del gobierno, hicieran tres de los máximos jefes del narcoparamilitarismo.

(12) Romero, Marco Alberto. La nueva internacionalización del conflicto y los procesos de paz. En: Estrada Álvarez, Jairo. Op. cit. No. 3. p: 255 (infra).

(13) Reyes P., Alejandro. La compra de tierras por narcotraficantes. En: Análisis Político. Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. No. 22, mayo/agosto 1994. p: 5; y, del mismo autor, El narcofeudalismo armado. En: Estrategia Económica y Financiera. Bogotá. No. 242, agosto 31 1996. pp: 36-38.

(14) El desplazamiento forzoso por cuenta de la amenaza estatal y paraestatal se da sobre las poblaciones campesinas que habitan territorios considerados bajo dominio guerrillero. En términos globales, durante los últimos 13 años han sido arrojados de su tierra 3 millones de colombianos, lo cual, presupone el 12% del total de desplazados en el mundo (¡!). De aquellos, más de un 80% no asiste a un centro educativo y no tiene acceso a servicios de salud. En: Morales, Juan Carlos. Colombia: desplazamiento forzoso y refugiados de guerra. Atisbos a una calamidad. La Habana. Febrero 2003. (Inédito); y, Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo. Op. cit. No. 5. p: 126.

(15) En su desesperación por alimentar a su familia durante una semana, los campesinos llegan a cambiar 3 gramos de coca (de la que lograron esconder) por un par de botellas de leche y unos pocos plátanos. Ver: Bedoya Lima, Jineth. Hambre tras el “boom” de la coca. En: El Tiempo. Bogotá. 27/VIII/04. Sección: 1, p: 4.

(16) Citado en: 5.7 millones de colombianos se alimenta mal. En: El Tiempo. Bogotá. (Edición digital) 26/VIII/04.

(17) Los documentos base son los informes titulados El Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo, de los años 1999 (editado en 1999; pp: 29-30), 2000 (2000; 27-28), 2001 (2001; 51-52), 2002 (2002; 31-33) y 2003 (2003; 31-35); todos, impresos en Roma.

Es importante aclarar que comparto el criterio de muchos expertos en el sentido de que las estadísticas de la FAO subestiman la magnitud de la desnutrición en el mundo. Ello debido a inconsistencias metodológicas prácticas en la forma de evaluar el problema, la poca fiabilidad en los sistemas estadísticos-epidemiológicos nacionales, y a la intencionalidad política tras las cifras reportadas por los distintos países. Además, estas cifras no cuantifican los otros millones de colombianos que, sin ser catalogados como hambrientos, sufren de todo un espectro de carencias nutricionales (malnutrición) que limitan sus desempeños vitales.

(18) Esta denuncia también fue hecha ante el Congreso por el representante Petro durante el debate parlamentario acerca de la irresponsable política social del gobierno. Las intervenciones ministeriales así como la de éste y otros congresistas, fueron transmitidas en vivo y en directo por el Canal Institucional de la televisión colombiana durante el final de la tarde y la noche del 1/IX/04.

(19) Ver: Sector “para” pide cumbre. En: El Tiempo. Bogotá. 2/VII/02. Sección: 1, p: 8.


Fuente: www.rebelion.org .