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Asunto:NoticiasdelCeHu 1407/04 - De Puebla a la Patagonia (David Luhnow)
Fecha:Martes, 7 de Septiembre, 2004  21:55:07 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

 

NCeHu 1407/04

                                                                                           Más allá de los noventa

                                 

De Puebla a la Patagonia: la fatiga de las 'Reformas'

 


 

Los latinoamericanos, impacientes con los frutos de las reformas y el libre mercado

 David Luhnow
The Wall Street Journal,6/9/04


CIUDAD DE MÉXICO — Los mexicanos que no están de acuerdo con las políticas económicas al estilo estadounidense han recurrido últimamente a algunas tácticas poco usuales.

Recientemente, trabajadores de los servicios gubernamentales de salud que protestaban por posibles recortes a sus pensiones tiraron cabezas de cerdo a los edificios del gobierno. En julio, los agricultores opuestos al libre comercio sacrificaron una vaca en una de las principales avenidas de Ciudad de México.

Pero tan sorprendente como los métodos utilizados por los manifestantes es el número de los que participan en las protestas. En la última semana, México ha sido escenario de algunas de las mayores protestas desde fines de los años 80, manifestando tanto la creciente desilusión como la falta de crecimiento económico tras dos décadas de ambicioso cambio para abrir las fronteras al comercio y reducir el papel del gobierno en la economía.

Es un fenómeno que se repite de Puebla a Patagonia, a medida que un amplio movimiento antiglobalización compuesto de sindicatos, agricultores y grupos indígenas ha ido ganando fuerza política. La difundida impaciencia o la oposición directa a los programas de libre mercado amenaza con paralizar el avance de las privatizaciones en toda la región.

El 29 de agosto unas 300.000 personas tomaron las calles para apoyar al jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, un político de izquierda que disfruta de una significativa ventaja en las encuestas de cara a las elecciones presidenciales de 2006. Dos días después, 200.000 personas se manifestaban contra las recientes medidas implementadas por el presidente Vicente Fox que requieren que los nuevos trabajadores en la agencia de salud gubernamental paguen una mayor proporción del costo de su jubilación.

México aún no corre el riesgo de sucumbir a la inestabilidad política. Además, el mayor crecimiento económico previsto para este año en Brasil y México, las dos grandes economías de la región, podría apaciguar el descontento social. Pero lo que pasa aquí refleja la tendencia imperante en gran parte de Latinoamérica.

En Bolivia, expulsaron al presidente Gonzalo Sánchez de Losada de su cargo el año pasado. En lugares como Perú y Ecuador, el movimiento de protesta pende como una guillotina sobre gobiernos impopulares.

De momento, no ha afectado a México, dicen los analistas, porque Fox no ha sido capaz o no ha querido enfrentarse a los grupos de presión y sindicatos que formaban parte del sistema bajo el Partido Revolucionario Institucional, que controló el poder durante siete décadas. La modificación de las pensiones para los trabajadores de la salud podría indicar un cambio.

"Lo que estamos presenciando es algo que tarde o tremprano iba a surgir. Hemos tenido una democracia desde 2000, pero muchas de las reglas del juego siguen siendo las mismas que antes", dice Luis Rubio, director del Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CIDAC) en Ciudad de México.

Aunque hay un número limitado de grupos de protesta, sus reivindicaciones tienen eco entre la gente común. Muchos latinoamericanos sienten que los cambios económicos durante los años 80 y 90, como la venta de empresas estatales, no repercutió positivamente en sus vidas. Aunque los latinoamericanos todavía opinan que la economía de mercado es la más adecuada, sólo el 19% está satisfecho con la forma en que el mercado ha operado en sus países, según una encuesta reciente de la firma Latinobarómetro.

Pese a que ha aumentado el ingreso promedio, la pobreza ha empeorado en zonas de la región, creando la sensación de que los cambios ayudaron a los ricos, más que a los desposeídos. Pero muchos de los beneficios para los pobres respecto de los años 90, como el control de la inflación, son menos visibles.

Un ejemplo es el tema de la privatización. En muchos países la privatización mejoró la calidad y el acceso público a servicios como la electricidad. Un tercio de los bolivianos de áreas rurales tiene ahora servicio telefónico, comparado con menos de un cuarto hace sólo unos años, según datos del gobierno. En México, US$33.000 millones en ingresos por privatizaciones ayudaron a aumentar el gasto público a 9,5% del Producto Interno Bruto en 2000, comparado con el 6% en 1984, de acuerdo al gobierno.

Aun así, el sondeo de Latinobarómetro muestra que la privatización es el enemigo público número uno, y el 75% de los participantes dicen estar insatisfechos con la venta de las compañías estatales.

"Estudios recientes parecen ser razonablemente concluyentes en que la privatización fue positiva, pero no hay duda de que es menos popular. Es un pequeño rompecabezas", dice John Williamson, del Institute for International Economics en Washington, D.C.

En algunos casos, las privatizaciones se hicieron incorrectamente o fueron presa de la corrupción. Los gobiernos no regularon las nuevas compañías para asegurar que la competencia presionara los precios a la baja. En México, los consumidores obtienen una línea telefónica en cuestión de semanas, en comparación con la espera de dos años habitual a fines de los 80. Pero los detractores del antiguo monopolio estatal, Teléfonos de México SA, dicen que las tarifas de la compañía están entre las más caras del mundo, perjudicando a la pequeña empresa que intenta competir en una economía global.

Los beneficios de la privatización necesitan tiempo para expandirse entre la población y hacen falta años para notar la diferencia, dicen los economistas. Los costos de privatización son más visibles. Hasta 150.000 argentinos perdieron su trabajo durante la venta de compañías estatales en los años 80 y 90. Éstos forman ahora la base del movimiento de protesta piquetero de ese país.

"Puede que la privatización esté ganando la batalla económica, pero está perdiendo la guerra política", concluyó un informe reciente elaborado conjuntamente por dos influyentes grupos en Washington, el Center for Global Development y el Inter-American Dialogue.

En algunos casos, políticos como el presidente venezolano Hugo Chávez han avivado las sospechas existentes sobre el capitalismo. Recientemente, el líder argentino Néstor Kirchner dijo al director gerente del Fondo Monetario Internacional Rodrigo Rato, que "ni soñara" con que el país fuera a reservar más dinero para pagar su deuda internacional en mora.

En otros casos, la percepción pública limita el espacio para maniobrar de otros políticos como Fox. El presidente mexicano obtuvo su primer triunfo legislativo significativo en cuatro años con un proyecto de ley que intenta hacer frente a los problemas de efectivo del sistema estatal de pensiones.

Aunque la normativa limita las pensiones de los futuros empleados del sector de salud y no afecta a los ya existentes, la reacción no se hizo esperar. Los empleados del sector salud abandonaron el trabajo el miércoles durante el informe de gobierno anual de Fox. Pronto se les unió el sindicato de la empresa estatal de electricidad, que teme que Fox quiera privatizar el servicio.

Como resumía una protesta en una pared: "No a las privatizaciones. No a Fox. No a Bush".


Fuente: www.wsj/Américas.com .