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Asunto:NoticiasdelCeHu 1397/04 - El boom sojero ( I º y II º Parte) Osca r Ainsuain y Alejandro Hugolini
Fecha:Domingo, 5 de Septiembre, 2004  20:51:06 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

NCeHu 1397/04
 

Argentina
 
¿PANACEA NACIONAL O NUEVA FORMA DEL SAQUEO?
EL BOOM SOJERO (PARTE I)
Con la irrupción de la soja, se cierra un ciclo en que Argentina desarrollaba una amplia variedad de cultivos. Esta irrupción también afecta las fuertes producciones regionales y hortícola. Aunque con la posible siembra de maíz transgénico, se hable de un nuevo período de “diversificación”, todo indica que nos orientamos hacia el monocultivo.
Oscar Ainsuain - Alejandro Hugolini
 (CORRIENTE NACIONAL Y POPULAR DE TRABAJADORES DE PRENSA)
Con casi veinte millones de pobres y más de la cuarta parte de nuestra población viviendo en estado de indigencia, estamos recorriendo un camino inverso al de la Europa de posguerra, que apostó a la autosuficiencia alimentaria y estableció como
prioridad resolver el hambre de sus habitantes.

Nuestro rumbo actual es impuesto por una pequeña minoría que es la principal beneficiaria del boom sojero, sostenido por la alta tecnología, la concentración de la tierra y la riqueza, la degradación ambiental y la evasión impositiva.

Introducción


La soja es un cultivo de verano, fácilmente adaptable a distintos suelos y regímenes de lluvia.

En 1976, con la Dictadura militar instalada en el poder, se inicia un proceso de desindustrialización. En ese período la soja, impulsada por la creciente demanda mundial de aceite y de harina -su principal subproducto-, comenzó a sembrarse comercialmente. Fue así como en la región pampeana se produjo un impresionante incremento de la superficie cultivada.

A mediados de la década del 90 se consolidó el proceso de sojización. Con la desregulación que a partir de 1991 llevó adelante Domingo Cavallo, el INTA se vio obligado a informar su colección de germoplasma -la base genética de la especie- a las multinacionales productoras de semillas. De esta manera se entregaron los ricos secretos de la producción nacional. A partir de esto, el INTA, el organismo encargado de generar tecnología y llevarla a los chacareros a través de los agentes de extensión, se transformó en una figura decorativa al servicio de Monsanto y las grandes cerealeras como Cargill y Bunge. Al disolverse la Junta Nacional de Granos, que garantizaba el precio mínimo sostén en origen, estas empresas pasaron a ejercer el control de calidad y a manejar la exportación de los granos.

En 1996 Felipe Solá, Secretario de Agricultura del gobierno de Carlos Menem, autorizó la semilla de soja RR inventada por la multinacional estadounidense Monsanto. RR significa resistente al Roundup, marca comercial del herbicida total Glifosato, también desarrollado por Monsanto.

Además, en ese período, se impuso el sistema de labranza de siembra directa. Esta se hace con una moderna máquina y, a diferencia de la labranza tradicional, remueve un pequeño surco y deposita la semilla y el fertilizante. Este moderno sistema, que no da vuelta toda la tierra, deja siempre el suelo cubierto del rastrojo del cultivo anterior. De esta manera se impide la erosión producida por el viento y el agua.

Con la transformación de los métodos de siembra, se logró la reducción de costos hasta un treinta por ciento. Por un lado se usa menos gasoil y con la aparición del glifosato -mata todo vegetal menos la soja- se dejaron de usar otros herbicidas.

La siembra directa, la soja RR y el herbicida a base de glifosato fueron los pilares del proceso de sojización.

Consolidación del proceso de sojización

El proceso de sojización se ha consolidado de tal manera que en la cosecha 2002-2003, sobre un total de 70 millones de toneladas cosechadas, 35 fueron de soja. La soja y sus derivados -aceites y harinas- son escasamente consumidos en Argentina. Esto coloca a nuestro país en una situación complicada dado que el grueso de la producción agraria pasa a depender del mercado externo que no controlamos.

Está aún fresco en nuestra memoria el ejemplo de La Forestal. El emporio británico metió el ferrocarril en lo mas hondo del Chaco creando pueblos y fábricas para la extracción del tanino. Y cuando le fue más rentable la planta de mimosa en Africa abandonó el país. En unos años miles de desocupados y pueblos fantasmas reemplazaron el 'progreso' de los ingleses. Al país le quedó el daño ecológico y social, y a los británicos las ganancias extraordinarias del período en que se desarrolló la explotación.

Al igual que en el pasado, hoy el crecimiento del cultivo de soja dio lugar a la aparición en nuestra zona de una cantidad importante de aceiteras en las cercanías de los puertos del río Paraná. Ahora China e India -principales compradores de nuestros aceites de soja- han comenzado a arancelar este producto. Este ejemplo evidencia la precariedad del llamado 'complejo de la soja'. Su crecimiento se dio por las necesidades del mercado externo controlado por las grandes potencias y desligado del mercado interno.

La expansión de la soja afectó la producción del sorgo; las batatas, arvejas y lentejas; los montes frutales y las verduras. El crecimiento de las áreas sembradas es impresionante. Por ejemplo en Chaco, la soja ha desplazado al cultivo de algodón. Hasta hace dos años Argentina se autoabastecía y exportaba algodón y hoy ha pasado a importar la fibra de este cultivo. En Santiago del Estero, Salta y Tucumán se ha producido una avalancha de compras de tierras con montes. Estas estaban habitadas por pequeños productores en su mayoría criadores de chivos. Al drama de los campesinos desalojados hay que agregar que se voltean indiscriminadamente montes para sembrar soja contraviniendo las más elementales leyes de conservación de suelos. Estas tierras no soportarán una agricultura continua. El aumento del escurrimiento de agua desde estas zonas hacia Chaco y Santa Fe es apenas una muestra de lo que puede suceder. Estaríamos en presencia de un proceso de devastación, erosión y desertificación estructural de los suelos sometidos al sistema de siembra directa y cultivo de soja RR.

Objetivo del presente trabajo

En primer lugar, brindaremos información sobre el brutal proceso de concentración que está atravesando el campo argentino (un tercio de chacareros menos entre los censos agropecuarios de 1988 y 2001). También analizaremos el fenómeno de la irrupción de los pooles de siembra y el siempre polémico y muy poco abordado tema de la renta terrateniente.

En segundo lugar, evaluaremos el funcionamiento de los puertos y la millonaria evasión -triangulación, facturas truchas y especulación en la liquidación de divisas- llevada a cabo por los exportadores.

Por último daremos detalles de cómo funciona el sistema tributario en la provincia de Santa Fe.

El objetivo final de este documento de la Corriente Nacional y Popular de Trabajadores de Prensa, es ayudar a esclarecer ante el conjunto de la sociedad quienes se beneficiaron y quienes se benefician con el



 
CONCENTRACION DE LA TIERRA, RENTA TERRATENIENTE Y POOLES DE SIEMBRA
EL BOOM SOJERO (PARTE II)

El modelo feudal

En la América Hispana, con el dominio colonial se impuso una organización de tipo feudal. Esto se dio con la particularidad jurídica de que el Rey de España era el señor de estas tierras y los pobladores sus vasallos.

Para hacer posible su dominio -se trataba de un extenso territorio y una inmensa población indígena- el rey subrogó sus 'derechos' a través de las encomiendas a los indios y las mercedes de las tierras.

Con la merced o gracia real comenzó un proceso de apropiación de grandes extensiones territoriales -el latifundio colonial-, sobre el cual se asentó la existencia y desarrollo de la clase feudal local.

En nuestro territorio, el poder de esta clase se fue consolidando con las sucesivas 'campañas' de fines del siglo XIX -destacándose la Campaña del Desierto de Julio Roca-, que culminaron primero con la apropiación de las tierras de Buenos Aires y La Pampa y luego con las del sur del país que aún estaban en manos de los pueblos originarios.

La concentración de la tierra

En Argentina la concentración de tierras es impresionante. Según datos del Censo Agropecuario 2001, los 936 terratenientes más poderosos tienen 35.515.000 hectáreas, y en el otro extremo 137.021 agricultores poseen solamente 2.288.000.
Benetton (900 mil), Cresud (460 mil), Bunge (260 mil), Amalia Lacroze de Fortabat (220 mil) poseen 2 millones de hectáreas, una superficie similar al territorio de Bélgica. También tienen importantes extensiones los Bemberg con 143.000 hectáreas, Whertein -presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y la Cámara de Comercio Argentino China- con 98.000 y la familia Blaquier con 45.000. De las 35 familias tradicionales que en el censo del año 1913 concentraban la mayor parte de las tierras, 30 siguen siendo grandes propietarios. Se destacan los Anchorena con 40.000 hectáreas y los Gómez Alzaga con 60 mil.

En Santa Fe la situación es similar. Los 17 principales terratenientes son propietarios de 617.000 hectáreas y los 6.133 chacareros mas pequeños tienen 158.000. El ejemplo de Santa Cruz es por demás de elocuente. Sobre 19.841.000 hectáreas, los 269 terratenientes mas importantes poseen 11.490.000.

Es un dato relevante que casi 17 millones de nuestras mejores tierras estén en manos de capitales extranjeros. De concretarse la privatización del Banco Nación y Provincia de Buenos Aires -el Ministerio de Economía está seleccionando a los interesados en auditar la banca pública- esta cifra se incrementará notablemente, debido a que hay 12 millones de hectáreas hipotecadas en esas entidades. Recientemente Douglas Thompkins -muchos lo vinculan con la NSA (Agencia de seguridad Nacional de EEUU)- adquirió cerca de 200.000 hectáreas en los Esteros del Iberá de Corrientes, una reserva estratégica de agua.

Los planes económicos aplicados en distintos períodos de nuestra historia -como sucedió en los 90'- han contribuido no sólo a mantener sino a profundizar el proceso de concentración de tierras. A tal punto es así, que tomando como base las EAP de mas de 5000 hectáreas, tenemos que en el censo agropecuario de 1913 5300 terratenientes eran dueños del 48 % de las tierras, y en el censo 2001 algo más de 6000 terratenientes son propietarios de casi el 50 % de las tierras.

Lejos quedó el avance parcial en la redistribución de la tierra, logrado con la sanción de la Ley 13.246. En 1948, en Alcorta, catorce mil productores agropecuarios, en una histórica concentración, saludaron la decisión del gobierno de Perón de promulgar esa ley, que entre otros beneficios establecía la duración de los arriendos en cinco años, con opción a tres años más. Simultáneamente el Banco Nación otorgaba una línea de créditos blandos para la adquisición de campos. Esto posibilitó que miles de chacareros accedieran a la propiedad de la tierra.

Lamentablemente hoy observamos que se está volviendo a una concentración similar a la de principios de siglo.

División real de tierras o maniobras para evadir

Para Eduardo Basualdo -economista de FLACSO (Federación Latino Americana de Ciencias Sociales)- los estudios del Censo 2001 'concluyeron que los resultados obtenidos son relativos y que había una concentración muy superior a la esperada'.

El economista sostiene que hasta 1996 el buen precio internacional de los granos mantenía alto el valor de los campos. Pero a partir de ese momento comenzó un ciclo de bajos precios que provocó una nueva vuelta de tuerca sobre la situación de los pequeños y medianos productores. Estos, apretados por los bancos, en muchos casos vendieron sus propiedades hasta por un 30 % menos de su valor real. De esta manera comenzó una tendencia hacia una mayor concentración.

Pero además Basualdo explica que por razones impositivas -para evadir impuesto inmobiliario- los terratenientes comenzaron a dividir las tierras. La familia Whertein, por ejemplo, tiene sus campos a nombre de 40 sociedades distintas. Pero tomando en cuenta las unidades territoriales, aún cuando figuren a nombre de distintas sociedades, se llega a la conclusión que Whertein tiene 98.000 hectáreas. Estos datos no están contemplados en los resultados del censo. De acuerdo a lo expuesto por Basualdo, es probable que las conclusiones del Censo 2001 no sean correctas y la concentración sea aún mayor.

A pesar de las leyes de herencia o el propio desarrollo del capitalismo, hoy -como ha sucedido a lo largo de la historia- el latifundio se mantiene incólume en el campo argentino.

La renta terrateniente

Con la irrupción de la soja, se abrió la posibilidad de hacer el doble cultivo trigo-soja en un año. Aprovechando esta situación, muchos contratistas lograron obtener significativas ganancias. Pero rápidamente los grandes propietarios se adueñaron del proceso de sojización. Primero establecieron la modalidad de contratos cortos a seis meses o un año. Luego impusieron el sistema de quintales fijos por hectárea y más tarde el pago por adelantado. De esta manera lograron evitar los riesgos de las contingencias climáticas y además usufructuaron los intereses del arriendo adelantado.

Con la reciente suba de los precios internacionales, los grandes latifundistas son los principales beneficiarios. A favor de los altos precios internacionales, los 'arriendos' que se pagan en la región pampeana van del 40 al 50 % de lo cosechado. En las tierras más fértiles se abona 16 quintales fijos de soja por hectárea lo que equivale a más de 1000 pesos por cada una.

Según datos del INTA y otras instituciones estatales y privadas que publica el Instituto Agrario de Asistencia Jurídica y Contable del Distrito VI de Federación Agraria Argentina 'el 75 % de la producción de granos es realizada por arrendatarios'.

Basándose en datos oficiales, el Instituto publica los resultados de la campaña 2002-2003 de los cuatro cultivos: soja, trigo, maíz y girasol. Las cifras dan cuenta de que se sembraron 24.416.000 hectáreas, con una producción de 66.100.000 toneladas por un valor de 33.544,5 millones de pesos. De este total, el 75 % -21.158,4 millones de pesos-, es producido por contratistas. Si estos pagan a los propietarios como mínimo el 40 % de la cosecha se arriba a la siguiente conclusión: los dueños de la tierra reciben la friolera de 10.063,5 millones de pesos sólo por el mero hecho de poseer los títulos.

Los pooles de siembra

A diferencia de los agricultores que buscan agregar a sus campos parcelas de tierra a fin de lograr una superficie mínima para poder sobrevivir, en los últimos años han aparecido empresas que arriendan decenas de miles de hectáreas en forma individual o en asociaciones. Son conocidas con el nombre de pooles de siembra. Nos referimos a El Tejar o grupos como el de Gustavo Grobocopatel -que se autodenomina irónicamente un 'sin tierra'- que arrienda 173.000 hectáreas. Estas empresas contratan productores que por un lado no pueden comprar campos y por el otro están en manifiesta desventaja frente a los pooles para poder arrendar. Su gran poder económico les permite sembrar 'científicamente'. Disponen de datos históricos del comportamiento climático, y le agregan la información obtenida de distintos sistemas satelitales. De esta manera arriendan campos poniéndose al resguardo de las calamidades climáticas. Compran en grandes cantidades, explotan el trabajo de los contratistas y usan sus maquinarias, lo que les ha
permitido abaratar notablemente los costos. Al igual que en el caso de los terratenientes estas empresas se benefician notablemente con el boom sojero.


Fuente: www.argenpress.info .