Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 4016 al 4035 
AsuntoAutor
1362/04 - INUNDACI Centro H
1361/04 - PROGRAMA Centro H
1360/04 - Argentin Centro H
1359/04 - Entrevi Centro H
1367/04 - Entrevi Centro H
1366/04 - Tendrían Centro H
1365/04 - Globaliz Centro H
1364/04 - PROGRAMA Centro H
1368/04 - BUENOS D Centro H
1369/04 - ADIÓS A Centro H
1363/04 - EL ELEV Centro H
1370/04 - Reestru Centro H
1370/04 - PROGRAMA Centro H
1371/04 - Comodoro Centro H
1372/04 - Las cifr Centro H
1373/04 - XVII - E Centro H
1374/04 - Cátedra Centro H
1375/04 - 92º Cong Centro H
1376/04 - Checheni Centro H
1377/04 - V° JORN Centro H
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 4237     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 1359/04 - Entrevista a Alain Musset
Fecha:Miercoles, 1 de Septiembre, 2004  09:11:44 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

NCeHu 1359/04
 
 
ENTREVISTA: ALAIN MUSSET, GEOGRAFO

"Ni la globalización ni Internet acabaron con las fronteras"


 
 
La interdependencia mundial, la comunicación por la Red y los grupos separatistas intentan arrasar con los límites. Pero el poder sigue localizado en territorios concretos y no virtuales
 

Claudio Martyniuk


 
Siempre se vinculó al poder imperial con la acumulación de grandes territorios. ¿Esta idea está aún vigente?

—Sí, no ha caducado. Cuando se habla de globalización se dice que ya las fronteras no tienen sentido, o que no existen, pero no es así. Las fronteras todavía existen, pero han cambiado su sentido, porque ya no son fronteras de imperios y ahora hay reivindicaciones territoriales por parte de grupos étnicos y nacionales. Que quede claro: ni la globalización ni Internet acabaron con las fronteras. Se podría decir que hay una recomposición de los territorios a partir de nuevas identidades que van en busca de un territorio. Pero aunque trabajemos con otras escalas, las fronteras existen, por supuesto, y por eso, por ejemplo, Rusia quiere conservar la mayor parte de su poder sobre el territorio de la ex Unión Soviética. Las fronteras existen con otras características. Dentro de las ciudades hay nuevas fronteras que se establecen entre los diferentes grupos sociales y étnicos. Yo trabajé sobre las ciudades de los Estados Unidos, donde hay barrios de blancos, sajones y protestantes, y también barrios negros y chinos, y ahora, desde los años 70, barrios latinos: estos territorios corresponden a las identidades de los grupos y sus búsquedas de identificación.

  • Esas fronteras trazadas por identidades, ¿están fragmentando a los Estados-nación?

    —Efectivamente, hay una fragmentación de los antiguos Estados nacionales, que responden a la vieja idea europea del siglo XIX de que a cada nación le corresponde su Estado y que cada nación busca sus fronteras. Por la actual fragmentación, los diferentes grupos separatistas están buscando un Estado-nación. Es algo que no ocurre en América latina, donde se da otro proceso.

  • ¿De qué tipo?

    —Cuando se fragmenta el imperio español, los nuevos Estados heredaron las antiguas fronteras coloniales de audiencias, gobernaciones y virreinatos. Existían fronteras, y el viejo sueño de Bolívar era la abolición de todas ellas por una patria grande, pero lo que pasó es que las elites de los diferentes Estados incipientes estaban influidas por las ideas europeas sobre el modelo del Estado-nación. Entonces, esas fronteras buscaron naciones, cuando en Europa teníamos naciones que buscaban fronteras.

  • ¿Cómo explicar la persistencia de estas fronteras artificiales?

    —Todas las fronteras son artificiales, pero se mantienen porque la gente se siente identificada con ese modelo impuesto.

  • Hace poco, un asesor de Putin dijo que Rusia ocupa el 11,2% del territorio mundial, tiene el 2,3% de la población mundial y produce el 1,1% del PBI mundial. Esta es una brecha entre masa territorial e irrelevancia económica. El historiador Paul Kennedy estima que mantener el territorio de Siberia fue una carga perjudicial para la Unión Soviética, que erosionó su poder económico.

    —Yo creo que es un caso especial. La Unión Soviética necesitaba esta masa continental para expresar su poderío sobre todos los estados que estaban alrededor. Y, efectivamente, para la Rusia actual esos territorios pueden ser una carga, pero tiene que conservarlos porque es la prueba de que todavía es un país potente.

  • ¿Aún es importante el dominio del territorio y del mar?

    —Antes se diferenciaban las potencias que podían controlar los mares, como Inglaterra y Estados Unidos, de las potencias territoriales como Rusia o Alemania. Hoy en día ya no se puede hablar de la misma forma. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los Estados no abandonan sus herencias imperiales. Francia, por ejemplo, mantiene sus islas en el Caribe y en el Pacífico no sólo para controlar el espacio, sino también los recursos potenciales que existen en el fondo del mar. El fondo del mar es una nueva frontera, pero ya no en el sentido de línea de un borde sino de espacio de conquista y aprovechamiento. Esto explica la necesidad de tener unos puntos que puedan controlar parte del territorio marítimo. Voy a dar un ejemplo: hace tres años Nicaragua y Honduras estuvieron a punto de declararse la guerra por el control de la plataforma continental, donde hay grandes posibilidades de encontrar yacimientos petrolíferos. Claro que detrás de todo esto está el poder económico que juega un papel decisivo, porque no son las compañías nicaragüenses las que pueden hacer esas investigaciones sino las grandes compañías internacionales. Estamos otra vez en el mundo de la globalización, pero ésta se expresa en territorios que son reales. No hay imaginación, no hay mundo virtual: la realidad está localizada.

  • Un caso similar es el de las islas Malvinas.

    —Por supuesto. El conflicto es, en buena medida, por el control de las riquezas de los subsuelos marinos.

  • ¿Pero no es paradójico que el espacio más relevante en los tiempos de la globalización sea el espacio virtual, un espacio que trasciende las fronteras?

    —Sí, efectivamente no hay fronteras en el espacio de Internet, y sí que es un problema para los geógrafos. Hay estudios que se están haciendo para tratar de ver cómo se organiza, porque detrás del espacio virtual siempre hay territorios. Es importante saber que de las direcciones electrónicas se ocupa un organismo norteamericano, que las chequea en todo el sistema mundial de correo electrónico. Y cuando se declaró la guerra a Irak, ese organismo borró de la red mundial todas las direcciones con la terminación relativa a Irak. Así que momentáneamente ellos fueron privados del acceso al mundo virtual. Aunque se diga lo contrario, las fronteras todavía existen, porque ahora todo depende de los que pueden controlar este mundo virtual.

  • Usted pertenece a una disciplina científica cuya historia ha estado directamente relacionada a la conquista de continentes como América y África. ¿Cuál es el incentivo que mueve a la geografía en la actualidad?

    —Hasta el siglo XIX y principios del XX, la geografía era la ciencia de la descripción de la Tierra. Hoy se trata de entender la relación entre sociedades y territorios. Es decir que pasamos del espacio al territorio, y el territorio es visto como el espacio apropiado por los diferentes grupos humanos que expresan su identidad a través de la remodelación, por ejemplo, del medio ambiente. La perspectiva actual de la geografía es una problematización de las relaciones del hombre con el entorno natural. Por ejemplo, la geografía urbana debe explicar el tremendo crecimiento de las ciudades en los últimos cincuenta años, sin olvidar que lo que vemos ahora es la herencia de varios siglos de cambios. Y por eso me parece tan importante que haya una relación estrecha entre historia, por una parte, y geografía por el otro. A fines del siglo XIX, Elisée Reclus, un gran geógrafo francés, dijo que la historia no es sino la geografía en el tiempo, y la geografía no es sino la historia en el espacio.

  • Durante siglos, los mapas se hicieron observando el horizonte. Ahora existen fotografías satelitales. ¿Qué cambios produce esto?

    —Efectivamente, primero con las fotografías aéreas —ver desde arriba es algo muy importante—, y ahora con el satélite y con los nuevos sistemas que nos permiten ver la evolución de los territorios hora a hora —porque a cada hora cambian y lo podemos constatar—, cambió la geografía, y ya no se trata únicamente de los viejos mapas de Estado Mayor, como se los llamaba antes.

  • En la Argentina los mapas están todavía en manos del Instituto Geográfico Militar.

    —En Francia era el ejército el que realizaba el trabajo de cartografía. Hoy en día ya es una organización civil, el Instituto Geográfico Nacional, que sigue siendo muy importante para el Estado francés, pues el control del territorio pasa también por los mapas. Hoy podemos hacer mapas temáticos que evolucionan y que dan diferentes opciones de interpretación del territorio. Por ejemplo, hay mapas que se hacen para toda Europa con una resolución muy fina para medir la evolución de los territorios urbanos. Podemos también hacer mapas de la contaminación ambiental.

  • ¿La cartografía sigue siendo un instrumento de poder?

    —Cada vez más, pero cada vez menos en manos de los hombres políticos, porque es un instrumento tan complicado que al fin y al cabo, el poder se concentra en los científicos, que pueden manejar los instrumentos.


    Fuente: diario Clarín, de Buenos Aires, Argentina; suplemento Zona, 29 de agosto de 2004.