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Asunto:NoticiasdelCeHu 373/02 - Apelando a la Geografía
Fecha:Domingo, 21 de Julio, 2002  17:05:22 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 373/02
 
Apelando a la Geografía
 
A FONDO: FRANCOIS BOURGUIGNON, ECONOMISTA

"Hay elites responsables de la pobreza de sus países"


Todas las razones del subdesarrollo. De la misma manera que no hay recetas infalibles para que un país crezca, tampoco son de un solo tipo los motivos por los que se estanca. Existen razones económicas, sociales, políticas e incluso geográficas que obturan las salidas, y por eso mismo los organismos internacionales suelen tener dificultades para recomendar los pasos correctos.

Oscar Raúl Cardoso


 

 

Así reflexiona el economista francés Francois Bourguignon, que se doctoró en las universidades de Orleans y Western Ontario y enseña en la de París VI. Director de la "Revista de Economía" del Banco Mundial, Bourguignon vino a Buenos Aires invitado por la revista "3 Puntos" y la Embajada de Francia.

Usted tiene experiencia personal con las instituciones que derivan de los acuerdos de Bretton Woods, el FMI y el Banco Mundial. Se alude a ellas como "instituciones hermanas", pero en los últimos años las diferencias entre sus enfoques son más que notorias. ¿Están el FMI y el BM en curso de colisión política?

—Yo soy en primer lugar un profesor universitario, que enseña economía en la Universidad de París. Soy consultor del Banco Mundial y estoy a cargo de la "Revista de Economía" del Banco, que es un órgano más bien académico. Mi visión del BM y del FMI es desde el interior pero, paradójicamente, bastante externa.

· Pero aun si no fuera usted parte del Banco Mundial, estaría en condiciones de evaluar una polémica que es pública como lo están probando con sus críticas al FMI figuras como Joseph Stiglitz, Premio Nobel y ex vicepresidente del BM.

—Lo que quiero decir es que yo no estoy verdaderamente al tanto de la parte operativa cotidiana. Y debo acotar que la persona que me llevó al Banco, a dirigir esa revista, fue Joe Stiglitz. Claro, conozco bastante bien los términos de la polémica. El problema de estos organismos internacionales y sus roles se centra en situaciones como la de Argentina hoy en día y las crisis que la han precedido. Es cierto que el tipo de crisis que conocemos ahora ha cambiado con respecto del pasado. Y es totalmente cierto que está bajo observación sobre todo el Fondo Monetario, que dentro de esos organismos tiene la tarea de intervenir primero. Es un poco el bombero en los incendios.

· ¿Sólo bombero o policía a la vez?

—Bombero y policía, seguro. Sólo cuando esos incendios están controlados aparecen los bancos en escena. El Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Asiático, el Banco Mundial llegan, pero muchas veces para encargarse de proyectos colaterales. Lo cierto es que la naturaleza de las crisis ha cambiado y que el FMI se encontró en los 90 en una posición en la que las viejas recetas no servían más, pero estaban en las reglas operativas de la institución. El FMI es realmente como el bombero; tiene una lista de cosas para hacer, y esos bomberos siguen con la lista aunque la naturaleza de los incendios haya cambiado.

· Asistimos a un incendio que estalló en Asia en el 97 y aún sigue vivo en algunas zonas del mundo. ¿Qué dice eso del bombero?

—El Fondo reaccionó bastante bien y bastante rápido. Se dieron cuenta de que exigir que esos países redujeran el gasto público cuando la situación presupuestaria era totalmente limpia no tiene sentido. Y en enero de 98, dijeron: "Olvídense de lo que hemos dicho." Aprendieron, pero al mismo tiempo uno no puede decir que es una nueva regla no exigir que los países arreglen su gasto público, porque mañana puede haber una crisis en Africa y hay que volver a las viejas reglas.

· Insisto, el incendio continúa quemando —en el 98 fue Rusia, en el 99 Brasil y ahora la Argentina— economía y vidas. ¿Dónde están las lecciones aprendidas? ¿Dónde se ven, en el comercio internacional, con el proteccionismo de los más ricos por ejemplo?

—Creo que es claro que hay una necesidad de que el tipo de intervención cambie y que haya más inteligencia en la manera de intervenir. Todos estamos de acuerdo en que el Banco Mundial está diciendo desde hace mucho tiempo que lo que se necesita para el desarrollo de los más pobres es la apertura de los mercados de los países desarrollados y es obvio que las decisiones recientes del presidente George W. Bush en temas como el acero o la agricultura van en contra de eso. Como la política agrícola común de Europa. Ahora, si miramos la posición del Fondo con respecto a este tipo de debate, vemos algo totalmente distinto porque el Fondo no se preocupa por problemas estructurales de largo plazo. Ellos están allá como los contadores: "esta es su cuenta, usted ahora está en rojo. Eso no se puede, y si está en rojo tenemos que hacer algunas cosas". Cuando aparece ese tipo de situación, el Fondo tiene que intervenir muy rápidamente para equilibrar la situación a corto plazo. No se preocupa del largo plazo. Desde este punto de vista, creo que no hay contradicción. Hay una especialización de estos organismos, con algunos mirando más a largo plazo y otros, más a corto plazo. El problema es que suele no decirse que el corto plazo está condicionando el largo plazo.

· Los países más pobres se sienten hoy como roedores del laboratorio donde el FMI, el Banco Mundial y otros siguen intentando resolver el problema. ¿No hay cierta desaprensión en esto?

—La pregunta que usted está haciendo es si sabemos cómo se puede desarrollar un país. Y la respuesta es que conocemos un cierto número de condiciones necesarias para que un país se desarrolle. Y éstas son tener una práctica macroeconómica más o menos sana; tener una economía que sea razonablemente abierta al resto del mundo; invertir en ciertas infraestructuras, en educación y, suponiendo que todo eso se haga, el problema es que, en muchos casos, no resulta suficiente. Y si los funcionarios del Banco Mundial y esos organismos conocieran las condiciones suficientes, entonces no tendríamos el problema de Africa. Pero hay que aceptar que para esa gente, la comunidad internacional, los intelectuales, los economistas en general —no solamente los del Banco Mundial— hay algo que no entendemos. No podemos decirle a un país: si usted quiere desarrollarse, entonces hay que hacer esto, esto y esto, en ese orden. Estamos descubriendo que todo está ligado, que un país no se puede desarrollar con instituciones que son demasiado viejas. Entonces uno dice: "Cambiemos las instituciones". Pero no se cambian así nomás. Pasa algo parecido a lo que ocurre cuando los historiadores estudian el nacimiento del capitalismo y el desarrollo económico en el siglo XVI en Holanda. Hay muchas hipótesis sobre cómo se dio todo eso. Hay quienes dicen que es porque existió el Renacimiento en Italia en el Quattrocento... Pero no conocemos la respuesta con seguridad y estamos en esa situación con varios países en el mundo. Estamos muy, muy preocupados por lo que está pasando en Africa, pero no tenemos respuestas claras. Uno no puede descartar la idea de que el desarrollo económico mundial es un proceso geográfico. Y desde ese punto de vista uno puede muy bien pensar que Africa no está en el mapa del desarrollo mundial: no está muy cerca de un polo central de desarrollo y por eso va a tener muchas dificultades para integrarse.

· ¿Darwinianismo social y también geográfico ahora? ¿Hay sociedades condenadas al éxito y otras al fracaso?

—No es lo que quiero decir sobre Africa. A lo mejor existe algo de eso en algunos casos. Pero lo que me parece más notable cuando uno mira la historia de Africa es que un día en el pasado llegaron colonos porque había que explotar recursos naturales en esos países. Llegaron, crearon puertos porque había que exportar; con los puertos crearon un mínimo de infraestructura y finalmente las ciudades; después vino la independencia política. Al mismo tiempo, los recursos naturales perdieron valor, el mercado mundial no se cerró, pero se redujo y esos países no se encuentran ni con todo el mercado, ni con las posibilidades que tenían antes los colonos. ¿Qué está pasando en esa situación? Nada; como no tienen otros nexos con la economía mundial simplemente fueron excluidos del proceso. Y cuando ese tipo de fenómeno se da dentro de un país, ¿qué pasa? La gente se va, vende todo. Y no hay ningún problema para ir a la ciudad o a otra provincia, porque es dentro de una comunidad nacional. Eso no puede pasar con los países. No hay ninguna libertad de movimiento de la población. Y ése es el problema clave; cuando estamos hablando de la mundialización hay problemas económicos, pero también políticos y humanos. Y si queremos resolverlos, tenemos que hacer progresos en esa dirección y la economía per se quizás no va a ser suficiente. No quiero decir que hay países condenados al no desarrollo. Espero que encontremos algo para ellos.

· ¿Cree que si no hay una condena taxativa al subdesarrollo, al menos algunos países parecen cerca de ese abominable lugar?

—Sí, parecen cerca, porque para sus recursos naturales los mercados se agotaron; porque no pueden imaginar cómo los inversores extranjeros van a ir allá a producir bienes si no tienen la infraestructura, la mano de obra calificada que se necesita. ¿Qué puede hacer esa gente? Hay realmente un problema muy serio y creo que uno no puede echarle la culpa al Banco Mundial o al FMI cuando dicen: "No sabemos cómo funciona esto".

· Vengamos hacia América latina. Para los organismos internacionales de crédito, en los años 40, 50 y 60 la democracia no era una preocupación, algo que cambia a fines de los años 70. América latina conoció entonces lo que se llamó el Consenso de Washington y que ahora se identifica con una determinada visión ideológica, el neoliberalismo. Democracia y mercado iban a ir juntos, se decía. Ahora algunos críticos sostienen que el mercado tendrá que sacrificar a la democracia. ¿Es así?

—No estoy seguro de que la relación entre democracia y economía —los mercados— sea tan directa. Y sobre todo no estoy seguro de que la relación sea negativa como usted parece sugerir. Prefiero tener una visión más bien histórica. El proceso hacia la democratización es muy largo. Hay elites en todos los países —incluyendo a los más desarrollados y teóricamente los más democráticos— que tratan de controlar ese proceso, para su propio beneficio. Se puede muy bien tener un país, una sociedad en la cual el presidente se elige por sufragio universal, pero no por eso su economía es democrática. Simplemente porque pasa muchas veces que los votos de algunas partes de la población no tienen el mismo peso que los votos de otras. Y creo que hay que ver los problemas económicos, los sociales y los políticos en esos términos, sopesando cuánta economía política hay detrás de ellos. Pero, al mismo tiempo uno dice: ¿qué tipo de recomendación podemos dar? Porque si uno toma ese tipo de actitud no hay recomendación, simplemente uno no puede decirle a la elite de un país que se suicide porque si se suicida va a permitir que se imponga una democracia verdadera. Lo que quiero decir es que hay elites que son responsables de la pobreza de su país. Y me parece que en muchos países estamos en un proceso de estas características.

· La llamada teoría del capitalismo periférico que se elaboró en la CEPAL durante los años de liderazgo intelectual de Raúl Prebisch sostenía precisamente lo que usted parece negar: que si hay contradicción entre democracia y economía, pierde la democracia. ¿Esta es también una visión histórica?

—Oponer a Prebisch y el capitalismo periférico de los años 50 o 60 a lo que está pasando ahora no parece el mejor modo de entender. Estoy totalmente convencido de que las sociedades latinoamericanas no son las mismas hoy que hace 30 o 40 años, pero no estoy convencido de que hayamos pasado a sociedades totalmente democráticas. Está muy claro que no. Y muchas veces es más difícil entender lo que está pasando porque la actuación de la clase dirigente, de la clase poseedora, de la elite no es transparente. No se ve muy bien quién está manipulando a quién. Y cuando las cosas se vuelven más oscuras todavía es cuando todo eso se está mezclando con la globalización y con el hecho de que en cualquier país hay gente que dice: "Es muy importante tener la apertura al resto del mundo, tener mercados libres, entre comillas, porque son eficientes". Generalmente, atrás de esos planteos hay intereses de una cierta clase de gente, y eso es lo que está pasando. Ahora, el problema es saber si eso quiere decir que no hay nada que hacer y que hay que dejar libradas a esas sociedades a semejantes rumbos. Yo creo que no.


Fuente: Diario Clarín, Buenos Aires, del 21 de julio de 2002; pp. 24 y 25.