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Asunto:NoticiasdelCeHu 1308/04 - Entre la integración y el conflicto ( Socie dad Geográfica de Lima )
Fecha:Viernes, 20 de Agosto, 2004  12:43:13 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

NCeHu 1308/04

 

Sociedad Geográfica de Lima

Al servicio de la Nación desde el 22 de febrero de 1888
Jr. Puno N° 450 - Lima 1, Teléfono: 427-3723, Fax: 426-9930

Notas Profesionales de Opinión y Ciencia N° 98

 

Entre la Integración y el Conflicto

 

Alan Fairlie Reinoso*

 Agosto de 2004

 

Mientras en Lima, los parlamentarios se peleaban las comisiones, las denuncias de los escándalos de turno continuaban, los lobbies y las empresas extranjeras seguían activos, algunos acontecimientos de dimensión histórica se producían en el sur.

 

La visita del Presidente Boliviano culminó con la firma de  documentos que manifestaban la intención de exportar el gas por puertos peruanos, en el contexto del anuncio de un acuerdo de integración en el grado máximo que dos países pueden establecer. Días después, los Presidentes de Perú, Brasil y Bolivia inauguraban un puente fronterizo (Bolivia-Brasil), y ponían la primera piedra de otro(Brasil-Perú).

 

Ambos acontecimientos pueden tener dimensión histórica. El primero, si efectivamente se consolida un espacio de integración entre el sur peruano y el occidente boliviano, en base a una alianza energética estratégica, la articulación espacial de nuestros territorios, y un afianzamiento geopolítico central. Por supuesto, esto supone que el Estado boliviano haga efectivo el ofrecimiento, y no sea utilizado como una táctica y arma de negociación con Chile, para que este país mejore su oferta una vez que terminen sus elecciones municipales de octubre.

 

El segundo acto es igualmente importante. Permite retomar en términos concretos la anunciada alianza estratégica con Brasil, que se enfrió por las concesiones del gobierno en función de un TLC con EE.UU. Esto incluyó el gravísimo error del retiro del G-20, que tiene cada vez mayor protagonismo en las negociaciones internacionales. Si se concretan las promesas presidenciales de continuar articulando la infraestructura correspondiente, se crearán las condiciones para el establecimiento de corredores bioceánicos.

 

La respuesta chilena en ambos casos ha sido agresiva y belicista, en momentos que se suscribían acuerdos de integración. Primero, propició la visita del Canciller Ecuatoriano y un pronunciamiento sobre un tema estrictamente bilateral con el Perú. Luego, se hacían maniobras militares en Iquique en “juegos de guerra” donde se identificaban dos enemigos, que claramente eran Perú y Bolivia. Esto, oportunamente fue respondido por la Fuerza Aérea Peruana en Tacna.

 

La furia chilena no es sólo porque necesita gas y agua, que justamente tienen Perú y Bolivia. También es por la clara demanda peruana de negociar la delimitación de la frontera marítima. Las críticas a nuestra Cancillería han sido injustas (además referidas a la oportunidad y la forma), y debilita lo que debe ser un sólido frente interno cohesionado en defensa del interés nacional.

 

Otro acto inamistoso de Chile fue la exposición en la televisión estatal, de fotografías de la base aérea de La Joya. Una campaña psicológica que buscaba presentarnos ante su población, como un país agresor.

 

En suma, a las acciones de profundización de la integración fronteriza con Bolivia y Brasil, y al planteamiento de solución de diferencias de acuerdo a las normas internacionales de la frontera marítima, Chile ha respondido con sus armas de guerra. Estas actitudes tienen una clara connotación belicista de un país con tradición expansionista, que en su escudo tiene como lema “por la razón o la fuerza”. Corresponde también con las declaraciones públicas de sus militares, que dicen que se arman para defender los intereses chilenos en el exterior, tratando de justificar una carrera armamentista reflejada en sostenidos gastos de defensa que como porcentaje del PBI están entre los más altos de la región.

 

Chile tiene en el Perú influencia y presencia económica cada vez más importante, con inversiones en diversos sectores productivos y de servicios, inclusive cerca de la frontera. La relación es totalmente asimétrica, a favor de ellos, en el comercio bilateral y en las inversiones. Esto les ha permitido afianzar un poderoso lobby que defiende sus intereses y que ha llegado inclusive a colocar asesores en el propio palacio de gobierno (por no hablar de ministerios y otras dependencias del Estado, o instituciones con capacidad de decisión estratégica en el país).

 

Muchas voces que responden a este lobby - y otras seguramente bien intencionadas - señalan que en tiempos de globalización y de integración económica no hay posibilidad de conflicto bélico. Fueron los mismos argumentos que se dieron frente a Ecuador, y ya conocemos lo sucedido.

 

La integración puede efectivamente reducir las posibilidades de conflicto cuando existe simetría, o se da en base a recursos estratégicos con una perspectiva de largo plazo. Esa no es la respuesta chilena, que podría plantear una salida al mar por territorios que arrebataron a Bolivia en la guerra, o en base a una integración trinacional del norte chileno, occidente boliviano y sur peruano, que incluya una solución pacífica a la mutilación de la frontera marítima con el Perú. Retomar por ejemplo la propuesta peruana de un puerto con jurisdicción trinacional en Arica.

 

Esta alternativa podría efectivamente colocar a nuestros países con una perspectiva de futuro, que cierre definitivamente las cicatrices de la guerra pasada. Pero eso no es lo que está ocurriendo, y muy probablemente no suceda en el futuro.

 

¿Qué hacer? de un lado, potenciar nuestro crecimiento económico, y hacer efectiva la alianza estratégica con Brasil y la articulación CAN-Mercosur, fortaleciendo nuestra presencia en foros internacionales. De otro lado, dotar inmediatamente de recursos a nuestras Fuerzas Armadas, aumentando sustancialmente su presupuesto del próximo año, implementando una política de modernización y reforma de largo plazo que la dote de recursos permanentes en base a ingresos tributarios de activos y/o recursos estratégicos como el gas. Esto supone establecer los mecanismos necesarios de fiscalización por el Congreso e instituciones pertinentes, para no repetir lo ocurrido en la década pasada.

 

La coyuntura actual se está pareciendo demasiado a la del siglo XIX: disputa por un recurso natural, intereses extranjeros y de empresas transnacionales alineadas con Chile, debilidad institucional y división en el Perú, con una política suicida de desarme unilateral. No creemos en las fatalidades históricas, por lo que tenemos que hacer lo necesario civiles y militares para revertir la situación, y evitar que la historia se repita.

 

* Comentarista Internacional

   Profesor e Investigador del Departamento de Educación de la PUCP