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Asunto:NoticiasdelCeHu 1253/04 - "Sólo por ignorancia se puede ser hostil al liberalismo" ( entrevista a Raymond Boudon )
Fecha:Miercoles, 11 de Agosto, 2004  16:04:18 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

NCeHu 1253/04

"Sólo por ignorancia se puede ser hostil al liberalismo"

Se desconocen sus principios, sostiene el sociólogo francés Raymond Boudon


PARIS.– La ignorancia es la principal razón con la que Raymond Boudon explica por qué en Francia el liberalismo no es popular. El público, y también numerosos intelectuales, tienen tendencia a confundir el liberalismo con versiones muy especiales de esta corriente. "Algunos lo asimilan con la llamada teoría del Estado mínimo, que le concede una sola función al Estado: garantizar la seguridad pública. Otros sólo ven en el liberalismo una doctrina según la cual la vida económica debería ser abandonada al mecanismo regulador del mercado", explica Boudon.

Miembro correspondiente de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia de Ciencias Sociales de la Argentina, este heraldo francés del individualismo metodológico en la sociología se opuso durante toda su vida a las teorías defendidas por su contemporáneo Pierre Bourdieu.

A los 70 años, Boudon publicó un ensayo –"Por qué a los intelectuales no les gusta el liberalismo"– con el que, seguramente, se habrá ganado unos cuantos enemigos, aunque asegure a LA NACION que no recibió tantos ataques como esperaba. Es que en la Francia de hoy, liberalismo es, casi, una mala palabra. En su minúscula oficina del Grupo de Estudios de Métodos de Análisis Sociológico (Gemas), un laboratorio de investigación asociado a la Sorbona, Boudon explica el origen del liberalismo.

"El concepto se conoce desde mediados del siglo XIX. Fue un movimiento que se opuso al bloqueo continental de las corn laws, que eran leyes que, en Inglaterra, establecían un precio mínimo para las importaciones de trigo, con la idea de proteger la industria cerealera británica. Estas leyes fueron, finalmente, abolidas por la presión de los promotores del libre intercambio, persuadidos de que tal jurisdicción reforzaba el carácter aristocrático de la sociedad inglesa."

En Francia, como en otras partes del mundo, subraya Boudon, "muchos intelectuales no ven que lo que se llama liberalismo es un movimiento de ideas complejo, que tiene una dimensión económica y política, pero también filosófica, que es la fuente de las otras dos".

-¿Cómo define usted el liberalismo?

-Es una metodología. No es una doctrina. Son reglas para dirigir el espíritu, como decía Descartes. Históricamente, el liberalismo nació de la voluntad de regular lógicamente la vida social. Es decir que cuando se analiza el comportamiento humano, se lo debe analizar como el de un ser racional. Esta metodología crea un corte con toda la tradición marxista y psicoanalítica. Se debe analizar el comportamiento humano como racional y sólo si no se puede hay que buscar la forma con otro tipo de psicología. Es una idea común a todos los liberales. Cuando Alexis de Tocqueville analiza, lo hace de manera racional. Por su lado, para Max Weber lo más importante es la comprensión. Quiere decir que para explicar los fenómenos sociales hay que reencontrar las razones por las que la gente hace lo que hace o cree lo que cree. Se debe considerar al hombre como ser racional. Eso ya marca una ruptura total con la falsa conciencia de Marx.

-¿Por qué la hostilidad al liberalismo en nuestras sociedades?

-Esa hostilidad está muy presente en nuestras sociedades porque hay mucha gente que desconoce totalmente la tradición liberal, porque no la estudió. Un universitario parisiense que dicta cursos de antropología o sociología jamás leyó a los autores liberales, ni siquiera a Tocqueville. La ignorancia sobre el tema está muy generalizada. Sin embargo, hay un aspecto positivo en ella: que esos universitarios tienen un marco de pensamiento diferente, lo que llamo la "teoría iliberal".

-¿En qué consiste?

-A través del tiempo se creó un paisaje de las ciencias humanas en el que la visión del hombre, de la sociedad y del Estado característica del liberalismo se centró en la economía, mientras que las visiones que califico de "iliberales" reinaron en la sociología, la antropología, la ciencia política e, incluso, sobre disciplinas más tradicionales, como la historia, la geografía y la filosofía. Llamo teoría "iliberal" a aquella según la cual toda relación social conflictiva es un juego de suma cero. Este análisis, muy utilizado, ignora que detrás de todo conflicto se esconde un cierto tipo de cooperación. En este sentido, me divirtieron mucho las diferentes reacciones que produjo el fracaso de la cumbre de Cancún.

-¿Por qué?

-Varios grupos y militantes antiglobalización se felicitaron por el "fracaso" de la cumbre, como José Bové, en Francia. Pero se felicitaron porque piensan en términos de lucha de clases. Un fracaso de una conferencia entre los dominantes y los dominados se traduce como una victoria para los dominados. Sin embargo, el fracaso de la conferencia no fue un éxito ni para los países del Norte ni para los del Sur. Hay gente que, desgraciadamente, no ayuda a nadie al interpretar que estamos en términos de conflicto frontal ahí donde, objetivamente, se está en terminos de cooperación-conflicto. Pero eso un militante antiglobalización, como José Bové, no lo puede entender, porque piensa todo según la perspectiva de Norte-Sur, de dominante-dominado.

-¿Qué papel juega el Estado en la teoría liberal?

-Los liberales tienen una concepción contractualista del Estado. Incluso en Rousseau, si no hay autoridad, la cooperación no funciona. Concepción contractualista versus concepción dominantes-dominados, los dominantes aplastando a los dominados sin que se den cuenta.

-¿Cuándo debe intervenir el Estado?

-El liberalismo tiene un límite. Es allí donde el Estado tiene que hacer su trabajo: cuando no se hace lo que se debería hacer. Adam Smith decía que el Estado tiene que ocuparse de la seguridad, primero; de la justicia, después, y, en tercer lugar, de la iniciativa privada cuando ésta no hace lo que debe. Creo que es un texto eterno.

-¿Y la sociedad?

-Los liberales la entienden como un conjunto de interacciones complejas que sólo se puede conocer parcialmente. En ese conjunto hay siempre una mezcla de conflicto y cooperación. Su característica es la complejidad. Del otro lado está la simplicidad: clases dominantes-clases dominadas. Son las dos matrices importantes, a mi entender.

-¿Francia es un país liberal?

-En Francia no saben qué es el liberalismo, porque a él se opone una importante tradición francesa, que es la tradición centralizadora, que se conoció primero durante la monarquía absoluta, luego con el jacobinismo y, finalmente, con el bonapartismo. Durante estos períodos de la historia se impuso lo que Tocqueville llamaba la temible "centralización administrativa". Es una tradición que se remonta a varios siglos. Los que trabajan para el Estado tienen sólo eso en mente: son centralizadores y partidarios del estatismo. Piensan que cuando hay un problema sólo el Estado puede tener la solución.

-¿Incluso la derecha francesa?

-En la derecha no son liberales, por una razon de tradición de la monarquía absoluta bonapartista y partidaria del estatismo. En la izquierda no son liberales porque siguen con la lógica de la lucha de clases y no tuvieron un aggiornamento de la tradición marxista. Consecuencia, no hay liberales en Francia.

-Se dice que en Francia la derecha aplica políticas de izquierda y la izquierda políticas de derecha...

-Es cierto que entre los gaullistas existe esa idea un poco extraña, probablemente de origen cristiano, en la que hay un fuerte acento de la política social. Siempre tuvieron esa idea, muy católica, de que el capitalismo no es algo bueno, como tampoco lo es el socialismo. ¿Qué es lo bueno? Como los políticos no son gente que piensa, sino más bien que actúa, no tienen tiempo de pensarlo. Viven con ese mecanismo en la cabeza.

-¿Todos los políticos?

-Hay algunos que comprenden la importancia de pensar el momento mirando el futuro. El popular ministro de Finanzas Nicolás Sarkozy, por ejemplo, da la impresión de que sabe adónde va, de que tiene proyectos a largo plazo. Por eso es popular. Los políticos muy a menudo tienen una visión de corto plazo. Sólo viven el momento.

-Si viven el momento, son incapaces de pensar en reformas para el futuro.

-Tomemos como ejemplo el gobierno francés. Hoy ocupa su tiempo discutiendo con líderes sindicales. Uno se pregunta quién es el más fuerte. ¿El líder sindical? ¿Qué representa? Nada, en la medida en que el sindicalismo sólo está instalado en el sector público. Hay muy poca sindicalización en el sector privado. ¿Qué hacen los líderes sindicales? Se contentan con luchar para conservar sus derechos. Esto se llama una democracia, pero lo asimilo más bien a un régimen zarista, un ejecutivo por un lado y, por el otro, los señores feudales. El único problema que preocupaba al zar era lograr un acuerdo con los señores.

-En su ensayo "Por qué a los intelectuales no les gusta el liberalismo" afirma que las ideas simples venden más. ¿Es porque son mejores?

-Es porque son simples. Una idea simple y útil en el sentido ideológico es fácil de asimilar. Si se tiene una idea simple y que al mismo tiempo sirve a una causa ideológica defendible, entonces la idea se instala... incluso si es falsa.

-También en su ensayo enumera varias clases de intelectuales. ¿Cuáles son?

-La noción de intelectual recubre varias categorías muy extrañas y diferentes. Puede designar a los intelectuales a lo Zola o Voltaire, que utilizan su prestigio para llevar adelante una causa moral. Pero también designa a la categoría socioprofesional de los que producen ideas, tanto en lo humano y lo social como en lo político. Hay otras distinciones derivadas de lo que busca la gente. Están los que buscan aumentar el saber. Weber, por ejemplo, que no publicó nada en toda su vida. También están los intelectuales militantes, que defienden una causa o una idea. Luego están los que piensan en salir por la televisión. Es otra distinción: los intelectuales mediáticos.

-Se lo ve un poco indignado por esta última categoría de intelectuales...

-Creo que molestan. Molestan porque perturban la producción del saber. Un sociólogo debe presentar ideas más o menos importantes, pero sólidas, que permitan comprender o explicar mejor las cosas. Los intelectuales mediáticos afectan a los demás, ya que no son serios y molestan a los otros. Desgraciadamente, como hay una decadencia de las universidades, la gente brillante se va a vender a los medios, ya que consigue un reconocimiento más importante, mayor prestigio y dinero.

-¿Piensa que hay una crisis en el nivel universitario?

-Hay cosas serias que se hacen, pero no son muy visibles. Cuando se piensa en sociología, el gran público ve a los sociólogos de manera superficial, y sólo a los que son públicamente conocidos. También hay una crisis de la gente que es muy talentosa y que hace cosas mediáticas.

-Mencionó que hay una crisis de investigación en Francia...

-Las instituciones fundamentales de investigación fueron creadas después de la guerra, con un estilo similar a las instituciones existentes en los países comunistas. Aparatos enormes centralizados, como era la Academia de las Ciencias de la ex URSS. El Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) -el Conicet francés- es algo único en el mundo, un aparato inmenso. Ahora empiezan a comprender que hay que tratar de tener instituciones más flexibles. Los estadounidenses y los alemanes tienen instituciones más flexibles, pequeñas estructuras que abarcan un poco de cada tema y que incitan a la investigación. En Estados Unidos todo está muy descentralizado. Acá se empieza a comprender que hay que poner plata para la investigación, que es algo muy importante. Finalmente, hay que reestructurar el sistema. Ahora la pregunta es saber si el gobierno tendrá el coraje de enfrentarse con los investigadores.

-¿Cree que una institución como el CNRS no es eficiente?

-Simplemente hay que ver qué es lo que no va en las instituciones y acabar con el despilfarro. Estamos de acuerdo en que existe el buen despilfarro, que se hace en investigaciones serias para tal o tal otra cosa, y está el mal despilfarro: cuando se le paga a gente por no hacer nada. Y lo hay. Acá hay instituciones con centenares de investigadores, como el Instituto Nacional de la Investigacion Pedagógica. Allí hay centenares de investigadores. ¿Qué hace esa gente? Son los que no son capaces de enseñar. Entonces se los manda a un instituto de investigación sobre la enseñanza. No hay país serio sin una política de investigación seria.

-¿Cree que hay un sistema alternativo al liberalismo?

-Nadie cree hoy en un sistema alternativo, sólo los musulmanes. Hay aportes importantes de nuevos actores, como Attac, una organización que hace un buen trabajo al denunciar el trabajo infantil en la India y al impedir que la empresa Nike haga trabajar allí a los niños. Pero no hay un sistema alternativo: es la tercera función del Estado, según Adam Smith, adoptar todas las iniciativas deseadas desde el punto de vista del interés general y que no se puede esperar que sean tomadas por el sector privado.

-¿Piensa que hay terroristas intelectuales?

-Sí, y son peligrosos. Hubiera sido mejor que las ideas de Lenin no se hubiesen instalado. Quien dice intelectual dice sentido de la complejidad de la crítica, de la tolerancia. Cuando se es terrorista ya no se puede ser un buen intelectual.

Patricio F. Arana


Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 11 de agosto de 2004.