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Asunto:NoticiasdelCeHu 1243/04 - Se desplazan los polos de poder ( Henry Kissinger )
Fecha:Martes, 10 de Agosto, 2004  01:52:24 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

NCeHu 1243/04

Se desplazan los polos de poder

 

Autor: Henry Kissinger

Fecha: 5/8/2004

Traductor: Elisa Carnelli

Fuente: Tribune Media Services


En una escena mundial mucho más fluida, la diplomacia estadounidense debe crear los elementos de un nuevo orden, como lo hizo con éxito en la década posterior a la Segunda Guerra.


Cuando se escriba la historia de esta época, bien podría ocurrir que los titulares del momento —Irak y las controversias que suscitó— palidezcan frente a otros movimientos tectónicos internacionales que caracterizan a este período.

Paradójicamente, el alejamiento estructural estadounidense de Europa se está produciendo en un momento en que el centro de gravedad de la política internacional está trasladándose a Asia, donde las relaciones han sido de mucha menor confrontación.

Países como Rusia, China, Japón e India siguen teniendo de la Nación la misma visión que tiene EE.UU. y que tenían los Estados europeos antes de la Segunda Guerra Mundial.

Para ellos, la geopolítica no es algo execrable; es la base de su análisis interno y de sus acciones externas. El concepto de interés nacional todavía mantiene unida a la opinión pública y dirigencial. El equilibrio de poder afecta sus cálculos, en particular en sus relaciones recíprocas.

Como sus percepciones del interés nacional son tan comparables a las nuestras, Rusia, China, India y Japón han tenido relaciones mucho menos belicosas con los Estados Unidos que algunos aliados europeos.

Si bien rechazan lo que consideran aspectos hegemónicos de la política estadounidense, lo hacen caso por caso a través de la diplomacia tradicional y prefieren un diálogo estratégico a un enfrentamiento de voluntades.

Para estos países, Irak no es el papel de tornasol que determinará la aptitud moral estadounidense sino la perseverancia estadounidense en pos de sus visiones estratégicas. Afecta el juicio que se forman sobre la confiabilidad de Estados Unidos como socio y nuestra capacidad para alcanzar objetivos.

Porque cada uno de estos países tiene interés, como mínimo, en alejar la posibilidad de una derrota estadounidense en Irak: India, por su enorme población musulmana; Rusia, por su temor a convulsiones en su flanco sur lindante con Oriente Medio; Japón, por su permanente interés en un Estados Unidos fuerte y su alianza con él durante su período de transición; China, porque piensa que una sociedad con Estados Unidos es el mejor camino hacia una década de estabilidad.

Todos los países involucrados están redefiniendo su identidad. A Rusia, habiendo regresado a fronteras que no conocía desde Pedro el Grande, la descolonización de países situados en sus fronteras le resulta particularmente dolorosa.

El surgimiento de China como gran potencia ya es un elemento fundamental en el traslado del centro de gravedad internacional a Asia. Conforme reinterpreta la premisa ideológica de su revolución, la tentación del nacionalismo puede convertirse en un sustituto que dará a la cuestión de Taiwán —resabio de la guerra civil— un aspecto simbólico.

La cuestión de las armas nucleares de Corea del Norte es un buen ejemplo de la necesidad de un enfoque de largo alcance. En un nivel, se la ha tratado como un problema de control de armas provocado por un estado malhechor y, por lo tanto, se la ha restringido al campo de los temas que conciernen a Norcorea y Estados Unidos.

Pero una solución de base debe ir más hondo. Exige un entendimiento chino-estadounidense con respecto a la evolución política del nordeste asiático, incluyendo el futuro de Norcorea, el ritmo de la unificación coreana y las restricciones nucleares en el noreste asiático.

Quizá la transición más compleja sea la que se está dando en Japón. Durante medio siglo después de su derrota en la última guerra mundial, amparado por un tratado bilateral de seguridad con los Estados Unidos, se concentró, con característica autodisciplina, en su recuperación económica y el retorno a la respetabilidad política.

Por primera vez en su historia milenaria, Japón subordinaba su política exterior a otro país. Como su medioambiente internacional está en rápida transición, Japón tenaz, sutil y sistemáticamente está ampliando el margen de acción de que dispone y está en proceso de adaptar su papel de auxiliar de los Estados Unidos y prepararse para ingresar a la arena internacional como actor principal.

El ingreso de India a la categoría de gran potencia es otro de los principales acontecimientos de la próxima década. Con una población musulmana de 150 millones de habitantes, que en una generación superará los 300 millones, India tiene un interés mayor que casi cualquier otro país en que el resultado de la guerra de Irak —y, en un sentido más amplio, de la guerra contra el terrorismo— no dé impulso al islamismo radical, porque sus consecuencias no podrían ser detenidas en las fronteras indias.

Por todo esto, la escena mundial es más fluida de lo que ha sido en siglos. La tarea de los Estados Unidos es contribuir a moldear este fermento que lleva años de formación y necesitará quizá décadas para cristalizarse. La diplomacia estadounidense está llamada a crear los elementos de un nuevo orden mundial así como hizo con éxito en la década inmediatamente posterior a la Segunda Guerra.

Sin embargo, las condiciones actuales son más complejas, porque la zona que debe integrarse es mundial en lugar de atlántica y porque los síntomas de crisis a menudo enmascaran la realidad subyacente.

El poder estadounidense es un hecho real; pero el arte de la diplomacia es traducir el poder en consenso. Esto requiere, sobre todo, una visión unificadora, especialmente en retos que afectan a todos los países: la proliferación, el control de las epidemias, el desarrollo.

Un sistema internacional es vital si sus miembros consideran que mantenerlo es más importante que las inevitables dificultades que surgen en su funcionamiento y cuando está abierto a las oportunidades de creatividad. La política exterior estadounidense debe mirar más allá de las frustraciones inmediatas para alcanzar la visión de un mundo que espera ser construido.


Publicado por Clarín (Argentina)


Extraído de Panorama Internacional ( en www.ft.org.ar ) .