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Asunto:NoticiasdelCeHu 939/04 - Fernando Henrique Cardoso en Argentina : Entrevis ta (La Nación) y columna dominical (Clarín)
Fecha:Domingo, 13 de Junio, 2004  16:31:55 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 939/04
 

 (LN)
Entrevista con el ex presidente brasileño
Cardoso: "El FMI confía más en Lula que en Kirchner"

Dice que su sucesor cumplió los contratos

En este momento, "seguramente, el Fondo Monetario confía más en Lula que en Kirchner", dice el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso. Las razones: una, Lula "cumplió con los contratos"; dos, Kirchner "tiene una posición más agresiva porque está negociando una moratoria, situación por la que yo también he pasado".

Ambos, "como presidentes de los países clave del Mercosur", tienen la oportunidad de avanzar en algo más que una alianza estratégica en tanto "busquen políticas de Estado" que trasciendan "los gestos de buena voluntad" de sus respectivos gobiernos, agrega Cardoso. Si no, advierte, "la alianza estratégica que hicimos tantas veces con la Argentina no será más que palabras".

Camino a Ezeiza después de haber recibido el doctorado honoris causa de la Universidad de Tres de Febrero, Cardoso dice que no siente nostalgia por haber sido presidente de Brasil durante dos períodos consecutivos (ganó la elección en 1994 y la reelección en 1998) y que no pretende reincidir: "Si me presento, voy a inhibir a otras personalidades, y no es necesario para el país, ni para el partido, ni para mí -dice a LA NACION, única compañía en el trayecto-. No me atrevo a firmarlo, pero no pienso ni deseo volver".

Está por cumplir 73 años, el viernes, y escribe un libro de memorias en el que analiza el contexto en el cual tomó decisiones. Promete revelar en él "algunos secretos" de su gestión, coronada con la asunción de Lula. "Hemos sido candidatos, uno contra otro, pero nunca ha habido agresiones personales", dice. Está dedicado, también, a la actividad académica tanto en Brasil como en los Estados Unidos. Y, como su amigo Bill Clinton, suele dar conferencias en el exterior.

En ellas Cardoso deslumbra con su capacidad de análisis y de síntesis. Atributo del sociólogo que fue referente de la izquierda en los sesenta, que debió exiliarse como correlato del golpe de Estado de 1964, que regresó tres años después vedado de ejercer la docencia, que fundó con otros el Partido Socialdemócrata Brasileño, que fue senador por San Pablo y que, como ministro de Hacienda, redujo la inflación en menos de un año.

Que conoció a Lula en 1973: "Aquel Lula no tenía mundo -dice-. En los últimos 30 años ha sido un político, no un obrero ni un jefe sindical. Causó sorpresa cuando dijo que nunca había sido de izquierda. Y es verdad: se formó como sindicalista".

-¿Cómo ve la alianza con Kirchner o viceversa?

-La veo favorablemente. Es importante que, como presidentes de los países clave del Mercosur, se entiendan. Yo nunca tuve malas relaciones con los presidentes argentinos.

-Históricamente, la Argentina se llevaba bien con Brasil y mal con los Estados Unidos o se llevaba bien con los Estados Unidos y mal con Brasil.

-Menem se llevaba bien con los Estados Unidos (ríe), pero no se llevaba mal con nosotros. En el primer período de Menem, la situación financiera era favorable para avanzar en el Mercosur.

-¿Y ahora?

-Kirchner tiene una posición más agresiva porque está negociando una moratoria, situación por la que yo también he pasado. Me ha tocado negociar la moratoria del gobierno de Sarney. No creo que la posición de cada presidente interfiera en el rumbo de los mercados. Ahora, con las tasas cambiarias parejas, es un buen momento para retomar las discusiones que tuve con Menem. Propuso una moneda única para el Mercosur. Dije que sí, pero requería una convergencia macroeconómica que entonces no existía.

-¿Tanto énfasis en lo político refleja fallas en lo económico?

-Es eso. El matiz político del Mercosur, sin que la economía marche sobre rieles, no tiene consecuencias prácticas efectivas. Tiene importancia simbólica. Aquí, en la Argentina, hay cierto recelo de que las exportaciones brasileñas aplasten sectores industriales. Corresponde a los dos gobiernos crear condiciones para la fusión de capitales. El proceso económico es muy cruel. Destruye para avanzar.

-En el acto de hoy (por anteayer) se señaló que un gesto político hubiera sido que Kirchner y Lula viajaran juntos a China en lugar de ir por separado.

-China es un gran consumidor. Es posible hacer algo en común. Las personas y los grupos económicos son conflictivos. Hay que ver cómo se buscan oportunidades. Es un proceso histórico que toma tiempo. De la Rúa propuso que tuviéramos embajadores en conjunto. Ahora hay diplomáticos argentinos en las misiones brasileñas.

-¿Alcanza si no hay políticas de Estado que trasciendan los gobiernos?

-Si no están basados sobre políticas de Estado y sobre intereses económicos concretos, no son más que palabras. Hay que buscar que los Estados estén juntos en la convergencia, no sólo los gobiernos. Estamos aprendiendo. Han cambiado presidentes en la Argentina, pero no han cambiado las relaciones. Los objetivos de largo plazo no han cambiado.

-También cambió el mundo.

-El nuevo orden todavía está un poco desordenado. Hay una amenaza de un orden unipolar.

-¿Una amenaza o una realidad?

-Es una amenaza porque todavía no se ha tomado en consideración que China existe y que va a crear un desafío, no una guerra, para el predominio de los Estados Unidos. Es muy negativa la visión del gobierno norteamericano. Ha paralizado muchos procesos. Hay que ver qué ocurre en las elecciones y darse cuenta de que, para bien o mal, pesa la opinión pública mundial.

-En 1999, cuando usted organizó la primera cumbre de presidentes sudamericanos, ¿quiso que Brasil asumiera el liderazgo de la región?

-No vale la pena la proclamación del liderazgo. Quien lidera no necesita decir que lidera. México es más importante que otros países, pero está lejos. Las sociedades obligan más que los Estados.

-¿Y los organismos de crédito?

-El Fondo siempre nos ha apoyado. Tenemos en Brasil una relación bien distinta de la que tuvo la Argentina, porque hemos creado un sistema de confianza. La victoria de Lula produjo un nerviosismo innecesario. El Fondo nos dio más de 30.000 millones de dólares, pero los mercados no cambiaron. Siguieron creyendo que la cosa no iba a funcionar.

-¿Era gratuita?

-Un proceso de especulación hace que un país se paralice o pierda tiempo y eso significa más desempleo o más hambre. El Fondo, al contrario de lo que la gente piensa, no es fuerte, sino débil, y nunca abrió sus decisiones a los países en desarrollo; depende mucho del Tesoro norteamericano. El Banco Mundial, a su vez, dejó de financiar la infraestructura para volverse un banco de conocimiento. Sabe mucho de políticas públicas y sociales. Está muy bien, pero esa no es su función.


Dos poderes

-Hay dos poderes: Estados Unidos y la opinión pública.

-Eso es. Si gana Kerry, será una señal de que la opinión pública actuó con fuerza. La aceptación de la guerra preventiva de Bush es fundamentalismo.

-¿O liderazgo?

-La lealtad no se expresa hoy hacia el Estado nación. La política externa de un país sea sólo externa. Aún se cree que se comanda un bloque unido. Eso no existe más ni en los Estados Unidos.

Jorge Elías


Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 13 de junio de 2004.



(Cl)

Los presidentes necesitan viajar cada vez más

Los periplos internacionales de los jefes de Estado son oportunidades para ratificar la continuidad de políticas externas y contribuir al desarrollo económico nacional, como lo ejemplifica el viaje de Lula a China.

Fernando Henrique Cardoso



Los presidentes suelen ser criticados por los viajes que realizan, en especial los internacionales. No obstante, no siempre la crítica es justa.

Hay de viajes a viajes, unos más burocráticos, otros más políticos y algunos de interés para la economía del país. En el mundo moderno, los presidentes necesitan viajar cada vez más y la oposición, cuando no tiene sentido de la realidad, aprovecha esas ocasiones para ridiculizar a los gobernantes, como si éstos estuvieran "gozando de la vida" en lugar de trabajar. Y de juego político.

El reciente viaje del presidente Lula a China tuvo importancia política y económica. Los deslices de comunicación sobre la posible exportación de uranio enriquecido (procesado en una fábrica que, para más detalles, comenzó a funcionar durante la prolífica gestión del embajador Sardenberg en el Ministerio de Ciencia y Tecnología y que no causó asombro a nadie) no llegaron a perturbar el sentido positivo de la visita.

China es un socio de importancia para Brasil. El reconocimiento de su importancia viene desde hace tiempo. Al final del período militar, el general Figueiredo visitó China. No otra cosa hizo el presidente Sarney. En 1995 fui a China, en visita de Estado.

Por lo tanto, también en ese ámbito hay un legado inequívoco y hace bien el gobierno actual en aprovecharlo, así como es conveniente que siga usufructuando la herencia en lo que se refiere a la responsabilidad fiscal y a la fluctuación de cambios —que tanto ayuda a las exportaciones— aun cuando algunos sigan hablando de una "herencia maldita". Los avances realizados en el comercio con China son ejemplos de esto. Los resultados están a la vista de todos: China se ha convertido en el segundo cliente de nuestros productos de exportación, superada sólo por Estados Unidos, y con ella mantenemos buenos programas de colaboración científica.

Una de las características más marcadas de nuestra política externa, como lo reiteró el ex canciller Celso Lafer, es la de ser "una obra abierta que, valiéndose del acervo histórico de la diplomacia brasileña, combina cambio y continuidad en función de distintas coyunturas internas y externas".

Después de la caída del Muro de Berlín y de la precipitada apertura de la economía a principios del gobierno de Collor de Mello, los requisitos de la coyuntura externa e interna (esta última caracterizada por la democratización) pasaron a exigir una participación muy activa de Brasil, tanto en los foros multilaterales como en el ámbito bilateral. Nuestra política externa hace mucho tiempo que no se guía por alineamientos automáticos. Y si eso vale para los compromisos políticos, vale con más fuerza también para los comerciales.

Son abundantes los ejemplos de una postura digna y consecuente con nuestros intereses. Esto se demostró en las negociaciones comerciales de Doha, que plantearon la posibilidad de cortar los subsidios agrícolas y el reconocimiento del derecho de violar las patentes para la fabricación de remedios antisida. Así como también lo demuestran los esfuerzos iniciados en mi gobierno para llegar a un acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea y el acercamiento de relaciones entre los países de América del Sur, tomando en cuenta la necesidad de integración energética y vial entre ellos. Todo esto, muy acertadamente, va teniendo continuidad en el gobierno actual, así como tuvieron continuidad nuestras reclamaciones ante la Organización Mundial del Comercio, la última de las cuales, por el subsidio estadounidense al algodón, tuvo un éxito notable.

Nada de esto, no obstante, debe oscurecer el hecho principal: en los días de hoy es una ilusión pensar que los acuerdos comerciales o tecnológicos con países como China, Rusia o cualquiera de los actores más significativos de la escena actual, significa el embrión de una "alianza antiestadounidense". No sólo porque ninguno de ellos desea endurecer el marco internacional en una nueva polarización ideológica, sino también porque debemos tener conciencia de que los acuerdos, negociaciones y presiones internacionales que ejercemos no deben servir para aislarnos ni para criar un "tercer- o segundo-mundismo" nostálgico.

Si hay alguna diferencia entre Brasil y la mayoría de los llamados países emergentes, principalmente los de nuestro continente, es que nosotros hemos logrado desarrollar una producción nacional y un sector de servicios, así como de procesamiento agrícola, con un avance tecnológico razonable. Por eso necesitamos abrir mercados en áreas que absorban nuestros bienes de exportación de calidad mundial. China es buena compañera y absorberá crecientemente nuestras mercancías. Se resistirá, empero, a comprar nuestros productos industrializados. Y cuando lo haga, procurará, como en el caso de Embraer, que éstos sean producidos allá.

De la misma manera, Europa se ha mostrado tímida en la compra de equipos y bienes industriales. En consecuencia, los avances en nuestras relaciones con China, con la Unión Europea o con quien sea, avances que, reitero, son positivos, no deben ser vistos como sustitutos para buenos acuerdos con los países de América latina ni, mucho menos, con Estados Unidos. Siempre, naturalmente, que tales acuerdos respondan a nuestros intereses y no impliquen exclusividad ni subordinación.

Fuente: diario Clarín, de Buenos Aires, Argentina; 13 de junio de 2004.